viernes, 2 de julio de 2010

capitulos de Una noria en el camino. Novela del Prof. Víctor ARIAS


**** Capitulo 9.- *****
En la clínica el señor Calvo no podía dormir, eran la 1 de la madrugada… pensaba en el orgasmo de la Nereidas. El aguacero superó a las horas anteriores, pero la brisa era muy fría. En la casa del vecino Teniente Guzmán las luces se encendieron, se apagaban y se encendían. Despertó Elvira y comenzó a darle el biberón a Kleber. Me senté en la mesa del comedor, escuchaba el concierto de la lluvia, besando la lisa piel del techo arrugado, sentí vergüenza al recordar la cena que era de harina de maíz y habichuela verde con ensalada de repollo y aguacate y no pude invitar al paisano que quizá hambre tenía. Leí unas páginas del imperialismo Negro, y como se había dormido Kleber volví acostarme.
Permanecí creo que hasta las tres despierto, recordando lo que me habían dicho que en la casa del profesor Del Orbe, un contingente de maestros colorados, miembros del movimiento escolar duartiano, de nombre MED, fracción del partido reformista, se había marchado de la casa del referido maestro, por la fuerte oposición que había tenido a que continuaran humillando y vejando a sus compañeros de aula. –no acepto, no acepto, ni atropello, tampoco ultraje, contra los profesores de la escuela o del Liceo. Y si continúa, vayan consiguiéndome el traslado de inmediato. Entre los que estuvieron escuchando las energías endiabladas se hallaban Elías José del Rosal, Prudencio Chinito Martínez, Odalis, estudiante de primer teórico, pero con inquietudes periodísticas, manifestaba en la glorieta del parque:-“pienso que es encomiable la actitud del profesor del Orbe cuando solicita su renuncia del MED. O el traslado si continúan maltratando a su compañeros como fue la prisión de Arias y de Prenza.” El parecer mío señaló Estragildo González, va dirigido a la capacidad de simulación que muchas personas tienen, como pose pantallezca, emplean la máscara de doña María Ramos. Ese es mi parecer. Dijo Raúl González, estudiante universitario. De quién están hablando preguntó Carlixto Almánzar. Tú sabes de quién estamos hablando. No te gaste tanto, no te gaste tanto. Bombardeó Ramón Rojas. ¿Cuál es el nombre del profesor nuevo? Se llama Víctor Arias, respondió Johnny Calzado Sugilio. ¿Cómo es el? Qué te pareció la actitud cuando de regreso al aula dijo “Como decíamos ayer” preguntó Natividad-La Morena- y siguió hablando de las hermanas Mirabal… sin importarle el precio que tuvo que pagar. Es un individuo honesto con muchas disciplinas- aclaró Danilo Moreno. Estudiante universitario. Fíjate que toda frase ajena la entre comilla. Mientras Danilo hablaba Toñita la hija de Otilio, pasaba cerca de la glorieta del parque, se interrumpió para preguntarle, oye Toñita, para dónde iba el profesor Arias. Iba para la María Montés, para el velatorio de un primo suyo, que mató siendo policía, la policía.
¡Cómo! ¡Cómo!.
Así como suena. Dijo la prepúbera.
En la casa 194 de la María Montés, la señora Buenaventura Torres, recibía mis palabras y mi sentir de sobrino adolorido. Yo sufría en mi carne los lamentos de mi tía, quién una vez me albergó como a uno de sus hijos, con el apoyo del mayor a quien velamos en medio de llanto y dolor. Ay hijo mío, ay mi hijo, pedacito de mis entrañas. Por qué me lo mataron, si a nadie le hacía daño. Ay mi alma, mi cielo… y ahora, ay sobrino, se dirigía a mí, y a Martín, hijo de Francisco su hermano. Mataron a Juanito. ¿Dónde está Salomón? ¿Y Papo? Su otro hijo… decía tía Buenaventura entre llantos y queja. ¡Qué dolor! Quitarle la vida a Juanito. ¿Por qué? ¿Por qué dios santo! Miraba a una imagen del corazón de Jesús, ¡dímelo tú Dios! O es que tampoco lo sabes… ¡ya veo… ya entiendo, que ni tú lo sabes! La palabra de mi tía herían mi esencia humana, y la acompañé en los sollozos. Lloré con mi tía la ida de Juanito. Lo mató la democracia de la burguesía, porque no quiso cooperar… en qué no quiso, no permitió qué, el cruce de qué. El olor de rosas y a nardos putrefactos, me hizo retirar del altar. Y fui a parar a la calle Ernesto Gómez y regresé para volver al hogar de la José Soriano de la Victoria. Llegué cargado de energías endemoniadas en mi pecho, como salidas de un pozo de vinagre sudor y sal. Estuve la tarde entera muy excitado. Y fue el doctor Calvo quien me asistió dándome un calmante contra el dolor de cabeza que me dominaba. Esa misma tarde me entero que sería padre de gemelo. La noticia borró los nubarrones que traía del sepelio de la María Montés. Disipó la bruma que me había impregnado el asesinato del primo Juanito.
La información del embarazo aminoró el peso brutal de la arrancada de la familia de Juan Bautista Baúl Torres. Elvira tenía 17 años y yo 24, su dorada piel, como las hojas secas de las margaritas, de cabellos tan negros como noche sin luna, largo como las colas de Nereidas, ojos azabachitos protegidos por copiosas pestañas, los dedos de las manos y de los pies eran gruesos y cortos. De estatura 5, 7 pulgadas. Daba miradas tiernas e infantiles. Yo observaba la barriga de las dos criaturas, el abdomen llegaba a los senos y muchas veces se ahogaba, ofrecía la majestuosidad digna por el respeto a la consideración de la faena rutinaria, la había convertido en una mujer activa y hábil, pero llevaba 23 libras en el embarazo. Filgia Amparo la estimulaba a sentarse, le pedía que trabajara menos no le hacía caso alguno. Te buscan dijo Amparo. Te esperan en la sala. Era Nereida Cruz Lendof, esposa de Samuel Reyes. Hermano de Olga la profesora de Bajabonico Arriba. Leía la revista Caminito. Se saludaron. Intercambiaron afectos. ¡Qué bella está muchacha! Esa barriga, te levanta, a pesar que eres hermosa. Y es cierto ¿qué es de mellizos? Según el médico son gemelos idénticos. Filgia Amparo llevó café a la salita y del colmado de Papote trajo cigarrillos. Sólo en la cama pierdo el aliento, pero me levanto y les doy unas nalgaditas y se adormecen. Elvira preguntó por Samuel. Ahí en esa maldita cárcel, estar laborando en una prisión es como estar preso también. ¡Tu crees? ¡Sí lo creo! ¡No compare eso! Tú ni te imagina lo que es tener, dijo Elvira, prisionero un doliente, a un hermano, a un hijo, a un esposo. ¡Eso es grande!
¡Ya me voy pero qué es de Víctor? Me hubiese agradado verle.
¡Anda para San Pedro! Dijo desde el aposento, donde acomodaba a su hijo Kleber que con el humo de los cigarrillos había tosido. Ahí- dijo Elvira- en la mesita hay un bolígrafo y una libreta… úsalo si desea dejarle algún recado. Que te buscará cuando sepa que estuviste buscándole.
Estuve en casa de José Miguel de la Rosa, hermano de Senin, alumno del 3er teórico del Liceo compartí por varió minutos con Altagracita Amador, quien fuera compañera nuestra en el colegio Teodoro Henequén de Licey, provincia Santiago. Estaba en el último año y yo en el primero. Hacía 5 años que no nos veíamos. Nuestra amistad se fortalece cuando estando yo, en situación negativa en la dirección del colegio ella junto a Otilio Marte, Kleber Soriano y Luis Ernesto Mejía, arriesgando las becas apoyaron mi actitud. Conocí, que Altagracita poseía condiciones humanas en un corazón solidario. – supe que te casaste, me dijo luego de hablar de la vieja familia de ambos… como si las conociéramos. Sí le respondí. Anjá le pusiste Kleber a tu hijo por el Pelú de Azua. Le reí. Ella entró en jaranas, cantó la flor de la canela, para recordarme que con esa arma fue que atacó al director para liberarme de el poder inquisitorio… fumó, también hice otro tanto.
* * * *
El Prof. García estaba sentado a la derecha del secretario general, releía los últimos párrafos de “La Historia me absolverá” del doctor Fidel Castro Ruth. La discusión prosperaba sobre la dureza del gobierno miserable del doctor Balaguer. Antonio memorizaba los párrafos que más le agradaba de la “Historia me absolverá” ¡… A los señores magistrados, mi sinceras gratitud, por haberme permitido expresarme libremente sin mezquinas coacciones, no guardo rencor en cierto aspecto han sido humanos, se que el presidente de este tribunal es de limpia vida no puede disimular su repugnancia por el estado de cosas reinantes. En cuanto a mí, se que la cárcel será dura como lo ha sido, nunca para nadie preñada de amenazas, de ruindades y de cobardes enseñamientos, pero no temo, como temo a la furia del tirano miserable que arrancó la vida a 70 hermanos míos… comandante no importa, la historia me absolverá” Fidel Castro.
El quería verte colgado-dijo- de la mata de ciruelito y dio órdenes para que junto a las cervezas guardaran tu lengua, envuelta en una funda plástica. El día que dio las instrucciones el presidente leía tu columna, levantó los ojos ya cansados miró a Pérez Reyes. Hay que quitarle con qué redactar, dio ordenes de sacar las cervezas, para poner tus dedos. Antonio se agarraba el estómago descompuesto… miraba el agua del Río Higuamo. También dijo que esa era poco agua para hacértela beber de varios tragos. ¡Pero amigo! Dijo el fantasma del Higuamo pagaron 3 mil pesos para que te amarraran en el Charco del Padrino con un block de ocho después de ahogarte. Tú dijo Guido, está más loco que la locura, el profesor García se sentía muy incomodo le habían invitado para un simposium y lo que hasta entonces escuchaba era cascareo de gallinas culecas y risotadas de lechuzas.
En la zona este las lluvias son menos frecuentes que en el Cibao, pero Antonio Observaba que el cielo era espacio para que las negras nubes pastaran como ganado entre maizales en éxtasis de verano. Las calles de San Pedro de Macorís estaban en barbecho, los terraplenes y montículos esperaban a que Juan Marichal subiera a lanzarle a Ricardo Carthy aunque sería imposible correr sin salir lesionado, entre barrancos y recovecos urbanos. Los buhoneros llevaban carretillas y hasta carretas desde el mercado a los centros de consumo o de expendios. El edificio Almentero que parecía un ciempiés por sus múltiples puertas, tenía en el caballete un letrero con el año 1923. el mar estaba lleno de veleros, y de un chorro de humo azul negro salido de las chimeneas del ingenio, contaminando el cielo. Las calles Duarte e independencia mostraban un rostro juvenil afeitado limpio dándole la bienvenida a los visitantes. En el club Federico Bermúdez, donde Antonio García combatía la responsabilidad de impartir la conferencia sobre el perfil del revolucionario auténtico, con los dirigentes del movimiento revolucionario fusionados con fines educacionales de la población militante, en organismos de dirección e instituciones de inclinaciones socialistas y de centro izquierda.
En el liceo de la Victoria, charlaba con los estudiantes, antes de entrar al aula, me refería a los contenidos de la clase de la semana anterior, los que ignoraban a Fray Luis de León, creyeron que me había vuelto loco, en la prisión con 72 horas de permanencia. Ya en el aula dije que Fray Luis de León era el poeta Lírico español del 1527, en 1672 fue hecho preso por los inquisidores introducido en una cárcel del santo oficio en Valladolid, acusado de revolucionario contrario a la Vulgata… para esos días España vivía algo muy parecido a lo que vivimos en los contornos del imperialismo Yanquis, caza de dirigentes oposicionistas, y allá a las que llamaban Brujas ante las “desviaciones de los protestantes” individuos de la condiciones de Fray Luis de León, tenía que ser visto como una espinita en el zapato y había que eliminarlo. Y era el fiero Tribunal del santo Oficio… en 1576 es liberado y se manifiesta con mas vigor y energía moral aunque algo enfermo… y partir de allí es que en la clase que impartía en la universidad de Salamanca: “decíamos ayer…” dejando ver que había triunfado sobre la actitud necia y violatoria de sus enemigos. Para finalizar con el gran poeta español del siglo 16, ponemos estos versos de unos de sus mejores poemas. “La envidia y la mentira/ me tuvieron encarcelado/ dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira/ de aqueste mundo malvado/y con pobre mesa y casa/ en el campo deleitoso/con sólo Dios se compasa/ y a solas sus vida pasa,/ ni envidiado ni envidioso”
Altagracita escuchaba mi clase y hacía anotaciones, de la “vida retirada” es una queja desgarradora de quien se aleja de los momentos tormentosos y busca sosiego en la soledad de los laberintos de la propia soledad. Cuando terminó fue a conocer la esposa y a Kleber un pequeño niño de 11 meses. Hablaban de los amigos que habían visto en el andar citadino… le dije que me reunía con Ciro Lapaix en la vivienda de doña Hilaria Sandoval tía de José Rubén Sandoval asesinado en el club Héctor J. Díaz, le dije que me veía con Alejandro Solano, y con Otilio Marte. Aquí en esta vivienda estuvo Ada Drullard.
-¡coño! dijo cuando supo que Solano era Oficial mayor de la secretaría de Estaco de educación. Como va ser.
¡Claro ahí está ejerciendo ese puesto, nosotros así lo veíamos pintado de colorado.
¡Carijo, carijo! Manifestó sorpresas, y dio 23 vueltas de las que dan los sabuesos antes de sentarse, a observar alguna cosa. ¿Tu certifica ese creer?
¡No lo certifico sólo lo presumo!
¿Desde cuándo labora en educación?
-Desde el 1969, cuando Ciro me visitaba donde doña Hilaria Sandoval, en la calle Enrique Dunant, del ensanche La Fe, en santo Domingo, ya el trabajaba para el alunizaje del hombre… el me busca para que le hablara de Josefita.
-oye por qué no dices nada de ti y de los tuyos.
Yo laboro en Hacienda La Estrella, a siete kilómetros de aquí. Me dijo… la vi menos morena, pero con los cabellos descompuestos, las uñas bastantes largas, manos aceitosas, senos como dos hermanos limones custodiando el corpiño de ébano pero eran dos alfiles blancos en un tablero negro, los dientes seguían con el aspecto espumoso, pero de un noble acero.
¡Ay vitico! me dijo… así siempre te dije en el colegio.
Le sonreí y les tomé las manos.
Me está llevando el mismísimo compadre del Diablo, tengo dos niños cuando los veas te vas a sorprender.
-Oye Altagracita, ¿qué sabes de Emiliano de la Rosa?
-No se nada, ¿qué debía saber? ¿Qué sabes tú vitico?
-¡Nunca supiste que el daba su vida por la tuya?
- No, nunca supe, cuéntame ven decía dejando ver las muelas de atrás de satisfacción. Echa para acá dijo, sacó del bolsillo una menta de licor y me la obsequió tarde algún tiempo para tomarla porque me pareció sobornado. Permanecí hablando de otro tema hasta que se me pasó la pesadez que me causó el obsequio de la menta. Emiliano nos decía a mí y Alejandro, que en mi óptica, eran como hermanos. De sus preferencias amorosas y políticas. Emiliano, le decía a Amador, engordaba la voz, que luego parecía que la iba amolando con una lima de flores de gamuzas, mira esa flaca, refiriéndose a ti, y luego de honda respiración me ponía la mano zurda, en el hombro y casi sollozando debe de ser dueña del poder sureño. Reía a carcajadas cúbicas.
