imagenes para bajo los Rieles del Imperio Novela del Prof. Victor Arias





Los rayos esa noche eran más blancos, eran lechosos en el cinturón verde del Bajabonico. Son los más hermosos del universo. Voces románticas, datos y pinceles, hilos de razonamientos tejieron sueños cuando entre arrabales y tabucos los pies descalzos del señor Fermín llevaba entre sus brazos a la señora Cayetana Cesaire con la que minutos antes se había casado.
Era un hombre afortunado por ser monitoreado por los murmullos de río y los argentados rayos de la luna. Parecía que algún pintor asesorado por cierto poeta ebrio, había pintado esa realidad, la realidad de una noche para amar y ser amado.
En la enramada de su amor llenaron de gozos y de deseos las paredes de tablas de palmera a los compases de caídas, ráfagas de un rocío invisible. Los guayabales, los guanábanos y jangadas de frutales, aprobaban la proclama de amor en el concierto de esa noche. Las norias, manantiales y arroyuelos daban sus frescas aguas para lavar el calor del tránsito como pago de un largo peaje de ternura.
En menos de 4 kilómetros cuadrado vivía don Nicolás Silverio, don Piggín Medina Silverio y al este la señora Simona Medina Silverio. Era ese predio un entorno de gente buena, trabajadora, feliz cargada de energía positiva.

En término reales, habia cuatro viviendas en el sureste de Las Aromas, en los límites fronteriles del Bajabonico y los cabellos de la cabeza en el territorio Altamirano.la casa de Fermín era como las demás, un enano de brazos largos… en medio de la meseta donde estuvo el Cantón de guerrilleros que en tiempos de gestas patrióticas comandaran los primos Nicolás Silverio, y don Juanico Silverio. Primos hermanos fundadores de los cantones del río, al este de la casa de don Fermín, se situaban la de Piggin y de Ana luisa Minaya y de Simona Medina y de su marido José Toribio de la Cruz. Al oeste la de Nicolás Silverio y de su esposa Maria Decena Minaya.
Eran la una de la madrugada, los recién casados abrazaron a Morfeo, despertaron a las diez de la mañana, no degustaron del manjar del alba, ni de los cánticos de los elementos, como tampoco del gallo madrugador.
La madera era el material que con mayor frecuencia y oportunidad usaba el hombre del universo rural para la construcción de su vivienda. La de doña Cayetana era de Caoba centenaria y de varas de Juan Primero, madera muy rústica. Cayas y cedros para las puertas y ventanas, y roble para las mesas, soberados alcayatas y gabinetes o alacenas. Para las barbacoas y desvanes empleaban penachos de palmera.
Jubilado de la guerra, hacia aparejos y esterillas por encargo usando los tallos y fibras de las matas de guineos, plátanos y rulos. Fermín era muy alegre, empleaba su ingenio en la acciones de las artes manuales, en fabricación de saxofón con la fruta del higuero o bangañas prefría las calabazas encorvadas para sacarles las tonalidades musicales apropiadas. En los días especiales mataba el cansancio por la falta de empleo, ejecutando piezas al gusto de la familia y de vecinos… sacándole tonalidades baritoniles. Era Fermín un manantial de frescura, de su esencia salía como emanación singular, un torrente de afecto bienaventuranza. Muy apropiado para la persona que acababa de llegar. Ese día ejecutó una hermosa alborada para abrir el portal de la estancia que los habitantes llamaron luego Tatania y Ferminilandia, en honor a Cayetana y a Fermín, sus fundadores. Era un hombre feliz, la llegada de Ramona y de Matilde lo habia convertido en un individuo nuevo por fuera y por dentro no menos que en los otros partos de su martiniquesa esposa.
-Toma Fermín-había dicho la comadrona, extendió sus brazos hasta donde pudo imaginar. Las nubes blancas como las del dia del su boda, acariciaban las varicitas cuadradas de la inocente inquilina de Tatania. La llamaba follaje de caoba. Luego sus ojos irradiaban de sorpresa y más que de alegría- Manifestó ¡Carajo, Carajo Cayetana, despierta…! Despierta Tana que ya tengo el nombre definitivo de mi hija, mi jija se llamará Flor de las Caobas, ese es el símbolo de la etnia de la raza de nuestros antepasados, ella le sonrió y una corriente de placer lo envolvió hasta el éxtasis. Permaneciendo por siempre en él, el embrujo y la influencia del viejo el guerrero independentista y restaurador. Nueve meses la niña caminaba en un ambiente acogedor que nadie el los aleros del paisaje aromanil tuviera o llegara a tener. Crecieron sin cruces de malignidades, y sin vuelos de aires negativos
Don Fermín se dio cuenta que su mujer le sonreía cuando entregaba la flor de caoba verdadera, la buscó en llanura, bosques y montañas en colinas y praderas. -Toma Tana- cargado de entusiasmo manifestó el senescal, dejando ver sus bien usados dientes. Esa es la flor de caoba, emblema Mandinga la encontré allá… señalando con la punta del machete collins. Detrás de ese bosquecito estaba como si me esperase, dura como la orquídea silvestre, sin morirse despierta. Nuestros abuelos ofrecían soles y lunas a Costa de Marfil, sin embargos tíos y tías aseguraban que éramos descendientes de Guinea Bissau, pero yo ahora que somos Mandinga de Malí. Cayetana hallaba muy varonil el nombre de Ramona y le agradó el de Flor para apodo pero el que a ella le agradaba era Azúcar aunque por el contenido poético para unos dulces, hallaban rudo el nombre Flor, carente de fluido femenino.
Cuando Matilde cumplió 14 años, los tornados y ráfagas del joven Félix Marte hechizaron su continente físico y emocional quedando encinta de la niña que luego de nacer llamarían Angelita destinada a vivir por muchos años, primera nieta de Tatiana, de Fermín y de Cayetana. Ramona mintiéndose sola habiendo cumplido los doce abriles, abrazó el rol de ama de casa. Los padres parecían cansados y hasta el peso de la cuchilla de los años hería vuestra existencia. Cuando Matilde se casaba con Miguel Cabrera, recibía Ramona los energéticos de los gametos del cundeamor de empalizada en las empalmaduras de mujer docta. Comenzó aprehendiendo las circunstancias proyectaba y clasificaba, hizo un bello jardín de rosas y de gardenias. Sembró dalias y claveles pasaba atendiendo las familia y a las flores. Amaba a sus padres como a nadie, a Fermín a quien comparaba con un erecto roble del corral. Conoció, creyó conocer un hombre que estaba sentado en la raíz del árbol cañafistol secular del camino que lleva al río. Era un individuo de baja estatura, de piel blanca casi lechosa, cabellos cortos, de ojos claros y pequeños. La gente lo bautizó como el Desconocido. ¿De dónde habrá salido?, los lugareños sólo hablaban del Desconocido. Aunque coincidiendo en que llevaba la honradez pintada en la cara y la soledad en las tristes miradas. Lo que nadie pudo imaginar era que estuviera enamorado de la hija de Fermín. Pernotaba horas esperando que la niña Ramona volviera del río con el cántaro en las axilas. Cuando lavaba pasaba muy temprano y de regreso a la casa ahí estaba el desconocido, pero sintió el mismo hormigueo estomacal, que cuando estaba asustada no pudo comprender lo que le pasaba sentía hambre cuando tenia miedo no se atrevía a verle a la cara y el corazón le ritmaba con la fuerza de una vaca jorra. Esa realidad no la entendió: temor era equivalente a hambre, la curiosidad de verle la cara triste era equivalente a hormigueo y este a miedo. Entró al dormitorio y buscó el rostro en el espejo hallándolo, sonrió a plenitud y comprendió que aún era una florcita juvenil, para estar pendiente de hombre, y más de un desconocido. Caminante aventurero. Quiso recordarlo pero no habia archivado su fisonomía facial. La memoria no lo activo para los recuerdos. Miró que su padre, don Fermín dormía, luego que con las manos recorrió la frente salió. Buscó a su hermana Matilde que bañaba a la pequeña Angelita.
Hacia bastante calor, en las lomas, las nubes lamían las copas de los árboles, algunos cuervos entonaban el concierto de Nereo padre de las Nereidas, ninfas que según la leyenda eran diosas, jóvenes hermosas que residían en el mar de medio cuerpo arriba y abajo peces. Era una banda de docenas de pájaros negros y blancos en menor cantidad. ¿Quién lo habia visto? 50 años hacia que llegaron decenas de esos blancos cuervos, Sí, ¡quién lo diría! Le dirían loco, pero ahí están. El calor ahora era liniero quemaba las espaldas a los jornaleros de los cortes de leñas y de caña de los centrales de Montellano y Amistad. En las raíces del cañafistol estaba el Desconocido con zapatos blancos, pantalones y camisa del mismo color, la correa era negra y sombrero de Panamá, esperaba la princesa del río, nombre personificado para el llamar a Ramona, en su intimidad. Deseaba verla aunque fuera de lejos caminó sobre las piedras como el que lo hizo sobre las olas, pero ya Ramona se había marchado. Al hallar que las piedras estaban muy calientes se dejó caer en las mullidas gramas bajo la sombra de la jabilla de cretona verde y amarilla, cerca del enorme lavadero por donde sobre volaban bandadas de garzas reales. Escuchó el currú, currú de los cuervos, fue sorprendido al comprobar que era cierto que habia cuervos blancos. El vuelo tierno de la cigua palmera produjo un largo bostezo cuando aminoraba el calor caminó pensando en su princesa del río y sin embargo parecía que se pondría en el cielo una jarina... e hizo una mueca con los labios al recordar que un primo de su madre a la llovizna le decía Jerén, en vez de chubasco. Apuró los pasos y con los primeros relámpagos y los primeros truenos entraba a los aleros de su vivienda en el batey Amistad, donde laboraba.
En la casa de Ramona compartían en la mesa degustando los olores exquisitos de un sabroso chambre de frijoles verdes con costillitas de cerdos y aguacates mantequillas. El señor Olivo laboraba en los fogones de las caderas que activaba con troncos de mangos y aguacates, de guamas y de aromas, casi verde para producir vapores apropiados para las turbinas del central. El vientre de fuego estaba harto emitiendo lenguas amarillas muy calientes. Por su imaginación le llegaron imágenes de la niñez y de su adolescencia ponía sus manos en las orejas de cabritos, y llegó a colocar su boca en la de las hembritas que jugueteaban lamiendo su pantalón con lengüitas tan largas como las llamas del fuego de las hornos azucareros. Pero apretó sus ojos porque las hileras de cabritos se iban quemando con el fuego. Luego aparecieron las burbujas que se apagaban en las lenguas amarillas. Sacudió la cabeza cuando en silueta llegaba la cara de su difunta y muy bien recordada madre. En siluetas de recuerdo metió las manos en la corriente de agua del río Guayubín donde creció recordó los versos “una mano lava la otra y las dos la cara” con un pañuelo que sacó del bolsillo trasero derecho del pantalón para secar el sudor y la humedad de su rostro. Entendió que sus reflejos mnemotécnicos, eran fuertes pero muy extraños. Llevaba a su mente la imagen de Ramona pero se entrecruzaban con los bajos reflejos de la infancia. La veía llegar con el cántaro en la axila izquierda, asimilaba la de un paisano recolectando oro en el cañón del Guayubín, en vez de su princesa del... en el Bajabonico “fresco y cantarín”.
Matilde había cumplido los 18 años cuando se casó con Miguel Cabrera Cruz, de esa unión nacieron Valeriano, Santo, Antonio, Brígida, Antonia, Hermelinda, entre otras y otros. Angelita era la mayor de Matilde pero que Don Miguel asimila como la primera suya... convirtiéndola en la coronela de esa gran tropa. Eran tiempo de luchas, los bosques, las haciendas, las estancias y parcelas de remolachas en el viejo continente europeo ardían por las energías de muerte que de las ametralladoras salían, de las bombas. Los destrozos eran mas que económicos, antinaturaleza e inhumanos, misantrópicos. Muchos países fue una sola lengua de fuego especial los que se oponían al eje. La república se beneficiaria de la muerte y del sufrimiento de aquella gente de esos pueblos con la venta de los azúcares, café, cacao. 1914-1939 ciclo vital de la primera guerra mundial. Quizá era muy lejos, el comercio, pero del escenario de combate llegaban a Tatania las quejas y ayees de los heridos y mutilaciones. De los abandonados en combates. Cuando un hijo de Ferminilandia, en Bajabonico... paraje puertoplatense, degusta un guineo maduro, una tajada de mango o de aguacate... sus dientes cortan el mesocarpio y calma la sed... mueren unas y unos niños... joven o anciano en las sangrientas batallas de los campos de Rumania, de Francia o de Hungría. La muerte pernotaba en las galerías y en los aposentos en las villas y las comunas, se hacia residente en los ventanales y matorrales, en los maizales europeos. La penuria, la miseria, el dolor y la muerte en aquellos predios eran elementos del manjar... y parte del pan de cada día en la familia en contienda. La muerte gemela con la enfermedad se hacia acompañar a los hospitales y a los campos santos.
La economía de esos países era simple hedor vaho en descomposición. Los comedores estaban cerrados la comida no existía como en tiempos normales. Eran esclavos de los padrinos de la guerra. Olivo conocía esas cosas... y las creía como un comportamiento dirigido por una mente superior muy poderosa atormentada. Como Olivo no tenia con quien comentarla siquiera, buscó refugio en los recuerdos de su princesa del río... pero de repente recordó a Miguel Cabrera, un carretero de pasos medios, a quien habia conocido horas antes, no sabía dónde vivía. Lo conoció cuando desenyugaba a sus seis bueyes, los clavaba en el corte de caña para la cena y el descanso de esos. Días luego, en hora del almuerzo, Benito con acento de compañero le habló y con dejo afectivo acordaron verse en la caballeriza al siguiente dia. Aquel dia escogido por la naturaleza imbertolina para llover; comentaron del calor contagioso y sofocante. Intercambiaron alimentos, valorizaron las cualidades de las manos que los prepararon... los platos y cantinas rodaban por el suelo. No tenían ni una pequeña mesa siquiera donde los trabajadores y obreros, poner los cubiertos que protegían sus picaduras alimenticias. Entre otras cosas se basaban las inquietudes y preocupaciones del señor Benito Olivo y dijo- debemos reunir los esfuerzos para obtener las negadas conquistas que por muchos tiempos los trabajadores vienen reclamando de forma individual. Don Miguel ni conocía ni comprendía por qué Olivo lo habia escogido a él para hablarle de esas cosas que no entendía.
-Usted no le parece don Olivo- manifestó el señor Cabrera- que por la lejanía, esa apestosa guerra es poco lo que nos puede afectar.
-No señor don Miguel, para este siglo no hay nada lejos. Las arandelas y correas que enlazan al mundo son la utilidad y la necesidad, es por eso que no hay pueblos que no entre en los aposentos de otros y mantiene contactos con los intereses como el Tenorio del momento para galantear las propuestas. En ese sentido compañero..., no existen los enemigos, lo que importan son los intereses. Los países en guerra necesitaran azúcar y otros lógicas alimentarias para sostener las tropas en combates... significa que el cacao, el café y el azúcar de nuestra producción será cotizado en muchos más de un 1000 %.
-Me parece don Benito, alargando en forma parsimoniosa la última sílaba del nombre de su interlocutor, que ha sido ahora cuando comprendo la frase del maestro, cuando resucitó a Lázaro... porque acaba usted de resucitarme. Acabo de nacer en realidad pienso que ha parteado mi espíritu y me ha dado a la Luz. Mientras rasgaba una caja de fósforo puerto platense señalaba, en realidad eso es nacer. Encendió un túbano de hojas que al señor Olivo le parecieron de salvia.
Mientras los dos obreros analizaban los asuntos de la guerra mundial, grupos de niños del batey se deleitaban mirando el humo que sal’a de la chimenea. Veía como la sirena o pito enviaba gran chorro de humo blanco que engrosaba la contaminación del entorno del central Amistad.
En el cielo, ahogadas por el humo de la fábrica, las palomas se encaminan por dentro de las nubes, como en un túnel de microbios, para llegar luego a la cordillera donde murmuran como si no le importara nada, los charcos de la Damajagua.
Media hora más tarde grandes truenos inesperadamente caen encima de la casa azucarera rompiendo la tranquilidad de la siesta y la marcha de la molienda... fueron largas horas de truenos y de relámpagos... la oscuridad no impidió que continuara el proceso azucarero.
Don Benito alimentaba el vientre de la fábrica pero pensaba en Ramona y en los juicios que había hablado a don Miguel Cabrera. Lo imaginaba quitando los balzones a los bueyes... tumbando con un pie el alcahuete... sonreía en cada escena. Después vio como distribuía los becerros a una distancia muy prudente uno de otro... para que comieran y no se interrumpieran uno de los otros.
Don Miguel corté una caña de la llamada Cristalina y comencé a comer, cortando pequeños pedacitos con el filoso cuchillo de su trabajo. Caminaba despacio, y dijo Ò-Benito es un gran individuo; continuó el camino comiendo la dulce y muy blanda caña. En ese hombre se puede confiar... Caramba, no se morirá por ahora... ni cuando pensar que lo vería por ahora, -dijo...
-¿Para dónde se dirige, don Benito, preguntó apresurado... -Voy a bañarme, contestó de inmediato... aprovecho para decirle que la economía cambiaré... El azúcar subirá 15 veces que lo que cuesta ahora.
-¡Hay en qué nos beneficiará, don Benito?
-Cómo que en qué... mejorarán el salario. Ganaremos mejor salario, tendremos mejoras en los departamentos a que correspondemos... Don Miguel era semi alfabetizado, pero sintió que el lenguaje de Olivo era controversial esa tarde... No le agradó la repetición de la palabra salario. Continuaron conversando y después el carretero llegaba a Ferminilindia y Olivo realizaba algunas tareas en el dormitorio donde residía.
Meses más tarde finalizando la zafra, el azúcar que estaba a 2.25 se cotizó a 26.58. Creció la demanda a los países exportadores.
Era 21 de enero de 1921, día de la Altagracia. Olivo volvió a la Haragana del cañafistol Milenario... Tenía poco tiempo que estaba en la cómoda del vegetal, la brisa suavizaba el anhelo de mirar el fresco rostro de la princesa del río... de repente descubre otro rostro que lo llenó de mucha alegría, el rostro del hombre que lo escucha como un viejo amigo... -Hola don Miguel, cómo se siente usted, pregunta sorprendido. -Muy bien, respondió de inmediato el señor Cabrera. Me hallo bien, gracias al Creador. Don Benito, ¿qué hace en esa raíz tan dura? -Pues, si tengo que hablar la verdad, don Miguel, yo mismo ni sé, respondió con sinceridad. -Y usted, ¿de dónde viene y para dónde se encamina con esa hermosa toalla?
-¿Cómo que de dónde vengo? ¿Es que no sabe usted que soy residente en estos lares, que soy esposo de la mujer más digna de la comarca y padre de una caterva de buenos hijos?
-¡Ah bueno, ah bueno! repitió don Benito, y se levantó de la horqueta de la cañafístula milenaria, para estrechar las manos de su compañero de empresa.
Pasaron unos minutos caminando para el río sin decir una sola palabra... Fue Olivo quien sin analizar quizá, señaló -Don Miguel, es difícil contar lo que le acontece a los solteros... los motivos de estar sentado en esta raíz son sentimentales. Lo que me gustaría contarle es muy largo y muy complicado y pienso que s—lo a personas como usted, puedo referirle... ¿Comprende usted...?
-No... No señor Olivo, no comprendo... hace días que se me hace complicado entenderle... Benito sonrió de veras. Caminaron hasta llegar al paso de Charajima... lugar previsto por don Miguel para bañarse. Se acomodaron en sendas peñas, introdujeron los pies al charco... entonces don Miguel sonrió cuando se enteró de toda la historia del Cañafistol Secular.
Charajima es el nombre de un recodo del río en las proximidades de la vivienda del Ermitaño Manuel Carié, casi en la desembocadura del arroyo Mamey y arroyito Charajima.
-No hombre... don Benito, eso está más fácil que coger esa lisa, que mueve sus aletas en esa chaquetita, está más fácil que salvarse de una picada de esa avispa... Don Benito lo interrumpió, se sentía burlado con las palabras de su amigo... y sintió algo de tristeza... -Qué lástima que se esté burlando encima de mí... -No... Señor Olivo, no me estoy burlando... lo que le he dicho es tan verdadero como comerse un pan de agua... Déjeme que sea yo quien le diga, pero no se me alborote, sólo escuche, sin barullo ni mal querencia.
Esa... a la que usted, don Benito, llama princesa del río, es mi cuñada, es la hermana menor de Matilde; su nombre es Ramona Silverio. Pienso que será la más amorosa de todas las mujeres, después, claro está, de mi Matilde.
Cuando terminaron de bañarse fueron a la casa de don Miguel... allá tomaron café humeante, conocía Matilde.
Matilde, que estaba en las faenas agrícolas, acababa de entrar a la sala y encontró a su marido acompañado bebiendo café que ellos mismos había recolado. -Matilde, dijo Miguel, conoce a don Benito... es el señor de quien te estuve conversando. Ella lo miró y le dijo: -Mucho gusto, soy Matilde Silverio, a sus órdenes. -El gusto... mayor será para mí señora, manifestó don Benito, pareciéndose a los nativos de piel amarilla de la India o de la China.
Tan pronto como se quedaron solos, Miguel Cabrera invitó a Benito Olivo a asistir a la velación de la Virgen de la Altagracia, en la estancia de doña Severiana Silverio.
Matilde iba para la loma a seguir colectando café, pero nunca dejó de creer que ese señor fuera el mismo de las raíces del cañafistol secular... en sus manos llevaba el olor del perfume de su ropa... quería que no se le quitara para que su hermana respirara la presencia del desconocido.
En la mañana del siguiente día Ramona visitó al cuñado para preguntarle quién era el hombre que con él andaba... S’, ese hombre labora en la caldera del ingenio y es mi amigo... pero anda loco, el pobre -dijo don Miguel Cabrera... S’... loco, usted sabe que enamorado de una muchacha de estos lugares.... umjú, los hombres cuando se enamoran pierden la visión. Don Miguel quería observar la reacción de su cuñada y la miraba de soslayo... Notó que tenía cierta preocupación dibujada en las mejillas, ahora tirando de negra a morada.
En el rostro de Ramona se reflejaba la vergüenza, el pudor de mujer casta con sabor a respeto y a dignidad... Don Miguel lo vislumbraba y le dijo: -no puedo asegurar más que lo que he dicho y que se llama Benito Olivo... Muy buena persona. Eso es lo que creo de él... Me siento muy contento contigo cuñada por tenerme confianza... ese hombre anda desesperado buscando a la muchacha que le encendió el pabilo del amor... Estoy seguro, cuñada, que esa mujer eres tú... Ramona, al oír del marido de su hermana y a quien ella respetaba, le dio las espaldas y fingió coger una hoja de cuaderno de encima de la mesa... -¿Cómo es él, cuñado? preguntó. Le explicó y además Miguel dijo que no me queda la menor duda de que esa mujer es Ramona. Cuando terminó de escuchar de labios de Miguel, marchó al jardincito, acarició unas rosas y con los labios el cáliz de una Delia, pero una espina hirió las comisuras; fue al dormitorio y una luz irradió en su entorno espiritual. Las flores son las cosas más maravillosas de todo el universo... ah’ están las espinas, para qué? Para cuidar la delicadeza, lo humilde, lo bueno; para proteger a que el río no llegue al barranco... para evitar habitar los lugares señalados como prohibidos.
Después de algunas reflexiones buscó el libro de autor anónimo y dijo en voz muy callada: el hombre no es dueño del misterio de las cosas, no manda en su alegría, ni en sus penas... Las regula con sus acciones nobles y justas, es como una rosa sin espinas.
Pasaron los días y con los vuelos de las aves llegaron nuevos sucesos, nacieron nuevos proyectos y nuevos propósitos.
Crecen los sueños infantiles y juveniles, vuelan sobre las nubes de colores en las alas de las mariposas libertarias, rompedoras de candados, de altares que un d’a fueron milagreros... Pero a Ramona le preocupaba saber quién era Benito... si era sujeto u objeto de la correa de transmisión en este jardín de flores venales que luego sirven com manjar de ensalada descompuesta.
