

Los tataras de mi bisabuela, mataban un ganso o un pequeño cerdo o cabrito y colgaban el cuello del animal, sólo el cuello, en la puerta de una habitación de oblación, como si fuera una siembra para producir gusanos, que empleaban para enviárselo a las personas que indicara la intensión previamente seleccionada. Y así hay millares de cosas inservibles que ni me van ni me vienen. Mila se atrevió contarle a Federico que Rosalgia estaba loca que llegó a comer de cuello de ganso emplumado y que hizo ensalada de las plumas de señalado ganso antes de ser muerto.
También contó a Federico, que la hija de Otilia, cada once meses paría tres gusanos de seda, era un parto de trillizos. La muchacha padecía los mismos síntomas que cuando su madre daba a Luz.
La hija de Otilia era la esposa de uno de los Primos, que residía en Santa Esperanza, en la provincia Valverde. Era muy penoso saber, que la hija de Ofelia, ya tenía tres partos múltiples y en consecuencia tenía, en término contable nueve hijos. Pero el colmo de todas estas necedades es que me buscaron para que le bautizara las nueve criaturas. Claro, para que esos partos, se quedaran entre las rejas de la familia, ya lo sabe compadre. Eran racimos que no debían ir al mercado. Ese era su primer gran secreto.
-¡Mila, que vaya a comer!- más de una vez la llamaba, en voz baja, la hija de Aristóbulo, primo suyo, para que no se enteran, los bocaeros, que allí estaban, atisbando como hienas en la pradera. –¡Ya voy! - respondió con tonos entrecortados, mientras miraba los alrededores tanteando inconscientemente la situación, para cotizarse en euros como a ella le gustaba. Pero Mila era la prima privilegiada, recibía los halagos y las salutaciones ventajas tras ventajas.
Comenzaba a oscurecer y llegó a la mesa donde la esperaba la comida, allí sintió tremendo escalofrío batatero, algo contagioso, porque miembros de la logia de los bocaeros, echaban platos de comidas en un saco de pita, para no cocinar por tres semanas. Fue cuando dijo tengo sed y sueño, me gustaría comer un poco de ensalada verde antes de irme a la cama. Como si hubiese estado tocada por la varita mágica de la abuela Angelita De la Cruz, como si la maldición de aquel Rey Mida, la protegiera pasaba su prima nieta, aquella que la fuera, minutos antes a buscar, con una bandeja de repollos, de rábanos y de lechugas pero con tomates tan rojizos que más que esos, manzanas gringas parecían.
El carácter lesbiano de Mila Ventura, descomponía su realidad y se apoderaba de las circunstancias y de las improvisiones. Pelando una naranja, para con el jugo preparar la ensalada, se lamió con el filo del cuchillo, el dedo índice, de la mano izquierda, se había distraído con la discusión que escenificaba un haitiano y un dominicano, sobre la mejor manera de comer una libra de batata que ambos había conseguido en momento inexplicable. Nunca Mila supo lo que quería decir el haitiano cuando contestándole, al criollo, de decía -¡Asada es mejor! Expresaba -¡Boca net qui bon! La falta de comunicación rompió las relaciones entre las dos nacionalidades. La oscuridad de la noche se posesionaba en la vestimenta de los asistentes a los rezos de coña Hermes y de los trajes, que los primos llevaban en esos días, Mila, desde su lugar, desde donde aun comía de las ensaladas verde que preparó con vinagre de naranja dulce y jugo de tamarindo, que en sus juicios la ayudaba a vencer el sueño, columbraba el cachimbo de la tía moviéndose en los perímetros de la cocina y la ermita de los santos, camino al sanitario-retrete.
El olor a tabaco inundaba los linderos del cortijo familiar. Con el rescoldo de la pipa, halada por una garganta muy profunda, Mila vio, que en una hoja de lechuga, con la que terminaría de cenar, había media docena de nimitas saboreando, ya ebrias con la jalea, de la ensalada. Se movió asustada y algo llorosa, hacia la derecha siendo cuando se da cuenta que era el resplandor del fogón de la cocina quien producía las sombras chinescas que en su mente era el fantasma de la tía Hermes. Sin embargo don dijo esa boca es suya, tuvo media hora tartamuda y con temblores en tuétanos y médulas y en los intercostales, adquiridos en fracciones de segundos. Después, en la mañana del otro día, se la pasó haciendo y diciendo tontadas, que en momento sacaba de los depósitos, de los almacenes, de su mente fraudulenta.
El miércoles, 19 de mayo, la noche estaba nueva vez con el traje de los primos, Mila Ventura, contó que aquellos días, que viajaba a Jicomé de los Torres, tragándosela las entrañas cordillera septentrional en la corcova de una mula o de un caballo, en los triíllos de la loma de Fundación, lo contaba contenta y muy jubilosa. Sus expresiones regocijaban aquellas huellas de su pasado infantil, en los hornos de su memoria casi, medio centenaria.
Capitulo tres
Las ideas- dijo Camila Ventura- no se si se habrán ido para siempre, o simplemente han ido a dormir. El sueño que tenían, por cansancio de los viajes, era enorme. Miguelucho le exigía que hablara mejor de lo sucedido en el viaje hacia Jicomé, en un lugar de tierra roja como si la hubiesen pintado, de nombre Paradero. Entre Fundación de Guananico y Los Higos, en Loma Murazo, en Lometa Jicomé de la Montaña.