Emiliano vivía enamorado- dijo- mientras miraba el humo del cigarrillo subir por sus blondos cabellos- de Rudy, además vitico, el era un tímido soñador, comprende Arias.
Estoy claro que estuvo enamorado de Rudy, pero la hallaba muy pequeña.
-¿Qué es el poder sureño?
-¡Yo no lo se, imagínate qué voy a saber yo si soy norteño!
-pero vitico Emiliano y yo fuimos compañeros tres años juntos, el me conocía. Lo tenía era mucho Temor. Era un viejo prisionero como esas nubes que se pasaron de la vieja cárcel de fango, lodo y varilla de hierro.



***** Capitulo 10 ******
Antonio García había salido al colmado, compraba un bolígrafo, y ya de vuelta al club Federico Bermúdez, la sorpresa fue espantosa, al sentir que le ponían un peso en el hombro. Era nada más que el cura espinal. Pero hombre de Jesucristo, por qué me asusta. ¿Qué hace por aquí? Ambos preguntaron lo mismo. He sido convocado a participar en la conferencia “Perfil de un auténtico revolucionario. Que se está desarrollando en el club Federico Bermúdez. También he sido invitado dijo el Cura. Para hablar de la fuerza de la fe, en la mente del revolucionario. Entraron sin dejar de mirar de soslayo como si buscaran a un expositor que no se veía, pero se escuchaba la voz amplificada. Hablaba de la vida y obra del doctor Guido Gil, defendió a los obreros azucareros,… de centrales del Este. Valentín Calvo vino y saludo al cura Espinal y luego al señor García. La pierna de la que cojeaba se la fracturaron en 1963. Huyendo de la policía del consejo de Estado. Estuvo seis días en una solitaria. Pero Gil se energizaba con los atropellos y con los golpes que les infringían los esbirros y sicarios de los primeros años PRE y post revolución.
Tengo hambre dijo Espinal anoche mi cena fue un vaso de agua caliente y un pedazo de pan. Es cierto que mi estómago se ha acostumbrado a descansar como el de los oligarcas de este país. Se despidió de Antonio y luego llegó a la casa de Otto Moralidad Efressio, en el ensanche Luperón, de la Capital.
-¡buenas tardes!
-¡buenas tardes! Respondió una voz femenina desde dentro.
-¿Qué deseas a usted señor?
-¡busco a Efressio, soy el ex cura Espinal.
-Espere un momento señor, dijo la señora que se ponía los lentes en la punta de la nariz. Es estómago del cura producía un concierto de sonoridades dítonos como un acordeón en manos de principiante. Y le pareció simplemente un mal responso. La señora de las gafas dijo—pase señor y espérelo que termina en diez minutos.
Antonio hablaba de los medios de producción y de las diferentes clases sociales, de la relación precapitalista. Fue al bulto y buscó tiza a color dibujó un árbol proletario, en su proceso mientras el latifundismo crecía el campesino se empobrecía. El profesor lo repitió como un mantrá y como en el salón había más de 300 personas lo hicieron un eslogan. Los aplausos de la motivación hizo énfasis en las características de las clases sociales del país.
Espinal levantó la mirada cuando escuchó que unos pasos se aproximaban.
¡Caramba, discúlpeme por la demora, caramba! No sentí tu presencia, expresó el hijo de Aquiles Morales. Ambros expresaron su sentir y luego fueron a sentarse. Permanecieron tres horas conversando.
Vi en la agenda del día, espinal, y como iba imaginarlo, que podría ser tú. ¿Qué fue lo que sucedió que dejaste la iglesia?
Era párroco en la comunidad de Altamira, comunidad de gentes buenas, sin embargo en la ciudad había una cloaca abierta pútrida peor que un volcán en actividad, me agredió el caciquismo, que no soporta críticas. Me impulsaron junto con el profesor Víctor Arias, porque asimilábamos los dolores públicos, abrazaba los dolores de los necesitados del pueblo humilde y labrador de esperanzas. Déjame confesarte, lo que no he dicho todavía, llevo tres día sin pasar algo por mi garganta y pienso que a las cuarta no llego. No estoy en penitencia…
Lo que me dices es que tiene hambre.
Quiero decir no. Tengo hambre. Quiero comer.
Efressio dejó el asiento y se dirigieron al comedor donde estaba la comida suya, era locrio de carne de cerdo y lo halló manilo. Fue a la cocina.
En la Victoria Filgia Amparo colaba café en colador de tela, Elvira dormía a su hijo Kleber Wladimir, el olor del café llegaba a la carnicería de Otilio Fortunato, en la cercanía de la calle Padre Páez, donde Altagracita pesaba una libra de Calanche, el olor era penetrante que la obligó a olfatear como sabueso sureño, levantó las narices y en minutos estaba en mi casa fumando y bebiendo café recién colado. El señor José Regino, esposo de Eleodora, vecina de la casa de la calle José Soriano, la acompañaba.
Otto llegó al comedor donde espinal esperaba, llevó una docena de botones de plátanos verdes, huevos revolteados con cebolla roja, leyeron, descansaron luego salieron para encontrarse con Antonio García que terminaba su última participación en el Club Federico Bermúdez.
Tomaron asientos en la cercanía del pódium, atento al trabajo que Marcos exponía… el revolucionario tiene como responsabilidad, cuidar a sus compañeros estudiar y defender el método, evitar la las acciones personales, el individualismo, y los prejuicios institucionales, debe tener el don de ser crítico reflexivo, debe respetar las ideas porque cada idea conlleva a otras nuevas. La solución de un problema genera el resurgimiento de nuevos problemas. El padre estaba excitado al oír la voz timbrada de Marcos. Escuchaba con suma atención palabras encima de palabras, las que colocaba en sus archivos espirituales, con la lucidez y la delicada pasión de cuando fuera seminarista. Pero como si la frisara fueron “el orden es principio de higiene mental” conducente a la liberación si deseas ser libre debe ser ordenado. El principio número uno- uno, de los revolucionario es ser disciplinado y poder pensar. El que no acepta la realidad, se perfila como un derrotado de los suyos. Para programar habituándonos a ello, evitando los imprevistos, las rutinas, el triunfo sería más fácil y más seguro. Moralidad Efressio, anotó que provocaron cosquillas en el cuerpo de Esteban. Para concluir manifestó Marcos- hay que aplicar los conocimientos adquiridos en las altas y cada jornada de trabajos en los cursos y talleres, en los consejos para bien de la revolución. Quiero concluir con un pensamiento de José Martí-“…un principio justo desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército” los convidados aplaudieron, cálidamente poniéndose de pie para saludarlo.
En la entrada del club se hallaba Ciro Daniel Lapaix, me buscaba, nadie le pudo informar… vio pasar al jefe del movimiento y sus acompañantes, a los que saludó levantándose la gorra Caamañita Ciro continuó algo detrás se detuvo y esperó. Otto saludaba a la muchacha que lo besó en ambas mejillas le dijo algo al oído luego los tres viajaban en el saltamontes conducido por ella rumbo a Santo Domingo.
Antonio y Esteban visitaron a Demetrio y le informaron la decisión de abandonar por unos días la lucha en el movimiento porque según su parecer existían dos incoherencias en la praxis. Demetrio le pidió que asistieran al almuerzo que estaba preparado en la casa de su madre en Los Mina. Acuden al referido almuerzo y allá estaba Ciro, que se les acerca y le pregunta por mi persona. Esteban le dijo que yo vivía en la calle José Soriano en La Victoria. – el es maestro en la escuela Padre Páez. Esteban atendió una llamada. Labora también el liceo nocturno. Cómo supo que éramos amigos de Arias, Ciro sonrió gradualmente, se sentó donde estuvo el cura. Me lo informó Demetrio. Me dijo que eran del pueblo de Arias. Estuvimos dijo Ciro en la escuela Normal durante tres años sabe señor. Ciro dijo estar enterado de los sucesos del 12 de enero en la comunidad altamirana y que esos hechos coincidieron con el crimen contra los palmeros.
Se detuvo fue a escupir algo que le había caído en la boca. Volvió fumando Antonio comprendió la simulación por el tabaco. Arias y nosotros, dijo Ciro, quedamos convidados a la reunión y al almuerzo. ¿Qué le habrá sucedido? Que no da señales de vivir.
Muchachos me marcho y les invito que lo hagan conmigo… andamos mangas por hombros. Así está las izquierdas revolucionarias, unas subes y la otras bajan. Ojala no choquen. Saben ustedes cuál es el siguiente paso de movimiento, la aplicación del plan Hilda Gautreau, una militante del movimiento catorce de junio y después del MPD, abogada defensora de presos políticos. Se unió a la revolución del 65, en el comando Médico, estuvo en la batalla del puente. Muchas son las personas que se oponen a ese método.
-oigan dijo inesperadamente Lapaix, por qué después que comamos, no nos vamos para donde Arias a La Victoria. Media hora mas tarde estaban en la José Soriano en la casa de Elvira y de Arias. Era las 4 de la tarde, me hallaba en la casa del señor Ortega López, dirigente del PRD Elvira escuchó que preguntaban por mí dejó la cama y al ver que el que manejaba el cepillo Volkswagen era el cura Espinal salió para esperarlo… vio que de los tres estaba Antonio García. ¿Qué buscaran? se preguntó en silencio- ¡Cuántas suertes de verles de nuevo!
-¡Cuántas sentimos también! respondió el sacerdote. Se desmontaron y les presentaron a Ciro que según Antonio, quien había sido profesor de ella, había crecido bastante en corto tiempo.
-¿cómo está profesor Antonio? Me da mucho gusto y placer de verle en nuestra vivienda. Siéntense por favor. Mucho gusto señor Ciro.
-¡El gusto es mío señora!
-Ayer estuvo Víctor hablando de usted con Altagracita Amador.
-Dice Víctor que en cinco minutos estará aquí. Mencionó Toñita.
-Estoy aquí, doña Elvira, dijo el cura más por el niño que por ustedes, dónde está el pequeño actorcito.
-Todo está correcto, al venir de usted Padre, el niño anda de paseo con su madrina Filgia Amparo.
-¡Verdad, dijo Antonio, cómo está ella? Me agradaría verla, está por llegar.
-¿Cómo los han tratado nuestras espinas…?
-¡Mal, muy mal! Respondió con humildad Elvira. Pero Arias les explicará.
En la casa de David, este Luis Alcántara, Mario, Papito, Pechuga, Miguelito Adón y Emilio Tejada, el pocero, comentaban la tragedia del penal, yo estaba al lado de la anfitriona doña Hilda, pedí excusa y me ausenté a recibir la visita inesperada de tres compañeros. Procedentes de Altamira y de San Juan de la Maguana.
-Debe ser mentira había dicho el Pocero, en el momento que yo dejaba la casa de David. Debe ser una macancoa.
-¿A qué se refiere usted compadre? Expresó Doña Hilda.
- El rumor público dice que fueron 4 los prisioneros políticos que anoche mataron. Me enteré por un anónimo a la prensa la enteré yo manifestó el Pocero. Fue con las culatas que mataron a Pérez Guillén…destrozaron su cabeza, primero lo golpearon en el hospital, lo torturaron…

Esteban a la vuelta mía, andaba con Kleber dándole una vuelta en el cepillo, no estaba seguro si abrazar a Ciro o a García primero, estaba unido a los dos por una esencia muy pesada, la idea de la revolución, entre Ciro y nosotros, estaban los intereses de la escuela Teodoro Henequén de Licey allá en Santiago. La diferencia era muy sencilla pero sensible. Le explique lo que había escuchado de cómo había sido la muerte de Rafael Pérez Guillén… por el apellido los “conoceréis” ¿cómo anda la cosa por mi tierra profesor García? ¿a quién pusieron por nosotros? ¿Quiénes se beneficiaron? ¿A quiénes premiaron? Con la salida suya y con la mía profesor. ¿Quiénes cobraron las quinielas?
Había y todavía se ve muchas gentes muy contentas. Lo que se dice beneficio hay muchos amigos nuestros. Con nuestra muerte nacieron vidas.
¿Serán para bien, de los altamiranos?
-Arias, me llamó Esteban con quien me abrace sin cortapisas – qué grande está nuestro Kleber, y me lo entregó comiéndose un helado que había comprado don Shirin Moreno.
-Sí está grande y despierto, expresó Antonio García.
-¡Conócelo Ciro- es Kleber Wladimir Víctor!
-¡Wladimir!- se sorprendió Lapaix Butteen, será un gran hombre si aprecia sus nombres.
Elvira llegó del colmado con cervezas y cigarrillos, Filgia Amparo le acompañaba. Saludó y conoció a Lapaix Butteen. Se quedó unos minutos abrazada de Antonio y un poco menos de Espinal. Las actitudes maquiavélicas e intrigantes de parte del secretario de la inspección, en contra de Arias ha ido aminorando, esta es otra realidad social… el partido Revolucionario lo visita como a un hijo. El caciquismo de aquí es moderado. Si Arias no se lo ha dicho, le he ahorrado ese placer. Pero en menos de un año lo han llevado ocho veces al cuartel detenido, como a un cualquiera. No es nada diferente en el fondo es igual… es posible si peor. Ustedes son diferentes y al caciquismo le gusta lo que para ellos es igual o actúan como tal.
En la mesita ahora había una picadera de fritos botones y entresijos y chicharrones de cerditos… las cervezas estaban aun muy fría. Cuando Lapaix cogió el vaso, por quinta vez, notó que en la madera de la mesa de ébano en bajo relieve se veía el rostro de Peña Gómez como una obra de arte del ebanista. La tarde estaba calurosa. Fueron a la sombra del almendro, entre la cocina y los canteros de repollos y molondrones.
-Aquí estamos mucho mejor dijo el cura. Con el aire que de las fincas llegaba, calentaba la cerveza. Escuchaban las canciones que venían desde el casino Los “Tanos” propiedad de los esposos “Castillo Mateo” luego que Ciro y Amador estuvieron en los “Tanos” conté a Espinal y García lo ocurrido en la fortaleza anoche. Los esbirros del mal saciaron su sed de sangre con la vida del luchador antiimperialista y democrático, Pérez Guillen. Hablan de otros tres muertos en la tortura en el hospital pero no tenemos los nombres. Y la certeza de esa realidad como la de Rafael P. Guillén. En la celda conocida como Vietnam. Pero no todo ha sido dolor encontré una noria en el camino. La solidaridad del pueblo es comparable con la que recibimos en Altamira. La diferencia es obvia… no tengo la curia a mi favor como allá. Ni está la experiencia del profesor Antonio. Aunque he hallado las de otros. Como la de Manolo Prenza y de Calzado director de la primaria. De alumnos como Luis el sastre, de Pupito, y sus hermanos Aura y Joaquín. De Vecinos como Enemencia y Eleodora, y de la familia Díaz Ozoria, oriunda de Los Llanos de Pérez, residente en la calle Altagracia de esta comunidad.
Ahora que conocen del embarazo de gemelo de Elvira lo toman como excusas, y se aparecen en la vivienda, pero sabemos que ubican detalles. No todo es infierno tengo de amigo a un amigo de 87 años a quien le prohibieron visitarme, sin embargo Pacheco, que ese es su apellido, no se acuesta sin traerme una noticia de importancia del penal. Así el secretario del alcaide de nombre Hugo de la Rosa, y como el senescal Pacheco, nos halaga con su presencia. Ellos son otras norias en nuestro desierto. En el orden de la profesión los compañeros y los alumnos son muy comprensivos unos e tolerables otros, El director es muy competente, y eficiente amigo y compañero. Además tiene ideas socialistas. Con dotes filosóficos y hondas sensibilidad humana.