Lo vio en la horquilla de una mata, sentado en medio del camino, sentado en el santuario del camino. Pero ahora él creía que la hallaría, él iba ganando con amistad del señor Miguel. Estaba seguro que no era necesario seguir adorando al santuario del camino.
En los charcos de la Damahagua, reflexion bastante sobre la mujer de sus sueños, comprendió el poder del matorral y sin esperarlo se llenó de angustia, se sentía triste él mismo sin verse en algún espejo... figuraba los rasgos faciales con hondos surcos de tristeza y de algún dolor espiritual. Comenzó a memorizar los versos de la sonatina. “La princesa está triste... qué tendrá la princesa... Los suspiros se escapan de su boca de fresa... que ha perdido la risa, que ha perdido el color...” don Benito no pudo continuar, lo llamaron y acudió... iba murmurando... “pobrecita la princesa... de los ojos azules.”
Ramona continuaba acariciando las páginas del libro, pero se había llenado también de tristeza como “la princesa de los ojos azules,” estaba nostálgica, sensiblemente angustiada... no ha visto detalles del hombre a quien ama... no conoce los ojos, ni las manos, no lo ha visto... sólo de él tiene sombras débiles en término físico.
Una tarde se sentaron Matilde y Ramona en la sombra del gigante limoncillo de la casa de su madre, era más de las tres, desgranaban maíz y habichuelas... hablaban de sus sueños y de sus esperanzas.
Matilde decía cosas bellas de su marido y de su hijas, de sus hijos... de sus hermanos y de sus hermanas; de la belleza del ambiente del solar... hablaban ambas de algunas dolencias, en tener a sus padres en cama... pero cuando llegaron al tema... matrimonio, Matilde se levantó del asiento... y se puso en actitud de receptora, no dejaba cruzar nada, las pelotas las convertía en rectas... mitad del plato... era una conducta contradictoria porque había momentos que no quería más que conversar del desconocido... y tenía como ahora, pocas veces que no quería... se ponía de mal humor.
-De qué es que me está hablando hermana Matilde? -Te hablo de Benito... te hablo de la vida, de la muerte, de qué otras cosas te voy a hablar. De la gula, de la mentira, de la envidia, en fin, de los pecados capitales. Te hablo de él, de El... de nadie más, de Benito... Ese hombre anda enamorado de veras. Buscó de buena gana la silla y la acodó en el madero para seguir oyendo, con su carácter recio pero relleno de valiosos oropeles, las ideas de su hermana mayor... -Yo tengo todo lo que te faltas y quisiera verte llena de mejores cosas que las que nos acompañan hasta hoy. Eres fuerte, enérgica y virtuosa, pero tienes que darle facilidades a algunas emociones para que los instintos actúen en libertad, sin inhibirse. Somos hermanas pero diferentes, quizá seas de platino y yo de hojalata, quizá seas de ópalo y yo de carbón, pero ambas poseemos los dones de los Silverio y de los Cesaire... Fíjate... tu hasta sola duerme... y así te has acostumbrado teniendo tantos hermanos, hermanas, sobrinas y sobrinos.
Varios días después de que desgranaban las habichuelas y los maíces, en los aleros de la casa de la anciana Madre, despertó muy tarde, recogió algunas cosas y salió ara el río; volvió al dormitorio, recogió— todo lo que le pareciera sucio, lo puso en una petaca y sin mucha apurarse, entró sus hermosas piernas caobinas en las más frescas aguas del universo. En el camino pensaba en Benito, por qué no habrá vuelto donde mi cuñado? En el escenario del lavadero escuchó la sirena del ingenio... Eran las 11 de la mañana... El sol tenía ese d’a los brazos muy calientes y andaba abrazando desde muy temprano a los que hallaba a sus pasos. Ramona se sorprendió cuando halló que su ropa se había secado tan temprano... tan rápido... Los lavaderos estuvieron repletos desde las 9 de la mañana... algunas silenciosas pensaban en sus múltiples problemas de la familia... pero otras como Sobrina, nieta de doña Isabel Medina, entonaba chuines y cuartetas propias para ese tipo de faena... Las que les hacían el coro respondían...porai Maria se vaa... Poray Maria se vaaa... Mi vieja tenía una polla... que ponía en una barranca... Porai Maria se vaa... porai Maria se vaa, dijo el coro... un huevo se derrumbó... Porai Maria se vaa... y tumbó sesenta casas y sesenta platanares... Mi abuela si era curiosa para cría esos animales... Pasaban trabajando en el río pero compartían las emociones de alegrías y de pesares... interactuaban. Eran escasos los chismes en estos tiempos cuando Ramona... Matilde, Maria, Lucia y las otras muchachas de doña Decena Minaya y las hijas de Piggín Medina, estaban en el río.
La brisa del suroeste entraba a la casa de Ramona cargada de aromas y azahares... el crepúsculo había traído rayos de un sol romántico diferente al abrasador del mediodía... Ella recordaba las canciones que cantaron las amigas... pero muy especial... la que decía el amor y el interés se fueron de campo un d’a... más pudo el interés que el amor que le tenía...Ó (Porai Maria se vaaa).
Ramona había subido cansada del río, fue al dormitorio para planchar las ropas y sin comer nada se quedo dormida hasta el otro d’a. Se levanto y fue al jardincito para ver sus flores. Miró el cielo y le pareció que habría un buen d’a... los cúmulos viajaban como recuas en filas indias... después de saludar a sus hermanos y hermanas espero a Matilde, que le dijo que tenía que contarle algo... Pasaron casi dos horas en el cuartito del señor Padre... miraron el viejo Saxo de Bangaño y algunas lagrimas se asomaron en las puertas de los recuerdos.
Ya sabe -dijo Matilde- mañana no diremos a ningunos de nuestros hermanos... El Mao se la lleva toda. Bueno, simplemente es un invitado de Miguel... En la cara de Ramona había luces de felicidad, los ojos de azabache emitían energías muy claras que cortaban la bruma de la duda... era genial esa maniobra de los Cabrera Silverio... Ahora... cantaba la mañanita mejicana... también se le escuchó— ejecutar el merengue al patrón de los y las solteras... Antonio, divino y santo, ruega por los enamorados... porque San Antonio es el rey de los desposados... se le oía cantar al mismo tiempo repetía una estrofa de la divina comedia de Dante Alignierhi...si el verte fuera la vida y el no verte fuera la muerte, prefiero la muerte y verte y no la vida y no verte. Muchas veces los decía doña Cayetana cuando estaba alegre. Luego estuvo una cita con el espejo y comprobó que estaba lista para asistir a la gran convergencia con su devenir.
En la casa de Matilde, los hijos, Tino y Santo, recogían basura del patio. Dejaron como una carta de buenas intenciones todos los alrededores de las cuatro enramadas y limpiaron las pocilgas... No se ve’a una sola pajita en todo el entorno familiar.
En la enramada donde recibirían al señor Benito, no se ve’a ni una mosca, ni mosquitos volando en los alrededores de la jardinera... todo era pulcritud. El escenario se hallaba montado.
En la cocina había tres guineas que don Miguel trajo en la víspera y la tenían sazonadas en jugo de frutas y vinagre de tamarindo... dos bandejas de guandules para moro y una de ensalada verde... El olor del estofado de guinea entraba en los hogares vecinos, los bostezos ocurrían como cuando caen las fichas del juego de dominó... ese olor descomponía el apetito de los vecinos de la casa del señor José Cruz Toribio y de don Nicolás Silverio.
Un mantel blanco vestía las patas de la mesa como testimonio de un hermoso compromiso entre Ramona Silverio Cesaire y el señor Benito Olivo, oriundo de la ciudad de Montecristi.
La llegada de ambos al centro de la sala los confundió. Ella vestida de blanco, con zapatillas negras de charol, con una cinta amarilla al cuello, como si fuera una bufanda. El con pantalones negros, zapatos blancos, camisa crema mangas largas, en la cabeza sombrero de Panamá.... Se miraron, nunca se habrán encontrados cara a cara... Pero al llegar los anfitriones, fueron invitados a pasar al comedor... -Buenos días, don Benito. -Buenos días, don Miguel... Si me lo permiten debo recordarles -señaló Ramona -que es de tarde. Ah s’ -dijo don Miguel, y Benito la miró y le brindó un ademán oriental, pero con su cara reluciente de goces y de armonía plácida.
Don Miguel dijo a seguidas... tenga usted, señor Olivo, el placer de conocer a mi cuñada... de quien le he hablado más de una vez... Don Benito con la alegría dibujada hasta en las manos, las colocó en su pecho y se inclinó para decir -Mucho y grande es el placer que siento al conocerla, señoriíta.
-Mucho gusto, dijo Ramona, y se inclinó mostrando la blancura de su dentadura. El gusto que sentía era enorme, pero no debía demostrarlo... era la primera ocasión que lo ve’a, aunque hacía más de un año que venía deseando estar como hoy, cerca de él... y el olor a rosa que brotaba de aquel hombre cubría todo su ser de mujer rural. Quería escuchar su voz, sentir la energía de su piel, conocer el color de sus ojos para grabarlos en su memoria, como un bien honorable... como un manjar que desee degustar cuando lo apeteciera... en las ausencias. Necesitaba de esa fantasía como un nutriente real para el crecimiento... Ramona lo observaba con minuciosidad y lo creyó tímido, con miradas apacibles, serenas como una laguna de montaña.
-Señor Benito, -sorprendió ella con la siguiente pregunta -¿y de donde es usted? ¿Por qué dura tantas horas sentado en esa raíz en medio del camino?
-Perdone usted señorita, si en algo la he ofendido, -dijo en tono irónico. Mi pueblo de nacimiento es Guayubín, de ah’ se puede decir que soy; laboro en el ingenio Amistad, me siento en esa raíz... le puedo decir que no sabía porque era que lo hacía, pero ahora s’ sé... era el aura suya, su energía espiritual que me llamaba a quedarme en la majestad de ese gran individuo vegetal... OH, cuánto debo a la madre naturaleza por ponerme esa gran mecedora donde por vez primera observé la feliz imagen suya, la que bauticé como princesa del río.
-El solo hecho de estar sentado (un desconocido) en la raíz de un viejo y abandonado árbol era indicio para que los observadores ineptos lo creyeran que se ocultaba de algo o de alguien...
-No amiga, sólo los delincuentes corren por sus hechos delante de las sombras y por esas los encuentran. Soy, como dijo mi padre, hombre por dentro y por fuera, perdone usted, si mis palabras la hieren...
-Señor Benito... no sabe usted cuánto me agrada escuchar sus expresiones cargadas de energías positivas y de una gran dosis de valentía. Me agradan las personas capaces de defender con vehemencia sus juicios y criterios... En esos mismos instantes llegaba doña Matilde, acompañada de su hija Angelita, quien trajo un jarro de porcelana conteniendo agua casi congelada, que colocaron en el centro de la mesa. Ramona solicitó permiso para ausentarse y fue en procura de ayudar a su hermana a servir la mesa. Benito y Miguel salieron y se sentaron en los aleros de la vivienda del viejo Fermín, la brisa era muy fresca.
Sentados los comensales, aunque en el campo, bajo las sombras de los grayumos y de las de los mangos vizcaínos, degustaban un buen vino como apetitoso y suculento estofado de guineas y palomas. Benito y Ramona gobernaban los extremos de la mesa y los centros eran compartidos por don Miguel y su esposa doña Matilde.
Los platos... las soperas resistían el jugoso menú de piernas de guineas y alas de palomas ahogadas en sazones y salsa de mostaza, de vinagrillo, de guineos maduros y rojiza bija puertoplateña. El sabor era impresionante, el sabor del manjar de aquel menú de la cocina de Tatania.. a 25 kilómetros de la novia de los restaurantes de Playa Dorada y una red de hoteles del Atlántico.
Don Benito manifestó agradecimiento a los esposos por el escenario que prepararon para el encuentro con la mujer que por su desconocimiento, lo estaba ahogando en los senderos de su trabajo, en los recodos de su soledad, en los intrincados laberintos de su tristeza.
-Reciba este menú -dijo Miguel, como un gesto de buena vecindad ofreciéndole la entrada a esta que desde este mismo momento, es su casa... recíbalo como un gesto de gratitud por todo lo que me ha enseñado en el campo laboral.
Don Benito satisfecho de escuchar palabras de elogios delante de la mujer que admiraba y amaba, respiraba hondo y sensualmente... Después de haber hecho la oración para la bendición de los alimentos... se sirvieron de la ensalada de arenque y cebolla y ajo... Ramona sirvió en el plato de Benito un poco de moro de habas verdes, de guandules... mas, sin estar nadie esperando más discursos, Benito Olivo dijo: -Si mis palabras vulneran la nobleza y gentileza que han tenido conmigo, señores no me excusen, no me perdonen, pero antes de continuar ingiriendo un pedazo Más de alimento de esta bendita mesa... de corazón les pido permiso para visitar a la señorita Ramona, su hermana y cuñada, de quien lejos no podré estar. La señorita Silverio Cesaire sintió miedo y se sirvió otra ala, otro muslo de guinea, experimentó temor y con él, el apetito se le crecía. Pero para desviar un poco la atención de su plato, puso al de Benito uno de paloma y otro más de gallina criolla...
Estaba oscureciendo, los calcalíes, en las mallas ratoneras, iniciaban el festival sabatino de prima noche, pero en la cocina las hermanas daban riendas al por mayor por la solicitud de manos hecha por Olivo en el comedor. Ramona se ofreció para realizar el brindis de café humeante y muy aromático. Yo soy -dijo don Miguel presumiendo de padre anciano -de poco conversar con estilo y parsimonia, sin embargo, aprovecho las circunstancias para decir la verdad. No voy a consultar las partes y puedo asegurar que puede venir cuantas veces la prudencia hable... y la aceptación de mi cuñada que es como mi hija...
Los primos, tíos, hermanos y hermanas de Ramona no sabían de qué se trataba... El Mao (que de todo sabía) también lo ignoraba.
Luego de ver que Benito entraba y sal’a de la casa de don Miguel, comprendieron que tenía amores con su hermana. Pero el aire que irradiaba Olivo era de agrado para los habitantes de Tatania y lo recibieron como a uno de ellos... jugaban dominó, compartían en los eventos de la vecindad... y como sembró cariño, estaba recogiendo amores. El siglo 20 emerge en Tatania, como un enorme vegetal, cargado de racimos de frutas desconocidas. Para muchos era tierra de mujeres y de hombres fuera del ordenamiento común, fuera del montón de los vuelos rasantes. También de los encumbrados que aman la honradez. De ese jardín de virtuosidad nació el general Luperón, respirando los mismos aires que secaron los pañales del presidente Heureaux. Los cántaros de la cosecha del hijo de Antonci -batey cañero-, cerca de Yamasá... de Meriño a Espaillat... esas mismas huertas alumbraron entre arañazos y ladridos y zarzales hediondos de tiranos y promiscuidad, vaho y podredumbre en barrios y yucales infectados con los muertos del tirano y de las necesidades del siglo y del imperio. No pudo borrar las huellas de Santana, los alaridos de Buenaventura Báez, que aún retumban en los vientres de las generaciones del siglo 22 y 23 y quizá si el río del pueblo hace otra crecida y se une a las afluentes municipales... esas viejas huellas perdurarían con las sendas de los siglos de los siglos... y esa negra cosecha de diabólicos bramidos no la separarían con las luces de la democracia de los blancos, hasta que no se produzcan esos enlaces de fraternidad que como Maria y Efraín, como Manœn, Lescaux y Des Grieux, Ramona y Benito en Tatania abrirán el puerto donde esta anclada la barcarola que los conducirá en sus descendencias a surcar otros muelles buscando nuevos horizontes.
Los primeros albores del siglo 20, las primeras cantadas, los primeros gritos infantiles, las primeras lágrimas fueron de dolores por las asqueantes pisadas de las botas invasoras en el 1905; en el 1907 en tierra de Toussaint y de Núñez de Cáceres... Los labios vampirinos, estampa de la época, en coloniales sendas y cunetas de morcilla capitalista, dejan de par en par las puertas de diablos y de diabluras, fingiendo días de luces y de argucias, apresto y cambio de pizarra donde escribir con la humana palabra, los fenómenos sociales con señas y lenguajes.. Con embrujos, sueños y esperanzas. Utopías y planes, ahora hoy por hoy, aquí’, allá, ampollas, embarazos: simples partos múltiples, piedra de amolar, esterillas, gurrupéelas, aparejos, árganas, rastrillos, cementerio en el mismo alero del jardín, dentaduras rotas, mosaicos tintos en rojo... manos sin uñas y sin dedos... Lápices sin puntas, cuadernos sin grafías...
Después de darle autorización a Benito para moverse entre Tatiana, Aromania, Guanabanía y los otros entornos de la ecología donde había crecido la madre y el padre de la que en unos días seria la madre de sus hijos, hizo estas anteriores reflexiones de los días de su infantil existencia... Estaba agotado y no salió ni al río esa tarde... la mente de don Benito sólo podía reclutar imágenes de lo que le pasó a la llegada de los invasores y escuchaba frases como -¡Atención soldado de cartón! de hilos y metralletas para la muerte, a veces llegaba la imagen de la carreta de Miguel Cabrera, quitándole el yugo a los bueyes... que se caían por la ceguera... pero levanto rápidamente la cabeza de la cama donde usaba los brazos como almohadones... creyó— que habían dicho que Mambrú había llegado a Tatania... que lo trajeron de la guerra en una funda plástica... pero volvió— al camastro. ¿De dónde será Mambrú?... ese, el que trajeron en una funda negra... ¡Tendrá o no tendrá hijos y mamá...? ¡Se habría ido a la guerra... lo obligaron a ir... Uuuuuf, qué me dices...?
Lo que no sabía Benito, era que Ramona conocía al soldado Mambrú... que no era de hojalata... que tenía más que todos los combatientes de la muerte, 333 huesos... que era muy diferente. Lo que nunca supo Olivo es que el mismo día del compromiso con Ramona, habían matado el ’dolo de los ni–os y jamás han vuelto a dormir... se ha muerto la felicidad que le quedaba, ya no hay con quien reír... sólo se escucha ¡ay, que dolor... ay que dolor, que pena, no... Ya no volverá... Y Ramona y Benito soñaron el mismo sueño, estuvieron en el mismo cementerio enterrando los ni–os que habían muertos por la muerte de Mambrú.
Ramona había nacido en esos días de dolor y travesura imperialista, al comp‡s del vuelo de ciguas y rebuzno de asno en celos y mullidos de Mauricio y cantaletas y vuelos de palomas. Dando la naturaleza de un toque de finura en su RPFESO crecimiento en altares de quimeras, en pencas de palmeras, en tardes de verdes gramales... saboreando el almuerzo de esos tiempos, encima de frescas esterillas fabricadas por el guerrero Fermín Silverio.
Siglo 20 padre de tiranos y tiranía; de pueblo honrado de héroes, de sangre de tiranos... por ese siglo de comedias trágicas, de escenarios de velorios... de encierro de almas vivas... de invasiones... 1916-1924, 1939, 19/5, 1965... Escenarios de piernas rotas, de cuerpos de negros enterrando un doliente por una bala política, por una bala usurera, por una traicionera.
Un día en la casa de Martina, su hermana, Benito dijo -déjalo que llore de alegría, mucho ha llorado de tristeza y de dolor... Pero tú no sabes que no es de alegría que este llorando, ha muerto el presidente Mon y estamos en duelo...
-¡Dónde harán los funerales? -preguntó a su hermana, que era adepta al difunto...
-En cada hogar habrá dolor por mucho tiempo, manifestó Martina...
-Me gustaría enviarle dos coronas, dijo Benito -una de huesos y otra de carne de reses.
Martina adoraba a su hermano Benito, pero conocía la militancia de éste desde cuando los soldados americanos de ocupación lo golpearon en la espalda y la cabeza siendo un niño todavía... por negarse a cooperar de guía en las cercanías de la Barranquita. Por esa razón... ella sabía que su hermano era una mina al explotar, lo dejaba decir... y por el gran amor que le tenía, no dijo nada cuando se sintió herida, por las coronas de huesos que su hermano había esgrimido como una espada. Martina sabía también que sus padres perdieron su único tesoro con esa orden anti-natura... recuerda la docena de chivas que ordeñaban las dos viejas burras aguateras, y los dos potrillos de ella y de su hermano Benito... Eso la puso de mal humor y llamó a los gemelos, a los que le había ordenado llorar, que rieran como decía el tío Benito... Se levantó de la mesa donde cortaba la ropita de las fiestas patronales de Guayubín, su pueblo... para el bautismo de los Mellizos... y llamó -Octavio -dijo ella -llama a Octaviano y dile que pueden seguir riéndose... por la muerte del presidente.
Octavio y Octaviano son dos gemelos de 7 años y 7 meses que nacieron el día 7 del mes 7; por haber nacido con esos detalles en Guayubín los conocían como par de siete. Eran muy risueños, rieron desde las siete cuando llegó su tío Benito, teniendo sobre los ojos las alas del sombrero de cana verde... y a ellos les pareció ridículo... Martina tuvo que intervenir porque si los dejaba terminaban llorando de tanto reír.
-Octavio -dijo Octaviano, vamos donde tío para saber si el sombrero de cana verde se usa cuando matan al presidente.
Martina, me voy -recuerda que me caso en el invierno. Benito dejó que los muchachos lo llevaran hasta el parquecito desde donde se devolvieron a reír por la muerte del Presidente Ramón Cáceres... a quien Benito le atribuía su gran marcha... mandar matar aunque fuera reses, es mandar a matar.
En el trayecto Guayubín-Navarrete, Benito pensaba en la forma de vivir de los familiares de Ramona... no importa que se presten las herramientas... pero el que sólo ve trabajar... que compre con su esfuerzo. Pensó— en los primeros años que van del 1900... y dejó las lucubraciones y se concentró en el paisaje: bandadas de garzas reales, de rolones con plumajes azulados y picos cortos, la hilera de equeje de piñón cubano, unas cuantas mujeres sembrando arroz en la regola. Con la imaginación veía reir a carcajadas a sus sobrinos y, a los de Ramona alimentar como Nodriza a las cerdas papacotas debajo de la mata de mangos vizcaínos. Tirarles granos a las gallinas y patos. No había humedad, la pocilga no hedía, Ramona tenía tres cerdas paridoras, los vecinos nunca se quejaban.
En el cumpleaños de Ramona, Benito vestía camisa negra mangas cortas, zapatos del mismo color. Estaba tan pulcro que los amigos no se acercaban para no ajar su ajuar. El en lo particular era ceremonioso. Veía de soslayo el vestido que convertía a Ramona en una jovial mariposa de jardín de verano... Era una falda de flores pintadas en blanco, rojo, verde y amarillo... y una blusa color orquídea cargada de rigor para hacer el equilibrio.
En el mediodía sirvieron un delectoso, delicioso sancocho de sólo tres carnes... estuvo el ambiente tan de colores que parientes e invitados desearon que en Tatania alguien cumpliera año todos los meses.
La bebida, el coctel de frutas, se había terminado, don Miguel buscó en sus cosas viejas y trajo tres botellas de alcohol casero... fabricado por él, al que llamaba Cerveza Don Miguel; la primera produjo tal explosión que El Mao, hermano de Ramona, picó un brinco del triple de su tamaño; era el más motivado de todos los concurrentes, Matilde le sirvió un vaso y se lo llevó a la silla donde se había sentado al lado de su cuñado Benito Olivo.
Según las opiniones de expertos catadores de bebidas caseras, era el mejor vino que habían bebido en toda la historia de su vida rural. Era maíz blanco, Matilde lo llamó Whisky Don Miguel... Al llegar los rayos de una luna tierna y primorosa los concurrentes ebrios de Whisky Don Miguel desearon todo tipo de felicitaciones a los hijos de don Fermín y doña Cayetana Cesaire... y de la bendición a los que habían traído a don Miguel y a don Benito a esta tierra de humildes trabajadores. Según uno de los ex enamorados de Matilde, Benito había llevado la felicidad a Ferminilandia.
