CAPITULO 13.-
Donatilio recibió sendas cartas el 27 de Julio, día de los padres, no destapó los sobres porque ese mismo día había recibido ofertas de la casa Editorial Graf garza, para editar varias de sus obras y ultimaba los destalles con su agente económico. Pasaron los días, Tilio se decide abrir las cartas, en una les dicen que su hijo pertenece al grupo las Mariposas, del 14 de junio, que vinieron al país en 1959 por Estero Hondo o por Maimón, pero tratan de confundirlo, diciéndole que el último guerrillero al que llamaban el Tuerto, era su hermano menor. Le hacen creer que su hijo está en la cárcel la 40, pagando la penitencia por haber sido el más destacado de los esbirros participantes, en las torturas que en la silla eléctrica ejecutaron a José Mesón expedicionario y ex miembro de la marina de guerra y así mismo al mártir Enrique Belliard Sosa. Pero a Donatilio las palabras de las cartas en nada los conmovieron. Era un hombre muy fino en eso de interpretar documentaciones. Conocía las 111 formas de extorsionar con las palabras, colocadas en lugares donde no deben ir. Sobre todo cuando se trata de asuntos con intereses religiosos, económicos, algo menos que político. El que o los que enviaban las cartas, al señor Donatilio sabían, que éste había sido amigo de José Mesón, en el colegio cuando eran pequeños.
Donatilio no tenía nada que le sirviera de sendas conducentes hacia la posible marca identificativa de su hermano, sólo sabía que estaba extraviado, que había abandonado la casa solariega, en su primera niñez. Jamás ha alcanzado saber que nombre usará, si tiene familia e hijos. Si se ha resistido a la tiranía, o ha sido un aliado. Estaba aislado, no tenía información de ninguno de los dos. Pero a Donatilio, eso no le preocupaba. Tenía proyectada una reunión con los profesores Del Orbe Frías y Quicio García. A quienes les referiría el asunto de las cartas y de los comentarios sobre las intenciones de las mismas. Esa tarde se refugió en el cuarto donde era costumbre suya convocar a Casilda a las caricias. Buscaron los mejores ramilletes del placer y de la distracción. Tenían días en estado de cuarentena como consecuencia de las docenas de libros que estaba leyendo. Ahora era muy diferente porque había comenzado a trabajar en tres novelas… consultaba obras, como: Eugenia Grandet de Honorato de Balzac, tenía en la mesa a las Gitanillas de Cervantes, según Donatilio, buscaba Sobre Rueda de Camus, y el Faro de Virginia Wolf. Su prosa era elementalmente dinámica, limpiamente dulce, líricamente apasionada. Las palabras que empleaba Donatilio eran colocadas sobre un encaje de rosas frescas sacadas desde el hondo de las olas de un mar sosegado listas para embriagar el corazón, de los lectores enamorados. Las manos de Casilda entraron al costado de Donatilio con las yemas de sus dedos hechas rescoldo en la frígida espalda desnuda e indefensa. Y como cubilete de carne convertida en llave abría las sensaciones eróticas y pasionales de ambos. Las manos de Donatilio dejaron caer El Faro, y como conocía a la autora lo buscó a tientas para evitar que la interferencia mayor se produjera en la cercanía de algunos de los éxtasis que sabía Casilda prodigarle. Ahora las manos de ella caminaron por la cintura entrando a la bahía de los conflictos como le llamaba don Donatilio a las zonas coccígeas, así duraron hasta el amanecer. Despertaron con el canto de los pájaros celestiales… de un nuevo día hecho para amarse. Donatilio no fumaba cuando estaba en los brazos de Casilda, pero esta vez lo inauguró porque vio en los ojos de ella, pintada una interrogante. Dime Tilio, por ¿qué tú llamas, Bahía de los Conflictos, a las zonas coccígeas? El la miró, haló el cigarrillo y depositó, toda la bocanada del oloroso cigarrillo, en lo que para El, era un horno adorado.