-Dime Arias, dijo Esteban cómo te lleva con los de la iglesia.
-Esas fue de las primeras bandera que Icé estuve en el entorno de la casa cural y hasta participé en actividades que ella programara. Pero esta es una Iglesia alejada de los humildes vivos, En caso de estar de cerca de los humildes, esa prefiere, a los muertos o dormidos ni los resucita ni los despierta. El cura se llama Clemente María, le hablé de usted, de Antonio Aladino y de Abercio González, pero leí en las páginas de su rostro señales de desconfianza y desdeñables.
Altagracita y Ciro permanecieron en el casino Los Tanos, la música llegaba a los que estábamos en el patio de la casa. Amparo fue a decirle que en una hora, el cura deseaba marcharse para el interior de la ciudad. Venga Filgia, dijo Ciro, para que se tome una cerveza con nosotros. Altagracita presentó a Ciro a Orlando González, su marido.
-Pues sí se llama Clemente María, oriundo de Salcedo, no es humanista, pienso que es aritmético. Conocí a un seminarista que con mis puntos de vista llegará a Camarlengo, ese si ama a la gente, es un humanista completo. Antonio García se rió y luego dijo- eso es ahora, cuanto llegan a la colmena, la miel los ahoga. Hay que ser muy humilde para, que la riqueza del imperio, no lo corrompa. Su nombre es Lorenzo Vargas, nos llama compadre a Elvira y a mí, que será padrino de los gemelos. Dijo que era su amigo. Espinal sonrió levemente. Bueno la iglesia con la llegada suya es menos burguesa. Se ha abierto a la comunidad. Era una iglesia fría y amargada. Cerrada para evitar que los la hermosura de luces no irradie los corazones de los humildes que debieran ser hijos del mismo Dios del padre Clemente María, los aromas de aquí se esparcen y se quedan en los recodos del altar de adoración de imágenes sin llegar a la comunidad hambrienta de los barrios de los Guandules. A Espinal le gustaba el estilo libre que yo ponía a mis ideas.


*** CAPITULO 11 ***
Antonio leía tranquilo en la sombra del almendro, levantó la mirada para recibir de una pequeña niña, de pelo negro, una hirviente taza de café, solicitada minutos antes por él. Pero tú eres de Altamira- la niña movió la cabeza y los cabellos taparon su rostro. Sí… con timidez dijo- soy prima de Elvira, hija de Polín Vargas, me llamo Luz. Claro, clarísimo casi grita el profesor.
En la casa de David hablaban de las madres que veían caer a sus hijos en la calles sin estar en un campo de batalla. Fíjense la muerte de Eladio Peña de la Rosa, y la de Amin Abel Asbun el 24 de septiembre del 1970. El pocero dejó caer la taza llena de te de jengibre cuando vio pasar por la puerta de la casa de David al asesino de Amín el señor Luis Hermógenes López Acosta que pululaba las calles de la Victoria días después de haber cometido el horrendo asesinato.
En la calle Duarte de la Victoria vivía el señor José Sánchez Acosta, secretario de la cárcel y Hugo Senin de la Rosa, ambos conocían en lo más profundo el quehacer penitenciario conocían las sensibilidades del penal. Sabían por qué vomitaban las dos prisioneras luego de cenar, y por qué tuvieron diarreas las presas y por qué no nació la niña de la mujer que el ocho de marzo protestó por la muerte de su marido en el club Héctor J. Díaz. Sánchez A. recibió una visita del 14 de Junio y una del MPD, todo quedó como estaba, nunca acepto prebendas ni regalos envenenados, estaban limpios. Ofelia buscaba a Hugo Senin de la Rosa, conoció a Miledis Encarnación y a sus dos niñas pequeñas aún. Esa tarde no bebía, recibió un sobre lacrado de mano de Ofelia que le pagó con una hermosa sonrisa. Lea con muchos cuidados los nombres que tienen asteriscos son los que canjearemos, a cambio del auyama… me gustaría decirle señor Hugo, que al movimiento le agradece que le haga llegar el mensaje a quien usted sabe. Señaló y se marchó. Llegó a la casa de Pacheco y le hizo saber de la visita de Ofelia.
Ciro se marchó sin conocer al niño Kleber pero prometió volver a conocerle, sabía que llevaba el segundo nombre de Wladimir y deseaba conocerle físicamente. Además hizo amistades con Orlando González el esposo de Altagracita, quien le presentó muchas gentes que consideró amables muy humanas. Eso mismo les pareció a Esteban Espinal y al profesor Antonio García. – en apariencia son gentes como las de otras partes, empero son afectuosas con los extraños.
Para esos días la delegación en manos, de los Reformistas, la presidía la madrastra de Hugo Senin, yo la conocí como la madre de José Miguel, de Lenny, de Carlos, de Aurys, de Nerys y de Rossi. Era una mujer recia, vestía con sombrero y botas tejanas, pantalones Ranger, y en la cintura una correa de tiros sosteniendo un largo Colt. Parecería que el trabajo administrativo la había desarrollado en poses masculinas. La delegación funcionaba e el antiguo Partido Dominicano, frente al parque.
El 22 de mayo de 1867 Decreto No.1037, se erigió como un puesto militar, común de la ciudad de Santo Domingo. 77 años después el 23 de noviembre, en 1944… pero supresión de la provincia Monseñor Meriño, pasa a Ciudad Trujillo. Pero bajo la delegación del 1973 las calles son sierras de cortar y a ambos lados la fauna y la flora desesperaban a los nativos Y desinteresaba que iban al cementerio, al santuario y a la Solana. Luego de las visitas a las cárcel, de fango, lodo y de hierro. Los más sorprendidos eran los pozos del cuartel de la Duarte y la entrada de ir hacia el Ocho, y en la José Soriano entre esa misma entrada y la familia Bidó, cerca de la Solana. Luego cerca de Julio Adón y Chachito Figueroa y en la calle San Antonio casi Altagracia camino a San Joaquín. Lo que para mucho era dolor de cabeza era urticaria en la espalda de un viudo huérfano de padres y de hijos e hijas, falto de leche para un niño de meses la Victoria era victoria.
La Victoria esperaba ese día en que los nativos y los visitantes, en la paz del sol naciente…comieran del mismo pastel del progreso que estaban fabricando los hijos verdaderos de Juan Evangelista y de Gregorio Luperón. Así hablaba Juan Francisco de la Cruz, en la charla conferencia que dictaba en el club de los Castillo.
-Estamos abierto a todas las manifestaciones positivas vengan del este o de oeste…
Compartía con Frank de la Cruz, la mesa de dirección, de la semana de orientación, que el club San Antonio realizaba, en el territorio de la Victoria. Pidió permiso y con cuidado se marchó para la casa donde Elvira daría a luz.
Era 8 de febrero en la mañana, quizá como las olas del mar, estaban agitadas como la angustia del pueblo dominicano, en tumultuosidad y desesperación podía explotar y salirse de la madre el calor desesperaba a los cortadores de caña, en los campos de cortes de la Ceiba y de Mata Mamón. Las mujeres embarazadas daban a luz en el suelo. Médicos malhumorados discutían y en vez de ayudar a construir los alumnos saliendo de la Padre García, de la Salomé Ureña, de la Patria Mella y de la Teodoro Henequén, y de cualquiera otra del país. Elvira vio cuando llegué y le pareció que me habían cancelado. Mis ojos administraban, muchos sentimientos de dolor, y de profundo pesar.
¿Qué te ocurre?
¿Cómo están? Dije, puse el oído en el ombligo, van a venir con las guerrillas, con la fuerza de Caracoles, quieren parecerse al guerrillero solitario. Me di cuenta que por el momento no daría a luz, fui a la cama y le conté la llegada del Coronel Caamaño, con ocho guerrilleros, acompañantes por la costa de san José de Ocoa, en la ensenada de Caracoles. Le hablé de los planes y de los propósitos para el derrocamiento del gobierno del doctor Balaguer. Que aplanaba como a una cucaracha los intereses de los humildes hijos de la Patria. La esposa era como yo, conocía la situación de deterioro que estaban los padres de los campos, de los barrios y de los bateyes y de las ciudades.
Cuando al doblar en la esquina de la casa de señor policía pensionado, Teniente Guzmán, lo saludaba con la cortesía que él deseaba.
– ¿Cómo está oficial? Y el respondió
-¿Supo del desembarco del coronel Caamaño?
-No, no supe nada, me hizo recordar a Rafael Blanco Sosa.
-El guerrillero Solitario.
En la casa de Hilaria Sandoval, Marcos y Demetrio, esperaban a Ofelia, que llegara de la misión de la Victoria. Hablaban de desembarco de playa Caracoles, escribían en una pequeña pizarra, los nombres El lucero, ponían un vector, luego coronel Caamaño, las estrellas y una circunferencia, escribía a Lalane José, José Pérez Vargas, Toribio Peña Jáquez, Hamlet Herman, Claudio Caamaño. Cuando llegó Ofelia, de la circunferencia, escribieron la consecuencia de un desembarco guerrillero.
Por la calle Ramón Cáceres, casi nunca se movían aparataje militar, ni a pie ni montada. Ofelia que iba para el colmado y de inmediato informó que un fuerte contingente estaba en las paredes de la fábrica de sal, la soldadesca conocía que sólo era una escaramuza, o simplemente terror al por mayor. En el colmado donde Ofelia había ido a comprar, las concurrencias la pitaban, los de menos edad se acercaban a ella para respirar el perfume que brotaba de su pellejo. Para Salomón era Ofelia era una Noria en el camino. –con sólo tu presencia, los guerrilleros de Ocoa, tumban al gobierno de esta Maldita Blanda. Ofelia sonrió… pagó la encomienda, y se retiró los concurrente tenían una estrella de cinco puntas dibuja en un papel de estraza. En cada punta, tenían escrito Ramiro Matos, Pérez y Pérez, Emilio Jiménez, Rafael Seijas. En la quinta estaba Los incontrolables. Ofelia endulzó el café, le llevó a doña Hilaria, que cosía una bandera municipal, volvió al sofá. Repasó los nombres, entonces preguntó por qué no estaba el nombre de Beauchamp Javier. Demetrio y Marcos hablaban con doña Hilaria, de la lluvia que se acercaban para bañar las huertas de la república, ella con la tranquilidad de los años agregó- no se preocupen que así se lavaran las cloacas, y las pocilgas, los fangales que en muchos palacios y tiendas abundan, talvez con la posible llovizna que se avizora.
-Dime Ofelia, dijo doña Hilaria, ¿qué supiste de Arias?
-Supe que su esposa tendrá gemelos. Dicen que dará a luz del trece al quince, pero comunicarme no pude. Me lo informó el enlace del movimiento en la penitenciaría. Amigos de las partes.
-Tendré que aparecerme por su casa, ese muchacho es… como si fuera hijo nuestro. Hugo de la Rosa y el señor Melaneo Pacheco, no finalizaban de revisar los nombres de los prisioneros. Que había que cuidar, con esmero y cierta tolerancia. Aprovecharon que estaban solos en el patio para seleccionar, aunque les parecía una actitud de ganadero, a hechizar. Número 14, Rafael Chaljúb, 15 Rafael Tavera, 22, Plinio Matos, se detuvieron cuando llegaron al nombre del difunto Rafael Pérez Guillén.
La señora Zoila Cariño Báez y el Teniente Pensionado Germán Guzmán, eran especialistas observadores, en cuestiones de visitas en vecindarios, que por cuestión de amistad, llegaban a pernotar conmigo hasta tarde de la noche. Hacían apuntes cuando veían llegar a la galería de la casita o cuando pasaban a la sombra de la mata de almendra, entre la cocina y la huerta. Pero ambos sabían cuantos lagartos acudían a las matas de plátanos, para beber del rocío mañanero, estuvieron al tanto de mi vida y de mi familia, hasta para ayudarme. Cuando Elvira dio a luz de los gemelos el 14 de febrero, la primera en llegar a buscar los pañales para lavarlos, fue ella. Era una costumbre que en la Victoria se mantenía hasta luego de la venta y uso de las toallas sanitarias y pámperes.
Mira Zoila, dijo el teniente Guzmán los perredeístas están reuinidos en la terraza del doctor López Ortega, la casa está llena hay que enterarse de lo que planifican-dijo el teniente Guzmán a Zoila Cariño Báez, su mujer y secretaria. Cómprate una libreta para que podamos tener los nombres de esos conspiradores, anda, que acaba de llegar el secretario general y el director de organización. No pierda el cuidado, porque esos tipos no son tontos. Sí, sí ya escuché, observó la esposa que llevaba en las manos una cartera colorada. El teniente se acomodó en una silla de guano y madera en la sombra del Tamarindo, desde donde podía columbrar los cuatro costados... hay que llevarlos pisados a sogas cortas, apocilgarlos, murmuró en silencio. Mientras veía la falda de su mujer mientras se entraba en las ranuras de la glutanía. Hay que llevarlos a puntos metíos. Cuando pasé por su lado me dijo supo que fueron cinco los que murieron el la prisión, le respondí que no sabía, sin dejar que copiara mis sentimientos faciales, y le dí la espalda, hice como si no escuchara. Le aplicaran la ley de fuga- gritó desde el tamarindo. Es mentira agregué para que Elvira me oyera, lo mataron en el patio y ahí mismo lo enterraron fueron sacados del hospital moribundos por eso al capitalismo imperialista les agrada y le conviene que haya apagones, lo sacaron del patio y los llevaron a la doctor Báez frente al Palacio de la República, la casa de los aljibes, la casa de las estacas afiladas, en los túneles de la casa de puntas de aceros. Le dije a Elvira que esas quedaban en la calle Doctor Báez, ahí funciona la secretaría de la Mujer.
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Era cierto pero así lo sintió ella cuando estuvo encinta de Kleber, lloró delante de todo el mundo cuando el hombre que arreglaba una puerta en la casa donde vivíamos en Altamira, se desayunaba con batata hervida, y café, ella quería la cáscara de la convolvulácea y cuando la fue a coger del suelo que era donde la había tirado el obrero, estaba en una ralá de gallina. No se la pudo comer porque se les ensuciados los dedos. Lloró a cántaros pero en nada afectó a Kleber, porque tenia de gestación sobre los 4 meses, ahora que me escuchó llegar quería que me sentara en el borde de la cama para que echara en su boca, el humo del cigarrillo que yo fumaba, ese fue su antojo el de los gemelos, después de un gordo beso Altamirano, así quedaba saciado el apatito por fumar en su segundo embarazo. Cómo te haces cuando estoy para el trabajo o simplemente no estoy, le pregunté una tarde… me dijo he aprendido esperar. Simplemente también espero que tu llegue. Recordé lo que me contaron de una de mis ancestros madres, según doña Vittotina Hernández Arias, se antojó del prepucio de un ovejo llamado el Bello Narciso. ¡Cuántas cosas! Y según la historia hubo que comprar al Bello Narciso para castrarlo y luego cocinar el órgano del antojo. La vi reír y cuando le pregunté simplemente respondió que era de Altagracita que reía. Que le contó que su madre se antojó de las cachazas de los pies de su suegro… para comérsela frita como si hubiese sido queso blanco añejado. Esa mujer es un volcán. Tiene dos hijos no te lo dijo, no, no me lo dijo.