Una tarde de tiempo muerto, Miguel había llegado de la propiedad de su mujer y hacía mucho calor. Fue directamente a la tinaja, que conservaba muy fresca el agua, y se tomó varios jarros que tuvo que sentarse de inmediato. En la sala de la vivienda estaba Doroteo Lango, hijo de Simona Medina. Fue para enterarse de la presencia de ese individuo en su hogar a esa hora... -Buena tarde don Miguel, dijo sin esperar que el dueño de la casa saludare.
-Buena tarde don Teo, dijo, ¿qué se le ofrece?, preguntó molesto el señor Cabrera.
-Tengo bastante rato en espera de su llegada, para que me preste usted una pala y una coa, dijo Teo.
-Ah, Matilde -dijo el esposo, -préstale la coa, pero no le preste la pala, porque hace más de tres meses que le presté una de corte y aún no se acuerda que debe devolvérnosla. As’ es mujer que hay que tratar a estos sabichosos. Ja, ja, ja, ja... rió un buen rato viendo que don Doroteo llevaba la verguenza en las verijas. Matilde quería que Doroteo se marchara, sabía que a su marido le caía tan pesado como una piedra de camino. Además los vecinos lo conocían como un picaflor mujeriego peligroso.
Don Miguel estaba muy alegre con los aumentos que se habían producido en el tiro de la caña, de 8 centavos que pagaban por tonelada, ahora pagaban 23 centavos. El café como el cacao también había tenido algún aumento; mientras peinaba a su mujer que estaba con la cabeza en sus piernas y el resto del cuerpo en dos sillas, pensaba en el regalo que le harían a don Benito y a su cuñada Ramona el d’a del matrimonio. Le habló por más de tres veces y al darse cuenta de que dormía, encendió la pipa y siguió pensando.
Pasaron los años y las intrigas continuaron, las malquerencias iban a las factorías, a los troncos de los cañaverales a los hogares, a los almacenes y hasta los muelles, iglesias... Los obreros como alcahuetes soportando la carreta de dolencias que provocan partos a destiempo en las casa de obreros y obreras.
Don Fermín era de líneas jimenistas, consideraba a los horacistas como venales, ambiciosos y fulleros... criaba gallos de colas largas... los gallos de colas cortas eran cucaracheros, bohemios corredores y hasta malversadores.. Como sus amos consumidores del vino del almacen del Estado... Antes de morir dejó a sus hijos la idea de Liberación, la de Honestidad y la de Honradez. Don Fermín odiaba los mangos bajitos.
En la sangre, Ramona llevaba los sueños de su padre y la esperanza de la madre de Benito; pensaba en un hombre cabal, honrado... sus pesadillas había llegado al final. Ni ella ni él tuvieron que apartarse de las energías familiares... su vida era un río cristalino frugal transparente... de corriente sosegada.
El matrimonio de Benito y de Ramona se efectuó en la más delicada y honrosa ceremonia. Hubo canciones, alegría, algarabía al por mayor y al detalle. La comida y la bebida casera... de todos los lugares: había representación. La naturaleza hizo el mejor regalo a los contrayentes, el d’a... más que esplendoroso era maravilla fantástica. Los rayos de sol amarillos llenaron de armonía el entorno de Tatania esa tarde.
Las primeras semanas fueron de íntimas relaciones... las relaciones vecinales fueron ocurriendo en la marcha de los días y de los meses... como ocurren las cosas en la sociedad como en todos los circuitos integrados en términos sociales. El primer embarazo, los primeros antojos, los apetitos raros llegaron con los caprichos. La gana de comer en Ramona desaparecía— según fue aumentando el tamaño y el peso de la criaturita, que nació— a los trece meses de haberse casado.
Juana Francisca había recibido el agua bautismal 16 días después de haber nacido... Matilde, como en otras ocasiones, llevo una botella de Don Miguel con muchos años de enterramiento. Esa tarde la pasó filosofando y declamando versos de Rubén Darío y de Pellerano Castro. Don Miguel trajo otra Don Miguel y conversaron hasta de los hechos heroicos de los familiares... Ramona y de Fermín. Dijo que no era ni jimenista ni horacista porque ambos quisieron como Báez y Santana arrendar la Bahía de Samaná. -Si hoy lo intentaran también, yo, Benito Olivo, fuera el primero en oponerme, -dijo, dejando escapar un hipo con olor a naranja alcoholada; es por esas razones que estoy en contra de la convención de 1907.
Mientras Benito se había robado toda la atención de los presentes, en los montes más cercanos de la vivienda se escuchaban gritos de lechuzas en celos o travesuras de envidiosos. Ramona sonrió cuando escuchaba al marido recontar las virtuosidades de sus antepasados.
Era 1920, miércoles del mes de marzo, los dominicanos fundaron la Asociación de Unión Nacional Dominicana, coordinada por los más distinguidos y conspicuos ciudadanos de la sociedad... coordinada por Emiliano Tejera. En uno de los núcleos del noroeste estuvo Benito Olivo, siendo el enlace de coordinación... Todos estos acontecimientos coinciden con el nacimiento de Juana Francisca, Evaristo, Julio, Julia, Niña, Hilaria Sandoval. Pero Juana, la hija de Benito y Ramona, parecía escuchar los que los mayores hablaban, mientras se chupaba los labios en la pequeña cuna.
Hacía cuatro años que el país estaba intervenido; el 24 de diciembre el contralmirante Snorwden publicó una proclama... declarando que el gobierno de los Estados Unidos estaba preparando la retirada de sus tropas... Cuando Benito, que se estaba tomando un Don Miguel con Matilde y el señor Miguel, protestó y consideró mentirosa la referida proclama del gobernador Tomas Snorwden.
Cuando Juana tuvo 9 Años, Olivo, que mantenía la estrecha armonía con todos los vecinos de Tatania y de Aromanía, habló de su tío Segundo Olivo -lugar teniente del General Demetrio Rodríguez, a quien consideró como el más noble y sincero de los militares de la talla de Desiderio Arias. Le decía a Miguel, su compadre, de la amistad que llegó a haber entre Segundo Olivo y el Cabo Millo. El general Regio Zaya era de Azua... pero tenia estrechas relaciones con los guerrilleros de la línea noroestana.
Así es, decía. -Sí señor, así mismo es, así mismo es, -repetía, para luego decir en concierto de risa, je, je, je, ji, ji, ji, je. Caramba, mi papá era amigo de Zenón Ogando... tío nieto de Juana Ogando, la última querida de Ulises Heureaux.
Cuando Benito tomaba Don Miguel, se convertía en sabio, en agudo filósofo y valoraba más las cosas que cuando estaba sobrio.

Ese día bebía con Andalio su cuñado, y Este le preguntó; cuáles eran las funciones de su tío Segundo en el estado mayor? a lo que sin ambage contestó -mi querido y noble tío Segundo (cuñado Andalio) era supervisor y jefe absoluto de las propiedades del Estado Mayor tenla funciones de supervisar los alimentos y las medicinas de los Generales y coroneles. En Segundo se podía confiar, era más que leal amigo, patriota a carta cabal por fuera y por dentro. Era un asistente íntimo secretario de guerra. Cuando mataron al General Demetrio, en el puente, de la guinea en Puerto Plata... lo ascendieron al rango de Mayor, lo condecoraron y encomendaron la entrega de las pertenencias intimas a su esposa e hijos del extinto oficial militar. El recibió como regalo por su fidelidad el sombrero que usaba al momento de morir.
Al concluir la improvisada reunión don Andamio preguntó- dónde queda Pepillo Salcedo, cuñado?- Pepillo Salcedo cuñado, queda en la cercanía de Monte Cristy. Es lo mismo que Manzanillo!
-Siéntese don Pablo- dijo Ramona ofreciéndole una silla al hijo de Nicolás Silverio, primo en línea de padre del Señor Fermín; cosa que agradeció diciendo... Te parece mucho al primo, tu papá, en las atenciones y a tu mamá en el talante. Sí señor!
Minutos no habían pasado cuando recibía un gran pozuelo de café humeante y acodó la silla al lado de Miguel y de Benito que escuchaban a El Mao hablar del General Desiderio Arias... compañero de guerrilla Demetrio Rodríguez, y los hechos de la Barranquita. Benito Olivo aclaró que Arias no se hallaba en la batalla de la Barranquita... Que quien se encontraba era uno de sus ayudantes y que hubo muchas bajas.
Dijo además que cuando las tropas se dirigían de Montecristi a Santiago en el 1916, quien atacó a los invasores fue el General Daniel. Carlos Daniel comandaba un grupo de patriotas de los que murieron, Máximo Cabral, Lucas Gutiérrez, Belarminio Rodríguez y Aquino Zapata.
Cuando Ramona recibió los elogios y halagos del señor Pablo Silverio, trajo a su nombre, la última de la cosecha... una botella de Don Miguel, saliendo una hora después todos ajumados. Ramón El Mao, que ya se había quitado la camisa, volvió a la casa de su hermana para preguntarle a su cuñado Benito dónde quedaba la mentada Barranquita- dijo Benito riéndose- je, je, je… se queda en los aleros de la Esperanza, en un cerrito de 75 metros je, je, je… Dijo desde adentro, en el municipio Esperanza!
Benito con ayuda de su mujer había realizado algunas mejoras a la casa y la que fuera de yagua ahora es de tablas de palmera con puertas de tablas aserradas de caoba y de roble, y el piso, era un preparado de ceniza con barro cocido, tenía aspecto de loza... aunque muy frío, era bastante fresco en verano. Los aumentos recibidos en el Ingenio y la ayuda de los frutos de la propiedad de Ramona son indicadores de que una mano prodigiosa suaviza las arrugas de los malos tiempos de la intervención imperialista. Después de la evacuación del último soldado Yankis.
A Olivo lo que más le preocupaba, era que el 17 de abril el senado aprobó la extensión del período constitucional hasta 1930 para favorecer a don Horacio Vásquez.
Doña Ramona había dejado por interesarse por los asuntos de la política, sin embargo cuando se trataba de intereses nacionales, ah’ estaba lista para ofrecer su opinión como premier de sus recursos. Un día dijo riendo -Mi abuelo materno era dueño de embarcaciones… Je, je, ji, ji... Eso si era bello de verdad… ju., je, ji, ji... pero un gobierno extranjero se robó -dijo- dejando de reír.
No era que la gente en Tatania fiestara más que en otras partes, todo lo contrario, en Tatania o Ferminilindia, como a usted le agrade, no hay vivienda que celebre durante el año, fiesta del santoral religioso. Pero don Benito celebra el cumpleaños a sus hijos e hijas... Esa tarde que estaba al lado del cura de Altamira que había venido a bautizar a una de sus hijas señal -muy entusiasmado, estoy muy contento cura, usted debiera también estarlo. Y tu Ramona porque no celebra con el digno embajador de Dios por tales acontecimientos... El cura que había programado pernotar con tan honrada comunidad, comiendo, conversando, bebiendo traguitos de vino casero con los comuneros de Tatania se amargó al escuchar hablar en contra de los interventores, se marchó sin dejar una mínima muestra de razones... No le agradó que doña Ramona dijera cuando se trata de mis crías o de la patria... ahí estaré como una gata, como una leona con garras amoladas defendiéndolas de toda agresión.
Para la llegada de 1930 ninguno de los dos confundieron los pétalos con la flor... la brisa movía como siempre las hojas de la arboleda, continuaron conociendo por el olor la humedad de la tierra, conociendo el animal por el canto o por las huellas. Empero en la atmósfera se podía oler un perfume... un vaho asqueante que se acercaba como un hurón que acecha las gallinas en el matorral y en gallineros, con cuidado, con argucia y sigilo... se avecinaba una tormenta, como quizá, la que avizoró el cura de Altamira... que no quiso compartir la alegría de los Tatanios con el último invasor que dejaba la tierra de Enriquillo; se acercaba una tormenta como las que se avecinaban al continente orgánico de la niña Juana Francisca, a quien las aromáticas flores de la adolescencia les rendirán homenaje y pleitesía como muestra de reverente afecto y cariño por ser cultivadora... por ser otra artista. Se acercaba con las ráfagas del ciclón y con la Tiranía del General Trujillo. Pero en Tatania los árboles eran tan altos como los vientos, resistentes como los flejes y muelles del catre que fuera del abuelo y de la abuela, podrían aguantar los vientos rabiosos de un tornado. Los cambios que los hijos de Ramona y de Benito sobrepasaban la furia de la señalada tormenta para convertirse en agente de acción... y soportar de esa forma la tormenta de la pérdida de los derechos individuales que acosa la tiranía.
En medio de las primeras décadas del 1900 el hogar de Juana Francisca era un manjar de sosiegos, los vecinos respiraban láminas del trabajo en equipo realizado. La mesa estuvo repleta de alimentos... la salud, la alegría, era parte de ese manjar de cada d’a. En Tatania la salud comenzaba con la higiene individual dando el rumbo común y colectivo.
Los vecinos llegaron a creer que era magia, la mesa vivía humeante de alimentos sanos y frescos... iban para ver los signos que Ramona tenia dibujados en la cocina o si tenla algún maleficio a favor del cuerno de la abundancia... Y ponían en las puertas de la casa cruces de sábilas y un pan viejo colgando...
Cuando Ramona se lo contó... Benito inició una risa involuntaria... ese día a las 9:00 a.m. y para las doce aún reía... con la misma energía del... se paró por la visita inesperada de un familiar suyo de Guayubín.
No es cuestión de suerte... decía el d’a de su risa... es cuestión de constancia y vehemencia, de perseverancia y conocimientos.
Juana Francisca sabía vivir en Tatania, aprendió a respirar el aire de la comunidad. Asimilando los viejos valores, incorporando a los órganos de dirección... Se integró a recolección de productos agrícolas como el más rudo de los varones. Competía con todos y fue campeona recolectora de cacao ratonero. Colectora de cajuil y de otras frutas... no es cuestión de suerte, es cuestión de conocimiento y ahínco. Es cuestión de fortaleza y de voluntad. Las batatas mías... un día -dijo- reciben caricias de mis manos, como si fuera una novia... je, je, ji, reía de ironía... para airear el humor. Por eso es que paren hasta en las hojas... Benito también se reía para armonizar con su mujer... y ese era el misterio del conuco de los Olivo Silverio. Muchas veces me voy a las matitas y le beso el cogollito, le doy traguito de mi sudor, cosa que a ellas, las matitas, les encanta.
Juana era una muchacha de gusto muy refinado, que la hacía ser diferente a las del entorno urbano y rural; llegó— a ser dueña de varias cerdas panderas, del trabajo hacia un momento de placer y jovialidad.
La vida de Ramona y de Benito nunca halló bache ni brisas tormentosas que pudiera lesionar los intereses de ese hogar de mágicas luces.. Las brumas eran disipadas con la mejor y mayor tranquilidad... Con el nacimiento de los otros y otras hijas de ellos, el gran abanico familiar lo integraban Fello, Ana, Negra, Maricusa, y Angel. La familia de Ramona y de Benito se llevaba muy a gusto con los parientes... con los hijos de Miguel y de Matilde, que eran como los de Andamio los más mayores.
Doña Matilde, doña Ramona y Angelita, Andamio, Ramón El Mao y los otros y otras hijas, nietos y nietas... se preparaban para dar el último adiós a sus progenitores... estaban en el anochecer de su existencia...
En cada ensere y objeto de la casa vislumbraban el rostro de los amados padres idos para no volver... Ramona ve’a a Cayetana sentada en el jardincito quitándoles hojas secas a los gladiolos y a los claveles negros que era su distracción... Ramona veía a don Fermín tocando el saxo de higüero... las noches de luna y muchas veces lo encontró en el alerito de la enramada haciendo pares de aparejos; un d’a Matilde lo halló encendiendo el cachimbo de pluma larga y le hizo la señal del silencio para que no se asustara.
El Mao era uno de los hijos de don Fermín con mayor visión y encantos para conversar con los finados, con los difuntos. Dicen que estaba evacuando en un montecito, el Mao, que no llevó papel, se levantó para coger unas hojas secas de rulo, que son muy suaves, pero no las necesitó... porque el viejo Fermín se las pasó y se reía... otro día de noche, pero muy obscura como la conciencia de un prestamista, El Mao se le metió ir a bañarse al arroyito de la quebrada, pero por los saltos de pelao... Cuando terminó de secarse con las manos; escuchó la voz de su padre que le dijo... No señor hijo, no me deje solo, que los muertos no se alcanzan las espaldas, ven a enjabonarme...
Ramón sintió un escalofrío cuando escuchó la voz de su extinto padre y jamás volvió a bañarse ni de d’a en la quebrada.-
Los Guanabanitanos y los tatanios obtuvieron consenso para construir un cementerio en la cercanía de sus predios y tener sus finados contentos, llevándole flores y/o raciones los días de guardar... La muerte de Fermín y de Cayetana sirvió para organizar el pensamiento en los antepasados como gloria familiar.
Los residentes de Catania y de Guanabanía como los del entorno del arroyo capitán mientras tantos siguieron llevando flores a sus deudos al cementerio de los Bonilla...
Era fiesta de San Antonio de Padua, la iglesia estaba repleta de varones más que de mujeres, era la comidilla de los que llevan cargas ajenas, pero las que se hallaban esa tarde eran las hijas de los que se creían de la oligarquía campestre de Tatania, Aromanía, Guanabanía y de Los Trejo. Ramoncito Taváres, hombre de baja estatura... miraba de lejos los movimientos de los alrededores de la iglesia, se aproximó— a Ramón García, apodado Cuba, para enterarse de quienes eran esas muchachas con tanto brillo, con tanto confort... dijo más cosas que no se escriben en castellano... -Son las hijas del difunto Fermín Silverio, aquellas son las nietas...
El enfermero, miraba a la niña Juana Francisca pero de quien se quedó boquiabierto echando baba al bolsillo de la camisa fue cuando vio a hermana de Juana Francisca y novia del Señor Cuba, con quien él conversaba... Mire esas tres son hijas del señor José del Carmen, la del vestido rojo es Petronila, la del vestido verde se llama Victoria, y la del vestido blanco es Tomaza... El enfermero... se puso las manos en la frente para hacerse sombra y poder ver las que venían saliendo de la puerta del lado izquierdo del templo ¡ah! Señal Cuba, antes de que R. Taváres le preguntara... esas: la del vestido azul es Ceferina, hermana de las anteriores que le mencioné y para no cansarlo con nombres, esa que se acerca con la sombrilla negra es mi hermana, nosotros le llamamos Téllez; pero quedó sumamente inquieto con la lozanía de la cara de la hermana de su informante... cambió de color, creyó que le dolía la cabeza y caminó; pero tuvo que acodarse, porque cojeaba del pie izquierdo... no pasaron dos ni tres meses para que Téllez fuera la esposa del enfermero que había llegado a Guanábano sin saber de dónde, ni cómo, ni cuándo aquella tarde.
Las hijas de Ramona y de Benito estuvieron en la misa de la fiesta de San Antonio... a pesar de ser las jóvenes de menor edad, impresionaron a muchos varones del entorno y de los contornos. Juana, era la mayor de ellas, hasta los varones guardaban distancia para actuar... era cuestión de hogar, de información... Juana no soportaba mala crianza ni conversación chabacana, ni insolencia a ningún precio. No aguantaba la mentira... ni cuando con esta se haría un bien a alguien -mentir es matar... decía, es asesinar la verdad. Tampoco permitía que le quitaran su tiempo. Lo consideraba con más valor que el mismo dinero, es más valioso que el oro, vale más que el petróleo, cuando comenzó a destituir y entender los bienes de consumo... -No robe el tiempo a nadie, pero tampoco permitas que te lo quiten. Es falso creer que es... lo que dicen de él... Vale mucho más... decía tratando de que sus hermanos siguieran las líneas trazadas por sus padres.
Benito sofrió mucho la muerte de su mujer... y parece que con ella se fuera esa energía festiva que aureaba su vida juvenil. Sus hijos e hijas lo advertían los ojos de Olivo estaban tristes y nubilados en una distancia sepulcral. Por eso Juana decía... debo encargarme del rol que me encomendara mi madre... Vela por mis hijos, por tu padre y por tus hermanas... también apoya los hijos de tu padre... es mi compromiso y juro por ella, por la hermandad, de la familia que haré lo que sea honesto para que se cumpla su deseo. Abrió de par en par las puertas de su corazón para recibir a los hermanos, primos, primas, por la línea que fuese.. La conversación de Juana Francisca identificaba el ambiente, llenaba de aroma de franqueza sin penetrar a los límites de las propiedades ajenas. En la soltería estuvo consciente de los espacios ajenos y de los continentes sociales Rossonianos y Hostosianos... por lo menos en la praxis y sembraba (en las huertas del jardín que heredara de su madre) la semilla de la hermandad, humanismo, amistad... Juana escuchaba la voz de su madre todas las mañanas, la risa en cascada, en las esencia de los tonos de su voz... Cuando reía o cantaba o acosaba las gallinas o cuando el fuego de resina aceitosa cantaba... Ahí estaba la voz de su madre. Juana hablaba con Ana y Maricusa, le con taba de la madre buena, la misticidad y la inocencia que había en las mejillas en aquel atardecer de negras rosas pálidas y mustias. El aguacero que caía no las dejaba escuchar. Ana se sentó en la puerta para ver pasar las hilillas de agua cargando desperdicios del comejen que en la mañana destruyera Fello para huevar a las gallinas. Era enorme el aguacero... Los muchachos salieron a recoger frutas que arrastraban las aguas que se deslizaban de lo alto de la loma. Juana convocó a todos para lavar las paredes de la casa y así aprovechar el aguacero. También lavaron los corotos y enseres de la cocina, pero duraban demasiado, el agua de lluvia producía muchas lavazas... donde Matilde, Brígida, Toñita y Hermelinda dirigidas por Angelita lavaron hasta el pilón centenario, las palanganas cocoroteras y cocharrateras del viejo Miguel fabricar el don Miguel; al retirarse el aguacero como había aparecido, las flores tenían olor diferente.
La frescocidad, la cromatina penetraba en el olfato y visión de los tatanios románticos con mayor armonía y gran apego de poeta rural -¿En qué piensa hija?... preguntó Benito a su hija Ana... pensaba en mamá, respondió con dejo de huérfana adulta.. Y usted, como le ha ido, papá... me ha ido bien hija, respondió, haciendo un buchito con los labios.. El abrazó a su hija y ella sintió los latidos del corazón de su padre como el campanario del viejo reloj de pared que no descansaba aún tronara o ventara.
En el patio, los muchachos jugaban, unos y otros recogían las leñas de los secaderos, la llevaban debajo del fogón de paja y tierra. En la noche, Fello, era el encargado de mantener fuego y enterraba un buen guardián... y desde una silla de guano Benito pensaba desde cuando existe el fuego... cuántos habrían muerto por defenderlo... Cuántas tribus se hicieron enemigas y amigas para obtenerlo? Sacudió su cabeza cana cuando la Negra se le sentó en las piernas y él con dulzura comenzó a pasarle la mano izquierda por la cabellera.
Papá, llamó Ana Alicia, -¿de quienes son estas cajas? Tú preguntas demasiado -dijo Fello- en vez de traerle una tacita de leche condensada. Parece una gata prieta
¿Por qué no le quita las botas; y le trae una toalla para secarse el sudor? Sólo... pregunta... pregunta y repitió once veces... que esto... que aquello, que lo otro... (No hombre) dijo y salió molesto.
Benito se reía, gozaba oyendo a Fello, tan saleroso y apegado a la tradición de Macho... Son todos parecidos pensó... Unos vuelan y otros corretean. Fello entró de nuevo pero esta vez diciendo: habla, habla, habla... Pero el viejo bostezando en una silla, eso, eso... No Hombre... Caramba -es verdad dijo Juana Francisca- Fellito tiene más que razón... Y en seguida calentó un jarro lleno de maicena y se la dio a su hermano F. para que se la entregara a su padre. Después entró las cajas había media docena de toallas, una y media de sábanas, seis unidades de cortinas eran copos de nieves y de inmaculadas gasas.
Varias lágrimas tristes caminaban por el rostro pálido del señor Olivo, el recuerdo de su esposa recordaba a su madre el buen hijo será buen marido y buen padre!.. Pero esa tarde que lloraba terminó riéndose porque su imaginación le trajo el grato recuerdo de su padrino que “mordía la mordida mordiendo el aire” je, je, ju., ju., eje, dejaba que la risa se deslizase por el torrente terapéutico de su tristeza vespertina. ¿Qué tiempo tienen esas cajas sin destapar? -pregunto Angelito a su padre. A lo que le respondió de inmediato... casi tres años y seis meses... no las movieron, Juana ordenó llevarla al río a primeras horas de la mañana. En la tercera caja había varios sombreros de la época. Uno tenía una cola de caballo...