Días después, estando en la cena, en el comedor, la volvió a besar como cuando lo hizo con el humo del Montecarlo, entonces dijo: a veces pienso que si fuéramos caballos, burros o camellos allí fuera, donde nos pusieran las gurrupéelas. Se rió con sonrisas de rosas mustias. Recordaba que el profesor Félix Quicio le había dicho de su hermano, que según las cosas que habían conversado, tenía nimias sospechas de que Del Orbe Frías podía ser su hermano menor. Casilda preguntó por qué sonreía. Comenzaron un corto cuadro que por el interés permanecieron hasta tarde, terminando en la cama. Ahora recuerdo que ese individuo tiene las manos parecidas a las tuyas, pero lo que más pienso que los acerca, es la mirada cuando levantan la cara. Nosotros, dijo Donatilio, tenemos dos marcas especiales, todos los hijos del viejo Román García, la llevamos… los hijos de papá tenemos una pequeña verruga en la pierna derecha, otra en la parte posterior casi en la base derecha del cuello, menos visible. Y el glande de todos nosotros es pintorreado. De las hembras la verruga del cuello la he visto. Es bueno que sepas Casilda, que las verrugas son insensibles. Siguieron hablando, comieron y bebieron del ron que los hijos de Félix Quicio regalaron el día de los padres a don Donatilio. Te voy a decir algo, he tenido momentos que es deseado preguntarle a Del Orbe Frías, de dónde son sus padres, pero me he arrepentido las veces que lo he deseado, he sentido esa fuerza interior abrazándome, aguijoneándome, me he devuelto, no es fácil intervenir en los asuntos internos de ningún ser viviente. La primera vez hablaba de una novia que debía conseguirse porque sus abuelos eran de más de una camisa. Me reí porque al principio no comprendía que era lo que me decía con la palabra camisa. Luego Quicio me habló que estuvo con el en la comunidad de Esperalvillo donde se divirtió con una muchacha llamada Altagracia que era su amante. Pero no puedo asegurarte que haya visto señales, destalles que me obliguen a creer que andamos cerca como dices tú. Quicio dice que piensa que el es algo de mi ser, que en lo profundo de su esencia se esconde la personalidad de un Bonilla García no de un Del Orbe Frías. Luego de la muerte de los Bonilla en la fiesta de Torán, en el bautizo de muñeca, los Bonilla andan temerosos, con miedo de que los ubiquen, como si no hubiese sido a ellos a quienes agredieron.
A pesar, de que gente sin hiel, dice cosas desfavorables, para uno y para otro, advierten que el diablo desde esa noche, persigue a los Bonilla, otros dicen que los Parra, se visten de espantos para que los Bonilla les crean seres superiores. Que tienen que demostrar que el hombrecharamo, es uno de ellos, que embarazará a todas las hembras, familia de los difuntos de la noche donde Torán. Que los harán aunque tengan que practicar incesto y zoofilia, como todo el mundo sabe, que los abuelos de los difuntos eran zoófitos, practicadores de parrandas con bestias hasta andróginas. Félix Quicio cree que la noche que regresaron de Esperalvillo, como Altagracia no quiso nada de amor, con Del Orbe Frías, lo hizo con una potranca que estaba amarrada, en la mata de mango de la puerta del cementerio.
Lo refiero, dijo Quicio, por lo que dicen los Parra, sobre el hombrecharamo, que en más de una ocasión, nos hacen pensar en el señor Apolinar Del O Frías. La señora Altagracia cuenta, cuando le sobra humor, que estando con su amante ha sentido que los cariños suyos, poseen el y los néctares de limones y de naranjas mandarinas. De ninguna manera puedo afirmar algo superior a eso. Lo que si, no he podido aguantar, las agrestes y pesadas alergias que en primavera Apolinar me provoca. Quiero dejarlo claro expresó ella. Les diré algo muy particular, singular, llámele especial o como le guste: en la fiesta de Torán, que se convirtió de un pasa rato, de bautizo de muñeca entre compadres y padrinos juveniles, en una tragedia dolorosa e inolvidable en aquella noche de truenos y espantos y enormes lluvias que en la mente de muchos de los allí presentes, tenían cuerpos físicos de humanos y espíritus mutables que padecían el síndrome de Marfán. Llámele como quiera, le dije, quiero que sepas que cuando dieron la puñalada al cuerpo de Baustilio Bonilla, esa noche un señor llamado Pirrinchy Salvador Hurtado, de apodo Bolo, hacía el amor con una señora ajena, que con los gritos de dolor de los heridos, se transformó en una mata de rulo cuatro filos, con dos hermosas manzanas verdinegra Un hermano de Julián de la Peña contó, que un muchacho que ahorcó a su amante, luego de beber un te de hojas de flor campana, hizo coito con una muchacha que se transformó en una mata de hortensia con flores muy hermosa. La gente le llama el zoófito.