Elvira no tenía los ojos verdes, eran negros azabachinos ni el cabello rubio, pero en mi ego la alimentaba como Dalia y como Elvira, hasta que aprendí a borrar de su cara el verde de los sueños colegiales. Era mi fantasía de adolescente colegial… pero llegó Elvira de mirada tierna, de ensueños y de anhelos, la de cabellos negros y ojos opalinos. Estaba durmiendo me acomodé en sus costillas y dormí hasta cuado despertó Kleber, y dijo: mamí, mamí, mamí acentuaba la última silaba, después me dijo en voces aconjadas y desnudas quejas prosopopéyicas, doña Elvira dejó con dificultad de la cama buscó al primogénito que la esperaba sentado en la cunita. Toñita lo escuchó llorar y llegó en segundo y al decirle que eran las tres de la madrugada dijo “Amor con amor se paga”.
De regreso al hogar desde la escuela el teniente Guzmán me detuvo y me dijo: amarraron el toro, lo amarraron. Cómo vecino dije yo con voz de “Maco abobao,” no le entiendo. Mataron al coronel Caamaño. Lo dijo en un tono de mar tranquilo. Mientras yo hervía en mi caldera de hierro colado, viéndole que fue cambiando con ruindad. Como un tránsfuga batracio. Pensé en el “Arte de vivir” de Andreev Morrois, Y en la simulación por la vida de José Ingenieros, la simulación de la locura del mismo autor. Fingir no entra en mi mundo, en los pórticos de mi teatro real, en los escenarios míos.
Y cuándo fue que lo ultimaron pregunté, no le di el gusto de que de mis labios escuchara la palabra matar. Como venía de trabajar llegué a mi casa sin detenerme al regreso del baño encendí el televisor, pero en algunos de los canales hablaron del asunto. La pena que emitía mi corazón no me permitió comer nada, tiré mi cuerpo hecho viejo encima de la cama, puse encima de mi abdomen de padre que tenía que callar el sufrimiento y la pena por la muerte, por el asesinado coronel fiel y leal representante de los humildes y de los pobres de América del caribe, el más noble príncipe de nuestro pueblo, el de final de siglo… Desiderio Arias y Demetrio Rodríguez, a principio de siglo. Las manos del imperio. Bajé la voz las paredes continuaban oyendo… nueva vez en menos de unas horas Juan Ruiz de Alarcón. Cosme Jiménez director del Liceo, con la experiencia de los años, salió temprano de su casa para evitar que tanto Prenza, Quiñónez como nosotros, no fuéramos al centro docente hoy. Y por separado nos lo dijo:- quédense leyendo no vaya hoy. Es mejor que te agarren asando yuca en una balsa apagada, voy a despachar temprano. Te veré luego, me dijo. Jiménez tenía pensamientos liberales. Era superior.
Cuando veía una película llegó Senin y el señor Meláneo Pacheco.
-¡Buenas noches Profesor! Manifestó Hugo Senin de la Rosa. ¿Cómo le va señora? Se inclinó simulando formalidad oriental
-¡Buenas noches! nosotros respondimos.
-¡Profesor! ahí le devuelvo la obra, es lo mejor que he leído.
-¡Toñita tráele café a los señores, por favor!
-¿Supo de la tragedia de Ocoa? Preguntó Hugo al tiempo que pasaba el periódico donde estaba el cadáver retratado. Con un balazo en la frente

Tenia la boca llena de sangre, peritos en cuestiones bélicas, aseguraron que le dispararon mientras Caamaño fumaba… mientras le encendía otro el cigarrillo.
Si le dije, me enteré por el señor Guzmán que según mi aprehensión me atosiga. Quizá queriendo ordeñar las ubres de la madre del purgatorio sin haber parido, pero me contuve.
-oiga profe, señaló Pacheco- tengo que decirle la historia de dos amigos que son como si fueras mis hijos. Pero dígame si las paredes de esta casa tienen orejas, ¡jajajajaja!
-Uno no sabe, nunca se sabe, mejor hay que ser prudente.
-Con la muerte de Otto Morales- continuó Melaneo, con la de Mariana Pineda, y de Homero Hernández, y los Palmeros, la muerte de García Castro, de Sagrario Díaz. y las desapariciones, de la tragedia de Nizaíto, la muerte de Lalane José… en fin con los caídos con el coronel, los buscadores como carones en el río, en la embajada del imperio visa, con el propósito de lavarles las verijas a los yanquis, podrían ser utilizados como caza recompensas de jóvenes que piensan distintos a ellos. En caso de que hubiera una brecha para Cuba continuaba Melaneo, esos distintos, yo mismo me marchara a buscar la pensión que en capitalismo, me ha negado.
En la casa, doña Hilaria S. Bonilla, con las ventanas cubierta con un paño negro, y el invisible morado, je, je… gime en su pecho los disparos, que a mansalva recibiera el líder constitucionalista. Ofelia debo salir buscaré a Marcos aunque volar tenga, se levantó del sofá y dio un abrazo a Demetrio dándole un largo beso de 32 quilos. En lo que espero leeré estos tres capítulos que son bastantes cortos. La brisa entraba por una persiana que ella abriera con tales fines, y una ligera sin ser invitada cruzó los aleros de la casa. El fluido eléctrico no apareció en toda la tarde, y leyó con lámpara de gas.
En el liceo Juan Pablo Duarte, en el Simón Bolívar y en el Onésimo Jiménez, y en los otros centros escolares nocturnos de la ciudad capital, las movilizaciones, por la muerte del coronel de abril. Pero en los municipios del país teñían de negros la puerta principal de los cementerios. A Demetrio lo llevaron al cuarten de San Carlos acusado de ser el preconizador de la idea de luto en los camposantos. Les rompieron las ropas, golpearon los brazos.
Lo supe, dijo Ofelia, cuando acudí al colmado, a comprar velas y velones, me lo dijo don Salomón.
¡Qué hermosa se ha vuelto Ofelia dijo en silencio Salomón, viéndola sosegado. Tanto tiempo que no te veía me dijo. Le di la gracias, pero según mi aprehensión el se sentía ofendido. Luego de mirarme sin malicia me preguntó si había sabido de la muerte de Gregorio García Castro. ¿De qué Gregorio señor? Del periodista que fuera secretario del Doctor Balaguer en el exilio. En la José Contreras lo mataron, me quedé pensando. ¿Por qué me pregunta…? Me pareció que me miró intrigado. Entonces haciendo muñequitos en el papel de envolver que encima del mostrador había como un mantel, dijo-conocí a sus padres en un campo de la Vega, se llamaban Israel García, y Ana Dolores Castro. Fue siendo un joven todavía diputado y director de Radio Caribe. Yo no lo sabia, tampoco lo sospeché, Salomón, era un horcon, un esqueje económico y moral del movimiento revolucionario. En la búsqueda de los cambios. Era uno de los nuestros.
---****** Capitulo 13 *****----
En el 1966 García Castro se convierte en relacionador público de la secretaría de Agricultura. Le dije que iba, pero sin que me dijera que no me fuera me sostenía por una fuerza invisible de espiritualidad inexplicable. ¿Qué será lo que este hombre posee? cuando intento dejarle ahí salía don Salomón con algo de mayor interés que lo anterior. Me introdujo a la salita donde hacía siesta, y allí me dijo partes de sus secretos. Tienes que confiar en mí. Demetrio está en el cuartel de Villa Francisca, y lo han golpeado, no está bien, está muy cerca de aquí te lo dije ya, en el cuartel de Villa Francisca en la cercanía del Mercado Nuevo. Me dijo levanta la moral y dale ese papelito al Coronel Torres Marrero, que es mi primo hermano. La duda que tuve de ese hombre parlanchín, de habían disipado y trastocando en seguridad y afectos. Cuando llegué el oficial se marchaba, hacía la última inspección vespertina, en su rutina diaria, me le acerqué al lada que acariciaba el vidrio delantero con una pañoleta blanca. Le pasé el papelito que le enviara Salomón Torres, lo leyó me acarició con una recia pero comprensiva mirada de miel. José Torres Marrero, era de estatura estándar, grueso, piel amarilla, cabello muy fino, pero escaso, rostro caucásico con mancha de barba menos que de espinillas. Individuo de buen trato familial y con todo el mundo en general. De gestos afables, ademanes rectos y sin rodeos, respetuosos y en mi parecer limpios. Me atreví a creer que ese policía estaba ligado a los humildes por la cadena de lo justo y de lo correcto. El fango corruptor del capitalismo asqueroso, no había marcado a este policía, era un hombre sano de los que quedaban y que la circunstancia lo mostraba como un nacimiento social. Ya confiaba en Salomón como en un padre bueno. El policía de alto rango me miró sonriéndome, me invitó a conversar en su oficina, me dijo lo mismo que Salomón me había dicho de Demetrio. Pienso que en la mañana era el mejor momento para que se lo lleve, miró lo negativo en mi cara se levantó me dio la espalda y en la persiana permaneció segundos, regresó a la mesa con la llave del lada en la mano derecha. Me dijo en voz muy baja –venga lo llevaremos de inmediato. Lo llevaré por la Ovando, espéreme en la Bomba de la máximo Gómez. No mejor en la bomba de la Máximo Gómez con puerta del camposanto. No apagué el motor. Respiré tan profundo que sentí que el aire circunvalaba en las avenidas de los riñones. Eran las energías espirituales que desde el colmado de Salomón Torres, había recibido con su trato conmovedor. Yo quería ver a Demetrio…, cuando entramos a la casa de Doña Hilaria S. Bonilla, en la presidente Cáceres número 50, yo agradecí con un beso en la cara, y palabras de beneplácito- Soy Ofelia Cabrera, me devolvió un juego de afables sonrisas capaces de enfriar las balas más calientes de algún esbirro o del policía de nombre Masámbula. Puedo asegurar que es un ejemplo de buena voluntad y de humildad, por eso en los sectores donde administra limpieza social la delincuencia huye, se evapora y la muerte por intercambios de disparo disminuye y se termina. –quiero que sepa Ofelia que Demetrio es hijo de una mi hermana Hilaria. Quedé paralítica con la confidencia, en menos de 15 minutos he recibido informaciones, que otras circunstancias he necesitado meses.
Eran las 11 de la noche cuando Demetrio Sandoval entró a la habitación de Ofelia compañera de lucha, había cenado, en el cuartel por orden de su tío Torres Marrero. Cuando te vi en el cuartel, el dolor se fue a las plantas de los pies y por arte de magia a los dedos sin hallar explicación alguna. Pero ahora me duele la cabeza, mira mi cara y mis manos, mis brazos los tengo hinchados. Me dieron una paliza de los esbirros de los templos colorados. Con la mano derecha, mírala, que hinchada la tengo, tuve una ruda pelea con Tránsfuga, anda con los incontrolables de doña Emma, me pegó con una cadena, pero se descuidó y le coloqué el puño en la mejilla izquierda y le saqué dos muelas. Excúsame Demetrio, debo llamar a Marcos, por no poder asistir a lo acordado. Yo debería estar con ellos.
En la mañana recibimos la visita de Emilia y de Marcos, yo estaba en el sofá. No me dolía como antes el puño, pero donde Masámbula me pegó con la culata del fusil aún estaba bastante inflamado y me dolía. Doña Emilia calentó agua y me pasó encima de las partes infectadas. Marcos me llamó para preguntarme por el parentesco del oficial de policía. ¡Cuántas sorpresas! Primero, Ofelia es tu amante, prima de Arias, tú y Arias Primo, ahora sobrino del coronel y doña Hilaria, la madre de Grecia, de Freddy y de Ramón, ejes de movimiento. Emilia es mi tía, ahora no es mi tía sino mi madrastra esposa de mi viejo, viuda de tu padre padre, aclaré. Aún muchas cosas faltan por verse, le dije a Marcos. Esperemos estudiando, para que los hechos, no sean motivos de descaimientos, debemos prepararnos, aunque la muerte de García Castro no fue una sorpresa por ser la continuación del terrorismo gubernamental, lo que es sorpresa, Marcos, es que fuera asistente del presidente Balaguer en el exilio.
Para mí no señaló Emilia sería sorpresa, el día que me dijeran… que marcos tiene novia, sería una linda sorpresa, y lo bueno Demetrio, me reí, que me haría muy feliz.
La puerta de las habitaciones de Ofelia permanecían abiertas, el ruido de las calles del barrio y de latas arrastradas, por perros y por gatos dirigidos por bandas coloradas infantiles pagadas, unas protestaban por la muerte de García Castro.
-¡Buenas Mañana, dijo don Salomón.
- Buenas mañanas, respondió doña Emilia. Qué desea señor, soy amigo de Ofelia y vine a saber del enfermó. Cuando me enteré que Salomón me presenté a la sala, hola vecino, dije. Cómo se siente usted. Sentémonos. Hágame el favor. Demetrio, don salomón vino a saber por ti. Dije muchas Gracias. La bendición Tío Salón, dios te bendigas, me respondió y permaneció al lado de doña Emilia, comparaba el perfil de su abuelo, con sus recuerdos, con el de su sobrino, el parecido era enorme. Mi tío Salón estaba contento con los resultados del cuartel de su primo Torres Marrero. Cómo estás qué sabes de Bernardo. Estoy bien, todo se lo debo a usted por haber combinados los esfuerzos para mi liberación. Tío Agustín dijo que vio a papá el jueves, y que estaba bien. Me informó Ofelia del trato que usted, tío le ha dispensado. Le presenté a Emilia y a Marcos, el dijo que sentía placer, pero para mí eran conocidos, tío Salón se paró y los abrazó.
Vine por un objetivo y he alcanzado varios, que bueno, pasen buena mañana, dije al tiempo que pasaba la taza, donde tomaba café. -¿Qué es usted, de Demetrio? preguntó Emilia. -Soy pariente cercano, respondí. Ofelia me obligó a quedarme trayéndome un platillo de dulce. ¿Cómo te trató José Agustín? Me trató con respeto observando mis derechos. Entre el coronel y yo hay un tejemaneje, que ni el ni yo lo hicimos, pero somos primos, compadre, soy padrino suyo y es mi sobrino nieto, qué es sobrino nieto. Me preguntó. Es el hijo del hermano del abuelo. Pero casi todos decimos sobrino segundo. Dígame si es cierto que es pariente Freddy y de Ramón los hijos de doña Hilaria. Soy tío abuelo suyos y también de Grecia. Es decir son mis sobrinos nietos. Es una categoría genética moral y filosófica. Para irme le deseo que se mantengan en la casa por unos días porque las enredaderas están por atrapar las ramas de los árboles que las sostiene empleen el tiempo para que lo entiendan, pásenlo leyendo, manejando algunas cuentas, evaluando la situación mundial. Habrá terremotos en los partidos. Por qué dice eso tío Salón. Los años no pasan gratis, cuando la veje es compañera de la observación entonces es profética y lúcida. Esas divisiones ocurrirán en todas las iglesias es un problemas de madurez social. Se derrumbaran las ortodoxias, se derrumbaran los dogmas humanos y los celestiales. Y los fragmentos serán esquirlas peligrosas amigos, por viejo no por Diablo, se lo digo. -Vuelva cuando lo desee me dijo Ofelia, al tiempo de besar a Demetrio, delante de todos.