La comunidad era relativamente próspera. La pobreza rondaba los aleros de las viviendas de los trabajadores del “Amistad”, en la zona cañera... en tiempo de zafra los perros y los niños del batey están casi mejorados pero en tiempos muertos las costillas transparentizan la miseria de ese malestar social.
Las lombrices llegan a los bohíos del laborioso trabajador azucarero y hacen crecer las barrigas del niño matándole poco a poco los huevillos en el agua y en los alimentos, que en los bateyes ingieren, es caldo de buena crianza, para la fertilidad de una muerte segura de los indefensos menores. Benito y Miguel; lo sabían pero cómo lo resolvían, la forma se había hecho difícil, estaba en manos de los patrones, de los oligarcas, de los agentes del imperio.
La familia del señor Olivo se mantenía unida, comía junta y rezaba al anochecer... un día Juana -señalo... pienso que debemos modificar el padre nuestro!, es contradictorio... debiera decir santificado es, no sea. Dios no puede ser, porque ya es... Tampoco ha sido porque es y lo que es no sea ni sido... ya es que es el estado de pureza y de culminidad. No es una entelequia sino una perfección. El perfecto nunca será, no adquiere categorías de ningún tipo o tipos por haber llegado a su máximo estado físico y moral.
Los muchachos freían en el patio dos pollos que Don Benito había traído de Guayubín junto con las cajas; los otros andaban buscando leña para los guamales.
Meses después Juana dijo a su hermano Angelio... prepara el terreno para que hagamos la hortaliza, pero hazlo con buena medida... tumba lo que sea necesario... debemos producir comida... hay que auxiliar a nuestro padre, ha laborado bastante. Aunque está muy joven debemos meterle las manos hasta donde él las acepte.
En poco tiempo la cornucopia volvió a la mesa de los Olivo Silverio... Quien come ríe -decía mamá murmuró Juana Francisca. Y papá Fermín decía ¡con hambre no se va ni a la iglesia...!
En la casa de Don Benito había un gran letrero que todos los caminantes podían ver y leer, ¡Mente clara en caminos obscuros...! lámpara encendida aun esté el sol afuera. La Tatania era una estancia de rezadores, la mayoría trabajadoras vehementes. Había contempladores y programadores de jornadas y de lidias de gallos de un ariel hay que hacer un vergel... ah’ los –ames piensan, las batatas cantan y los guineos visten de amarillo... del excusado hicieron hortalizas, ah’ los tomates pintan y sonríen los repollos, mientras las tayotas hacen piruetas, en las ramas los aguacates atienden cualquier llamada... por si acaso... de los corrales tocinetas y morcillas y filetes y trompitas... del pradito, que chiquero fuera, ahora fábrica de queso...
¡Qué hermosa es la cara de la tierra! Dijo Angelito a su hermano mayor. La miel del café y del cacao ha llagado a los ojos y el sudor con que han lavado la cara de la tierra, han bañado la semilla que hoy crecen en los peñascos y en los peladeros.
La casa del señor Nicolás Silverio quedaba al lado oeste de la señora madre de Juana Francisca Olivo, sus hijos eran también trabajadores, pero aparecían amarradotes de chivas y contempladores de nube jorras, contempladores de caravanas, de hormigas bobas como una diligencia del oeste; aparecían contempladores de lagartijas sacándose las lenguas en los troncos de los copeyes.
Había ebrios, libadores de néctares de amapolas y de la flor de campana...
En la enramada de la mata de caoba. Debajo del higuero, sentado en la vieja mecedora... está el viejo Nicolás S. con las manos en las sienes y después en la barbilla. Un fuerte dolor de muela lo tortura con más odio que el que emplean los secuaces de los dictadores para hacer confesar a un inocente. Piggin Medina Minaya, que cruzaba en esos momentos por el patio, lo vió que jimiqueaba su dolor... le preguntó, ¿qué le ocurre a usted primo? En los tatania no había nadie con el humor tan pesado como el de Don Nicolás, por eso respondió -y a usted qué le interesa saber lo que me pasa !carajo! Dijo y pis— más duro que un rodillo de allanar solares. Pero Piggin, que lo conocía le envió a su hija Cándida a llevarle un remedio, con jícara de coco seco... aceite de culebra... Nicolás cuando vió a Cándida... muchacha de nobles cualidades... que a Nicolás lo excitaba, tiró a un lado el dolor y dejó que la muchacha le pusiera el remedio; con el que curó en solo sentir la respiración de la encantadora trigueña de cabello nocturnal.
Nicolás hizo saber a Cándida que no fue el remedio del viejo padre de ella, sino las hermosas y delicadas manos suyas... como ya estaba oscureciendo enviaron a Lolin y a Pablo a encaminarla... Don Nicolás era padre de José del Carmen, de apodo Pepe, y de María, Lucía, Felicita, Emeteria... Doña María Decena Minaya, su mujer, después que se había la joven Cándida marchado con sus hijos, manifestó... en unos días Colás... se te caerán todos los dientes, porque lo que parecía aceite de culebra era de perezoso.
-Tal vez tú crees que es a mí que tus hijos salen pendejos, contempladores de nubes y de caravanas de hormigas bobas, no... No señor, es a ti... yo me hice el bobo para que Piggin me mandara a Cándida a pasarme las manos en la cara... Je, je, je... dijo en silencio más de una vez.
El año 1935 se asentaba en la amplia rama oriental del árbol de la isla... dos años antes de la fecha escogida para el suicidio de guerrillero solitario, y dos también para que el dictador ordenara el exterminio de todos los haitianos que hubiere en el territorio dominicano. Hacia unos años que las montañas nuestras abrazaban y protegían a Rafael Enrique Blanco Sosa, líder de las montañas del norte... tanto Enrique Blanco, en la loma de Jamao, se enteró, como Benito Olivo, en las de Tatania, del cambio del nombre de la capital... el seis de enero de 1936, el Congreso de la República por el nombre de Ciudad Trujillo. Y como si fuera un carnaval el 2 de octubre (mes del Jefe) autoriza la muerte de los haitianos que estuvieran en el territorio nacional. Las aceras, los contenes, el polvo, las arenas, los conucos, bateyes, arrabales, trillos, callejas, atajos recovecos redondos, el río, las aguas, las piedras, en fin todo el amplio ramo de nuestra Arbologia nacional quedó mancillada con la sangre de hermanos haitianos, de hermanos inocentes... las montañas que entregaron su bosque para proteger a Enrique Blanco, no pudieron guardar el miedo de las almas de las madres para cuidar y proteger a las crías que luego aparecían en las bocas de los gusanos y los labios de las hormigas. Esas madres parturientas llevando además del de su vientre... uno al anca y otros en las espaldas.
Enrique Blanco fue amigo del padre de Juana Francisca, la casa de Benito Olivo se llenaba de jóvenes y de viejos para escuchar las anécdotas del lajendario guerrillero...
-Lo conocía como las palmas de estas manos -decía Don Benito... era alto, de piel morena, cabeza grande como sus orejas y su boca. Los cabellos eran suaves, casi lacios... los ojos cuando el sol era muy caliente, cambiaban para verdinegros. Don Benito no podía dejar pasar la hermosura que le ofrecía la naturaleza e interrumpió las historietas de Enrique Blanco y complació su gusto para observar los argentados rayos lunares que mordían las copas de los verdes árboles de Tatania... Aprovecha para encender un cigarrillo, dijo- riéndose: -je, je, je, je. Ah que si lo conocía. Ya les dije sus condiciones físicas... siendo más o menos las 8:35 minutos de la prima noche, casualmente de luna, Enrique entró a la mansión de Don Piro Estrella, el General, y aunque a mucho le parezca increíble... por la ventana donde el viejo caudillo militar cibaeño estaba sentado en silencio sin alcahuetada... no se asuste que no fue a matarlo que vine... vine para que me preste 50 centavos... que a esta misma hora se lo traigo mañana. Mientras todos los concurrentes estaban sorprendidos por la impavidez del guerrillero, Benito reía complacido. El que cuenta decía -que el general tuvo un orgasmo del susto... y le entregó la cartera... que tenía en la camisa de rayas como una pijama... Cuentan además que a la hora indicada llevó los 50 centavos y un mechón del bigote del oficial de la seguridad de la casa, como rédito. ¡Ansima mesmo!
Las relaciones que Juana mantuvo con los jóvenes de los vecindarios era la normal en toda muchacha de recato. De los hijos de Juan Paz Medina se llevaba bien con Julio y con Evaro, por creerlo unos de sus parientes, eso no era así con los hijos de Flora García, como fue el caso de Víctor... que la acosaba... con afanes de conquista... todos sus primos en los diferentes grados la respetaban y la cuidaban... Ella se sentía muy cómoda con ese tipo de relaciones amena y confortable.
Las familias, hogares formales y completos estaba el suyo, el de don Pablo y José del Carmen, el de su tío Andalio, el de Domingo Silverio y Faustina como el señalado de Juan de la paz y Flora García y de doña Felicita Silverio.
Basilio Silverio, hijo de José del Carmen, se casó con Bertilia Cruz, hija de Juan de la Paz Silverio Medina. Fue éste el primero de las uniones matrimoniales formales y no formales que en los sucesivos acontecieron, como cuando una broza de paja encendida cae en un corte de caña
La población de la República era extremadamente exigua en los años 1924, después del desalojo de los imperialistas americanos, ascendía a 894.665, pero para el año 1935, ya tenía una población de 1, 479,417 habitantes... Producto de los padrinazgos que por montones realizó el tirano para aumentar la simpatía y aceptación de campesinos que no tenían manera de contraer matrimonio por las carencias económicas en que vivían. Muchos ahijados del presidente recibían casas amuebladas y con otras necesidades cubiertas.
La población para el año 1950, era de 2, 135,872 habitantes. Para esta fecha ya la joven Juana Francisca tendría a sus primeros cuatro hijos de una docena que la vida le tenía en reserva. Pero esto sucedía en nivel de municipios y de provincias. Lo que parecía un acto de dádivas y benefactoría era una inversión, un acto puramente de usura política.
Las hijas de don Andamio que casaron en esos días sin el patrocinio de la tiranía fueron Crucita y Francisca Silverio Taváres. Muchos eran los pretendientes que como en una nueva tejedora de sueños, aspiraban los amores y los sentimientos de Juana Francisca Olivo y de Ernestina.. No fueron unas, fueron varias las velas a colores que fueron encendidas alrevés, para que la estrella de Ernestina, alumbrara el camino de sus deseos, pero el sol o la brisa de los sentimientos de Juan Diloné terminó apagandolas.
El aura de la estrella de los Olivo Silverio, refulgente cual sol, brillaba cada d’a más y las energías demoníacas de los pretendientes consuetudinarios, sal’a como súcubo por los ventiladores del rechazo. Juana no creía en santos milagreros, pero s’ en las espigas de la huerta donde crece la energía espiritual, que enfoca a los altares de las nobles ejecuciones para enfrentar a los fluídos demoníacos que rondaban los aleros en la vivienda cuando entraba a la pubertad con las cargas de los pólenes, envidiados por amargos codiciosos, que no tenían intensiones de pisar los peldaños de la escalera nupcial. Pero don Benito sabia, conocía lo que se cocinaba en casa, un d’a dijo -por el perfume te conoceréis... y como casi siempre ve’a el lado derecho de las cosas, se reía en silencio. Sus hijas eran flores fecundas de un vergel que él había regado con sudor y lágrimas.. Sabía que un nieto del difunto Nicolás andaba enamorado de ella.
Hacia once años de la muerte de su mujer, el señor Benito tenía una nueva compañera, la que seria la madre de Ramón, Marino, Porfirio, Carmen y Santiago.. Pero a él le preocupaba que cualquier sinvergüenza se acercara a sus hijas.. Empero supo que Sebastián y su hija Juana estaban enamorados.. Dormía con un ojo abierto, pero más por los otros.. Por un lechuguino que rondaba a la Negra. Estaba atento a la falibilidad de hijos e hijas.. Muchos los vieron cruzar barrancos, cañadas, quebradas con un machete en bandolera... cruzaba huronéelas, bejucales buscando al boyerita mujeriego sin hallar nada, ni a nadie. De la hacienda La Jagua llegó a Maluca y regresó con un palo cargado de recelos, se sentó en la silla de la puerta de su aposento a esperar un jarro de café humeante.
Era tiempo de frutas, compra de café, cereza y cacao acabadito de picar. Era tiempo de frutas y los compradores iban a las fincas... un ciento de aguacate de embarque valía 85 centavos y los más grandes se cotizaban a 105, — sea a un peso con cinco centavos, es decir alrededor 1 dólar americano.
Sebastián, hijo de Don Pablo y la señora Eulalia Trejo... colectaba frutas que vendía a los compradores en la puerta de las estancias y en las bocas de los conucos... recogía limones dulces, caimitos, granadas, guanábana y hasta guayaba, que en las playas se podrían. Pero Sebastián conocía de los nutrientes de las frutas...
Ferminilindia era umbría, fértil, dulce como la piña y los mangos, era alegría por sus gentes... y el trinar de sus pájaros y el susurro de sus cañadas a flor de tierra y gramales.
El padre de Sebastián era dueño de dos tercios de los predios de Tatania, se reparten el otro tercio de los hijos de Andamio y nietos de don Fermín Silverio... entre esos están los hijos de Ramona y de Matilde. En Tatania abundaban las palmeras, los cocoteros los guamales produciendo frescas flores para el desarrollo del cafeto y de cacao. Tatania era visitada por tours de cazadores de frutas, de pájaros y buscadores de leñas. Era curioso encontrarse de tarde con jóvenes con vasijas y bultos repletos de mangos de cualquier clase, pero los más codiciados eran los llamados Agusto abajo!, por el dulce sabor que tenían en la punta de mango.
Cuando Sebastián iba en busca de estas frutas el mejor hallazgo era para su padre y para su madre. El era uno de los tres primeros hijos del señor Pablo Silverio. Los otros son Tomás, Juan Francisco Silvestre, José, Isabel.. y Mariano... son las hijas: Luz, Lola y Raymunda. De los hijos de don Pablo ninguna labor en el central Amistad, ni tampoco se inscribieron en las nóminas de la compañía de don Félix... que se perfilaba como la gran empresa de valor económico en todo el entorno provincial. Sin embargo Juan Francisco quiso probar fortuna y termino en un cuartel del ejército, donde permaneció laborando al servicio de la capellanía católica por los años de los años. Entre los hijos de José del Carmen que fueron empleados de centrales azucareros está Eustaquio, quien trabajó en el Central Esperanza además del de Amistad y Montellano. Sebastián, que rezaba en español y en latín era muy distinguido entre los feligreses... rezaba el padre nuestro y la letanía en latín... Leía y rezaba y leía. En su alma yacía la plataforma suntuaria, pero dentro de él cohabitaba la semilla de la procreación humana, de la vida humana, de las condiciones físicas, económicas e intelectuales.
Después del matrimonio de Ramona, los habitantes tatanios, no habían tenido otros encuentros para reir sino para llorar. Desde el entierro de Ramona, que lloraron y rezaron, no se reúnen para nada... solo para comer los pecados del extinto familiar.
Hoy se reunían para celebrar el cumpleaños de Juana Francisca Olivo, que crecía en la fécula de sus padres en compañía de sus nobles tíos, hermanos y hermanas; era un mágico espejo donde deseaban mirarse muchas, el ideal cuerpo y persona. Pero hoy recibía los olores más puros de la jardinería de los contornos aromaniles guanabaniles... Don Benito entregaba el regalo a su hija pero lloraba de alegres recuerdos y en la cintura de Juana Francisca veía los reflejos de Ramona, su amada e inolvidable extinta esposa, que permanecía viva en su enamorado corazón... en cada pensamiento la resucitaban, la traían para contarle, enviaban una señal de simpatía de amor, unión y de concilio comunitario, de gestión de garantía colectiva e individual... la miró, estaba hermosa, con el traje que le habían comprado esa tarde, la veía pura, nívea.. Como las vírgenes inmáculas, como núbiles brotes de azucenas y de petunias abrileñas.. Allá en el blasón la tricolor bandera amada y besada por los aires confundidos con los ramajes delgados del viejo tamarindo, en los follajes del limoncillo de la tía Matilde, toque heroico, puerta de lo viejo, a lo nuevo buscando nuevos horizontes, izando la bandera del decoro familiar de los Olivo Silverio... en el atardecer de vuelos de mariposas, aromaterapia, jugoterapia... sustituto de los besos y los abrazos y de los apretones de manos, los suspiros de emergencias... energías improvisas.
Los apretones de manos, los sollozos, todos muy humanos eran muy diferentes, hacen muy felices al compás de los aplausos y de risas a la niña Juana Francisca. Eran diferentes, trabajaban y rezaban, reían y lloraban. Lo sabía todo el mundo hasta los mentecatos. Juana no lo soportaba, lo veía de soslayo... era una mujer de líneas verticales, sin dobleces, sin arrugadera, ni parche... Su vestido nunca se manchó... no lo secó con el sol de la corruptocracia que alumbraba en casi la mayoría de los vecinos del contorno intramunicipal.
Sus manos se mantuvieron como la de sus antepasados, limpias, con las uñas aunque largas, transparentes... estuvieron pulquérrimas lejos de los efublios de los apocílgales y de los fangales y de los lodazales, de las miasmas habitadas a los cuatro vientos del norte de los mares del caribes
Benito celebraba en ella, los quince los de blanca blusa... de anhelos de ventura, esperanzas y deseos de dulces sueños, sueños blancos sin temores, sin arrogancias viendo los vuelos de tórtolas en los fraguas de la risa de Chang, al aproximarse al lado suyo para entregar un beso como único regalo libre de envoltura física.
Su primer beso... quince años de felicidad, de alegre, diáfana, cubierta de cálices y néctares sobrios embaulado en el fondo de la nobleza donde se respira sosiego... cruzando el puente para encontrarse libando el licor del primer y único beso.
Varios días transcurrieron desde el cumpleaños para que Juana llamara a sus hermanas y hermanos y les manifestó... que había que atender más a su papá también para agradecerles la forma límpida de manifestarle (a ella) el afecto y el cariño como lo hicieron. La escuchaban con mucha atención e interés Juana repartía una torta que hacía, con harina de maíz y de trigo, para la ocasión, hecho cuando Juana inició la reunión, también la naturaleza convocaba a los truenos, relámpagos y hasta granizos y la tertulia de los hermanos y hermanas Olivo no se escuchaba con limpieza.. Cuando vió que comían con gusto el pedazo de bizcocho dijo -no deseo nada para mi, lo que deseo (hermanos...) es más cariño y más amor para papá. Se levantó de la silla, el perfume de las flores del jardín entraba con la humedad, por la ventana donde fue a mirar caer el agua. Con el cuerpo de mamá, una parte de papá -Benito- se fue con ella... Fello propuso celebrarle todos los años, sus cumpleaños.
Sebastián era jovial, muy cuidadoso y moderado... abnegado, generoso y paciente. Amaba la naturaleza en la que se refugiaba cuando sentía la ausencia de algo dentro de sí... buscaba y hallaba asilo. Huía de las aglomeraciones, no era de la gente, pero necesitaba pensar y en el bosque encontraba paz. A él le molestaba: que los come frutas, arrancaban las hojas a los árboles, para secarse las manos o la boca, cuando terminaban de comerse el jugoso manjar, que le deparaba la naturaleza. Había que agradecer... decía a la naturaleza la deliciosa sombra la deleitosa y amistosa pulpa. Hablaba con alborozo de la caña, del cajuil, de las granadas, del misterio del agua en el coco. Aprendió a comer las frutas, cuando estaban maduras.
Siendo un adolescente alfabetizaba a los iletrados que eran machos -en la enramada de su hogar, hablaba de lo importante de saber leer, de lo grandioso que era descifrar los pensamientos grabados en algún material... era lo sublime de lo humano el hablar y el leer.
La mayor parte la pasaba en la lectura de los profetas y evangelios, en el nuevo y en el viejo testamento, como en la sombra del bosque: encontraba sosiego. Leía los profetas menores y los mayores... Chang, que era su apodo, tuvo una infancia para imitar, una adolescencia para emular, y buena adultez para igualar. Fue lámpara, cortaba brumas, linterna entre nieblas... Se convirtió en joven-escuela; en joven iglesia; en joven conuco; hortaliza y potrero, en joven pocilga. En unas palabras conclusorias... se convirtió en joven-matrimonio, joven hijo, joven-hermano... novio, esposo, padre. Fue impermeable, dejaba caer la llovizna de la corruptela sin mojar la camisa. No se dejó arrastrar por el tirano y la tiranía. No quiso ser el bacalao, el arenque, los condimentos de aquel horrible locrio. ¡Mucho menos harina o el arroz!
La vida de Sebastián y la de Juana, era muy parecida, fueron perpendiculares, eran dos flores honestas en medio del fastidioso fangal de los años de crímenes y delitos, fueron líneas de ángulos suplementarios.. Arboledas en raíces, manantiales que humedecieron la asperidad de la pobreza en los entornos de Tatania... Fueron fuente de luz y noria para ser peregrinos y viajantes... Dieron de beber en las norias que luego ambos fundaran. Apagaron sed y apagaron el hambre y sacudieron el polvo del camino... Se convirtieron en panes... en vino, océano y santuario... embarcación de pasteles ración de batata, de arepas para el buscador de nuevos horizontes. Fueron arboledas, manantiales en arieles, circunferencia de religiosidad, oasis en el camino, líneas cruzadas formando cuatro ángulos rectos... ofreciendo una tesis, una teoría, una hipótesis... pero haciendo un horno... un buren... cuatro cuadrantes, cuatro ángulos... cuatro manos amasando un pan.
Rayando mazorcas de maíz, yuca alcoholada, moscota. Juana y Sebastián: cuatro ángulos rectos, círculos cuadrados, pailas, embutidos. Obreros haciendo una zanja para desviar el camino. Hornillas y artistas inteligentes transmitiendo las energías al compañero ausente... que se fue el día que enterraron a Mambrú. Se había ido llorando cuando hubo de irse para la guerra. Pero salieron a la pista donde estaba encendida la lámpara votiva en un platillo de sal.
Los soles de Pablo y de Eulalia, las estrellas de Ramona y de Benito se cruzaron las raíces, las líneas, las luces de abuelos, se enlazaban en guedejas las cabelleras europeas, con las madejas antillanas, afro antillano afro caribeña...
Esa muchacha -dijo un día Pablo- es muy diferente, posee el mismo aura de dos de mis hijos... posee el don de la paz y el de la búsqueda de recursos sin destruir... en lo primero, es como mi Sebastián, pero la que Sebastián... posee, esa energía que posee Chang, nadie la posee en todos estos entornos, Es dueño de la más grande espiritualidad... es mística, ética y moral... La de ella es un almacén, es de bodega... es contable... el aura de mi hijo Sebastián es de templo, de academia, de santuario... es del silencio... Ahí reside su poder, en la meditación.
Eulalia dijo Qué le parecía, que estaba exagerando demasiado en las consideraciones sobre Sebastián, pero Pablo le dijo tú lo pariste y no lo conoce..., es un gran individuo, debemos cuidarlo. Lalo dijo según iban desarrollando iban creciendo los poderes que eran heredados... por líneas de sus antepasados pero lo calló para no alborotar las avispas... No digo nada nuevo- lo asegurado por usted -es así- señaló.
Eulalia -dijo también, que los dos se complementaban lo que falta a él a ella le sobraba y viceversa. Debemos apoyarlo, no lo enviaremos al seminario, no, él posee otros dones que debe cosechar.
En la enramada de Matilde, los muchachos amolaban los machetes y las mochas, la zafra había comenzado - dieron corte en San Severo -dijo Tino a su padre, que estaba en cama enfermo.. También dieron en Varaguana, en Saballo; dieron en los cafeses. Santo no decía esta boca es mía, pero, pero deseaba decir que él no quería ir mañana -Me quedaré en cama, me haré con dolor de muela... Tino fue el único que lo escuchó y le dio en la sentadera, con la mocha en plano. No digas tontería, tu no ves que papá está enfermo... que muchos plátanos nos compró.