*** ♣◄***
En la casa de la señora Melba García, sus dos hijos hablaban con un pastor evangélico que había ido buscando prestado el libro de los Difuntos, que leía el señor Quicio. Bebían café de pilón Mameyino, traído a La Estrella, por Rafael hermano de Melba, quien era policía. -----El libro -dijo Félix, el hijo- papá aún lo está leyendo, lo ha ido intercalando con la ”Espía del Mundo”, de Geovamni Papini.
¿Cómo puede leer de esa manera?- agregó el creyente. -Lo más fácil respondió el adolescente. Papi dice que si todavía viajáramos en el lomo de yeguas, convocara algunos narradores, a la rancheta cobijada de hojas de palmas canas, donde vivimos, no para que recordáramos el concierto de la tranquilidad y el sosiego verde, en las orillas de los rumores del viejo río Bajabonico. Sino para…, pero ellos andan en aviones, barcos, y en vehículos aristócratas no soportan el cantos de ciguas, de carpinteros, los croares de ranas y correrías de ratas y de hurones. El ronquido de verracos y ver la espuma erótica, en la boca de las marranas que busca el tercer embarazo.
Oiga- dijo el creyente, soy un fanático- pero no tengo tiempo para escuchar sandeces, présteme algo bueno. Melvin se levantó de la butaca y le trajo la última narración de Donatilio aun sin corregir titulada, Santa Corrupción. Lo abrió en la página 32 y leyó en voz alta: quiero que me explique qué es eso, lo que se pone en las líneas, eso que cubre los párpados de la cara. En la línea de las sienes… háblame del 20 de enero, del 25 de septiembre. Pero dame yuca con mondongo, no de esa no. Dame de las siete Mesinas, que de esa es de las que quiero. Yo la herví a ritmo de merengue. Con soplos de tamboreos. A partir de esa fatal fecha ha dejado de llover, los ficheros no marcan cambios de estaciones, no hay caídas de hojas otoñales, ni chubascos abrileños. En la página siguiente leyó: los soles queman y el coronel de abril llegó a Caracoles… vino a enseñar a producir las brisas, las que apagarían las velas de santa corrupción. Continuó leyendo el fanático y creyente:- No. En tiempo del burro, del toro, del caballo y de la carreta, estuviéramos degustando de los calcañales y de las trompitas, hociquitos del cerdo horneado oyendo versos de Darío, de Nervo y de Neruda. ¡Verdad! Que algunos los muy ariscos hubiesen huido de las picadas de mosquitos, de los runrruneos de tábanos y de moscas. Podemos juntarnos… empero andamos en meteoro, en tormentas, y en centellas en la corcova del acero en el néctar del oro negro. Las espuelas en los calcañales hiriendo los hijales del corcel del… el creyente salió huyendo dejando el libro en el borde de la mesa.
Los hijos del `profesor Quicio quedaron sorprendido con la acciones del creyente. No tuvieron explicación para ese comportamiento. Hablaron con doña Melba y de regreso su padre conversaron con él. Prepararon los bultos porque salían para el Mamey de Marmoleños en horas de la tarde, donde vivían sus abuelos y sus tíos. Oye Félix, dijo el hermano riéndose creo que Fanith se huyó cuando vio que Papini habla de los súcubos y de los íncubos. También hermano pienso que lo asustamos con eso de las “espuelas en los calcañales” es muy posible. Ese tipo de persona es hipócrita, no tienen nada que ofrecer, hace creer lo que no es. Son de la escuela tartufiana. ¿Anja? ¡Para que lo sepa! Respondió Ninito. En lo particular yo no confío ni me gusta verlo en mi casa. Tampoco papá expresó Melvin.