Las ideas me han abandonado, tronó desde su angustiante soledad, desde donde comenzó a llorar la muerte de su tía Hermes. En la mente de Mila, oscilan palabras de salutaciones para todos los primos, enviados por doña Hermes. Continuó llorando, porque la veía recostada, en la cama de don Evaro su marido…que se le trastocaba por un librillo de nardos y dalias blancas con perfume de rosas y de lirios, complejidad de sus sienes. Cuentan que Mila no copió la verdad de la realidad de la Tía Hermes, ya que ésta, está junto a 26 doncellas, de 145 años, donde se halla María de la Trinidad, y Policarpa Savarrieta, Josefa Ortiz y Juana Trinidad, la Coronela Saltitopa. Esos nombres tenían a Camila extraviaba, metida entre un viejo berenjenal.
Me gustaría dijo Camila- me da deseo de comunicarte, lo agradable y bello que ésta parte del valle del Bajabonico, fijate como bailan las hojas de los árboles, con la brisa de los vientos veraniegas, brisa de mayo. Escuchaba el ladrido de los perros, en canto de las cotorras, el vuelo de las blancas palomas. Escuche usted, la nobleza y el canto de la chorrera, al caer de la superficie de la charquetita.
–Fíjese compadre en las líneas negras, que a la derecha de la alambrada esa que se mueve son las sombras de mujeres y de los hombres llevando los sacos de sus dolencias, en las espaldas las cadenas. Las cosas que se obtienen sin esfuerzo no son tan dulces como las que se compran, eso dijo Camila Ventura, a uno de los Primos que les venían atosigando, desde que había dejado de escucharla hablar de los viajes juveniles encima de las veredas de la cordillera septentrional, hacia Paradero rumbo a Jicomé de los Torres. De toda manera, qué es lo que se propone,--dijo algo decidida. Te propongo que emplee las energías que usas en empresas vacías insignificantes, en empresas productivas. Cómprese prima Camila, cuatro o cinco gallinas ponedoras y un gallo de corral, usted podría repetir, esas acciones cuantas veces no afecten sus intereses familiares. Ella oía a su primo como una gallina que cacareara, de todo modo, entendía que la razón era de él, y llegó a pensar que sería bueno analizar esa gratitud familiar. En caso que fuera de interesarme me iría por en camino de la crianza de conejos, de chivas y gallinas reales para vender en los hoteles de la región. En caso de inclinarme por los sembrados, estaría en las canterías de los repollos y de las zanahorias, juuuh, porque he vivido de las frutas y de las enredaderas ajenas en caminos de otras parcelas. ¡No mujer! Salió como un trueno Eudilio, conocedor de esos casos. ¿Cómo te vas embarcar en pequeñeces arroyos, habiendo grandiosos mares? En sabias y honestas barcarolas. Lo que produce riqueza para todos, es las siembras de tecnologías y de métodos en semillas de teorías. Mejores semillas que era crianza de acémilas y de burras.
-¡No hombre! Compadre, cierre esa boca, déjese de fumar sin tabaco, no eche homos al viento. No hay mejor cosa que ser banquero en estos días. Fíjese que los que fueron del gallito colorado, son dueños de los emporios de loterías y bancas deportivas.
-Oiga primo- expuso Camila, yo no soy hilos de esas marionetas para que me manejen, por ningunos de mi costados. No estuve en los pasillos del edificio escolar, no estuve ni cerca de la puerta de los cursos intermedios. Pero muchos exhibimos anillos dorados de ascendencia profesional. Camila se acerca a su primo Eudilio y le manifiesta –Yo movilizo energías, para hacer cambiar las circunstancias, algunas veces me he sobreestimado.
Meses después llegaron a la casa de Camila Ventura, en la calle San Isidro, de las Cañafístolas, cinco de los 665, Primos, alegando haber sido victimas, del robo de la herencia de sus padres. Nos han robado 185 tareas de tierras planas. Tierra urbana. En los alrededores de la Barranquita de Carlito Daniel, en Santa Esperanza de los Generales, antigua parcela llamada de los Jazmines de los Burros. – ¡No vale la pena! Déjese de estar defendiendo, Primo, todo el mundo sabe que allí estuvieron las manos del gobernador y las garras del gallo de los doce años.
¡Pero bueno Camila! ¿De dónde es que extrae tanta soberbia, inocente, usted? ¿Sería que no sabía que mamá Victoriana, era dueña… de 28 pesos catastral, de tierra en la parcela de los Jazmines de los Burros…? Que una permuta se la han adjudicados en Jicomé de los Vargas, en la callecita, y la finca de los Pérez Morel, colindante hacia lo de Guadalupina Morel. Hábleme un poco más Primo. Ahora no tengo tiempo, voy con Los Primos, a movilizar las zapatas del cielo para que se nos desvuelva lo que es nuestro. Aunque sea en serones la obtendremos somos los verdaderos y genuinos herederos.
En la tarde del viernes de aquella semana, Camila estuvo en las oficinas preguntando en qué consistía 2 pesos catastral. Quiero una explicación segura y verdadera. Anduvo varias oficinas y en ningunas la pudieron satisfacer su necesidad de saber. Alguien formuló diciéndole que un peso de tierra era equivalente a 11 tareas de 629 metros. –Yo lo sabía gritó de manera inadecuada, Mila. Sabía además que en algo se parecía a la logia de los bocaeros
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