La tarde había oscurecido muy temprano y estaba bastante fría, en la cocina Juana y las hermanas preparaban las sazones, para el chambre de guandules. Los muchachos y Benito estaban jugando dominó, así daban tiempo para esperar la cena sin ninguna mortificación. A la enramada llegaba el olor a orégano y a tocino... el olor a ajo y a cebolla se esparcía entre los matorrales, llegando hasta los Sacarías cruzando palmeras y montañas...
En el norte, a las alturas de Isabel de Torre unas nubes muy blancas, como un archipiélago de algodón, de bagazo de cañaveral, se movía. Como si hacía el cruce amoroso y como orgasmo manifiesto cayera luego la llovizna, muy refrescante en los aleros de las viviendas en el entorno rural del oriente municipal azucarero.
Las matas de plátanos y de guineos parecían llorar por haber terminado la llovizna, en los mangales maracatones lechosos y Man-José, vizcaínos y ¡guevito de toro!.. Tostado y llamary es -la lengua en cambalache -de amarillo a verde, de un sol veraniego se mecía cansado, en las más altas ramas desde donde podía vislumbrar los corpiños de las hijas de Tatania al cambiarlos después de refrescar el cuerpo con las aguas de mayo o de junio.
La Negra, hermana de Juana Francisca, espléndida desde la niñez llegó a llevarle un plato de chambre al tío Ramón El Mao, que estaba recortando el pelo al joven Silvestre Silverio, bajo los rayos de una lámpara humeadora, alimentada con aceite de higuereta que él mismo preparaba. -¡Tío, mire la cena! -dijo La Negra- que venía jaraneando con Juanlaiguito su primo... Dice papí que se la coma con un aguacate morado..
-Póngamela en el soberao -señaló el barbero. Sí, está bien... ahí debajo de la palanganita de amacey, hay dos, llévatelos, pero dile que si no me mandaron batata polina, no se lo agradeceré... Silvestre, hermano mayor de Sebastián tosió y se marchó pasándose las manos por las orejas, las que hallaba húmedas por la saliva que El Mao usaba para dar el recorte. En la madrugada del otro día Valeriano, de apodo Tino, recibía de Julio y Evaro, los hijos de Juan de la Paz, un jarro de café y media libra de batata asada, antes de irse a recibir el corte de caña en San Severo... en los predios de Los Llanos de Pérez.
-! Y Santo? -preguntó Evaro.
-Se hizo el enfermo y no vino, pero ya vendrá mañana.
Tatania era muy hermosa hasta cuando llovía en demasía, pero los mulos de las recuas del señor Félix Henríquez, dañaba con las finas patas y las pesadas cargas que transportaban en el lomo. Los caminos se ponían intransitables y los mandados más duraderos y costosos.
-Antonio, hijo de Matilde, le decían El Grillo... era un gran montador de caballo y de mulos y bestias salvajes... esa noche del chambre duró demasiado tiempo para ir a la tienda a comprar tres libras de azúcar para endulzar el té de hojas y especias que hacía Juana Francisca la noche de San Juan... Cuando le preguntaron por qué se dilató tanto. El Grillo dijo -tuve que ir al cementerio de los Bonilla a enlazar una potranca al señor don Félix... Nadie se lo creyó.
-Como El Grillo era el más rápido de todos los muchachos de Tatania, era al que más mandaban y muchas veces se sentía cansado. Cuando volvieron del cementerio de enterrar a su mamá, esa tarde fue enviado al Castillo de Isabela... pero el animal que le presentaron no llegaba ni al batey de la grúa de Saballo... habló con su tío Mao del problema. ¿Qué hago tío Mon? Ese penco no llega al río, y hay que ir a llevar el aviso de la muerte de mamá. No se preocupe Grillo, dijo el señor Ramón, hermano de la difunta, yo le enseñaré como llegar en menos de lo que canta un gallo a donde usted se le antoje... cuenta el que contaba la historia... que El Grillo salió para el Castillo tan pronto como habló con El Mao, y a las cinco de la tarde llegaba al patio del limoncillo donde don Miguel estaba sentado creyendo que su hijo estaría llegando donde lo habían mandado... -vea viejo, dijo sonriendo satisfecho de la labor realizada. -por qué te devolviste Antonio, manifestó don Miguel, pero su hijo ya estaba celebrando su triunfo, sentado del brazo de su mentor.
Las comunidades del municipio de Imbert que menos conucos y parcelas tenían para cosechar las viandas del día, era la muy cercana al central Amistad. Los Trejo tenía cultivos de cacao y café con algunos guineos intercalados, lo mismo ocurría con los tatanios, los guanabanios, y los Barreros... café y cacao y un pequeño peladero donde se revolcaba el burro... Las labores del corte de la caña y por igual el acarreo o tiro, colocaba en la mente de ese padre de familia, ciertas condiciones, que se convertían en mecanismos y reflejos de un patrón de comportamiento... y sólo estaba apto para la producción azucarera... haciéndose cada vez más pobre. Crecían las necesidades familiares y crecía el latifundio como indicador de subdesarrollo mental y económico.
El 4 de mayo de 1919, se produce la paz, el tratado de Versalles... pero se desarrolla la guerra de Corea; 1917, estalla la guerra de los Rusos contra la dictadura de los Zares... 1914... Guerra mundial... Como era el 4 de mayo en los cocoteros de Tatania, como el 5 de julio de esos años en Guanabanía, y el 12 de julio en la asamblea de los tatanios para hacer los hijos a los sanitarios de cada familia en los vecinos de Aromania... Mientras los rusos combatían en las calles de San Petersburgo, la injusticia y tiranía de los usurpadores del poder político y moral del pueblo, los dominicanos de Tatania recibían el nacimiento de Juana Francisca y cientos de miles inocentes de que los horizontes había que reconquistarlos... nació bajo los reflejos de las ráfagas de las ametralladoras imperial y de las de los libertadores... Ella como otras repudiaron las declaraciones del gobernador imperialista Capitán Knapp durante se servía con la cuchara grande las mieles del poder en dominicana en 1918, año de su nacimiento y el 1921 año que golpearon a su padre por negarse a cooperar con las tropas de ocupación.
Al señor Benito le agradaba contarle las hazañas y glorias de los dominicanos cuando la patria estuvo pisoteada por las asesinas botas extranjeras.
Era media tarde en la enramada de los aparejos como Juana llamaba una de las pérgolas que su abuelo don Fermín hizo de la mata de limoncillo. Hacía mucho fresco. La algarabía entraba un poco cansada. Llegaba a los oídos de los concurrentes, ese día vespertino, como acordeones mágicos... Juana y Ana Alicia servían el té, esa tarde... Los que menos participaban estaban Rafael Medina Reyes, Luis Reyes, Porfirio Bonilla, Calixto García y Cándido Silverio. Cuando todos bebían la tisana Olivo iniciaba el viaje por las colinas heroicas de las gestas del 16 al 24. Habló del General Millo Zaya, de Zenón Ogando... de Arias y de Rodríguez... que ya para entonces habían muerto. Dijo que lo peor que le había pasado a la República había sido Santana y Báez... para decir luego, que en este siglo han sido los gobernadores Knapp, Snwden, y Samuel S. Robinsón... pero en quien mayor ahínco y vehemencia puso fue en el ministro Zullaban, de quien señalaba muy enojado -ese ministro despreciaba a los dominicanos.
En la noche, Juana notó que su padre estaba muy emocionado, parecía cansado y apenado, tuvo el rostro compujido... parecía que deseaba estar solo y lejos de alboroto y de recuerdos intervensionistas. No podía, lo tenía en la sangre, los tenía en los tuétanos, dentro de la nacionalidad. Esos recuerdos era él, eran su historia, la historia reciente de la patria.
Parecía que el cielo de la patria se caía en pedazos como pedacitos de hielo echaban en una copa de cristal que movían en la sangre del pueblo en orgías vampiresas de sed insaciable de saqueo de corsarios... llevando crucifijos en el pecho y las lágrimas mojaban las espaldas a las niñas mientras mordían las piernas de la patria ultrajadas.
Mientras hacían las tareas de la casa y colocaba en la alacena, las lozas sucias en la primera comunión de una de las nietas de Matilde, pensó en la realidad del paraje de Tatania, la realidad de los otros como Los Aromas, y de Guanábanos... era la misma realidad. La pobreza abrazaba la culata de cada vivienda... de cada hogar, unos cuantos hogares a media... donde había padre no había madre y donde había... no existía el padre.
Era su realidad, una realidad sin educación sirviéndoles al dictador y a la dictadura... a los caudillos... Juana se mordía los labios cuando lo veía triste recordando al contralmirante Samuel S. Robinsón... recordando la maldita proclama del 14 de junio de 1921 sobre la evacuación. Sus lágrimas bañaban todo su rostro Guayubinerense.
Meses después, Benito y Miguel fueron al río de Aromania. Se sentaron para refrescar las plantas de los pies... y así se deleitaban viendo bajar el agua tan vivaz como la imaginación. Fue don Benito el que dijo -mis hijos, don Miguel, pueden respirar el aire de Anacaona, bailar los areitos de Maguá... puede hasta quemar cazabe en el buren de Marien... en los jardines del palacio de la libertad, donde don Enriquillo habló a su hermosa Mencia.
-¿Me comprende usted, don Miguel?
-Sí que lo comprendo señor Olivo, dijo y lanzaba una piedra al charco... para ver los arcos acuíferos
-Como usted conoce todos mis hijos, don Miguel ¿qué les parecen?
-Me complazco con decirle, que todos sus hijos son limpios, honestos, respetuosos y muy trabajadores... Don Miguel conoce a Benito (por fuera y por dentro) pero no comprendía el por qué de esas preguntas. Además hallaba que sus palabras tenían dolor y nostalgia.
-¿Qué día es hoy?
-Quince de mayo de mil novecientos veinticinco.
-Mi alma, don Miguel, se entristece en días como el 15 de marzo... aunque pocas veces me alegro con el 18 de septiembre.
Estoy contento, prosiguió, aunque mi cara no refleje alegría de otros tiempos porque se cumple el primer año de la desocupación, de la ida de nuestro territorio del último soldado norteamericano.
El nacimiento de mis hijos e hijas ha sido lo máximo, no tengo con qué comparar esos hechos... cada hombre y cada mujer es como una gran mansión con múltiplex habitaciones... pero cada habitación debe ser respetada con prudencia e independencia, como la de un Estado.
Los dos amigos entraron su cuerpo al río y degustaron de la suavidad que ofrecía la corriente del Bajabonico que aunque de poca profundidad tenía una velocidad en sus moléculas acuíferas capaces de producir corriente eléctrica. Continuaron hablando de lo bueno que sus hijos y así los de los demás, puedan acudir a una escuela de profesores con conciencia de clase, no un cualquiera desconocedor de lo humano... de lo bueno que podían dormir sin que un soldado extraviado aprovechando la sombra los hiriera en cualquier noche o madrugada... dormir sin temor es un pueblo listo para trabajar.
Don Miguel habla de lo mucho que ha aprendido con su compañía, del bien que recibiera su familia aquel día que se conocieron en la caballeriza del ingenio hace más de 18 años, de los guanimos que comieron con bacalao y aguacate morado... de la advertencia de la guerra... sé -dijo que don Miguel- todo eso lo hace usted don Benito por el amor que lleva dentro de su corazón... el amor es una fuerza invisible que sólo está en las cosas nobles, en los corazones nobles, el amor no existe en término medio, nunca habrá mal amor, buen amor... no hay amor bueno y tampoco amor malo, ni mejor ni peor. Es maravilloso y no necesita perfeccionarse porque es perfecto.
-Benito, exclamó Miguel -usted es un conocedor de la conducta humana.. Cree usted que el hombre es, ha sido un gran egoísta. ¿Qué le parece?
Tanto el hombre como la mujer son dueños de gran cantidad de energía... que giran en torno a sus intereses y dependiendo de la formación lo va convirtiendo en individualista o socialista. La conciencia humana se hace menos egoísta en la medida que éste se educa... pero esa educación, si no es libradora empuja al ser humano a poseer una actitud egocéntrica capitalista.
-¿Y cuáles son las grandes preocupaciones del hombre hoy...?
-Depende -don Miguel- dijo Benito, donde se ha educado ese hombre o esa mujer, depende del interés del Estado... cuando estuvimos conversando sobre el egocentrismo dimos parte de la contestación, pero hay que agregar que en todos los tiempos, el hombre y la mujer unidos han librado enormes batallas por la búsqueda de los medios para la subsistencia, el techo, y por tener el poder encima del poder mismo... humillar al prójimo, anular la fuerza del débil... Pero todo lo dicho es relativo al contenido de los fines teleológicos de esa educación de Estado.
El hombre y la mujer han hecho la guerra para que se le respeten sus derechos, la dignidad... ha inventado la muerte, matando, pero su preocupación es aprender a sumar y multiplicar... llegaron a sus hogares manifestando sus presentimientos, sus penas, sus dolencias... era hora de cenar y cenaron cada uno con sus hijos...
Juana escuchaba a su padre despedirse de don Miguel; de inmediato comentó -en vez de divertirse andan filosofando. -Es cierto dijo en silencio Juana, la gran preocupación de este siglo es vender, vender, vender... vender... también comprar... hasta los sentimientos ajenos, pero vender; esclavizar, humillar avasallar, hundir al que no se deja llevar al matadero, como buey al desolladero.
-Me siento bien, dijo cuando planchaba la camisa de obrero de su padre, mientras dormía como un infante en una mecedora, ni mis padres, ni mis hermanos son personas rencorosas, egoístas. Ninguno tiene el germen del odio y de la avaricia. Por eso me siento bien!
Me siento bien, están lejos del alcance de la maledicencia, del egoísmo, de la mentira... el hombre ha humillado al hombre, a quien le ha chupado la sangre, lo ha envenenado... ha violado sus derechos... lo ha matado, lo ha ultrajado... lo ha utilizado como Balsón para enyugarlo. La gran maldad del hombre ha sido matar al hombre alegando ignorancia... Mis hermanos y hermanas aman la justicia particular y la justicia social, la colectiva... humana, humanizante evangelizadora. Mis padres tenían conciencias humanísticas socializantes... de lo particular a lo general, de privado a lo público... de lo mío a lo nuestro.
Papá dice que donde hay conocimientos hay verdades, es el camino para llegar a la honradez, a la paz, lleva el cumplimiento del deber familiar y el deber colectivo, cívicos sociales.
Ahuyenta esa bruma que la gente llama pobreza. Donde se practica la justicia hay riqueza de valores, humanos y físicos, no ronda la negra pobreza. Juana veía que se había movido y eso la sacó de éxtasis, del entusiasmo en que se encontraba. Buscó una almohada y la colocó debajo del cuello, pero al sentir el perfume de Ramona con un ligero gesto de agrabilidad la abrazó con suavidad y ternura.
-Donde hay justicia no hay hambre ni pobreza -dijo otra vez en silencio, para no despertarlo. Creo -dijo- que es de Confucio... La verdad, padre mío, que el camino de la verdad es el de la liberación económica... Ninguna economía, aunque sea casera, puede crecer con zapata torcida. Miró por los aleros de la casa y al darse cuenta que toda Tatania descansaba del placer del sueño llamó a su padre y ambos fueron a dormir... hasta mañana papá, la bendición papá!
Esa misma noche doña Eulalia conversaba con las tías de Sebastián, habían ido para informar a la madre de éste lo que ellas creían un comportamiento extraño.
Cada tía dijo algo del muchacho que busca la identidad de su persona con su realidad objetiva... no una responsabilidad embustera e irreal. Hablaron más de la cuenta -su sobrino andaba detrás de faldas y que por eso había que observarlo para que no se desvíe de la buena tradición familiar.
-Y usted señora Nene, no va a decir nada a favor de su sobrino? A lo que sin reponerse contestó limpiamente -yo, señora Lalo- ando aquí, para complacer a mis hermanas y nada más. Pienso, que de Chang no hay nada que reprochar. En estos entornos no existen dos como él, es un gran hombre!
Al otro día la hija llevó café caliente a su padre que hablaba con Francisco Silverio Cesaire, hermano de Ramona. Estaba debajo de la fronda del viejo tronco de aguacate Mantequilla y de la de mangos redondos (socorridos) por la gran cantidad de trementina en su pulpa jugosa.
El tío Francisco no bebía café y solicitó que si existían los medios, le preparara una tisana con hojas de albahaca pero con tres de naranja dulce... para ajustar el ritmo de su presión descarrilada.
-El móvil de mi visita es casual, cuñado, entré para saludarlos y además porque quise confirmar la veracidad de lo que se escucha en los caminos -según las bocas rotas. Juana se casará con Pitin Trejo, el sábado próximo.
Benito con acento cauto señaló -¡caramba cuñado! Dividiré en dos la respuesta que le haré a su interesante pregunta. Primero: ¿De dónde extrajeron esa enorme mentira, calumniante e interesada? Y segundo cuñado, desde cuándo se interesa usted por los asuntos de sus sobrinos?
Mi hija no tiene amores públicos, tampoco tiene admitido... Entiendo que entre un hijo de la señora Eulalia y ella existe algún cariño limpio... de simpatía recíproca. Estoy complacido con esa relación porque no nubla los bellos recuerdos de su madre..,
-¿Cual es el hijo de Pablo... cuál será de ellos?
-Se llama Sebastián!
-¡Sebastián…-manifestó- sorprendido Francisco. No decían que lo llevarían para el seminario... O al ejército?
-Ya ve que usted no le ofrecen verdades, no es cierto, dijo don Benito.
Juana le trajo un pedazo de arepa y un poco más de la tisana... Que aún humeaba... Luego marchó a recoger el cacao que estaba en los secaderos. El tío se quedó mirando con deleite a la cintura de la sobrina y recordó la silueta de la madre... eran muy parecidas...
-Gracias sobrina, dijo después de esa larga caminata que realizó por las cañadas de los recuerdos... infantiles. La iba a felicitar pero se di— cuenta de que todo había sido un mal entendido.
Cambiaron para conversar de cosechas y de la guerra, de los otros hermanos de Juana y del ferrocarril... del central Montellano y del Amistad... De la fábrica de queso Geo de Imbert... de la tienda de don Félix. Dijo que iban por el camino correcto. Las grandes naciones se chupan como vampiros a las pequeñas, dijo Olivo esas deben de cambiar... si no, moriremos ahogados por la gula de las potencias.
Al tío de Juana le agradaban los temas de la política internacional. -Creo, dijo Benito -para después continuar hablando de Sebastián, que los líderes de las grandes naciones en vez de hacer la guerra, donde envían la muerte, debieran enviar Médicos y Maestros. Enviar médicos con marcapasos y maestros con pedagogía y un método... en vez de ametralladoras y ataúdes. Ella escuchaba que se acercaba una llovizna y entró el cacao, pero de paso manifestaba -pienso que la eficacia para ese mal, está en los cambios de objetivos... como dijo usted papá, el respeto a las fronteras, por razón formal por la práctica de justicia. La siembra del bien en el amor racial y humanista, ecológico... resucitar las aguas de los ríos, de las cañadas en los bosques, limpiar los océanos contaminados... por las devastaciones marinas hechas por los grandes ejércitos. Papá, enunció con voz de heroína, evitando la muerte de especies y variedad de plantas y de animales... Juana tenía sorprendido a su padre como a su tío... hablaba con tanta sutileza y facilidad de un tema tan espinoso como ese. ¡Si no protegemos los animales y las plantas en pocos años estaremos comprando agua hasta para bañarnos, estaremos viviendo en un erial de polvos y peñascos rojizos... el que le tiene amor a la gente le tiene amor al universo.
Pasaron la tarde saboreando quenepas, y guenpanes y hablando del pago de la deuda externa... Nadie podía entenderla cuando dijo -¡cualquiera planta un árbol pero no todos anidan un huevo!, muchas veces se escuchaba decir o hacer lamentaciones cuando recordaba que no pudo acudir a un centro de alta escuela.
El patio de los descendientes de Matilde y de Ramona se estaba achicando... habían nacido muchos nietos y muchas nietas... Los más grandes acudían hacia los aleros de las rancherías a oír los cuentos y relatos de la guerra europea, también servía para noche de astrología, miraban la luna a través de un vaso blanco de cristal... La luna llena se vislumbraba distinta.
Veían enormes y grandes hondonadas con grietas que parecían alcantarillas… Bóvedas inestables que mutaban después de cenit.,. Los más chiquillos veían alacranes que se enterraban en los arenales, decían ver culebras dando saltos de ranas y arrastrando las colas entre dos aparentes peñas... otros veían vacas que se ordeñaban las ubres con las patas suyas... esas cosas los deleitaba y era un teatro de innovaciones, era algo distinto...
Las sorpresas eran enormes... por los paisajes y las aparentes cordilleras que se reflejaban con ese rudo pero práctico instrumento... es cierto que son preciosas las noches de Tatania, se podían pintar, se podían describir, dijo Alfredo, primo de Juana Francisca... Se presta para llevarla a la radio... dijo una muchacha que estaba de visita en casa de Andalio... puede ser propuesto para una exposición. Imaginación sobra -dijo la muchacha forastera... Después que repartían el tío el jugo de frutas del tamarindo los de más lejos se marchaban satisfechos como él había acudido a cumplir con una deuda moral... los sobrinos, ahijados y nietos para hacerlos ir acostar era a puros ruegos y a veces amenazas... porque querían seguir mirando la luna en el cristal del agua.
Don Benito estaba muy disgustado con Maricusa y con la Negra... se habían pasado la tarde entera en casa de su tío Andalio y no ayudaban a su hermana ni tampoco participaban de la tertulia cotidiana... Juana la había protegido demasiado, había jurado no seguir ocultando su comportamiento negativo -dijo para su adentro.
En la mañana antes de marcharse para el ingenio, Benito llamó a su hija y le dijo: -Juana Francisca- manda a buscar una carne que pienso comprar... deseo que hagas un sancocho para que le mande a don Miguel y a El Mao... Ella movió la cabeza y dijo... Vaya con Dios papá, la bendición. -Dios le bendiga, dijo el señor Olivo -y le libre de los malos humores de un mal pretendiente.
Horas después, Benito iba a la oficina del señor jefe de producción, y le informó que cuando entró el cambio de guardia halló cerradas las válvulas de vapor, las que iban a las centrífugas, y que como siempre lo hacía evaluó, encontrando el sabotaje. Emilio Bonilla, que así se llamaba el encargado, se sorprendió y solo alcanzó a decir ¿cómo... dice usted? Benito le repitió con lujos y detalles y fueron al escenario de lo sucedido. Bonilla le había tomado aprecio al señor Olivo... desde el primer día que le vió en la bodega y luego en la oficina de pago. Varios meses pasaron después del intento terrorista a la fábrica y Benito fue premiado como el mejor obrero del año... recibiendo en metálico y certificado de la empresa.
La carne duró hasta las tres en el garabato -esa era la costumbre- los muchachos rifaron las responsabilidades y a cada quien les correspondió lo suyo... Fello trajo los víveres de manchas y Angelito los ñames y la yuca y la yautía... a las seis de la noche, (anochecía a las cinco y media en esos días), estaban recibiendo una ollita de sancocho los tíos: Ramón, Mao, y don Miguel Cabrera.
Hacía mucho calor, las muchachas habían pasado el día entero en la quebrada y en el río. Juana estaba enfadada porque tenían prohibido estar solas en la quebrada sin Fello o Angelito y se fueron en desobediencia.
Ahora habían llegado de donde los primos J. Larguito y (Bumbo) o sea donde Juan Bautista, que estaban careando los gallos del Tío Andalio... hacía mucho calor, las lozas estaban encima del fregadero; como Juana creía que don Benito llegaría temprano, las dejó que se acostaran sin hacer las obligaciones... así no había que hablar de su comportamiento inusual. Fue a la tinaja, comprobó que había suficiente agua y sacaba y con ella mojó el piso haciendo regadera con los dedos de la mano. Bebió un vaso y la halló que estaba muy fresca.