Donatilio recibió sendas cartas el 27 de Julio, día de los padres, no destapó los sobres porque ese mismo día había recibido ofertas de la casa Editorial Graf garza, para editar varias de sus obras y ultimaba los destalles con su agente económico. Pasaron los días, Tilio se decide abrir las cartas, en una les dicen que su hijo pertenece al grupo las Mariposas, del 14 de junio, que vinieron al país en 1959 por Estero Hondo o por Maimón, pero tratan de confundirlo, diciéndole que el último guerrillero al que llamaban el Tuerto, era su hermano menor. Le hacen creer que su hijo está en la cárcel la 40, pagando la penitencia por haber sido el más destacado de los esbirros participantes, en las torturas que en la silla eléctrica ejecutaron a José Mesón expedicionario y ex miembro de la marina de guerra y así mismo al mártir Enrique Belliard Sosa. Pero a Donatilio las palabras de las cartas en nada los conmovieron. Era un hombre muy fino en eso de interpretar documentaciones. Conocía las 111 formas de extorsionar con las palabras, colocadas en lugares donde no deben ir. Sobre todo cuando se trata de asuntos con intereses religiosos, económicos, algo menos que político. El que o los que enviaban las cartas, al señor Donatilio sabían, que éste había sido amigo de José Mesón, en el colegio cuando eran pequeños.
Donatilio no tenía nada que le sirviera de sendas conducentes hacia la posible marca identificativa de su hermano, sólo sabía que estaba extraviado, que había abandonado la casa solariega, en su primera niñez. Jamás ha alcanzado saber que nombre usará, si tiene familia e hijos. Si se ha resistido a la tiranía, o ha sido un aliado. Estaba aislado, no tenía información de ninguno de los dos. Pero a Donatilio, eso no le preocupaba. Tenía proyectada una reunión con los profesores Del Orbe Frías y Quicio García. A quienes les referiría el asunto de las cartas y de los comentarios sobre las intenciones de las mismas. Esa tarde se refugió en el cuarto donde era costumbre suya convocar a Casilda a las caricias. Buscaron los mejores ramilletes del placer y de la distracción. Tenían días en estado de cuarentena como consecuencia de las docenas de libros que estaba leyendo. Ahora era muy diferente porque había comenzado a trabajar en tres novelas… consultaba obras, como: Eugenia Grandet de Honorato de Balzac, tenía en la mesa a las Gitanillas de Cervantes, según Donatilio, buscaba Sobre Rueda de Camus, y el Faro de Virginia Wolf. Su prosa era elementalmente dinámica, limpiamente dulce, líricamente apasionada. Las palabras que empleaba Donatilio eran colocadas sobre un encaje de rosas frescas sacadas desde el hondo de las olas de un mar sosegado listas para embriagar el corazón, de los lectores enamorados. Las manos de Casilda entraron al costado de Donatilio con las yemas de sus dedos hechas rescoldo en la frígida espalda desnuda e indefensa. Y como cubilete de carne convertida en llave abría las sensaciones eróticas y pasionales de ambos. Las manos de Donatilio dejaron caer El Faro, y como conocía a la autora lo buscó a tientas para evitar que la interferencia mayor se produjera en la cercanía de algunos de los éxtasis que sabía Casilda prodigarle. Ahora las manos de ella caminaron por la cintura entrando a la bahía de los conflictos como le llamaba don Donatilio a las zonas coccígeas, así duraron hasta el amanecer. Despertaron con el canto de los pájaros celestiales… de un nuevo día hecho para amarse. Donatilio no fumaba cuando estaba en los brazos de Casilda, pero esta vez lo inauguró porque vio en los ojos de ella, pintada una interrogante. Dime Tilio, por ¿qué tú llamas, Bahía de los Conflictos, a las zonas coccígeas? El la miró, haló el cigarrillo y depositó, toda la bocanada del oloroso cigarrillo, en lo que para El, era un horno adorado.