Marcos me alcanzó y me preguntó cuando podía ir por mi despacho, yo le respondí que fuera por el colmado que era donde podía atenderle, para engordar las haciendas no se debía estar lejos de esa. Lo llevé a la salita donde atendía Ofelia, me preguntó por una tal Esperanza Mota, ¿Esperanza Mota? Esperanza Nota repetí muchas veces aparentemente sorprendido. Después dije. —dicen los que la visitaron en Llanos de Pérez en los alrededores de el central Amistad, en Imbert de los Cañafístoles, me detuve un poco para pensar en los vecinos suyos y recordé a Rufo Gómez, iba a continuar y recordé al profesor Javier Cruz y Cruz, y a su padre Damian, amigos de la Mota… dicen los que de ese Diablo oyeron decir algo, infierno o Purgatorio, que es un Nagual, que es una Nereida, otros la confunden con un súcubo o con un íncubo. Que cuando el sol se esconde es porque Esperanza se convirtió en un íncubo, pero cuando es la luna la que sale huyendo de la realidad, es porque se convirtió en súcubo. Marcos estaba boquiabierto dejando caer ligeros hilillos de babas espesas. Se le paralizó la circulación. La sangre se le se acostó y para despertarla hubo que darle algunos masajes. Lo único favorable que de Mota dicen es que puede ser vencida por los niños o niñas gemelas. Se paraliza cono si se le durmieran las energías diabólicas, huye de allí, o simplemente no se convierte en algo, y las plumas se les caen. Marcos no estaba seguro de haber escuchado o no estaba aún atónito o babeando a chorros. Ven para acá esta es tu casa no te preocupes. Escucha y hazlo con atención. No has sido el único, también ese hechizo infernal convertido en belleza atacó a Tácito Henríquez Polanco, y a Lorenzo Sánchez Efresio y al final a José Ignacio Pineda. Dejó azorado a un primo de Rafael Pérez Guillén. Como puedes ver, los afectados están vinculados al movimiento catorce de junio, o al MPD, Arturito Roble, anduvo barrios por barrios y con las seña dada por el, nadie la conocía. Me dijiste que estuvo en la casa de doña Emilia, también estuvo en la sala de doña Hilaria Sandoval y se llevó a José Rubén Darío Sandoval el hijo de Nanán su hermano. Pero miraba con buenos ojos a Ramón que estudiaba Medicina. Pienso que hubo una confusión ella era menos poderosa que el poder de Freddy el otro hijo de Hilaria. Si… me dijiste que se te sentó en una de tus piernas, que bebió café… y que se marchó dejando en la sala el perfume, y a pesar de haber pasado tres meses, lo lleva en el pellejo, sin darte tregua. Pero no es cierto que te pondrá loco, no eso es lo quieren que tu creas. Pero esa aroma hipnotizante hoy se queda en el fondo de tus recuerdos. Tienes que sacudirte. Eso que se parece a una mujer, te lo dije es otra cosa, en un Súcubo es un espíritu que por superstición de los pueblos se relacionan sexualmente con un varón usando trucos como parecerse a una hermosa mujer. Los jóvenes que cambiaron su vida, que estuvieron en el basural, o pudieron serlo al sentimiento hacia el capitalismo, por ser gente de enderezo de producción proletaria, debieron ser proxenetas mercenarios, convirtiéndose en pabilo de las lámparas de la revolución. El perfume embauca a los tontos, ni por sexo dañoso, toxico. Hay que evitar las frecuencias con desconocidos. Detrás de esa máscara se incuban los gérmenes del terrorismo. Es un virus. Hijo de un simulador. Son agentes del imperio. Cojean para cuando por solidaridad se les acercan echar la mordida. Así son los terroristas mercenarios del capital. Es un simulador que adquiere por los influjos del placer, algunas informaciones aunque los medios sean las vidas de inocentes. Por eso apareció la muerte de Abel y la de Díaz Santiago. No la siga buscando que no existe, es una sombra, es una ilusión, eres joven con poderes emergentes, tienes buen gusto… piensas que te sobra talento y encontrarás en cualquier camino la noria, que te sacie la sed masculina de ser lo que deseas ser.
Yo escuchaba al señor Pacheco como si estuviera bajo los influjos de Esperanza Mota. La atención que le prestaba era magia. Señor Pacheco le dije, cual es su parecer, sobre lo que se dice del Nagual o del Toral. Bueno amigo Arias, me dijo, en la mitología Nahual, es la representación del espíritu de una persona o de un cualquiera… en muchos lugares cambia de nombres para que se le aclaren las ideas, es lo que muchos llaman Galipote, otros denominan vacá. Pero todo eso es simple falfullería, enredo desmoralizante. Es muy especial para los o las que les ponen atención. Nagual…Je je, je, ji, eso es mentira. Puso las miradas acostumbradas. Mi percepción amigo Arias, es que esos muchachos son infiltrados del PRD, en las organizaciones de izquierda, puede que sean simuladores, impostores. A qué se refiera señor Melaneo, pero bueno, y movió en cruz la cabeza, usted es más inteligente que lo que aparenta. Búsquese la respuesta. La tiene cerca. Por qué me rehúye, no amigo profe, no es que huya, es que en su partido al que usted y todos mis hijos pertenecen, es el tollo más grande que humano haya creado. Es un locrio de orejas de cerdo, de chivos y de lengua de conejo. Mondongo de aves, con arroces, trigo, millo, harina de maíz, fino y grueso. Ese mismo locrio tiene habichuelas, blancas habas, caraotas. ¿A qué sabrá ese menjunje profe Víctor? Nunca se lo he referido a nadie, óigalo por primera vez usted. ¿Cómo puede el partido de mis hijos, y el mío también, hacer la revolución que este país requiere? Dejamos morir al coronel Caamaño en Caracoles. Pero profe, esta última pregunta la voy a responder, haciendo, quizá más de un planteamiento interrogativo. Volvió el señor Pacheco a bajar la mirada para continuar viendo a una caravana de hormiguitas arrastrando un pedacito de pan muy parecido al locrio. Sonrió murmuró entre dientes. ¿De qué manera se podía sentar en la misma mesa que don Fernández Mármol, don Secundino y don Antonio con celestino Vásquez y con Jacinto de los Santos? ¡Comiendo locrio vestido en blanco de galas? ¡O en etiqueta del coronel? En ceremonial de estilos. O simplemente del obrero. Para donde esta el secretario general. ¿Cómo, cómo, cómo? ¡Cómo no, está en el ensanche haciendo un locrio de picos y palas, con los compañeros y compañeritas de Gualey. ¿Dónde está el gran líder preguntó Pacheco. En el hotel Embajador. Y el presidente de organización dónde anda, está en el Matún. Pero Pacheco,- le dije- en el PRD no hay presidente. Volvió a entregarme esa mirada pálida… es cierto que no se ve. Pienso que anda para el cementerio llevando una corona a los muertos del 19 de diciembre en la batalla del Matún en el 1965. Especial al coronel Juan María Lora Fernández, jefe del ejército constitucionalista, héroe del puente Duarte y de la toma de la fortaleza Ozama. Mi partido se ha convertido en una hacienda, donde los obreros y capataces están al servicio de los llamados dueños. Los militantes al servicio de los secretarios, auto definidos dirigentes, como miembro de esa tremenda escalera, llegan al último peldaño, a limpiar las botas a los de mayores acciones en la compañía. ¡Bendita compañía! Sabe señor Pacheco. Sus reflexiones son buenas, para una ponencia en un taller de críticas y de auto críticas. Y bueno sería con la presencia de los instaurados jefes. Podría ser un instrumento de lucha donde hay capitalistas usureros, como se combate el capitalismo… chiriperos unidos, obreros y obreras estudiantes y minifunderos, conuqueros con los patronos en las mismas mesas comiendo del mismo locrio, como si las ovejas fueran pastoradores lobos. Señor Arias, déjeme continuar hablándoles de los amigos de Marcos y de Salomón.
Don Melaneo me continuaba haciéndome la historia a mi y a Elvira, nos hallábamos estimulado se había quedado en la salita del colmado. Marcos habría dicho Salomón, vuelve con tus amigos y espera, no busque mas ese demonio te puede volver demente en cualquier momento, habla con Ofelia, con Emilia no, muchos menos a lo del Nagual. Coméntalo con Demetrio el se sintió lavado con esas palabras, y se cree que estaba listo para no pensar en ese fantasma. Se quedaron sorprendidos cuando Marcos le contó, lo de Esperanza Mota. Desde su habitación Marcos decía como una letanía, esa mujer debe morir en mi memoria. Debe salir de mi corazón y de mi mente. Te cansará de buscarme y no me hallará porque llevo el anillo del bien en mi mano izquierda. Llevo la cadena de lo justo en mi cuello. Así sermoneaba Marcos, desde el rincón de su atolondrado estado emocional, levantando ambas manos al cielo. Bebió café y se había bañado las manos, fue para la casa de sus amigos a la casa de doña Hilaria Sandoval, no pudo llegar a poner los pies en la acera y retorno con la lengua en los bolsillos de la camisa negra que se había puesto. Cerró la puerta detrás de si, parece que vienen a allanar la casa. Ofelia salió a mirar y a quien vio fue al coronel tío de Demetrio, entonces sonrió y al verse de inmediato él se acercó y preguntó por su sobrino. ¿Cómo están por aquí. Y Demetrio sigue mejorando o qué? Está casi curado coronel. Por qué no pasa para verlo, y lo saluda en persona y de esa manera borra alguna pesadez que las horas le han traído. Estuvo en la cama del sobrino cómo te siente muchacho, dijo con un dejo paternal veo que mejora con rapidez, Demetrio lo miró y le extendió ambas manos y sintió un ligero dolor en el hombro derecho donde recibiera los culatazos de Masámbula. Tenca coronel bébase esta tacita de café de pilón y en el platillo hay jalea con pan de maíz amarillo. ¿Qué has sabido de Bernardo? Marcos estaba en la sala, pero el malestar que tenía no era por Esperanza Mota, sino por la indiferencia que lo estaba tratando Ofelia y Demetrio con respecto al policía que ahora departía en secreto en la habitación de su tía. A pesar de todo Marcos lo sentía lleno de otra energía muy diferente a la de los otros del sistema balagueriano, no era un agente para la torturas, física ni mental, ni para muerte. Es un individuo de luces, cubre los entornos cercanos y los ilumina con sus actos. Posee positiva grandeza. ¿Quién es ese hombre en certera verdad! Por qué no me lo presentaron. En otra circunstancia Demetrio me dijo marcos… policía es mi tío, no es otra cosa, es hermano de mi papá, es el coronel que está en Villa Francisca, donde me llevaron por dos horas, y con la ayuda de don Salomón que también es mi familia, estoy aquí. Yo no lo conocía, me dijo Demetrio, hasta ese día, cuando te lo íbamos a referir saliste para donde Salomón y al regreso estuviste hablando solo en tu habitación de la nagual Matos. No quisimos interferir en lo que nos pareció un acto invocatorio a Yemayá o a Oshun Ja, ja, ja, ja me dio gusto reírme.
Después en la casa de familiares de Efraín Sánchez Soriano estaban reunidos David Ortega, Rafael Orozco, Mario Calvo y yo, nos acompañaba don Pedro Arseno regalado de apodo Pedrito, diferíamos en si participarían en los planes Hilda Gautreaux estudiante universitaria y militante de MPD y del 1J4, planteado por el movimiento popular dominicano. No hacía cinco minutos de haber dejado la residencia del compañero Sánchez Soriano, para que me alertaran de que mi esposa estaba en Maternidad las Mercedes, donde dio a luz de los gemelos Iván, solo pudimos llevar uno a la casa porque el de menos libras sufrió roturas en el cuello, el pequeño cráneo, en la clavícula y en el hombrito izquierdo, la prevista alegría esperada como un grato regalo de amor y de amistad, se ensució de brumosidad en el dolor que experimentamos al conocer la desgracia del pequeño Iván, nos la mató el sistema. Las manos del descuido, de la irresponsabilidad del subdesarrollo metal y tecnológico, mataban la vida de un ser que era un vector era proyecciones familiares y de la sociedad, no le permitieron reír ni saciar el hambre que al nacer traía, esas manos les proporcionaron, sólo dolor no vio los auríferos rayos del sol, que debía salir para todos. Apagaron las luces y murió a las tres semanas. Lo mató la incapacidad, el capital del imperio. No podía permitir que creciera más de uno… dijeron Uno o ninguno. Dos son muchos para un maestro revolucionario. Quítenle el que esté más sintonizado con el, destrúyanlo, dos es demasiado, con la muerte de Caamaño, se le pasará. Lo llevarán al cementerio, volverán a la José Soriano número 55, repartirán mentas y maíz tostado, repartirán tragos de café y de guarapo, y jalea, no se apurarán por saber que muriera quién, que cual muriera. Son imbéciles, cuando pierden un pariente muy cercano se ponen idiotas, bobos, en la contienda del ir y venir. La contienda de la tarde. Ofrecen rebotas que no tienen, así somos los tontos, no te diré más nada, lo declararán con nombres rimbombantes, la clase media le encanta impresionar a los de abajos y a los de arribas y a los vecinos que beben de la miaja que vomitan los poderosos, le llamarán por Iván Patrovich, y al difuntitos Patrovich Iván, en honor del neurólogo y fisiólogo que descubrió los reflejos condicionados y los absolutos o incondicionados.
**** CAPITULO 14 *****

Cuando dejamos el cementerio, donde enterramos a mi Patrovich Iván, las nubes cambiaron de plateadas a plomizas, y permanecieron dos horas dejando caer lágrimas sedientas, yo no conocía la costumbre y realidad del lugar, no sabía que debía comprar bebidas alcohólicas, maní tostado y mentas, bagatelas para obsequiar a las visitas que espontáneamente se presentaban a acompañarles, pero era costumbre tocar tamboras, maracas, guiros y timbales pero hacía falta mi autorización.
Pedí a los vecinos que nos liberarán ya que padecíamos el gran dolor causado por la pérdida de nuestro pequeño quien queríamos como si hubiese tenido 46 o simplemente seis días, era nuestro hijo y esa no era nuestra cultura. En el dormitorio ella lloraba en silencio la punta de la espina de la muerte clavada en medio de su alma de madre. Le habían quitado el derecho de verle crecer, era un niño normal. ¿Por qué destruyeron su vida de infante? Todo era perfecto, los ojos marrones como los de su padres. El gorro de cabello negro como los míos, como la noche enlutada. ¡Ay caramba mi pequeño! Yo entré a la habitación y la acaricié en las interioridades, junté mis mejillas a las suyas, la dejé fumando ya sosegada.
Filgia y Toñita y su madre Enemencia servían a los que llegaban maní tostado, jugos de frutas… yo no conocía la costumbre del Baquiní, palabra de origen africano- es el velorio de un niño recién nacido o de pocos meses, “en el que se cantan tonadas de carácter piadoso”,
José Regino tocaba la tambora del conjunto que improvisó algunas canciones para la ocasión.
En el palacio celebraban el triunfo del partido reformista, para el presidente Balaguer esa mole era su madre, lo abrigaba en los álgidos momentos de la paz, y en los cálidos de la guerra. Era una nodriza cuidadosa de las sodómicas acciones, lo endiosa fortaleciendo los deseos caninos vampíricos algunas veces en las luces de los faroles del sol. Doña Emma su hermana, rifaba entre tómbolas de árganas de militares que fueron amigos del tirano. En la Hacienda Nuevos Templarios, en la vega donde explotaran los serones de dinamitas en el bautizo, en las primeras décadas del siglo pasado, en una finca del Higüero… en los entornos de la ciudad de Cotuí, a las 10 de la mañana de un sol muy comprometido, con los esbirros del jefe, en la pantomima colorada. Era pomposa la hora de orgía donde comían hasta desafiar la gula donde un grupo hambreado que deseó saciar en carne de cerdo en longaniza, y en morcilla el anhelo de verse la panza cual paila donde los inquisidores chicharronearon los cuerpos de sus opositores, terminaban en orgías gulas y planes lujuriosos, despilfarros trillonarios urdían la búsqueda de tesoro cual gambusinos para la nueva reelección. Y qué había en esas árganas... qué podía haber… era una verdadera hermana conocedora de las debilidades, y evitaba que el lente del pueblo lo enfocara y lo sellara, con el aliento de su magia socialista, por eso le auxiliaba en las aristas y en los anillos del poder. Los poríferos y corchos, amasaron enormes sumas como los verdaderos dueños de la cruzada del amor. Orden nueva de la civilización del carnaval político balaguerista. Necesitaba el corazón de inocentes para hacerlo vibrar con maraquitas, banderolas coloradas y espejitos, donde los obsequieros, no se atrevían mirar el entorno del vidrio donde descansaba la sangre de Elcira y de Tingó, muerta el 9 de noviembre. No se atrevía a mirarse porque en los bordes estaba la patente de su gemela banda colorada.