Angel -que se había acostado- recordó tenía a bien contarle a su hermana, lo que estaba sucediendo en el corazón de su padre respecto a los amoríos con Sebastián. Llegaba muy empinadito haciendo la señal del silencio, parecía un chivo caminando en las patas traseras, ya dije para no hacer ruido. ¿Qué busca en ropas interiores, preguntó Juana -Tú no te habías acostado, qué deseas, quedaste con hambre?
-Nada de eso hermana -quiero decirte que papá está enterado de los amores tuyos con Chang.
-¡Qué sabes papá Angelito?, preguntó ella, llena de curiosidad...
- ¿Que le dijo a papá, Tío Francisquito?
-Estoy por aquí cuñado para saber si es cierto que mi sobrina se casa con un sobrino de Moncito Trejo. Me pareció que papá se molestó mucho y entonces dijo... ¿y desde cuando se preocupa usted por los sobrinos...?
-Tú sí eres mentiroso, Angel, dijo ella, y le movió los hombros, con ambas manos suyas.
-Entonces, papá (siguió sin pararse de la silla hablando sin reírse, dijo -tengo entendido que mi muchachita no tiene amores, ni compromiso, pero entre ella y Sebastián hay cariño de niño. Pero... señal sin mucho particular -él cree que ustedes se escriben. El conoce los chivos…, no los confunde con toreticos, no confunde el vuelo de mariposas con el de gansos.
En casa de don Miguel, Toñita y Brígida dormían juntas y Angelita con Emerlinda... Hablaban casi entre dientes para no ser escuchado por don Miguel que tenía jaqueca.
-Dime, ¿Invitaron a los muchachos de Guanabanía?, preguntó Brígida...
-Sí, a todos al Sr.Julio, a Evaro, a Víctor y a Calixto García; a Guillermito y Joselito, los nietos de Pancha Muñoz, dijo en voz casi inaudible Toñita.
Volviendo donde Juana y Angelito, ella está muy a gusto oyendo las inteligencias de su hermano... escuchando cuando Benito hablaba con su tío cuando le llevaba el té.
-Quiero que sepas -manifestó -que a papá y a mí, nos gusta Sebastián. El se marchó los demás dormían... ella esperaba a su padre que regresara del central, para calentarle la cena... El sancocho de vaca.
La oscuridad cubría el universo de Tatania, afuera no se movía una sola ramita... el calor era insoportable esa noche. También los hijos del bosque y del barranco tienen una naturaleza de amor... Pensó y sintió acercarse a su padre y le quitó el tranco a la puerta y fue a servir la mesa para cenar con su padre.
En la mañana el sol cubría todo lo que fuera visible en los predios de la estancia del Silverio Cesaire y su descendencia, los colores se adueñaban del lugar, era una batalla que siempre ganaban los rayos luminosos de los astros.
La brisa movía los papeles con máximo esplendor. Era el cumpleaños de Brígida y de Toñita, la sombra extensa de las altas amapolas bañaban de sosiego a las festejadas... se veían alegres y manifestaban energías espirituales a los que les ofrecían las congratulaciones... como un manto de regalo.
-Hola Brígida -dijo Silvestrita, te deseo amor y paz en tu día. La abrazó y se marchó a conversar con Silvestre, quienes fueron luego esposos. Parecía que ese saludo carecía del calor, de la sal y de la alegría que en otras ocasiones Silvestrita ofrecía a sus amigas. -¿Como estás Toñita?, preguntó Aura Victoria, te deseo amiga, todo lo que sea bueno... Angelita con su gusto sobrio y armónico ayuda a la prima Juana a preparar el escenario para el evento social... También tenemos almas, sentimientos y corazón, dijo, cuando vió llegar a Sebastián sufrió una sensación de hambre como le ocurría a su madre Ramona, cuando estaba asustada. Tenemos -continuó- órganos que nos alegran y nos entristecen, pero como el que está lejos de los juegos florales tenemos el don de reír y de llorar, debajo de los naranjos comiéndonos los gajos de nuestras propias penas, muchas veces los gollejos de nuestro ancestro dolor.
-¿qué te ocurres, te siento distinta, no pareces a la estable Juana Francisca, dijo Angelita, que la quería como a su hija, a pesar de la diferencia de edad... Juana era más madura de lo que parecía ahora... -no es nada de importancia... sentía hambre cuando vi a Sebastián y me tomé un poco de vino... pareció que me hizo daño.
Debajo de la sombra del cafeto y de las guamas las pailas hervían las yucas y las carnes que servirían a los invitados, pero en la cocina terminaban de preparar el jugo de frutas con “don Miguel”
Cuando terminaron de colocar el último de los jarros, Juana acudió al lado de su padre para requerirle de sus buenos deseos y sentara a Sebastián al lado suyo... pero estando con él no se atrevió y se limitó a preguntar. Dígame padre ¿Qué desea que traiga...?
-Consígueme dos sillas y manda a ponerlas debajo de la mata de granada...
-En seguida las llevaré yo misma.
Quince minutos más tarde Juana Olivo sufrió un escalofrío de placer al ver que las sillas era para Sebastián, que compartía como todo un señor con su padre y con don Miguel.
Estaban tomando y no era jugo de frutas sino envejecido, tomaban ¡don Miguel!, hecho con mangos, whisky fabricado por su tía Matilde, antes de morir. -Tengo miedo que Chang se vaya a embriagar, no es costumbre de él tomar alcoholado aunque debe acostumbrarse.
Con la llegada del sol de los muertos, las mesas estaban repletas del guiso, muy oloroso, de cerdo, acompañado con la macana yuca y la negrita tan dulce como la caña peojota, los hermanos de Sebastián comieron con él, tampoco bebió como los otros. Esa forma pulcra y mesurada suya, fortaleció el amor de Juana haciéndolo más profundo y más sólido... pero también menos platónico, se hace cada vez más a lo real y menos a lo divino. Don Benito lo observaba desde que se sentó en la banqueta de la mata de Bergamota...
La crema de la juventud de Las Aromas y de Guanabanía acudió al cumpleaños de Brígida y de Toñita, estaban Evaro, Julio, Carlixto, enamorados de la niña Brígida, como también José Espinal, de apodo Papito, novio de Toñita. Los hijos de Eulalia Trejo y Pablo Cena... y los de Pepe del Carmen.
Juana y Angelita, dos días después del triunfo que tuvieron en el montaje del evento para la vida de los residentes en Tatania, nombre de su patria chica, pasaron celebrando dicho triunfo... haciendo cuentos y anécdotas de todo lo ocurrido en los escenarios y perímetros del lugar.
Juan Bautista (Bumbo) y Juan (El Larguito), ambos hermanos y primos de las festejadas y de Angelita y Juana Francisca... hablaban de las andanzas que ofrecen las jugadas de gallos, de las virtudes de ese deporte, pasando la tarde haciendo creer que era lo único y lo máximo. Decían que era el mejor entretenimiento. Hablaban del desarrollo de los reflejos del animal como si estuvieran conversando de Chubalo o de Cejas Rodríguez. Hay que aprender a defenderse con el instinto de gallo de pelea.
La familia de doña Ramona era muy despierta extraordinaria-mente sabia, conjugaba el trabajo con la diversión, la auto-gestión era lo que poseía de extraordinario, eran actitudes de gobierno. Era un paraje, una comarca con planes y objetivos lejanos y mediatos. Era un lugar de reglas y normas aseguradoras de mantenimiento de usos, tradiciones y grados culturales.
Esos códices los recibieron de sus ancestros, nadie iba a Tatania a romper lo establecido, resaltaba la limpieza, el ornato del ambiente... gramas y jardines. El ordenamiento de los sembradíos, de los surcos en las huertas. Nadie entraba a robar a las viviendas y a las estancias y conucos.
Las matas de caimitos, de limones, de cajuiles y de granadas invulnerables al mal de ojo y al latrocinio de pólenes... se mantenían fieles a sus dueños. Había respeto y lozanía, pulpa y sazón... Más que huerta era un jardín de flores y de amores... de sueños, con toronjas y mandarinas, ajonjolí, con encanto, aguacates, con lechosas y tamarindo... pero había ajíes y tayotas, dalias, margaritas y amapolas.
Juana en su casa ya sola recordó que Sebastián llevaba en el cumpleaños zapatos nuevos, color marrón, pantalones kakis con camisa color zapote.
Doña Eulalia era vieja pero no pendeja, dormía con un ojo abierto... chequeaba la llegada de sus hijos como la de las muchachas. Para ella no había hembra ni varones, solo había hijos... observó que Sebastián se había acostado cuando llegó de la casa de don Miguel Cabrera. Después cuando estuvo en la mesa sintió que la espiritualidad era armónica con la alegría que envolvía su alma... -te siento muy cambiado... muy diferente, hijo, dijo doña Lalo poniéndole las manos en la cabeza.
-Tus ojos son fuentes disipadores de angustias y de dolencias... eso es muy agradable, tu rostro es un valle con dos colinas de sensatez y amor en tu izquierda está el faro que desvanece la intriga y la envidia, pero a la derecha el farol contra el mal de ojo y la maledicencia quema los dolores de muela y los de partos.
-Oiga madre -dijo apenado Sebastián, no la había escuchado expresarse con tanto sentimiento, con la voz del sosiego con alcance de dignidad sus palabras salen del paraíso.
-No hijo mío, vinieron de mí, salieron por mi boca, pero fue de tu corazón que salieron previo, lo que produjo el cambio que pude descodificar de tu rostro.
- Mamá Lalo…, Don Benito, me sentó a su lado, todos lo entendieron como una distinción, y también así lo entiendo... me brindó del whisky don Miguel, hecho de naranja y crema de café, pero no fueron los tragos, porque me bebí sorbitos infantiles, mamá, y de esa forma no lo desagradaba.
-Hiciste bien hijo. De qué sería entonces?
-Oiga mamá, creo haber interpretado a don Benito. Me pareció que su conducta más que cortesía fue un acto de afecto, de cariño. Abrió de par en par la puerta de su corazón como un puente de espiritualidad, vínculo inconfundible entre las dos familias.
Sebastián abrazó a su madre y fue al dormitorio a una cita con el silencio como manjar de tacto y de responsabilidad.
En la sala Eugenia arreglaba las butacas de la parte sur de la habitación, llevaba un delantal engrasado. Cuando terminó fue a su dormitorio, le dijo a Chang que iba al comedor, para comer algo antes de dormir.
Hola, dijo a su hermana que volvió inesperadamente al comedor -se sentó muy regocijado, pero Genia lo hirió al preguntarle de las intimidades con su novia Juana. Sintió el filo de la intromisión cortar como al corazón de la auyama con indiscretas observaciones.
El disgusto llegó al oído del señor Pablo, teniendo como padre que censurar a la hermana. -No pasa nada papí dijo la hija -con voz quebrada, le pediré excusas, fue una falta sin proponérmelo.
-Está correcta tu nueva actitud, vaya y resuelva lo más rápido para que no sea tarde.
-Hermana -respondió Chang -no se preocupe, ya pasó, no hubo daños físicos y mucho menos éticos, estoy consciente lo que la animó a preocuparse por nuestra relación con su cuñada. Pero me hallo complacido con las excusas presentadas por usted. Ella pasó las manos por la cara sudorosa, se encaminó abrazar a su hermano y as’ cancelaba la deuda entre ambos.
En la casa de don Benito, también hubo tormentas emocionales y el síndrome del amor alquiló una habitación, en los aposentos del corazón de Juana Olivo. Solo con nuevos vestidos y nuevos caminos y con nuevos escaparates.
La situación en la casa de doña Lalo estaba color de barro... las ventanas de las habitaciones del dormitorio de doña Eulalia estaba cubierta con paños morados. Silvestre se había llevado a la tocaya suya sin el permiso de sus padres y sin haberlo manifestado a don Pablo. Había duelo, no entendían porque lo hacían sin decírselo ni a los hermanos. Maria Silvestrina era hija del señor Doroteo Lango Cruz... vecinos emparentados con don Nicolás por línea de Simona Silverio Medina. Pero no tenía nada en contra de la muchacha... quizá fuera de las mejores del entorno, lo que no quería perdonar era la forma inconsulta de cuanto se sentían bueyitos y novillitas.
Los carbalíes en los mállales iniciaban el concierto vespertino el silencio de los sembrados fue roto con los ladridos de los perros, veían sombras rondando los aleros de las viviendas del pequeño Miguelito de solo un mes de nacido. En el mundo de la parte adentro de Tatania había una sola manifestación de duelo de los cuadrúpedos que lloraban el día de todos los santos en víspera del día de difuntos. Los croares de ranas, el maúllo de los gatos, el rebuzno de asnos y burras, el bramido de la vaca y el mugido del viejo buey de arar del señor Segundo, atormentaban a Maria Silvestrina... que muchas veces se asustaba con las sombras proyectadas por los rayos tristes de una luna tímida, la de esa noche de difuntos.
Era de torturas y de quejidos sepulcrales hasta el viento que bajaba de la loma la Jagua, el Cerrazo y los altos de Maluca... era de espanto esa noche en las casas de Tatania. En la de José del Carmen y de Facunda Ventura, las cosas andaban como en todas las demás... había un manto de tristeza reflejado en las criaturas de menos de un año. En el patio se movía una luz que parecía que caminaba... iba de oeste a este y eso se repetía en ocasiones... desde la cañada de división de la propiedad del viejo Nicolás y el secadero de la casa del viejo Fermín, al suroeste de la casa del Sr. Andalio, se escuchaba el grito constante de una lechuza. Cuando el pájaro gritaba, la cabeza de luz, se movía con mayor rapidez. Los muchachos corrían, entonces el pajarraco volaba para la finca del ahorcado. La cabeza de luz, se encendía cuando el animal sal’a y se apagaba cuando el pájaro entraba al escenario de la cañada del difunto.
El niño Miguelito volvió— a llorar y Maria Silvestrina llamó a Silvestre, su marido, que dormía profundamente. Le ponía el seno en los labios del pequeñuelo, pero lo soltaba de inmediato... Se lo echaba a las vibraciones de la víspera del d’a de difuntos. Creía que esas malas vibraciones se enredaban en los ramajes de las matas, donde se haya ahorcado o se vaya a ahorcar en el futuro, un hombre soltero pero que fuera un Chiclán.
Ella no temía a gritos de lechuzas ni a barullos de gatos y perros, no... A lo que le temía era a la tristeza que sentía que tenga su primerizo. Al frío de mortaja que descendía de las hojas de los grayumos y de las enredaderas de las matas de cundiamores cereros... El niñito dejó de llorar cuando la lechuza se marchó para las altas matas de guamas hacia la cañada del difunto.
Como el niño dejó de llorar, Maria Silvestrita lo colocó como hacen las gallinas con sus pollitos, y ambos se durmieron hasta la mañana siguiente.
Juana Olivo también no podía dormir, no pudo consumir su cuota de sueño correspondiente a ese día antesala de los finados... Todos en Tatania eran duuelos, deudo de un difunto, a pesar que no habían fallecido casi nadie. Mejor dicho habían fallecido Fermín y Cayetana, Pejín y su mujer, los padres de Segundo y de Cándida Minaya... La vieja Simona, abuela de Maria Silvestrina. También el viejo Nicolás.
En el alto no había nadie que no tuviera a quien llorar, a quien encenderle una vela... a quien recordar en el día escogido para los que una vez compartieron... esta hermosa tierra de sombra y sol... con sus hijos, padres y hermanos. Mas, esos alaridos, los gráznales de la lechuza, eran agujas que impedían la consolidación con Morfeo. Hasta el aire presentía la presencia de las vibraciones rondadoras de Tatania.
En la cocina de la doña difunta Simona Medina, a las seis de todos los días, se reunían al borde del fogón unos, y los nuevos nietos se subían para calentarse con las llamas amarillas risueñas y cantarinas que salían del fuego cuando las leñas que servían de combustible era de madera bien seca y de resinas aceitosas... otros esperaban de rodillas y con los brazos en cruz encima de cada pecho, sin nada que decir a menos que uno de los mayores les preguntara algo. ¡Pero bueno!
Era Susana... que casara años después, con Julio Silverio... nieto de Fermín y Cayetana, la que repartía ese día el café con batata asada. Cuando hizo entrega del último servicio a su hermano Regino, a quien apodaba Rego -dijo- señores: y qué era lo que tenían las gallinas y los puercos anoche, no los oíste Teo y tu Roque...?... yo... les voy a decir a ustedes, que son mis hermanos, una cosa que nadie la va a creer... dijo Teo, padre de Maria Silvestrina, la mujer de Silvestre, el hijo de Lalo y de don Pablo Silverio.
...Nadie me va a creer que pasan muchas cosas alrededor del gallinero y de la pocilga, muchas veces son egoístas que quieren carne de gallina y guiso de marrano... Teo se levanta del asiento y le suelta los brazos a los muchachos y muchachas... y dice que le den la ración correspondiente y... luego se sentó en la silla del viejo Toribio... se estrujó los ojos señal -no sé lo que estaba pasando en el solar y toda la vecindad... pero yo oía los gritos de nióos como gatos aullando de celos y de miedo... el Miguelito nieto mió, ese y la mamá no pudieron dormir en toda la noche.
Son los difuntos enojados con nosotros sus deudos porque lo hemos enterrado muy lejos de donde vivieron, explicó Doroteo, que se echó el collín y enseguida salió para la vivienda de su hija Silvestrina.
Los otros hermanos estaban aburridos con esta historia tan irreal, cargada de detalles y aclaraciones insulsas. Quien (dijeron) ha visto que ningún humano pueda escuchar voces de tan lejos... je,je, je... lo que le pasa a Teo (dijo Susana) es que no sabía como justificar la idea a ver a su nieto, después que maldijo la decisión de su hija. Teo... es demasiado malicioso y Sago... es una lisa... es un peje de mar; murmuró José de la Cruz Toribio -el padre que llegó como la cabeza de luz de la vivienda de don Nicolás.
Meses más tarde Julito el hijo de Jesús Silverio, hermano de Ramona... se unió en matrimonio con Susana Cruz, dijimos, que era hermana del padre de Silvestrina... Susana Cruz y Julito tuvieron varios hijos-hijas, quedan en la lucha por la vida los hijos de Saturnina..., nietos de Julio y Susana.
Julito y todos los hijos de Juancito y Jesús Silverio Cesaire... son primos hermanos de Juana Francisca y los demás hijos de Ramona Silverio de Olivo.
En el central Amistad llovía desde hacía más de media hora... el jefe de producción entregó a Benito Olivo un impermeable como regalo, además fue ascendido y públicamente halagado por las altas instancias de la empresa... Benito solo sonrió, sabía que no debía decir nada porque terminaría perjudicando a alguien..., los obreros necesitaban el apoyo de la empresa, no a uno en particular... sonrió y subió a Tatania, Bajabonico Arriba.
La luna en el cielo era como un bureen cubierto de polvo y de yuca amarga para hacer cazabe, irradiaba los caminos, la llovizna había mermado un poco, en la subida o cuesta de Nene y Segundo Minaya ambas estaban mojadas y tenían surcos de fango. El andar de a pie se hacía lento y muy pesado. Benito caminaba pensando en su casa y en sus hijas, Juana estaba despierta, creía que los arbustos estaban poseídos por el espíritu del canto de la lechuza... de la vieja difunta doña Simona Medina. La gente decía que era una Ada, duende o quequereque, capaz de violentar las fuerzas físicas de la naturaleza...
-¿Qué noche tan pesada esta como la de ayer, he durado en el camino, cinco veces el tiempo que todos los días cojo para llegar, los aromales se movían, todos los árboles se mecen en noche de frescas brisas, pero las aromas... las aromas... eso si es raro... pensaba los cafetales se quejaban, parecería que era una noche tuerta.. Se rió y se preguntó desde cuando no oía esa frase: noche tuerta... desde la muerte de mi abuelo.. Esa noche, anoche tenía un solo ojo... ja, ja, ja, ji, ji... un solo ojo. Así esta la de hoy, cumplirán años las almas ahorcadas, por el tribunal de las brujas... en la inquisición.
Juana había puesto los brazos encima de la espalda de una silla de guano y de madera... se quedó semi-despierta, en tránsito. Los rayos y focos que figuraban eran una película oriental: los naranjos eran mujeres con paños en la cabeza, paños verdes cubriendo los cabellos. Las matas de maíz eran soldados con granadas como mazorcas amarillas colgando del hombro derecho de la cintura izquierda... el rosario, que retuvo en las manos, se le cayó pero no se pudo dar cuenta, había cruzado el tránsito, quedándose en los plácidos brazos de Morfeo. Ahora se movió, se acercaba su padre, lo sintió en el quinto espacio de su gran maternal... miró por las rejas de la puerta y vislumbró a Mauricio que saltaba a la esterilla que se había quedado en el patio y de lejos daba la impresión de ser alguien acostado con la cabeza cubierta con una manta de color.
A Juana no la engañaban los misterios de la noche, pero anoche y hoy, ocurrieron actos muy especiales, difíciles de descifrar... los quejidos del viento... los relinchos cantonados en agonía la durmieron mientras una lechuza hacía alardes, piruetas con las patas y las uñas en el caballete de la casa.
Cuando creyó que Mauricio era su padre, la luna se ocultó en unos matorrales, en las guásumas y en las pencas de las palmas. Dormían bajo el mosquitero de anones y de guásumas. Levantó la espalda creyó que había tosido... aguzó el oído y se aseguró, era su padre quien de nuevo tosía -abre hija, soy tu padre, abre! -por qué estás levantada a esta hora...? -por nada papá, lo esperaba para calentar su cena, papá... repetía, cargada de afectos.
Ella busca la cena, arregló— la cama suya y la de su padre... después que don Benito cenó, ambos fueron a dormir y lo hicieron hasta las 8:10 minutos del siguiente día.
Tampoco quiso manifestar lo ocurrido en la noche... estaba segura que se burlaría como de un niño, no creería lo ocurrido en toda la hacienda de Tatania. Ese era su secreto, no tenia porqué compartirlo con nadie, ni con su propio padre.
En casa de don Pablo, su hija Raymunda dice a su madre -Sebastián tenia los ojos hinchados de mucho llorar, pero doña Eulalia le responde que él había tenido como la mayoría de los vivientes de Tatania, una mala noche... Lola, su otra hija soltera, observaba con mucho cuidado, entonces le preguntó ¿en quién piensa usted, mamá Lalo? -estoy... estaba pensando en tu hermano Sebastián, hija. Raymunda aprovechó que ya no hablaban con ella, fue al corral y trajo la cubeta de leche que Isabel terminaba de ordeñar.
Sebastián era un hijo mimado, decían los que no lo conocían. Los otros buscaban leñas, agua, viandas y comidas para los cerdos. El leía la Biblia en español y en latín. Leía a los mayores y a los menores... conocía el viejo y el nuevo testamento... eso lo había ayudado a desarrollar un poder energético con aura rompedora del poder demoníaco que a distancia él podía detectar... él lo sabía y muchas veces llegó a reírse de lo que decían de él. Nadie en los entornos y en los contornos de -la frontera municipal, era dueño de la férrea voluntad que él poseía. Cuando muchos van a los bailes, Sebastián lee El Cantar de los Cantares, lee los salmos de David, el libro de sabiduría y de los proverbios nadie puede negarlo, es un buen hermano, y un buen hijo. Pienso que es el más fuerte de todos los bisoños de Tatania: por ser metódico, planificador, observador y formal, pero el mayor de sus lauros es ser respetuoso y cuidadoso.
Estando acostado la recordaba con guedejas sueltas, con cintas amarillas se le parecía a la flor del ébano... se sintió herido al verla con esos atributos que lo excitaban. Se levanto, buscó un lápiz y escribió la palabra amor... la amo, la amo, y deseo escribir cientos de cuadernos con esa Mágica palabra. Cuando la leyó en voz alta se llenaba de energía cual globo dirigible cruzaba las cordilleras, los valles cual cazador de horizonte.
Le dio deseo de comer y estuvo en el comedor, después en la cocina... quiso trabajar y encendió dentro de sí la linterna de Diógenes, peló un pedazo de caña cristalina, pidió permiso a su madre, y marchó para el río... permaneció allí más de hora y media.