Días después, estando en la cena, en el comedor, la volvió a besar como cuando lo hizo con el humo del Montecarlo, entonces dijo: a veces pienso que si fuéramos caballos, burros o camellos allí fuera, donde nos pusieran las gurrupéelas. Se rió con sonrisas de rosas mustias. Recordaba que el profesor Félix Quicio le había dicho de su hermano, que según las cosas que habían conversado, tenía nimias sospechas de que Del Orbe Frías podía ser su hermano menor. Casilda preguntó por qué sonreía. Comenzaron un corto cuadro que por el interés permanecieron hasta tarde, terminando en la cama. Ahora recuerdo que ese individuo tiene las manos parecidas a las tuyas, pero lo que más pienso que los acerca, es la mirada cuando levantan la cara. Nosotros, dijo Donatilio, tenemos dos marcas especiales, todos los hijos del viejo Román García, la llevamos… los hijos de papá tenemos una pequeña verruga en la pierna derecha, otra en la parte posterior casi en la base derecha del cuello, menos visible. Y el glande de todos nosotros es pintorreado. De las hembras la verruga del cuello la he visto. Es bueno que sepas Casilda, que las verrugas son insensibles. Siguieron hablando, comieron y bebieron del ron que los hijos de Félix Quicio regalaron el día de los padres a don Donatilio. Te voy a decir algo, he tenido momentos que es deseado preguntarle a Del Orbe Frías, de dónde son sus padres, pero me he arrepentido las veces que lo he deseado, he sentido esa fuerza interior abrazándome, aguijoneándome, me he devuelto, no es fácil intervenir en los asuntos internos de ningún ser viviente. La primera vez hablaba de una novia que debía conseguirse porque sus abuelos eran de más de una camisa. Me reí porque al principio no comprendía que era lo que me decía con la palabra camisa. Luego Quicio me habló que estuvo con el en la comunidad de Esperalvillo donde se divirtió con una muchacha llamada Altagracia que era su amante. Pero no puedo asegurarte que haya visto señales, destalles que me obliguen a creer que andamos cerca como dices tú. Quicio dice que piensa que el es algo de mi ser, que en lo profundo de su esencia se esconde la personalidad de un Bonilla García no de un Del Orbe Frías. Luego de la muerte de los Bonilla en la fiesta de Torán, en el bautizo de muñeca, los Bonilla andan temerosos, con miedo de que los ubiquen, como si no hubiese sido a ellos a quienes agredieron.
A pesar, de que gente sin hiel, dice cosas desfavorables, para uno y para otro, advierten que el diablo desde esa noche, persigue a los Bonilla, otros dicen que los Parra, se visten de espantos para que los Bonilla les crean seres superiores. Que tienen que demostrar que el hombrecharamo, es uno de ellos, que embarazará a todas las hembras, familia de los difuntos de la noche donde Torán. Que los harán aunque tengan que practicar incesto y zoofilia, como todo el mundo sabe, que los abuelos de los difuntos eran zoófitos, practicadores de parrandas con bestias hasta andróginas. Félix Quicio cree que la noche que regresaron de Esperalvillo, como Altagracia no quiso nada de amor, con Del Orbe Frías, lo hizo con una potranca que estaba amarrada, en la mata de mango de la puerta del cementerio.
Lo refiero, dijo Quicio, por lo que dicen los Parra, sobre el hombrecharamo, que en más de una ocasión, nos hacen pensar en el señor Apolinar Del O Frías. La señora Altagracia cuenta, cuando le sobra humor, que estando con su amante ha sentido que los cariños suyos, poseen el y los néctares de limones y de naranjas mandarinas. De ninguna manera puedo afirmar algo superior a eso. Lo que si, no he podido aguantar, las agrestes y pesadas alergias que en primavera Apolinar me provoca. Quiero dejarlo claro expresó ella. Les diré algo muy particular, singular, llámele especial o como le guste: en la fiesta de Torán, que se convirtió de un pasa rato, de bautizo de muñeca entre compadres y padrinos juveniles, en una tragedia dolorosa e inolvidable en aquella noche de truenos y espantos y enormes lluvias que en la mente de muchos de los allí presentes, tenían cuerpos físicos de humanos y espíritus mutables que padecían el síndrome de Marfán. Llámele como quiera, le dije, quiero que sepas que cuando dieron la puñalada al cuerpo de Baustilio Bonilla, esa noche un señor llamado Pirrinchy Salvador Hurtado, de apodo Bolo, hacía el amor con una señora ajena, que con los gritos de dolor de los heridos, se transformó en una mata de rulo cuatro filos, con dos hermosas manzanas verdinegra Un hermano de Julián de la Peña contó, que un muchacho que ahorcó a su amante, luego de beber un te de hojas de flor campana, hizo coito con una muchacha que se transformó en una mata de hortensia con flores muy hermosa. La gente le llama el zoófito.