El amor crece con las semillas de las huertas, carentes de plagas y contaminantes sociales, las rencillas, el odio, la intriga fermentan el árbol del cariño y les putrefactas, hay que hacer una guerra al odio, y a sus oficiales la envidia y la intriga. Para poder ver crecer los lirios y los geranios de la hermandad como de la virtuosidad pero en verdad la vida de los hijos de los pobres, de los que nacen en los hospitales, o en las clínicas, sería mejor continuar con las comadronas. De esa manera crecen como los tulipanes y las petunias, como las violetas y las begonias, como las hortalizas. Para creer sobre de las rodillas de los caídos con la esperanza del nacimiento del fénix desde la ceniza. ¿Cuál o cuáles cenizas? ¿Las de mata redonda? ¿Las del palacio? ¿Cuál de los palacios? ¡Tú sabes!
En la Victoria, en Villa Consuelo, en Villa Mella y en San Luis, como en millares de Parajes, es en horas del almuerzo, cuando escuchamos… ¡Balaguer sin ti, se hunde este país!, y así en cualquier sombra, del universo. Ponle Duvalier sin ti… ¡Somoza sin ti se un hunde Nicaragua! Gritando y gritando van a la fiesta de los nuevos templarios. Mientras Balaguer respire aspirará, había dicho Juan Bosch. En la presidente Cáceres número 50 hogar de la señora Sandoval, recibían a Ada Drullard, y al Tiznao, a Pedro Mendoza, y a otros estudiantes de medicina compañero de Ramón. Ofelia amiga de Freddy hablaba con él de periodismo que era la profesión que el más pequeño de los Sandoval, ejercía.
¿Quién era Lajara Burgos? Preguntó Francia la sobrina de Ofelia. Que estuvo enferma tres días y fuera internada en la clínica, “La Humildad” golpeada por grupos de los incontrolables del Rey. Luis Lajara Burgos es un militar en el campo del retiro. Se devolvió de su hermoso camino recorrido para participar en la pantomima del año 74, el 16 de mayo. Obteniendo la abultada árgana de 175 votos machos y hembras. Por qué no me lo aclara tía Ofelia. Mas claro de ahí no canta una paloma, ya lo que fue, fue. Nadie participó en esas elecciones del pasado mayo, Balaguer consiguió oficializar su candidatura con la del Contraalmirante de Luis Homero. Ofelia estaba cansada y deseaba irse a dormir, había seleccionado a su tía para obtener la respuesta de una de las preguntas más engorrosas que a ningún revolucionario degustaba responder, porque para ello, había que revolver a escarbar entre los huesos de compañeros de faenas por la liberalidad del mundo. Finalmente qué pasó para que al presidente le renunciara el Estado Mayor, la aparente ingenuidad de la niña sorprendió a los tertulianos en la casa de Hilaria Sandoval. Donde celebrábamos el aniversario de la tragedia de Nino Sandoval. Muerto en el club Héctor J. Díaz. Nos referimos a José Rubén Darío Sandoval, sobrino de doña Hilaria.
Los jefes del Estado Mayor renunciaron por estar opuestos al nombramiento de Rafael Nivar Seijas como incumbente de la Policía, la diferencia estaba marcada, desde la muerte de Las Hermanas Mirabal, desde los últimos lustros de la tiranía, ahora del parto sin dolor pero para cazarlos en la Banda Colorada se sienten con mayor acentos las contradicciones que se han profundizados, los que son acérrimos y no se toman un vaso de agua en la misma mesa son Pérez y Pérez. Ah bueno, pienso que acabo de comprender, señaló Francia, dejando ver sus mejillas núbiles cargadas de placer.
Demetrio y Ofelia volvieron a su dormitorio, luego que felicitaron al doctor Ramón Sandoval, hijo de la señora Hilaria, se acababa de graduar de médico, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Al llegar fueron odiosamente sorprendido por una canasta navideña, en junio. Que por vía de don Salomón se la enviaba a Demetrio, el coronel Torres Marrero. Demetrio, no comprendo la buena fe del regalo, le tengo afección a los tuyos, y muy especial a él, sentía que el regalo tenía algo que no aguantaba. Me parece amor, que esto no es un regalo familiar, es un obsequio político. Qué me está explicando linda, yo no puedo comprenderte, cómo es posible que digas que no comprende, te juro que tiene ese envío. Observa Demetrio, pero con cuidado, no estamos en Navidad, de dónde sale ese juguete, pienso que de las entrañas del Opus colorado, del corazón de los nuevos Templarios, que regenta la hermana del señor. En este país, estamos en campaña electoral permanente. Cuántos días tendrá esa canasta en poder de los tíos. Todavía no comprendo Demetrio. Oye Ofelia, los que me golpearon están en el entorno, y en el contorno de todos, especial del colmado de Salomón que ahora los chequean, es probable que se mueva entre el mismo recinto. Entonces que hace mi tío, simplemente enviarme una canasta, con la que no está de acuerdo, al que liberó como muestra de que he cambiado. 2, 3, 4, y cinco veces, quizá lo calculó. Me parece oírlo decir Brincaron la cerca. Están de nuestro lado. ¿Qué te parece? -tengo que reconocer que lo dicho por el profesor Arias es un realidad. Ahora más que nunca, el dice “No hay que caminar tan lejos para el hallazgo de respuestas, las tenemos encima, o muy cerca del entorno” tu lógica Demetrio no le sobra sentido, y como consecuencia sabiduría, a veces te pone resbaladizo. Lo que me observa lo acepto como noble y bueno y muy especial ya que nunca no habló ni por las orillas una sola palabra que ubique sentimientos o colores o gustos. Eso lo enaltece y lo llena de nobleza. Pienso que es un táctico. Pienso, Ofelia, que debiste decir estratega expresé. Me reí, cuando me sacó la lengua tan roja que creí que era la punta de una cinta de carne. Y tan fina que pensé en la punta de un bisturí ensangrentado.
Como soy una mujer generosa, pienso que debo premiarte, con una noche de placer, en los brazos de una Diosa, en el jardín de los almohadones y colchonetas de mullidas rosas recibiendo los encantos cálidos, de tu adorable compañera, la que envía caricia en emanaciones desde el mismo fondo de su enamorado ser, de mujer seductora y revolucionaria, no hay nada tan parecida a la felicidad como las caricias que las manos de una revolucionaria puedan dar. Volví a reírme, esta vez, por lo presuntuosa y segura, que se manifestaba.
¿Dónde conociste a mi primo Arias?
- Arias vive en La Victoria, pero bueno, ¿por qué te antoja de el ahora? Es que no lo conocía por Víctor Constantino. El es, mi primo hermano, manifesté. Es hijo de tía Daniela y de don Evaristo Cruz, pero para él soy Félix Gregorio, a veces me dicen Félix María. Pero dime ¿lo recuerda? Si claro que lo recuerdo. Vive en la calle José Soriano 55, con su esposa de nombre Elvira y Kleber Wladimir de un año y meses eso creo, y Iván Patrovich, de tres meses gemelo ausente, ya que a su compañerito lo mataron los médicos de la maternidad La Altagracia, lo conocí en la casa del señor Melaneo Pacheco, en la calle Duarte. Al señor Pacheco le prohibió que lo visitara pero el creo que su edad, no le hace caso y lo visita ínter diario… y dice que si le da la gana se irá a morir en la casa del maestro. Ese mismo día conocí al sargento Luis Hermógenes López Acosta. Camina en las calles de la pequeña ciudad, como un buey pastando en su potrero. ¡Qué lástima, qué barbaridad! Que el día que conociste a un hombre para la vida haya conocido también uno para la muerte. Un esbirro de la oscuridad. Es lastimoso. Para mucho es un indicador de equilibrio. Ella manifestó cuando se abren puertas y ventanas por donde la luz entra vemos salir las piltrafas y malesencias, desde los escombros y recodos. Muchas se quedan encriptadas como un lobanillo en lo preciado de nuestro cuerpo. Iremos a la casa de tu primo me dijo, pero esta noche recibirá las caricias de tu amada compañera. Pero Demetrio será que te has vuelto un nagual… leíste mi pensamiento. Deseaba entregarte el cetro de mi pasión para que subiera al caballo del viejo romance y trajera desde la cabecita de la montaña, quejumbrosa, el calmante para este pasional apetito que liberación permaneciendo junto a ti en la esperara hora donde la luz no aparezca, sellándonos el canto del silencio eterno. Fueron al dormitorio al compás de sus corazones donde el aroma de azahares, y de rosedales, era el respiro de una sábana blanca en la pureza y castidad de una inmácula virgen. Reímos, hablamos, cenamos. Dormimos despertamos con claros objetivos. En la tranquilidad de la alcoba recordé a mi abuela, al abrir el precinto sellador de mi corazón le di libertad para llorar, liberé una descarga de energía traducida en lágrimas “cuando un hombre llora se mueve una estrella allá encima de los cielos, y el corazón libera una gelatina y lo convierte en más humano. Mi energía, la de ambos servían, rompían el tedio y creaba camino en la brega cotidiana. Consumíamos no producíamos. El secuestro del coronel nos excluyó, nos chequean las correspondencias, nos las violaban, la deuda telefónica estaba en los perímetros, tuvimos que actuar con rapidez, Ofelia llamó a su padre a los EEAA. La oí que decía – ¡hola papi, la bendición! ¿Cómo estás…? ¡Estoy bien! ¡Qué es eso de cómo te hayas! Muchas veces no se si me lo dices con doble ele, o con YE, gracias al cielo… ¡Dios te ayude! ¿Es cierto que la policía te has golpeado y quitado el motor? ¡No papi, no es cierto! Me encuentro bien, hace tres meses que algunas cosas tuyas no me llegar, ¿por qué? ¿Qué ha sucedido señor? ¡Te cansaste de tu primera y única flor…! Tú sabes que no, búscalo por villa Mella, esta misma tarde. ¿Tendrás algún problema para recibirlo? ¡Ten cuidado que el Diablo no duerme y cuando lo hace… lo hace caminando!
Tres meses después del tercer período consecutivo del presidente Balaguer, un grupo de jóvenes del movimiento 12 de enero, secuestró a la consejera de los Estados Unidos de norte América, la señora Bárbara Hutchison, usaron como escudo mortal al cónsul venezolano Gregorio del Corral, los jóvenes obtuvieron como recompensa un salvoconducto para Panamá, el país no salía de la maldita preñez, en noviembre del 1974. la sangre cundió los surcos del campos, inundaba los predios de yucas y de batatas y viandas las calles olían a hemoglobinas y los mercados de productores, hedían y los productos sabían a sangre, en los Guandules de Capotillos, en las Cañitas, en Villa Consuelo, ahora en los campos de Villa Mella, el aire era sangre, en las hojas de los piñones de los potreros, en Santa Cruz, la sangre llegó a los siropes y Guayados de hielo y caña, en los vinagres de piña, naranjos guineos y de limón. La sangre de Florinda Soriano Muñoz, la hija de Santos y Señas, la madre de las cerdas papacotas, de las gallinas prietas y de los gallos quiquiriquíes, de los japoneses… la mató la anarquía de los 12 años, el desorden esclavizó la vida, y favoreció para enriquecerse, y el ansia de sangre no calmó corrió como cañada, y llegó a las verduras y se quedó en muchos bohíos pero el polvo la rechazó. Nacida del vientre de sierra prieta y sierra blanca, de Sierra donde sea, en las proximidades de la Malena, y entornos de Pedregal, y de la Cuaba, el viejo manantial de rencor creció, entre peñas y cadillos, entre arrabal y maíces, entre arroyos y piedras, y entre las sienes de los trabajadores, de las obreras labradoras de hondonadas y covachas, de esas y cualquier otras colinas. Que antes no tuvieron linderos, y nació el odio contra el acero, contra las espinas de acero, las púas matemáticas y geométricas contra las fronteras impetuosas impuestas entre yaguaciles y yautías, ñames debajo de las matas de guáyigas y de las pisadas de Pablo Díaz. El liderazgo de doña Tingó, no se comprendía en Villa Tingó, ni en Villa Florinda, ni en Villa Soriano Muñoz, pero sí en ciudad Pablo Díaz, ella pudo ser luminaria en AYALA, al lado de Zapata, y por eso apagaron el pabilo de su esencia vital, evitando la disipación de brumas en quebradas y ecúmenos rurales, en barrios, y luego en los ensanches de las ciudades grandes, separó neblinas y vio la necesidad de seguir la lucha contra el imperio de la fuerza y el de Pablo Díaz. Para volver en realidad el postulado que “la tierra es del que la trabaja” del que la convierte en madre, disciplinando su fe. En las reuniones enunciaba-“hay que poseer la tierra” su hija Bonifacia, la recuerda con su lenguaje de bejuco de indio decía, cuando el agricultor abre un hoyo en el costado de la huerta, es como cuando un toro encinta al becerra, y el ganado entero…” pero hay que observar la diferencia, el buey desconoce que las cría que nacerán no saben de las consecuencias de la preñez pero el agricultor sabía como Mama que las mazorcas y las vainas, resina, racimos o granos, sostendrán a las familias. De aquel hoyo salía la salvia de la vida. Doña Tingó dijo un vecino hablaba del regocijo que le provocaba el trabajo, pero su meta era el trabajo colectivo, sin establecer quien era, lunes o viernes, no le interesaba el género. Para el trabajo somos cualquier cosa, no soy ni hombre ni mujer, soy trabajadora únicamente eso, lo importante era la producción. Me olvide que era mujer, hembra paridera, no estoy segura si siento como mujer, o si siento como madre, segura, segura no estoy… decía moviendo de izquierda a derecha la cabeza, si soy guandul, o frijol, lechoza o mamón… ¡je geedgee! Yo me río de mi lo que digo, a veces ni me escucho. Pero de esa manera es que me doy cuenta de los dolores de mi cuerpo. Pero pienso que cuando vuelvo a la casa, que era para mí…, un palacio que me esperaba y me recibía, por las glorias que llevaba del quehacer, de los días o de las horas ausentes. Mis amigos, decía Bonifacia, se sentaban en círculo, para escuchar las historietas de mi mama, un día refiriéndose a Felipe, su segundo marido, señalé cundo mi marido murió fue cuando mayor cariño le puse a la tierra, el amor que me unía a ese hombre se lo puse a la tierra, al quedarme sola encontré calor en el cuerpo de los surcos. Otro día mama dijo: amolemos las azadas, las mochas la batalla comienza muy temprano hay que hacer la tala, mira que hermoso es el maíz al dejar las hojas la tierra, más bellas son las matas cuando están preñadas de múltiples mazorcas. Los convido para mañana ir a la parcela de Hato viejo. Esta tierra me la dejó mi marido aquí en esta jurisdicción de Yamasá. A mí el sudor me corría hasta por el sexo, honrando la memoria de Felipe, en los surcos, ya ustedes ven que si aquel honrado fue este también lo es… ¡campesinos honrados! Je, je. Jesús María, me junto con usted porque como yo ama la tierra, mientras tenga tierra, no necesito cariño de hombre, usted me perdona si no puede entender lo largo de mis palabras! ¡Je, je! ¿Qué cree Jesús?