...La amo, la amo... se le volvió el mantrás de su vida por unos segundos... minutos, días y tal vez por los siglos lo cambió por el Ave Maria los mantrás religiosos lo convirtió en mantrás de voluptuosidad pura, limpia y sincera. Con la vista física hallaba las cosas, los lavaderos, las mujeres estregando en las piedras su amor, el que dentro de sí crecía, era una disciplina, era una filosofía, como una religión de adoración.
Visualizaba las nubes viajeras y otras estáticas las dejaba para luego compararlas con ancianos en portales de iglesias mendigando migajas de panes de maíz que al suelo caía como gotas de lluvias engomadas.
Pero su mayor deleite era el vuelo de las garzas reales pescadoras de pececillos y congos y jaibas saltarinas subidas en peñas en medio de la corriente rauda del Bajabonico dormilón. También lo deleitaban las tórtolas y los rolones comiendo semillas de cardo santo y de cardo lechero... cuando deseaba dormir empleaba la técnica visual. Ponía la mirada en un punto fijo al que con la vista de su espiritualidad, llevaba un juego de palomas blancas y poco a poco iba apareciendo el perfil de su mujer amada... así Sebastián Silverio Trejo, jamás tuvo insomnio. Los pasos para llegar a la consecución del objetivo que no era otra cosa que terapéutico... los daba entre imágenes vírgenes entre valles, campiñas, vegas y montañas.
No sabrá, ni supo por qué, se dormía con tanta facilidad, cuando usaba la técnica visual... lo que sí se dio cuenta de lo bien que se sentía al lado de algunos objetos como árboles, floreros, cajas, piedras lisas; se sentía mal al lado de alguien con cuchillos filosos.
Negra, la negra... hermana de Juana Francisca, temprano permaneció recogiendo las ropas sucias de las últimas fiestas hechas en Tatania. Recogió los manteles, las toallas, los palos de hoyas, trapos de excusados y hasta los medios fondos de las vírgenes del purgatorio, recogió. Ah! Recogió además el lebrillito de amacey y los lienzos... los manteles negros donde vomitara un nieto del viejo Nicolás Silverio. Cuando llegó al río dejó los aparejos en los lavaderos y de inmediato fue a ver quien era que dormía debajo de la gran mata de jabilla... se enteró que era Sebastián... y supo que han ido muchas a ver el largo de sus piernas blancas y mirar los dedos del pié izquierdo que estaba sin media pero iban para ver la delicadeza de sus uñas. Tenía casi hora y media durmiendo... Lola y Raymunda estaban ahí! lo cuidaban... de las curiosas impávidas buscadoras de placer... cazadoras de perfúmenes en vergel ajeno... cantadoras de misa en santuario prohibido... - dejen ese hombre que descanse -dijo una, esta cansado de descanso... ja, ja, ja, ja, jojoju... y salió corriendo, río arriba contra la corriente. Las demás podían ver como batía el agua con sus piernas desnudas y sus mulos erectos. A la negra, le dio celos esa actitud. Creyó que Sebas... -como ella le decía, merecía también su protección, pues, era su cuñado.
Despertó cuando sus hermanas y la negra iban a despertarlo... miró para una ramita de Guayabo que le quedaba cerca, vió a una pareja de lagartos que realizaban el amor... es la felicidad, dijo y rió muy complacido.
Ana Alicia, que acababa de llegar, no pudo ver a Sebastián mientras estuvo acostado en la grama debajo de la jabilla. Ahora salía del charco y se marchaba para los palos de leche y eneas, que había para vender al por mayor... ahora el corazón de novio de Juana Olivo era un cofre donde guardaba la palabra te amo... te amo... y podía abrirlo cada vez que le diera deseo o tuviera la necesidad para hacerlo. En ese cofre guardaba las miradas y las sonrisas, los labios repletos de ternura y delicias, tapado con las mielinas de sus recuerdos... la llave tenia el perfil y silueta de los besos ingenuos, limpios y castos para él.
Era día de ramos, 4 de la madrugada, bramaban las vacas, entonaban la canción “Lamento esclavo”, buscaban refugio en los matorrales... los aguaceros de cerro adentro... anunciaban la llegada los primeros goterones del verano... se anunciaban con los primeros cantos de guineas reales... todo era humedad, olor a fango y a tierra mojada, a pocilga. La cigua, nuestra ave nacional se escondía en las palmeras lánguidas. Las golondrinas volaban en paralelo... pero no les recordaron los versos de Gustavo Adolfo. Y volverán las alegres golondrinas Los retretes vomitaban hedor a cloacas de pueblo en guerra. Las pocilgas eructando ventosidades necroinfernales. Disparos de chicharas embriagadas... pagadas con los dineros del pueblo para entonar el himno de la muerte. Orquestación y concierto en sinfonía de gallos.
En casa de los Olivo recogían el cacao de los secaderos, las leñas y las ropas de los tendederos... se acercaba un torbellino... aunque no con la fuerza de un ciclón, movía con furia las matas. Tumbaba los guanábanos y hasta las mazorcas de maíz y de cacao de las matas. Era increíble ver como dejaba los sembrados al pasar, dijeron -algunos expertos- que había sido un tornado.
Chang seguía en el dormitorio, ahora tenia controlado sus sentimientos, los había regularizado, ahora podía dejar de pensar en Juana cuando lo deseaba... tenia control y estaba planificando bajo la cañada de la lluvia, su vida. Había dibujado en su mente, cómo quería la casa, había configurado cómo seria la estancia que quería. Después, hizo uso del cofre y la vio realizando los quehaceres de la casa... miró en su mente, lo hemos dicho, a su cuñada Alicia que le envió un jarrito de semillas de cajuil tostadas.
El día que la Negra estuvo en el río, que halló a Sebastián acostado como un difunto debajo de la gran mata de jabilla, sintió cuando llegaba a la vivienda suya... que la cocina de Juana F. olía más que de costumbre y de inmediato se trazó un plan -debo chantajear a Juanita, tu verás, se decía cuando tendía los manteles... para poder sacarle algún beneficio porque es demasiado ortodoxa e inflexible... no echa para atrás... no recula.
-¡Qué bonito huele tu cocina, Juana, hoy! ¿Qué estás cocinando hermana? Preguntó intrigada...
-Lo mismo de siempre. Toma, prueba... te quedan dos, hice para cada uno tres y cuatro para papá -señaló Juana F.
-Ufff, que ricurita de manos tiene mi manita, ese Cha... Chang sí se salvó... la hermana hizo creer que no escuchó y fue a buscar otra arepita con huevos de gansos prietos, dicen que fortalece la matriz... ese Chang se ha sacado el premio... dijo la Negra y se marchó a los tendederos... Juana preguntó por qué menciona tan to a Sebastián... ella le dijo que por nada, pero que si quería saber más acerca de el tenla que darle dos arepitas a cada uno y a ella las otras... porque era dueña de informaciones de Chang que nadie más conocía, que habían sucedido hoy en el río... Juana se interesó y para comenzar también ella se comió una, casi sin masticar.
Las dos mujeres dejaron de hablar de negocio y como si firmaran un convenio fueron al patio y terminaron de tender... Juana se enteró de lo sucedido en el río con mis detalles... la Negra durmió esa tarde hasta la hora de la cena con la llenura que se había dado.
Juana casi no durmió y le pareció que la vida se nutría de necias realidades contradictorias. Llegó a preguntarse ¿por qué dormir en la playa del río? ¿Qué le ocurrió -para tomar tal decisión? ¿Con quién andaría?
En la casa de los abuelos de Sebastián celebraban el tercer año de la defunción de la muerte de don Nicolás... las sombras eran muy escasas en el patio... la gente estaba en las dos enramadas y en un bosquecito de la finca de café... conversaban de cosas sin importancia. Pero en la mata de tamarindo de la casa de los muchachos estaban hablando de la guerra de Alemania, un señor desconocido con Basilio y con Mundito.
En los alrededores de la casa de los muchachos había una pequeña sombra de un alto Juan primero de escasas ramas... debajo de la caoba estaban las tablas, mesas, que servían para colocar las comidas que repartirían como costumbre, para aliviar los Pecados Ó del difunto Nicolás Silverio S.
Catorce pailas de arroz, cocinaban un moro de habichuelas blancas, y cinco cocían trescientas libras de carne de cerdo... otras tres hervían yuca y yautía, plátanos y guineos para los que desearan. Sebastián y Juana F. se retiraron al pequeño jardín de rosas y de gladiolos blancos, para conversar. Hablaron de los planes y proyectos que había ideados. También de lo que se proponía hacer con la tierra de la mata de tamarindo y con la de los callejones...
El contestó con detalles las razones de dormir en el río y dijo -De ah’ salieron todos mis planes, los que cambiarán mi vida y la tuya, y las de cientos de más personas. De esa actitud, salió, por estar pensando en t’, quien generaba cientos de libras de energías liquidas, quizá invisibles, se apoderaron de mi conciencia y me llego la idea de amar y salí huyendo y fui con el permiso de mamá, me dormí lleno de felicidad.
Eran las once pasado el meridiano, las mesas hechas con tablas de roble y de jagua... recibían los servicios de arroz en moro de judías blancas, carne de cerdo y de res; había otros víveres de manchas y yautía, yuca y ñame para los que le agradara. Era la primera vela de cabo de año, donde brindaban jugo de toronjas vinagre de guineos maduros por agua, con hielo y agua fría... y ensaladas, era... vela de un Muerto blanco en aquellos días de 1911 en los albores de la muerte de don Mon Cáceres, presidente recuero y andullero. Los dominicanos servían la comida a los asistentes, a las ceremonias de duelo, en la cercanía del aurora. De esa forma los dueños no se quedaban solos.
Juana y Sebastián no quisieron comer de los servicios del difunto... aprovecharon la oportunidad para manifestarse lo mucho que se estaban queriendo, las circunstancias le había proporcionado esa oportunidad y había que por simple juicio, aprovecharla. Nunca tuvieron momentos para conversar sin testigos físicos. Muchas muertes son puertas para otros nacimientos... de un parto o de un camino. Es la venida por donde llega el que se va... el que se fue.
Fue la primera vez para saludarse, en los cumpleaños no pudieron ni mirarse como hoy en el de Brígida y de Toñita fue secuestrado por Benito y don Miguel en la mata de granada. Aquí’... no podía ponerse a comer dijo Chang, teniendo hambre de estar cerca de la más suculenta ensalada de pétalos de orquídeas frescas... sazonadas con las cándidas y límpidas manos de las circunstancias.
Cuando se despidieron Sebastián quedo satisfecho de lo bien que habrá resultado el encuentro con su enamorada. Mientras ella estaba henchida de gozo espiritual... por haber oído decir que Chang -aprendió’ a controlar mis energías que recibía de tu fuego personal... que me llegaba y no sabía sintonizar... como ahora. Recordaba que mencionó que ahora podía lavar sus emociones... y pensó dijo Sebastián que fueron las poderosas manos de la naturaleza. También aprendió a contar las espiras del gran embobinado espiritual, controlo, dijo -los flujos emocionales, los tenía fuera de sintonía frecuencial, empero ahora los manejos a mi antojo... puedo introducirme como ’incubo en las psiquis de tu control.
En el dormitorio Juana puso las manos debajo de la nuca, fuerte como un tronco de roble o de jarquí... sentíó una gran energía circular por las palmas de sus manos, se movía como lagartijas dentro de su cuerpo. Será calambre, será alguna culebrita o lombriz?...movió los codos y como si doce voltios DC. Se hubieran desatado de los axones de su centro nervioso comprendió que era la posesión... y la mejoró... entonces se puso el dedo índice en la boca como si hiciera una cruz... el corrientazo de energía se cargó y se tradujo en luz y vio con claridad... Sebastián se ha curado... curado, ha desarrollado su espiritualidad... puede imaginarse cosas que antes no lograba, ahora recuerda mi perfil y mi silueta... por eso fue que me dijo franca y pura... puedo ver dentro de mi y leerme con paginas en letras de mieles y cristales... en letras de varios quilates.
Cuando estuvieron en el jardincito de la tea de Chang, Juana Fca. Se le acercó al hombro y desde ah’ miró las dalias que quedaban en la fronda. Las flores fueron sustituidas por ajíes cubanelas, por ajonjolí’ y unas cuantas matas de tomates y repollos... Allá en el jardincito, fue también donde hablaron de casamiento y de la aceptación de doña Eulalia Trejo y de Pablo Silverio. Fue también mientras veían las dalias que por primera vez Juana le dijera CHANG, que a él le llenó hasta el rebozo de placer. Mirando los ajíes fue que ella lo tuteó y ahí también donde se juraron eterno amor en las malas y en las buenas... fue allí, tomados de las manos, que se consideraron desposados por el lazo idílico de los dos corazones mas respetuosos que humano haya tenido en los siglos anteriores.
También fue ahí que Juana F. se empinó agarrando con ambas manos los hombros de él y lo besó en la mejilla izquierda... deseó hacerlo en la boca, pero ella podía esperar... Sebastián suspiró profundamente, emitió un ingenuo sollozo que se convirtió en otro suspiro de alivio y solo pudo decir adiós amor de mi caminar, de mis auroras y de mis medios días... y de mis viejos atardeceres...
El amor de estos dos muchachos era una luz en la brumosa cañada, era un farol en las junglas de Tatania, donde la ferocidad se imponía a la ingenuidad, era espejo para mirar la limpieza de sus propósitos. Para mirar los reflejos incondicionados de ambos sin angustias, sin artimañas, frugal y noble, era un amor tamizador de almas, donde se hierven las pasiones, las más nobles del ser humano para lavar las caricias... era un amor sacudido en los grifos de los hornos donde cocinan las voluntades y la personalidad de claros propósitos y de caras proyecciones... sin ambigüedades y arrugas.
Esa mima tarde en los perímetros de la casa de doña Eulalia, un grupo de muchachos que se dividió en cuatro de cuatro, jugaban a las bellugas, a las semillas de cajuil, con chatas y a los trompos, hechos con las mejores ramas de la flora de Tatania. La frondosidad de la gigantesca mata de ojos de burro, era muy propicia para ese tipo de lúdica, faena de infantil. La algarabía salida del centro de atenciones de los convidados no permitía que el señor sacerdote, realizara los bautismos. Entonces doña Lalo envió al joven Sebastián y consiguió que se efectuara un poco de silencio.
La comida ese día de bautizo era como decían los adultos especiales, mataban pares de aves, generalmente gallinas y con muchos espaguetis hacían una rivota... una verbena del mediodía... y compadres, ahijado... Comadres, madrinas y padrinos terminaban en felicidad. Luego bebían hasta ponche casero -que doña Eulalia hacía, muchas veces servían vino de cacao o con pulpa de tamarindo y café... Sebastián cuando comió se alejó de los mayores y buscó refugio en el santuario de sus ideas... se quedó durmiendo con el libro de versos de Salomón en el pecho.
¿Qué hermosa eres muchacha de Jerusalén!... tus ojos son palomas, azucenas entre las espinas... Levántate amada mía, hermosa mía... ven a mí. Estos versos estaban en el libro que tenía en el pecho, mientras dormía. Despertó con el sol de los muertos. La casa estaba silenciosa, todo el mundo se había marchado. Doña Lalo cosía una redecilla y las muchachas estaban fregando el locerío muy calladas.
-¡Sólo se rezar... Dice la gente! Eso! eso es verdad, con eso sólo, no se casa ni un loco, debo aprender aunque sea barbería. Aprenderé aunque sea sembrar tomates o repollos. Di media vuelta en el recinto de sus ideas y como resultado de las cavilaciones señaló con aptitud de un general -haré el más grande y más hermoso de todos los conucos en esta larga correa vegetal. Muchos vendrán para saber, para conseguir las fórmulas... y crecerá en los demás el deseo... Se llamará la estancia del Cañafistol. Les demostraré a mis hermanos que tengo un horno con grandes calorías, donde se queman los mejores y mayores proyectos. Que dentro tengo una enorme factoría... Dado que sólo sé rezar, lo haré ahora con la lengua de los agricultores prósperos y tendré hortalizas, pocilgas, establos. Hacienda de maíz, de yuca, maní’... Comenzaré con estos $457.00 pesos y quién es quién, se sabrá en unos meses...!
Y para los que quieren verme con sotana y cuello romano, les doy las gracias. Seré el mentor y padre de una de las grandes familias del universo: La familia de Silverio Olivo, rezaré y trabajaré para que sea así, con la ayuda de la misma fuerza de la razón -procesaré una Herencia genética que con los tiempos del tiempo no me olvidaran: me recordaran.
Y como Dios no es bizco, ni cojo, ni sordo, ni tartamudo, me auxiliará a que lo bueno que traigo de mis padres se fortalezca, y mejore y como yo amo a Juana Francisca y ƒlama a los que aman me amará. Sebastián es un joven de gran corazón, de puros y nobles sentimientos... Quizá en vidas anteriores fuera discípulo de los grandes sabios del viejo Oriente... Tales como Meneo... Lao TSE Confucio, o de Tmo TSE. De ahí el apodo Chang. Transmigraría en una semilla para cuenta de un rosario, en los genes del tatarabuelo de don Nicolás Silverio, seria pariente de Chang Yin que gobernó a China del 1450 al 1050 a. c., podría ser pariente del Mariscal Chang Kai Tse... presidente chino en 1943.
El joven Chang sabía valorar las circunstancias... conocía sus posibilidades... no sólo de rezo vive el hombre... pero Chang rezaba en latan y en español, en agricultura, en porcicultura y en horticultura. Había que sembrar en latín y cualquier otra lengua. Pero en Sebastián se posesionaba una fuerza muy extraña, tenía miedo a su madre más que a su padre... que se había marchado en busca de nuevos horizontes... pero se había confundido esta vez con el... carácter de doña Eulalia que estaba enamorada de él y de su enamorada... o sea, de la hija de Ramona y del señor Benito Olivo.
Le hubiese gustado compartir con su marido los propósitos que tenía para su hijo Sebastián; le hubiese pedido su ayuda pero parece que la había abandonado...
Estaba muy segura de ese presentimiento, lo confirmó con la llegada de la vaca y el regreso del perro... también con la actitud de Silvestre de no regresar. Estaba enterada de que Pablo Cena, su marido, la había abandonado y que tenía otra familia en los predios de La Jagua entre Guananico y Paradero, parajes colindas con territorio de Valverde.
Días más tarde Sebastián recibe de su madre la hermosa información de que podía trabajar la hacienda donde más le conviniera... Chang recibió la información con incredulidad. -Hijo estoy orgullosa de ti, dijo -y como recompensa iremos mañana a ver el hijo de Silvestre y de Silvestrina.. Sebastián subió el arco de las cejas y además los hombros, dijo que sí.
De regreso de la casa de los padres de su primer nieto señaló -hijo mío, estoy muy triste con el comportamiento de tu padre, según informe va a tener otro hijo... Me ha abandonado... y como soy su esposa y tu madre, te autorizo a realizar los ajustes que desees y de inicios a todos tus proyectos sin perdida de tiempo.
Sebastián -que nunca fue dado a la zalamería deseó saltar al cuello de su madre y colmarla de la delicia que estaba experimentando su henchido y muy alegre corazón... con el regalo que ella le brindaba.
Maria Silvestrina estaba muy contenta con la visita de su cuñado y de su suegra... aunque torpe parecía, brindó además de las atenciones de nuera y de cuñada... afectos y cariño.
Quedó muy satisfecha con la presencia de la madre de su marido. Maria Silvestrina deseó que comieran pero ambos cuando llegaron a la casa, para ver el niño Miguelito, ya habían almorzado.
Doña Eulalia se sintió atraída con la forma de la mujer de su hijo Silvestre, entendió que las palabras de la mamá de su nieto fueron bien escogidas y dichas con el tono que ella deseaba y necesitaba esa tarde oír... Le agradó la carita del niño que la hizo reir se le parecía a Pablo.
En la vivienda de los Silverio Cruz inauguraban una calzada de piedras que a muchos le pareció una reliquia y dio mucho que decir, era una hermosa calzada hecha con picos y palas y los músculos de los vecinos de Tatania. Exhibían figuras surrealistas con aspectos tainos... hallados en donde recogieron las lajas para la referida calzada.
Silvestrina preguntaba a su marido -Aquí crees que pensaría mamá Lalo de nosotros? Yo no sé como tú la recibiste, la que sabes eres tú -manifestó Silvestre. Que bueno que haya venido y no me haya hallado... es una mujer muy repelosa y ahora que papá la dejó... por andar detrás de nuevos horizontes se convertirá en avispas -pues mire que no, estaba muy a gusto. Bail con Miguelito y lo halló que se parecía a tu padre. Si hubiese estado molesta no hubiera bebido el café.
En el comedor de doña Lalo -las tres hijas se sentaron a su lado para preguntarle por el niño del hermano... Y ella informó que podían ir a ver a su sobrinito y que trataran con afecto la cuñada.
Durante todo el discurso de sobre mesa de la señora Eulalia, las lágrimas que humedecieron el mantel era la amnistía que abrían las puertas a su hijo Silvestre, que había regresado del lado de su padre, para construir su propia estancia. Díganle -expresó eufórica la señora, que puede hacer una gran estancia donde lo desee del lado este... que haga el mejor y más fecundo conuco de esa parte de la hacienda de su padre.
En la madrugada cuando el señor Olivo dejó la cama y estuvo calentando en la cocina un poco de café, se sintió perturbado. Prejuzgaba un problema en casa de los mellizos, de su hermana Martina, que vivía en Guayubín. En su familia por todas sus generaciones soñaban, presentían las catástrofes.
Pasó la noche mirando la vieja luna que tenía una boca por cada rayo plateado. Cada boca tenla una escalera de luces, de luces y por la misma subían cuantas cachipollas en el entorno había. Veía las cucarachas, las ratas, los escarabajos, los perezosos, gusanos de tierra, de madera... hormigas bobas, rubia como las barbas del maíz... se iban por la escalera de luz, absorbidas por el poder lunar.
Sin embargo los gallos hacían el primer concierto, cuando hileras de garrapatas y pulgones se mudaban como a un sepelio por la escalera lunar.
Tampoco Sebastián tuvo tranquilidad en la noche anterior... pero en la madrugada fue dueño de un largo y vitalizador sueño que lo preparó para iniciar los primeros proyectos de su agenda.
Estuvo reunido, Sebastián con Justo García. El Lebro celebro por más de una hora y en la mañana del día siguiente, terminaba de techar una pocilga con tres apartes, y como tenía el permiso de su madre, calculaba cuantas tareas de cacao y cuantas de maíz iba a sembrar en el llano del viejo cañafistol, donde haría su casa para ella y para sus hijos-hijas. No podía perder ni el apetito, ni el sueño... Meses más tarde hubo que ampliar la pocilga. Ahora Chang era dueño de docenas de cerditos, habían parido las últimas, traídas la semana pasada... Tenían la cabeza grande, orejas caídas y jeta casi cilíndrica- redonda.
El joven rezador -dijo un d’a a Lebro... cada vara de cigua prieta que me traiga, se lleva peso y medio, pero cada costanera que halle, se la trae usted y dinero en mano. Comenzaré a construir lo más pronto que pueda. La haré de cuatro dormitorios y cada nacimiento traerá la necesidad de otro cuarto... Mi casa será de más de doce habitaciones... porque el hombre que tendrá mis hijos de una sola mujer soy yo... Seré yo.
En la playa del río, los bañistas, estaban muy contentos, hacía mucho calor. Estaba repleta la poza; las piedras servían de calzada para transitar, pero estaban muy calientes. Sebastián que iba para el río opta por devolverse, entendió que era día de muchas gentes... y eso no era bueno y fue a bañarse a Marto Diego, a Diego Martín... que sus aguas eran frías en verano como invierno.
Las manos del rezador ahora abrían portezuelas de progreso y es dueño de conucos, de lechería, de carnicera... de ventorrillos. Es dueño de la escuela y como es... también rezador, es dueño de la iglesia.
Por qué se burla usted doña Lalo- dijo Alejita Gutiérrez, esposa de Tomás Silverio... No me burlo -dijo la suegra. Es una verdad de Perogrullo. No puedo callar, querían -que lo mandáramos al seminario o para el colegio militar... El tiro se les Salió por la culata, se frotaban las manos, así quedaban las propiedades desamparadas. Te das cuenta que no me burlaba. Ni será cura, ni cabo, ni sacristán, será eso que dije, dueño de haciendas ahora es dueño de ese valioso tesoro. Es dueño de 25 tareas de plátanos, 17 de yuca, 56 tareas de maní’ y yuca intercaladas... Docenas de chivas parideras y de reses... también. Nadie, que no sea Félix Henríquez, tiene en Aromanilandia y en Tatania el ganado caprino que posee mi hijo Sebastián -no es burla hija mía, es una verdad dicen los abogados de Perogrullo.