*** ♣◄***
En la casa de la señora Melba García, sus dos hijos hablaban con un pastor evangélico que había ido buscando prestado el libro de los Difuntos, que leía el señor Quicio. Bebían café de pilón Mameyino, traído a La Estrella, por Rafael hermano de Melba, quien era policía. -----El libro -dijo Félix, el hijo- papá aún lo está leyendo, lo ha ido intercalando con la ”Espía del Mundo”, de Geovamni Papini.
¿Cómo puede leer de esa manera?- agregó el creyente. -Lo más fácil respondió el adolescente. Papi dice que si todavía viajáramos en el lomo de yeguas, convocara algunos narradores, a la rancheta cobijada de hojas de palmas canas, donde vivimos, no para que recordáramos el concierto de la tranquilidad y el sosiego verde, en las orillas de los rumores del viejo río Bajabonico. Sino para…, pero ellos andan en aviones, barcos, y en vehículos aristócratas no soportan el cantos de ciguas, de carpinteros, los croares de ranas y correrías de ratas y de hurones. El ronquido de verracos y ver la espuma erótica, en la boca de las marranas que busca el tercer embarazo.
Oiga- dijo el creyente, soy un fanático- pero no tengo tiempo para escuchar sandeces, présteme algo bueno. Melvin se levantó de la butaca y le trajo la última narración de Donatilio aun sin corregir titulada, Santa Corrupción. Lo abrió en la página 32 y leyó en voz alta: quiero que me explique qué es eso, lo que se pone en las líneas, eso que cubre los párpados de la cara. En la línea de las sienes… háblame del 20 de enero, del 25 de septiembre. Pero dame yuca con mondongo, no de esa no. Dame de las siete Mesinas, que de esa es de las que quiero. Yo la herví a ritmo de merengue. Con soplos de tamboreos. A partir de esa fatal fecha ha dejado de llover, los ficheros no marcan cambios de estaciones, no hay caídas de hojas otoñales, ni chubascos abrileños. En la página siguiente leyó: los soles queman y el coronel de abril llegó a Caracoles… vino a enseñar a producir las brisas, las que apagarían las velas de santa corrupción. Continuó leyendo el fanático y creyente:- No. En tiempo del burro, del toro, del caballo y de la carreta, estuviéramos degustando de los calcañales y de las trompitas, hociquitos del cerdo horneado oyendo versos de Darío, de Nervo y de Neruda. ¡Verdad! Que algunos los muy ariscos hubiesen huido de las picadas de mosquitos, de los runrruneos de tábanos y de moscas. Podemos juntarnos… empero andamos en meteoro, en tormentas, y en centellas en la corcova del acero en el néctar del oro negro. Las espuelas en los calcañales hiriendo los hijales del corcel del… el creyente salió huyendo dejando el libro en el borde de la mesa.
Los hijos del `profesor Quicio quedaron sorprendido con la acciones del creyente. No tuvieron explicación para ese comportamiento. Hablaron con doña Melba y de regreso su padre conversaron con él. Prepararon los bultos porque salían para el Mamey de Marmoleños en horas de la tarde, donde vivían sus abuelos y sus tíos. Oye Félix, dijo el hermano riéndose creo que Fanith se huyó cuando vio que Papini habla de los súcubos y de los íncubos. También hermano pienso que lo asustamos con eso de las “espuelas en los calcañales” es muy posible. Ese tipo de persona es hipócrita, no tienen nada que ofrecer, hace creer lo que no es. Son de la escuela tartufiana. ¿Anja? ¡Para que lo sepa! Respondió Ninito. En lo particular yo no confío ni me gusta verlo en mi casa. Tampoco papá expresó Melvin.
Comentarios
Publicar un comentario