A esa comunista le quitaré la tierra, se la quitaré. Si no, no me llamo Pablo Díaz. Lleven los tractores, búsquense 15 guardias que yo hablé con el coronel Morel, llévense todo el maíz que comienza a espigar, eso sí, que deben hacer las cosas que le digo… no otras, ahí está la llave saque una caja de 1852 del caregato, dénsela al sargento que va con los guardias… y esos sobrecitos. Cuando terminemos haremos una fiesta para los vecinos allá en hato viejo… mataremos tres novillos pero Guarin, no quiero ver en esa fiesta gente que no sea compadre o comadre, leales a la diabla de Tingo.
32 días más tarde en la enramada de bajío aprovechando que estaban borrachos lo fue llamando de tres en tres, para dominar con seguridad al grupo de leales de mama. Señores pongan sus nombres en este papel, y cuando terminen pasen a buscar un sobrecito donde Sergio Leyva así continuaran la fiesta, recíbanlos a nombre del Patrón. Cuando los primeros tres se levantaron para estampar la firma, surgió como de la nada machete en manos doña Florinda, la presencia inesperada de la madre de la tierra, frustró las aspiraciones de don Pablo Díaz, los 23 agricultores que estaban en la enramada saltaron de sus asientos a pesar de estar avergonzado se acercaron a su líder que decía- un momento compañero qué es lo que están o pensaban hacer, desde cuando debemos pagar, por lo que es nuestro, me gustaría que el muy distinguido señor Díaz me demuestre que es nacido en esta tierra, o que su madre o su padre, fueron o son de estos predios. Entonces señores, si prueba ser heredero… un disparo de escopeta 12, rompió en pedazos el discurso de doña Tingó, unos salieron a protegerla, otros dejaron la enramada para guarecerse en los troncos de caobo y de palmeras. Otro disparo despertó a los nativos aliado a doña Florinda, comprendiendo entonces, que una vez más les habían tomado el pelo. Nos volvieron a engañar, nos dejamos engañar. Hemos traicionados a doña Florinda. Hicimos algunas cosas mal, nos íbamos a engañar unos contra otros… no aprendemos, nos cegamos con el maldito “ron caregato”, ya hemos perdido la honradez y no somos garantes.
Así hablaba Higinio Sosa, quien llamó a proteger a la líder. Ella levantaba la constitución de la república, y movía el brazo izquierdo donde tenía el machete relumbrando. Estaba lista como el último combatiente, para continuar defendiendo la tierra o para entregar la vida. Primero dejamos la vida que dejar la tierra. Defendemos lo nuestro por respeto a la verdad. Formamos un escudo circular, el esbirro agente abandonó la finca y los muchachos salieron con mama al hombro cantando el himno nacional. Cuando el tercer disparo los campesinos gritaron – ¡“siempre Adelante, siempre Adelante…!” ¡A luchar, a luchar! ¡Luchar! “… a imponer los nobles principios que reclama la constitución.” Pero yo fui a luchar hasta los tribunales, llevé mis temores a los escritores de las autoridades y hasta dije- señor Juez esa tierra es de mi propiedad, puedo demostrarlo los aplausos arroparon el salón. Me agarré la cabeza cubierta con un paño blanco que nunca dejé en contraste con mi piel y vi que al señor juez lo disgustaba, lo llevaba de la barba a la quija. Muchas fueron las veces que no se presentó para no tener que verse conmigo que era la verdad. Cuando días después me enteré que el capataz del tal Pablo Díaz había hecho pedazos las sogas de los marranos, salí a seguida detrás de mis cabras y de mis cerdos, no hacía mucho calor, el sol se vendó los ojos para no ser cómplice, de la locura del senescal de Pablo Díaz, el sol sabía que Ernesto Díaz, se lo había robado, sabía por demás que lo ultimó a cartuchazos. Estoy molesta dije antes de salir, no hallé la biblia tenía necesidad de jurar sobre esas páginas que decían mientras las lágrimas bañaban los senos de la madre de ocho hijos. No pude discernir el sabor de esas lágrimas agridulces y muy calientes. Mi cuerpo se energizó, pero el miedo ese día creció, creí que era el de la cara de la muerte. Hice la señal contra las maldiciones, agarré el machete y fui en busca de los cerdos y oí que algo más se había llevado ese hombre malvado. En la vieja hondonada en el bahio donde hacían la fiesta, ahí estaba la más vieja de la sombra del universo. Estaba ñangotada, como una ciega gata escondida y sin aspiraciones- pero era un cuatrero primitivo, escondido detrás del matorral como los miembros de la comisión ejecutiva del mismo diablo. Tenía en la mano izquierda el aparato de la muerte, y aun no saciaba la sed de salitre y sangre quería matar a una mujer dada al diálogo. A mí me mató la anarquía, el desorden la desfachatez religiosa y política de 12 noches de sombras hediondas a hemoglobina. Me mató el capitalismo usurero, fatal, inhumano. Llegué prurriado los animales… Prut, Prut, Prut, Prut, yo caminaba a pasos largos llamando mis animales y no callé hasta que llegué a la sombra de la cañada volví y dije Prut, Prut, el ruido invadía la selva, disolvía la tranquilidad de la tarde del campo, pero no me podían escuchar ya estaban violados y muertos con la escopeta 12 de y alguna cosa más de Ernesto Díaz miembros de los incontrolables. Giré hacia la derecha, luego fui a la izquierda... Caminé de frente, pero Darin me estaba apuntando con el aparato de matar, ya me tenía a la boca del arma oí que dijo “ya si te jodiste alfarnate, infierno de mujer. Apuntó, disparó con cuidado y precisión me dio en la cabeza, yo casi ciega caí arrodillada como un racimo de palma, sequé el sudor peor que el de parir… levanté el brazo sosteniendo mi machete lo iba partir en dos, fue ahí que me destruyó el pecho, llegó la sombra y me quitó la vida. Dejé en mis labios una fina sonrisa, para el recuerdo al ver que una piara de cerdos blancos se llevaba por encima de la podredumbre y la hediondez, creada por Darin por encima de la pocilga podrida de miajas y de fango.

miércoles, 30 de junio de 2010

imagen para los capitulos 9 y 10 de los Primos de Prof. Victor Arias

Capitulo nueve.
La tarde estaba muy pesada aquel sábado en la placita Minerva, del señor Miguel Bonilla. Tenía unos años de haber movido su familia, desde el cementerio de los Bonilla, en las proximidades del viejo Juan Sabio, nunca le dije Juansabío, donde era dueño de una vivienda amplia, de madera y tablas de palma, sin embargo la felicidad cantaba de día y de madrugada en todos sus entornos y más allá. Era dueño de una fábrica de dulces, bombones y panes, que la gente buscaba…
Cuando entré en la factoría del central, no hallé a los primos Celio y Basilio, hermanos de la difunta Minervina, quería favorecerlos con el sentimiento de dolor que abrigábamos todos los muchachos y muchachas de los Bajabonicos. Estaban en el conductor viendo la manera de movilidad de los paquetes de caña, encima de esas correas de acero humosas aparentando oxidadas.
Muchas veces ocurren cosas que no sabemos de dónde salieron, dijo Camila, que nos acompañaba. Celito, era el apodo de Celio, y al vernos se desmayó en los brazos de Camila. Sentí algunas molestias al ver que nuestro primo, teniendo dolor por la muerte de su hermana Minervina, de mano de Rosendo Castillo, su novio, no puso distancia para caer en los senos de Mila, enamorada suya.
Basilio era el mayor, de los hijos de Miguelito Bonilla, era delgado, alto, de ojos alagartados, de labios salidos con ingenuas sonrisas, pero que se transfundan cuando los intereses son afectados. Estaba en cuarto curso de primaria en Los Llanos de Pérez, cuando terminaron los novenarios de minervina pasaron a estudiar en la escuela Juan Nepomuceno Ravelo a Imbert de los Cañafístolas, donde se establecieron junto a sus padres algo compungidos.
Camila se desprendió de los brazos de Celio y vino para los míos llenándome de regocijos y alegría. Ella estaba enamorada de un hijito de Charles Hainsembert, el dueño de la Bodega, del central Amistad, algo igual a su edad. Pasaron las elecciones del 20 de diciembre ganando el PRD, con más de un 66 % de los votos emitidos, tanto Celio como Basilio, contradecían a su padres que eran trujillista.
Camila dejó de barrer el patio y se fue acercando a donde yo pensaba en aquellos días pos electoral. Vine a estar a tu lado, me dijo- y me agarró una mano, que se puso en la mejilla derecha. Te noto muy alejado de esta realidad. Si estoy equivocada no temas en decírmelo. Estaba en las calles, de un pasado de hace 45 años, veía las aguas del charcos de las Indias, en Hojas Anchas, veía los labios de doña Ana Pichardo y los hermosos ojos de Minerva Osser Peña, la maestra de sexto grado mía y de Celio. Creo que tuya también. No la mía fue, Consorcia Cabrera. Ahora puso la mano izquierda en mi desnuda espalda y sentí escalofrío mayúsculo, todavía experimento un cosquilleo turbador. Veía… no pude continuar porque las manos de Camila invadían en columnas de parejas los intercostales como colinas y laderas de un continente salvaje. Ya no supe si lo que veía eran las tropas del catorce de junio llenas de patriotismo o del fervor de ganar al ejército tonto del dictador, los pasos hacia las montañas o escuchaba el galope de mi corazón al encuentro con las yemas de los dedos de una caricia valetudinaria. Casi achacosa por salir del temor y la desconfianza, del corazón desapasionado de la, prima Camila, que amaba en silencio a Carlos, el hijo del alemán dueño de la Bodega.
Fue ahora cuando me antojé decirle que no estaba alejado de la realidad. Estoy en las sendas que auguraban un crepúsculo terso y complicado, quizá sin puertas que dieran salidas al placer o a la lujuria simplemente. Cuando los primos llegan amarse los hacen en forma fermentosa, apasionada, debí decir: desde principio febril, lo que deseé decir es que es en verdad… otra vez las manos invasoras llegaban a las colinas del deseo y comencé a bostezar, me entró el hambre de viuda adolescente. Pero yo deseaba de los recuerdos que ellas tenía en su sexo me los dejara escuchar. Me dijo que no que me mostraría algunos, luego que durmiera. Me mostró el palo de la escoba, y permanecí hora y media y no comprendí el motivo que tuvo para hacerlo quedé intrigado molestó. Lo que recordé fue la muerte de Minervina y la Hialina la hermana de Basilio y de Celio. De Camila, respectivamente. Recordé que ella, Camila, tuvo dos pequeños con Eligio Perozo cuando apenas tenía 15 años. El varón se llama Cundingo y la hembra Yleana de los Santos Ventura. Yo también tuve a Crisol y a Minamino, quienes no cumplieron siquiera meses, bajo los rayos del sol y de las nuevas lunas de los doce años Balagueristas. Murieron a pocos días de nacer, yo era un muchacho de 15 años y ella 21 decía que las causas de la ida de los primeros nietos de Hermes y de Evaro, fueron el humo del cigarrillo y el alcohol que ingería la madre en tiempo de embarazo. A Teresina le nació su primera hija, con la muerte de la democracia en 1963, era una preciosa niña de cabellos largos y de manos grandes, le llamaron Celeste de dolores, pero su abuelo, don Evaro, lo cambió por Celeste de los Arcángeles. Me quedé dormido pienso que hasta soñé con los padres de los nuestros, ordeñando las chivas convertidas en ranas y viceversa. Soñé viendo a los 665 primos convertidos en luciérnagas, debajo de una tumba de millares de palmas y guayabas, en un pasto seco, lo que me hizo huir fue, que a las tres de la madrugada, recitaban el poema, “hay un país en el mundo” algunas luciérnagas bostezaban y echaban tusa de maíz en un caldero donde freía ahuyama. Usted había cosas iguales me dije. Y lo dejé que continuara hablando hasta por los codos y las narices, sin estar borracho dijo, que los que inventaron la fe católica eran genios cómicos, con muchas energías de demoníacas que atosigaban la espiritualidad de las mujeres iluminadas, a las que persiguieron y anularon, como fue el mismo caso de María la madre, y de doña Ana, la abuela del niño Jesús, que como no pueden dar explicaciones claras, a situaciones complicadas, de su entorno económico social y hasta político, entonces culpan a las mujeres que acompañaron a los sabios de la moral y de la ética. Enviándoles al baile de los infiernos y a las peleas de los purgatorios, pero para entrar por esos portales había que tener la cara maquillada con sumo del árbol de los arcángeles, y ellas tenían las mejillas con hojas de palos amargos y redecillas de verdolagas y cundiamores. Con faldas de henequén y hojas de auyamas y de guandules. Lo dijo sin estar borracho, como cuando requería del primo, que se consideró en múltiples ocasiones un Satán alegre, fanfarrón, vouyerista y mequetrefe, pero era muy sádico y muy fechita, amigo de la fama y de la propalaría. Primo, me dijo ese es un camello zacateca, en verdad no supe que quiso decir, porque lo de camello me pareció torpe, aunque correcto lo de zacateca. Por ser un diablo propalador, populachero. Tosió Camila y fui a la cama y se rascaba la espalda con una mano de muñeca que ensambló en un pedacito de madero aserrado parecido al balaustre de la haragana de la tía Hermes que en paz descanse. Creo que sintió mi presencia porque dejó de rascarse y de toser también. Pasaron las horas y el primo continuaba hablando de los rumores de que decían de las fundaciones y de las maniobras sucias, de las que se valen muchas egregias personalidades de las ciudades. Y de allí, salían millonarias, y de cuando en cuando la hallamos arrodilladas ante el cubículo, de uno de esos magnates, servidores del señor Jesús, en el confesionario entregando al servidor… la cuota correspondiente. Eso lo dice el primo sin estar borracho porque estándolo, ha hablado de los curas, que hacen creer que son santos, diablo siendo. Hacen creer que son compadres y son maridos. Ha hablado de las hijas de María que ensucian y manchan la falda de su vestidura con las manos del pecado horroroso. Aunque el primo lo dice sin estar borracho. Porque el no tiene colas que dejen huellas. Sabe que no fue del fango de donde vino, como sabe que desde el fango, hay en muchas flores perfumando altares, leales a las dignidades que habitan en los tronos gubernamentales. También conoce que andan en lujosas bicicletas y duermen en hermosas camas como en rosales primaverales, las dalias y las gardenias. Sabes que han sidos consejeros y consejeras de los santos endemoniados que habitan en los fiestones del infiernos y en los jardines purgatoriales. Se enfilan por los pasillos del palacio como Raquel en la corte del rey Alfonso VIII.
Camila me vino a buscar y salimos para la casa de Basilio y de Celio, era el noveno cumpleaños de la muerte, trágica de Minervina. Llegamos, comimos y vimos con que grosería acuden los paisanos a esos eventos, como si fuéramos canes ausentes de códigos y convencionalismo. Comiendo, de lo que algunos bautizaron como los vicios y angustias del difunto o de la difunta, en este caso de Minervina. Había varones y mujeres que lo hacían más con los ojos que con el gusto y el apatito. Lo hacían con la gula y la lujuria. Hacían paquetes de los huesos y basuras desperdicios disque para los perros que en la casa les esperaban leal y cortésmente. Nos marchamos, cuando el pito del ingenio, dio la una pasado el meridiano, había cambio de guardias. Además yo, ese día no quería respirar, el olor a cachaza tampoco a alcohol. Comenzaba a lloviznar no encaminamos por la líneas férreas, por donde estuvieron las vías férreas, el camino era pesado pero me gustaba subirme sobre esos rieles como largas serpientes negras, pero me mareaba al mirar las atravesañas de maderas que había entre cuatro y cinco pies lineales. Nos desviamos y nos internamos a los cañaverales de Juan Martínez cuando llegamos tía Hermes, nos dio guanimos con leche de chiva llamada Mamita. Yo preferí una mazorca de maíz y me la comí con aguacate y sal. Éramos bastantes pobres en esos días. Tío Evaro llegó a las cinco casi a las seis. Teresina y nosotros nos preparamos para escuchar los cuentos que tío Julio y Justo García iniciaba luego de las 8 de la noche, al terminar el santo rosario, que oíamos de rodillas. ¡Sion Papá! ¡Sion tíos, sion mamás y sion tías! dijimos según correspondieran… la luna, en el viejo cielo, sonreía al paso de una caravana de nubes, eran tan blancas como la pureza del corazón del primo del partido del jacho y las colinas. Según la imaginación de Camila se dirigía a las ensenadas de Maimón y a Estero Hondo. Busqué un vaso de cristal blanco como esas nubes y lo llené de agua y en cuclillas me dispuse a observar los perfiles de los valles y los vericuetos de la luna, y si no hubiese sido porque el primo Julito, que con voz de abuelo, llamó a Bobo, hubiésemos entrado a la cueva donde los primeros barbudos de la “Lancha Tinita” desayunaban. También escuché que don Justo García, Lebro, hacía el cuento, de don Galipote. Lo oí, la ternura, que colocaba en las palabras, para describir situaciones de melancólicas acciones, acciones amorosas, místicas y algunas violencias esporádicas. Mi papá no era aficionado, a los cuentos, pero sabía que era bueno que los pequeños, escucharan esas acciones aventureras, porque ayudaban en el crecimiento de la imaginación. Me iba para la cama y me detuve al escuchar que don Ramón García, de apodo Cuba, hacía una historia donde tres pequeños hermanos se habían extraviados del camino que lo conducía a la estancia de sus padres. Era una noche, en la referida historia, de truenos, lágrimas quejidos y muchos relámpagos. El más pequeño se llamaba Juanito, tenía 7 años, Julián, el mayor era de 13 y, Julia de sólo 9 años y siete meses. Llegaron a la casa de una vieja ciega, a pesar de ser dueña de grandes claros ojos. La anciana freía tortas de casabe con catibías de rulos y de maíz. Julián protegía a sus dos hermanos de pequeñas culebras que custodiaban la barraca donde vivía la ciega. Julia jimiqueaba y Juanito tenía hipo que despertaban las sensaciones de la anciana. Me retiré, de la arena de los hechos, porque en mi parecer esas historias, eran torpes y huecas, vacías de contenido. Pero al entrar a la puerta de mi habitación un enorme cocuyo la abrió sólo con su presencia. Aseguro que no pude dormir esa noche, porque el calor aumentó al final de los aguaceros. Cuando cantaron los gallos de la vecindad, me quedé en los brazos de los reyes del sueño, y hasta la diez del siguiente día aun dormía. Me la pasé soñando en las piernas de la ciega anciana donde tuve que satisfacer sus deseos carnales, eróticos, de más de 35 años, de viudedad, para obtener la libertad de los pequeños Julián, Julia y Juanito.
Luego que despierto hallo en casa de Mila a sus dos hijos, llorando la muerte de la tía Hermes. Me molesté porque entendía que había o estaban queriendo convertir el hecho de la ida de Mamá Daniela, como un transpolin hacia los despliegues de antojos personales. Me di por entendido de que lo que sucedía en el cortijo de los Evaro, era simplemente una orgía, un festín inmisericorde, sin dolientes.











Capitulo diez.

Las mariposas eran pequeñas, las arañas enormes pero llegaron tres gallinas primas hermanas de las guineas y las rifaron en ambos equipos. Pasaron unos minutos y los ladridos de Bolo y de Bolito me recordaron los difuntos Tormbolo y Azabache, eran dos ejemplos de animales. En nada se parecen a los de ahora, jukú... los de hoy sólo ladran, no vale la pena tenerlos. Me fui acercando donde uno de los primos, hijos de doña Hermes, hacía una semblanza de su madre. Ella era un pedazo de miel, se podía enduzar cualquier cosa con su cuerpo. Yo la recuerdo de sus 27 años es posible que yo estuviera rondando mis siete, para esos días se veía como una rosa roja. Con sus partes físicas endulzábamos, porque de sus poros salía la miel a chorro. Imagínate, que no sería de su espiritualidad. Un día, que se había muerto un joven de nombre Juanito Silverio, me llamó y sin más apuro que el que tenía que decir y me dijo vamos allí, y llegamos a los Trejo al velorio de Juanito Silverio muerto por ahorcamiento. Ella tenía miedo que aprendí de ella, era muy sensible a las energías demoníacas y a las espiritualidades, puras y sublimes. En la tarde de el otro día estuvimos en el velorio de Patria Polanco una de las mujeres del señor Cándido Silverio, ella mi mamá, lloró junto a otras mujeres más, eso me fastidiaba y meponía vacilón. Salimos a las 12 de la noche luego que servían arroz blanco con habichuelas con enormes pedazos de carne de cerdo comprada en las carnicería. Al pasar por el cementerio sentí mucho frío y creí que era la difunta que llevábamos entre las espaldas y los bultos repletos de comida. Así, ocurrió muchas veces que se morían parientes de papá, o amigos de la familia, ahí estaba mamá, y yo acompañándola. En los cortes de café, en la recogida de maní, en la compras de víveres en la lomota y el lirial o en la Catalina de Altamira, allí andaba yo, al compás de su chiripeo me gustaba oirla cantar canciones que ella aprendiera en su niñez en los predios de sus padres en Jicomé de las esperanzas, en provincia Valverde.
Un día, estuvimos en la Hacienda San Antonio, de las propiedades de don Féliz Henríquez, recogiamos repollos de batata. Mamá comenzó cantando canciones de los fundos del noroeste... aprendido en su infancia. Decía –“Poray María se va, si quiere sabei mi nombre, llámame poi vencelao, que yo tengo varias chivas en Mao, unas mulas en Jicomé, varias burras y varias vacas... a la disposición de usted” Pasaba fumando, cantando y con la alegría en sus labios me decía- ¡arriba, arriba! ¡Arriba papo! que estamos terminando y continuaba entonando plenas de los predios del noroeste. Recuerdo que un día cantó “ Huyendo de la Justicia... me metí en un cambronai, y como andaba muy de mala me volvió ei gallo a ensuciay...! mamá Hermes, no concluyó con el canto, porque una ligera llovizna abrazó el territorio donde trabajabamos. Pero cuanto mermó dijo. Mi abuela tenía una polla, que anidaba en una barranca, un huevo se derrumbó matando sesenta vacas, y setenta platanares, mi abuela si era curiosa y potente para criar e incumbar esos animales. Hermes era una revolucionaria, a carta cabal, era teorica siendo iletrada, pudo haber nacido en cualquier espacio del universo, pudo haber sido hija de un pordiosero como de un principe. Era dueña de una brillante espiritualidad, su espacio, social luego del geográfico le negó la escuela donde estudiar, cualquier saber de su siglo 20, en donde surge entre bosques, llanuras, pedregales, matojales y montañas, pudo romper los prejuicios de las clases de una sociedad injusta y engreida. Perteneció a las instituciones enemigas de la injusticia, a los grupos humanísticos, en defenza de los desvalidos, en todos los géneros étnicos. Hermes amaba la cultura de cualquier índoles, hacía décima hasta de pies forzados. Cuando supo la muerte del coronel camaño dijo que lloraba por la de los generales Demetrio Rodríguez, por la de Bencosme y la Arias Alvarez.
Pienso- dijo Lorenzo- cuando en los dias de los funerales, uno de los primos preguntó por las cualidades suyas, tía, si hubiese nacido en Alemania, hubiese sido del partido Socialdemócrata, o del socialista español, o del de Indhira Gandhi en la India, porque cabía en cualquier horma.
Está bien- manifestó Camila- que llegaba de la cocina, ven para que te coma este chambre que te preparé con calamche de chivo. Fui y comí hasta con los bigotes. Era un manjar para la ocasión, nadie podría decir lo contrario. Esa tarde comenzó a llegar muchas gentes era el primer año de los funerales de Mama Hermes. El patio estaba cubierto de una grama verde, mullida que atraía a los visitantes. No me sentí bien porque llegaban, primero que yo, los legionarios bocaeros, primos de los platos, y de las fundas. Eran los muladares menos famosos de los vecindarios, pero eran hierbas aéreas. Quites que como garrapatas habitaban en la piel del ganado social, usando como base, circunstancias luctuosas, el dolor de los que por las razones que fueran, lloraban aún la ida de algún cercano pariente.
Doña Hermes era de estatura lo que se dice extraña, había quien llegó a decir que los días de calor no eran tan pequeños como los inviernos pesados. Su carácter afabilísimo, mantuvo por 70 años complacidos a los vecinos de los parajes aledaños a la estancia donde vivió con su familia y la del padre, de su marido. Era fue muy buena cuñada y buena comadre y muy buena madre. Doña Hermes era una Matrona en la comunidad de Los Guanábanos, de Bajabonico de los Cañafístula.
Evaristo, su marido sabía que Hermes, era así y no tuvo necesidad de cuidarla. El era Jornalero, cañero en tiempo de molienda y en tiempo muerto era agricultor. En Eugenia, pusieron mayor empeño y en los primeros años ayudaba al desenvolvimiento de la economía familiar. Así como para mucho Hermes sufría cambios en el tamaño de su cuerpo, así no cedió un paso para que su hija Eugenia fuera un ser feliz, claro sin proponérselo, quizá todo salía por el poder de la espontaneidad de un flujo familiar. Llegué a pensar que… era la maldición de las hijas de las mujeres descendientes de Epifanía Arias, tatara, tarabuela de Victoriana, madre de la señora Hermes, de quien, 120 años, se habla, luego de haber muerto, persiguiendo al raptor, del número 68, de sus bisnietas. Algunas lenguas sueltas aseguran que a Epifanía la enterraron sin haber muerto, y camino al cementerio oía lo que de ella decían, maldijo a sus parientes más cercanos, porque debieron darse cuenta que ella, estaba en trance de catarsis. Padeciendo los efectos trágicos y muy amargos de lo que comprobó con sus ojos, cayó en un pozo de compasión, en huronéelas de terror, entre saltos de quejidos angustiosos. Esas malas lenguas señalaron, que el maleficio de Epifanía, consiste en que las mujeres descendientes suyas, pasarían los últimos largos años de su vida, sin compañeros y morirían sin maridos. Serían muy escasas las que tendrán cortas viudedades o solterías. Contaban también que Epifanía era prima nieta de la tatara del general Desiderio Arias Álvarez, dijeron que eran descendientes del canario Tatara abuelo Felipe Isaías con escudos familiar, condestable de Jicomé de villa buey.
Algunas madres alejan a sus hijas, del camino amoroso, facilitando sugerencias obligadas como fue el caso de la hija, del señor Miguel Bonilla, aunque en otras familias, vinculadas a la familia Silverio, y a la familia Medina… que como consecuencia Minervina se hizo novia, por sugerencia de uno de los padres, del soldado esbirro trujillista que la mató. En las descendientes de doña Hermes eso no ha sucedido hechos sangrientos… sino que a Eugenia, les cerraron las puertas a la felicidad, negándole la escogencia libre y sin remendaduras de los novios quizá que la vida para ella tenía, tuvo a penas, no se para quién ha sido bueno, que beber en jarras ajenas quedando intoxicada en dos ocasiones… dando al alumbramiento dos hermosas flores, para el abuelo era una preciosa orquídea de montañas, y después un brote Guayacán. Este su retoño, confabulado con los opuestos a la felicidad de su madre, ayudó a ahogarla empujándola con la pesada crucifixión, en apariencia la premiaban, Eugenia pudo ser independiente y no esclaviza de toda la descendencia de Epifanía. No permitieron que siquiera ya cerca de su ancianidad tuviera la presencia del último consorte escogió que ahuyentaban como feroces mosca de asqueantes basureros.
El asunto es que Hermes una mujer de gran corazón y en ocasiones la escuchamos hablar de ese como de un militante de la misma organización de compromiso. “El corazón tiene razón que la razón desconoce”, dijo ese pensamiento es de Pascal. Me pregunté siendo iletrada ¿Cómo retiene esas ideas y sabe que es una propiedad ajena? Juh, ya lo dijimos pudo haber sido hija de cualquier mundo, y haber estado en cualquier escuela… ahora, debemos ser un poco justo al hablar de Hermes. Si doña Hermenegildo no tuvo minutos para actuar contra el desarrollo de sus hijos y mucho menos en los casos de sus particularidades.
Cuando llegó la hora de enterrar la esposa de su marido don Evaro, allí estuvo al frente agigantándose como en otros turnos de su vida social. Agarró la cocina y arrió sobre los rieles de su responsabilidad como se lo había enseñado doña Victoriana su madre, descendiente directa de la difunta epifanía. Nunca dejó marchar en la madrugada, un pariente suyo o de su marido sin recibir esa taza de tizana o de café negro. Ordeñaba las chivas y una vaca llamada Melena. Al quedarse al frente de los intereses de la familia, mi mamá hermana de Hermes dio a luz de mi persona, en 1950 y la mamá de tío Evaro murió tres años más tarde.
Recuerdo que en prima noche terminando de hacer la cena normal, salía con su hijo mayor, a buscar a la becerra a la barranca de los Cenas, donde se auto pastoreaba. ¡Juuuh! Al otro día se repetían las escenas. Los días de corridas o de fiestas: como el 13, el 24, el 29 y el 30 de junio, día de San Antonio, de San Juan, de san Pedrito y de san Pedro. Hermes acompañaba a don Evaro, a guayar hielo para venderles a los bailadores.
Ella era la dueña de la venta de agua con hielo. El vaso de agua costaba un centavo o chele. Y si era de coco al natural costaba cinco y 10 cheles con azúcar y con hielo picado. Imagínese que en el baile de música típica dominicana… tocan un carabiné, que mientras se toman de las manos comienza una ligera y fresca llovizna, en una enramada cobijada de penca de canas, imagínese que ahora tocan la tinajita… pero que don Evaro con su fuerza de Mazokú dice a boca en cuello ¡guayao, guayao, guayao! Silenciando la tambora. ¿Qué les parece? Hermes cuando llega de lavar los vasos, halla en la silla donde descansa, cuando se puede, a la señora de nombre Genette Ozoria, que es tres veces más fuerte que doña Hermes, quien la mira de arriba abajo, y sin intervención de palabras toma los balaustres de la silla y como si cambiara su estructura física derrumba al piso, a la señora Ozoria, que era una preciosa grama verde fresca.
El asunto que le explico, sirve para que vean que Hermes estaba en actitudes productivas siempre, del lado de su marido y de los suyos. Llegó, en ocasiones de parto, ir a la casa de su hermana Brunilinda, a lavar los pañales y a preparar algunas supias de polla criolla, costumbre de la región tendente a fortalecer el útero aún juvenil. Hermes nació de un padre trabajador de tabaco que convertía en andullo que vendía al señor Henríquez.