Juana Francisca, cuando salió del baño, pensó en su madre, deseó que ella la hubiese visto vestida de blanco, con el traje de novia. Había llorado mucho pero el deseo de verla le arrancó algunas lágrimas.
Había aprendido a tragárselas, pero esta vez las dejó para lavar la tristeza. En ese mismo momento llegaba su padre Benito a quien enteró de sus deseos. Informó de los propósitos de Sebastián y que una tarde estará su madre con el propósito de solicitar en matrimonio las manos de ella. Don Benito no dijo nada se quedó mirándola muy complacido, era la ocasión para celebrar tan fausta noticia. Díganle a su novio Juana, que ésta es su casa. Que puede venir, solo o acompañado... porque él reúne las condiciones y elementos que satisfacen a un padre viudo, para hacer feliz a su hija, que era el anhelo de la difunta madre.
Don Benito esa misma tarde salió para Guayubín para la casa de su hermana Martina, Juana al quedarse sola se sentó en el borde de la cama y trajo a su mente el perfil de doña Ramona. La imaginé como líder de una banda musical moviendo las manos aritméticamente y en forma sosegada, ritual y melódica como en las aristas de un cielo azulado, moverse agitando una manta blanca... pero apagándose entre las neblinas de la ficción.
Pero en el encanto de sus sueños escuchó que ella le decía óyeme hija, ven por un momento, ahora te toca entrar por los portales de las tres cortinas: la de hijas e hijos, la cortina de esposa y la cortina hija, de madre... Ninguna de las tres es mayor, ni menor... todas son difíciles, pero cuando usted es responsable las tres son livianas y fáciles de llevar. Los hermanos de ambas familias se sentían complacidos con la noticia del matrimonio.
Cuando Benito regresó de Guayubín, fue sanamente sorprendido al mirar al joven Chang sentado en la vieja raíz de la mata de cañafistol que sirviera como asiento, por largo tiempo, hasta hallar a su amada veneranda.
-Hola Sebastián, lo saludó efusivamente. Estoy bien, respondió, me sorprendo verle sentado en esa vieja raíz, no se cansa, usted? No, por qué me podría cansar, don Benito? Vengo con frecuencia a leer por dos y a veces tres horas...
Sebastián había cambiado la postura de lector y como si estuviera en la oficina, ponía sumo interés a las palabras de su futuro suegro. Perdone usted joven Sebastián, que lo atosigue con mis preguntas, pero ¿de quién es esa casa tan bonita?
Esa será la suya señor Benito.. Porque es la mía, y es para suponer que lo que es al hijo al padre será. Don Benito humedeció los labios y un par de lágrimas tuvo que contener. Reía gozoso. Esa manifestación de grandeza que había, según su parecer lo había dejado desarmado y sin expresión del habla.
Sebastián había ganado un nuevo estadio con sus expresiones tan claras y tan humanas, se movió e invitó a Benito a entrar a la construcción de la casa. Benito elogió las puertas y ventanas, los ventiladores...! Caramba... Caramba! Tiene gusto exquisito usted, iba preguntarle por qué decía la palabra Caramba con tanta emoción, pero se contuvo. Benito se alegraba, pero también se sorprendía de encontrarse en la casa que entendía... seria para su hija Juana Francisca. Pero eso lo decía con la frecuencia múltiple Caramba!
En la casa, después de la ceremonia familiar, y de guardar las apariencias del cansancio del viaje, Benito dejaba expresa una alegría singular para hijos e hijas, en la sala estaban los menores de Lorenza, último encuentro amoroso con el destino del Sr. Benito. La negra Ana y Maricusa oían a Benito. Los muchachos hacían diligencias para el conuco. Juana Fca. Quitó las botas que usaba en los viajes largos. Martina está muy mal (quizás no llegue) al año nuevo, manifestó don Benito, mirándose las botas; dejó bajar su estima al recordarla en cama como una vela de cera de miel de abeja apagándose lenta pero segura. Levanté la cabeza y miré a todos y luego fijó los ojos en la mayor y su cara se iluminó... como cuando ve’a a la muchacha que un día llamó princesa del río. Su rostro estaba radiante y con él las cosas del salón se limpiaban de sobra... Entonces preguntó no les queda un pedazo de pan para bríndale a un padre que se muere de hambre? No les sobra un brazo para llenar de fe y esperanza a un viejo que se muere de cansancio?
Cómo no, papá, amablemente contestó Juana; la bendición. Abrazó al padre con tanta emoción y apego, que experimentó la mayor emoción espiritual que pudo caber dentro de s’, sin desparramar en los manteles del capricho de llorar por felicidad. Haciendo un diluvio en fuente de dos lágrimas ardientes y pasionarias... experimentando el éxtasis filial en la dermis por el roce de las mejillas del perfume de un recuerdo agradable.
Cuando llegaron los demás hermanos, ya había referido la alta satisfacción recibida al encontrar a Sebastián sentado leyendo en la misma raíz que él empleó en tiempo de sus 26 años esperando por el amor de su Ramona Silverio Cesaire. Pero pudieron oír cuando hablaba de la casa que Chang estaba exhibiendo, como patrimonio suyo, y para su hija Juana Francisca Olivo y que de casada de Silverio. Todos incluso él, rieron por la limpieza de palabras y de corazón con que hacía un padre campesino de poca o limitada formación de academia. El hallarme con el pretendido de mi hija... me hizo tan feliz que amaino la tristeza que traía por la enfermedad de mi hermana Martina.
Juana escuchaba las explicaciones de su padre como si estuviera oyendo la misa del gallo, ni pestañaba, ni su respiración podía oír. Era impresionante como ensamblaban las energías de esa familia. Es una vivienda que se ve, con mayor tranquilidad señal Benito.
De cual vivienda habla usted? dijo Maricusa.
-De la que construyó Sebastián, ¿no la ha visto? Cuando Maricusa iba a contestar, que desde los cumpleaños de Brígida y de Toñita no bajaba al río, hacia presencia Tino, el primo de Juana a quien entregaba una carta de parte de Sebastián.
-Hola Juana, dice la carta, cómo te sientes. Mi madre convenció a mi amado y desorientado padre para no enviarme al seminario y mucho menos al ejército, pero si me hubieran enviado a Roma o a la guerra, de allí hubiese desertado para pedir lo que en pocos días haré, tus manos y corazón en matrimonio, comprende usted lo que le pido? Tú sabes amor mío. Ella sonrió porque cambió para tutearla, lo mucho que te amo lo sabes verdad, porque te llevo dentro de m’, donde quiera que voy, en mis huesos, en mis médulas, en los tuétanos ahí andas tu como una rosa circunvalarte de mi jardín existencial. Eres mi linterna en los caminos de mis atardeceres y soldado de mi intenso amanecer.
En cada letra de esa carta había un misil encaminado a señalar donde esta la pureza de su alma noble y desinteresada, pero que es el blanco de sus proyectos. El pensar de la procreatividad del entorno aromaniel, donde florecen las palabras al umbral de los nardos y jacintos del quejumbroso y arrullador Bajabonico de meandros que son suspiros cuales cuerdas de la idílica lira en el acto de vivir, en plácidas olas navegando, entrando en las blancas arenas del viejo Isabel de Torre, heroico verde guardián de la novia del atlántico.
Juana dio la carta a sus padres y ambos celebraron el muy humano contenido. Don Benito autorizó a su hija a escoger el d’a para invitar a Chang a cenar en familia con sus tres hermanas y su muy distinguida señora madre, doña Eulalia Trejo.
La República Dominicana no estuvo lejos de ser bombardeada por los aviones del Reich y en especial cuando el presidente Trujillo desafió al (eje) la década del 20 y la del 30 fueron para los países caribeños algo peor que el infierno, los pueblos latinoamericanos padecían el gran síndrome de las invasiones el 28 de julio de 1915 los infantes de marina de los Estados Unidos invaden la república de Haití, quedando bajo el dominio de los estornudos mortales de las cañonerías yanquis.
La tierra de la isla era una gusanera, la hediondez que dejaban los infantes de marina norteamericanos. La hediondez que al pasar las botas infernales del soldado imperialista corrompía el pudor de los dos vientres nacionales. El 15 de mayo de 1916 entraban los marinos de infantería al suelo sagrado de la parte este de la isla. Quisqueya, Cuál era el temor? Por qué a las dos partes, a las dos naciones? Cuál era el interés? Qué deseaban, que supieran los vecinos? Los hechos del 1917. Los acontecimientos después de la insurrección de los obreros en el mes de marzo y la caída del zar. La desocupación militar de las tropas norteamericanas, el 18 de septiembre del año 1924 fue desde el 1905 — 1907 del 1914 — mil novecientos dieciséis, (1916) no fue antes del 1903. ¿Qué...?
Benito, aunque muchos lo ven en el fuego de una centrífuga de un cristalizador de azúcar o en los aleros de una ranchería de Tatania. Pocos saben que él acude al club Amantes de la Patria los 16 de Agosto a escuchar las charlas que anual la institución ofrece a los obreros de los ingenios de la provincia.
Escucho hasta el último de los temas la alegría del futuro matrimonio de su hija lo tuvo apto para asimilar temas como los referentes al desembarco de las tropas de infantería como los ultimátum del gobierno invasor, los EE.AA hacen saber que están muy apenados por los desordenes actuales, lo cual hace a ese gobierno actuar y cumplir con las anunciadas seguridades dadas al mundo y al pueblo dominicano.
Olivo no soportaba eso de ultimátum. No entendió y murió sin entender por qué aquellos jefes que están o puedan estar en los desórdenes, serán hechos responsables.
El inicio de la guerra, los ataques de Peral Harbour, luego en 1941 los hechos del 6 y el 9 de Agosto en Hiroshima y en Nagashaki en 1945. Todos estos acontecimientos favorecen o perjudican al país, influyen en el quehacer nacional y en lo antillano. Pero en el entorno de Bajabonico, en la estancia de Juana Francisca y de Sebastián, la aroma del malestar de una política equivocada, llegaba a todo el litoral del atlántico puertoplateño, la gran crisis del 1929 en el imperio del norte, entra a los hogares más pobres del territorio norteamericano como a los de Tatania en Puerto Plata de la República Dominicana. La quiebra de millares de bancos cerraron sus ventanillas, igual las ruedas de la industria se detiene cerrando los ojos de la producción. Estos acontecimientos del 29 en los Estados Unidos llegaron a influenciar tanto en la economía mundial que a pocos años los pobres de muchas ciudades de Norteamérica tuvieron que hacer fila para recibir una ración de alimentos. Para el 1939 cuando finaliza la segunda guerra mundial, en los Estados Unidos hubo 18 millones de desocupados sin techos, sin comida, sin educación, transporte y sin medicina.
La Casa Blanca lanzó millones de papeles huecos, dinero vacío, carente de unidad orgánica, teniendo que hacer reparto de funditas conteniendo comidas, con el perfil del gran Tío TOM, en todas las oficinas públicas.
La República de Juana Francisca y Sebastián para esos días, de miseria en el pueblo más Vanidoso del mundo, el más consumista, el más arrogante, estaba gobernado por el, quizás penúltimo de los clásicos caudillos dominicanos del siglo veinte. Por Horacio Vásquez, quien se ufanaba de la prosperidad de su gobierno, ocasionada por las crisis económicas europea producto de la guerra irracional. Horacio no sabia que una plaga con pico y espuelas parecida a las aves de rapiña se estaban llevando el manjar... los últimos huevos de la gallina de oro, entre las uñas de la corruptocracia.
La estrella luminosa del gigante caudillo se cae del firmamento y se rompe en millones de esquirlas, hiriendo la esperanza de los nacionales acostumbrados a la danza de las papeletas.
Los Trejo es un conglomerado de rurales, que conservan las costumbres, los usos y las tradiciones de sus antepasados. Mantener la Etnia, era su gran empeño como clan ruralito. Pero no son como desean los pater o los mater family, cuando la flor de la amapola o de café envía su aroma a la campiña, las abejas del entorno acuden a libar los néctares y se fecundizan las colmenas.
De los hijos e hijas de los fundadores de Los Trejo, surgen otras familias aunque fuera del territorio, en el primer tercio del siglo veinte, a principios de la invasión. El señor Tito Bonilla alias (Canuto) casa con Sipriana Trejo, la señora Matilde Trejo, casa con Juan Bonilla. Alias (Juan Santo).
Valeriana Trejo, fundadora de Los Trejo, paraje de la sección Pérez, era madre de Bernardo; Ramón, de Vicente y de Francisco... cuál de los primeros hijos de los fundadores, fue el que rompió las reglas del clan, los hijos de doña Valeriana llevan como patronímico Silverio.
Sin embargo Eulalia es Trejo. Esa familia permitía aunque no el incesto, patrocinaban las uniones entre primos de primera línea, es decir entre primos hermanos. Sin importarles los resultados, como fue el caso de los hijos de dos primos cruzados, es decir hijos parejas de hermanos dobles estuvieron en dos ocasiones partos de niños metamórficos, cuentan que Dolores, mujer de Horacio unidos en matrimonio vieron muy complacidos el nacimiento de una niña a la que bautizaron con el nombre Sacarina todo iba muy bien y nadie notaba anomalía en el cuerpo más por fuera que por dentro. La felicidad era superior entre Dolores y Horacio. Tenía Sacarina, tres años y tres meses y fue atacada por una horrorosa gripe. Permaneció 15 días sufriendo de dolores de cabeza. Fue la enfermera que la atendía quien señal que a Sacarina le habían nacido varias manitas o axones parecidos a las manos de un bebé. La madre al enterarse se desplomó sobre el mosaico sufriendo leves rasguños. Horacio quiso pedir ayuda para tratar el caso pero hasta el Estado le dio la espalda, la niña murió a los seis años, los cabellos cubrían las manitas que no crecieron más que los dedos de una mano normal. La tristeza sustituyó aquella alegría de pobre, el temor fue hermana del desasosiego en la familia de Horacio y Dolores, que fueron aconsejados para evitar engendrar otra criatura que según los videntes esta vez sería peor. Y así sucedió, les nació Adolfito, con los mismos rasgos del parto anterior, la vida reflejo de salud, alumbraba el buen deseo de los padres tener un hijito o hijita para neutralizar los recuerdos de Sacarina.
La casa de Dolores y de Horacio era una clínica, parientes y amigos, entre ellos comadres y compadres, acudían en la mañana todos los días para conocer al niño Adolfito.
Parecía que tuviera todos sus órganos normales, comentaban los visitantes eso se creía, eso habían dicho los médicos y el comportamiento respondía a los estímulos exteriores como un niño de su edad para los estímulos de vida interior había que esperar.
El tiempo convirtió a Adolfito en un fenómeno, le crecía la cabeza de tal forma que su tamaño era 23% de su cuerpito, además le nació cuatro dedos más en cada extremidades uno, pero la uña crecía con la misma rapidez y frecuencia que los cabellos de Sacarina, a los ocho meses Adolfito tuvo toda su dentición y además en cada colmillo le habían nacido una andana, una línea más de dientes encima de los primeros. La carita era de adulto, con labios abiertos.
El niño era un hidrocefálico, muriantes de cumplir los nueve años. Dolores y Horacio vivieron largo tiempo en un asentamiento agrícola en la periferia de la capital de la República, donde adoptaron una niña que luego dio nietos para los dos esposos primos.
No solo en Los Trejo eso ocurría, también la familia Torres en la comunidad de Jicomé, realizaban ese tipo de enlace con primos y parientes. Y los Torres de Jicomé en San José de las Matas.
En cualquiera de la familia del entorno imberteño o Altamirano, la familia era en su mayoría matriarcal, con una gran inestabilidad en los vínculos del matrimonio; el hambre, la pobreza y la educación formal, era marca esencial del extracto. La madre era la jefa de toda acción económica o amorosa; Mamá es la que sabe decían las quinceañeras, es la Matrona, Juana Francisca Olivo tenía aprehensión por lo nato del matriarcado, mas conducía sus actividades con las dos varas. Una de las cosas que más a ella le preocupaba era lo poco que la gente valorizaba el concepto amor. Llegando a preguntarse ¿es amor eso de casarse con primos?, ¿Será amor o simple apego al mantenimiento de la etnia? A ella le dolía que en mucha familia del entorno, ese elemento básico para el crecimiento de la familia, del núcleo de la comunidad humana se estuviera muriendo, o lo estaban fusilando con el apego a fantasías y magias negativas al desarrollo de la esencia de la naturaleza física y sicológica de la raza humana.
Los principales vínculos familiares de la época fueron los de las hijas de su tío Andalio: Crucita. Se casó con el señor Ramón García, de apodo Cuba, Francisquita con el señor Néstor Sandoval y Ernestina con el señor Juan Diloné.
Los hijos de Juan de la Paz Medina, Julio y Evaristo se unieron a las hermanas Daniela y Liberta, oriundas de Jicomé, la mayor de los hijos del señor La Paz, Berta casó con Basilio Silverio hijo de Pepe del Carmen tío del joven Sebastián, que un poco más tarde se casaría con Juana Francisca Olivo, hija de Benito y de Ramona, hija esta última, de Fermín y Cayetana Cesaire.
Antes de los trece meses todos estos matrimonios era familia completa, a cada vivienda había llegado uno o una para quedarse para formar en los sucesivos una familia nueva. A Crucita le llegó una niña a la que bautizaron con el nombre de Petronila, a Francisquita le nació la niña Esperanza. A Ernestina le nació un niño al que dieron por nombre de Justo.
Al señor Evaristo le nació una niña a la que llamó Teresa y a su hermano Julio un varón al que llamaron Luis y a Berta y a Basilio les nació también una niña y la bautizaron con el nombre de Zunilda.
Así fueron creciendo estas parejas con los nacimientos de niñas potables sanas y varones ’íntegros, en término orgánico, as’ esos cruces dieron como resultado a inicio del siglo 20 del matrimonio de Pablo Silverio Minaya, Doña Eulalia Trejo y de tal familia naciera Sebastián y ha sido así como fueron Tatania uniéndose a los demás parajes. Tatania con la ribera del arroyo Capitán con la familia Sandoval. Tatania con Rincón, los Bonilla con Diloné y Crucita con Guanabanía.
1930 la brisa de la mañana del 16 de agosto besó con náusea el lienzo tricolor. No por los colores ni por escudo, sino porque se sentía un flujo de intranquilidad... los místicos se lo achacaban a que ese día finiquitaba el periodo presidencial del presidente Vásquez. Los cafetales de Tatania, los cañaverales de Amistad, las haciendas de los Brugal, la licorería, los bueyes del Central Montellano sintieron también que se acercaban tornados y tormentas humanas y naturales. Las esperanzas de los jóvenes que en esos días contrajeron y los que contraerían matrimonio estaban frustradas con el ascenso al poder del presidente Trujillo.
En muchas poblaciones urbanas, suburbana y rurales la iglesia encontró el discurso del general Trujillo como inmoral y pornográfico invitó a los jóvenes en edad de producción a contraer a buscar... mejor dicho a escoger parejas, esta población se está haciendo anciana y hace falta la hermosa sonrisa de la infancia. De la gerontocracia a la infantifilia, de la gerontofobia a la efebofilia.
Los aires en las calles de la ciudad capital, en las ciudades como la de Santiago, traían los infaustos recuerdos de la noche del 23 de febrero de ese mismo año, cuando surgió como un montaje teatral, la llamada revolución de Santiago. Tan falsa, como muchas otras acciones montadas para cazar opositores. Era Benito quien le contaba a sus hijos e hijas antes de irse a la cama.
-Esa revolución de Santiago, fue una falsa, fue un montaje, las armas fueron entregadas por el general Trujillo, por lo menos di— la orden de hacerlo, de un simplón segundo teniente de la guardia nacional llegó a gran General de Brigada. El mismo -continuó Benito, preparó lo que llamaron “Jugada Maestra” y cuando los revolucionarios llegaran a la fortaleza San Luis, los soldados levantaran las armas simulando rendición.
Pero los síquicos de campos como los de Guanabanía y como los de Tatania entendían lo que se avecinaba era una cosa para esconder la cabeza o salir a esconderse a una cueva forrada de acero. Nadie hizo caso a las premoniciones de los clarividentes rurales, y el día 3 de septiembre los brazos como antorchas de fuego ácido entró al territorio dominicano, destruyendo a su paso de gigante, la República lloró a cinco mil muertos, siendo esas las primeras después del ascenso al púlpito del generalísimo Rafael L. Trujillo Molina.
Félix Henríquez llamó a Sebastián y como el Jefe lo instó a casarse, le habló de la casa que había terminado, le preguntó por la novia ¿De dónde es? dijo. Pienso casarme en las próximas semanas. ¿Que desea usted? Es de aquí, nieta del viejo Fermín Silverio y de Doña Cayetana. Se llama Juana, hija de Benito Olivo. Lo conozco, dijo Don Félix.
Lo que deseaba Sebastián, manifestó el señor Henríquez Silverio es para hombre casado. Necesito que al casarte hagas como otra familia, la iglesia. La iglesia y la escuela son cosas muy delicadas y muy complejas.
Cuando Sebastián llega a la casa intercambia impresiones con su madre a quien entera del ofrecimiento que el señor Félix Henríquez hizo y él se entera de la situación de su padre en la comunidad de Guananico, Doña Eulalia como Sebastián ignoran de la muerte en Guayubín de la hermana de Benito.
Eran las nueve de la noche cuando el señor Benito envía a Fello a la casa de doña Lalo para que los entere de la muerte de Martina, su hermana, Buenas noches -dijo el visitante. ¿Cómo esta señora Eulalia? -dijo el visitante.
¿Cómo estás? Siéntate, siéntate en esa silla de guano, dijo de inmediato doña Lalo, sorprendida, Qué sucede que te hallas por aquí’ a estas horas? -sí señora, respondió, mi padre me envía para que les entere de la muerte de una tía, es decir, de Martina su hermana. Sebastián con el permiso de su madre acompañado de su hermano Mariano llegó a casa de su prometida, después de dar sus condolencias y haberse enterado de los rezos de novenario regresó a la residencia Silverio Trejo.
El señor Benito participa de los funerales de su hermana, el cortejo lo dirigía Pedro M» Montesinos que tenia un sombrero Jipijapa, camisa blanca mangas largas, pantalones negros; a su espalda iban Octavino y a la derecha Octaviano, ambos gemelos de la difunta. Iban vestidos de negro.
Le seguía unas decenas de vecinos y familiares. La seca era como siempre en la parte oeste de la isla sin embargo entre la cordillera septentrional se vislumbran nimbos viajeros que acompañan los condolidos al cementerio.
El señor Olivo no comprendía por qué su cuñado Montesinos, no había mandado a buscar a sus dos hijas que vivían una en Esperanza y la otra en Villa Navarrete. Tampoco entendió por qué los gemelos cuando llegaron del cementerio lloraban como cuando se reían por la muerte del presidente Mon Cáceres.
En la tarde del siguiente día de la casa de Ramona en Tatania, fue pequeña para recibir los gestos de manifestación de duelo y de amistad de los parientes de sus hijos e hijas y de los suyos propios. Don Miguel sintió la falta de recursos para facilitar a tan fiel amigo, deseó ir para los últimos rezos. Y después de un rato al mirar el agobio de su amigo fue a la mata de limoncillo y lo invitó a fumar.
Doña Eulalia acude en la noche a la casa de don Benito y comparte con él y los suyos de su aromático café con pan de maíz. Doña Lalo confirma enviar a las muchachas con Sebastián para la misa el domingo próximo a la comunidad de Guayubín.
-Agradezco, dijo Benito a nombre de la parentela de nuestra familia las atenciones que han tenido con nosotros. En esos mismos instantes entraba Juana con una bandeja y un servicio de café humeante , entregándole primero a la señora madre del que seria su esposo, luego a su distinguido padre, no miró para ninguna parte y en segundo terminaba de servir al estilo Tatania.
El señor Benito luego de marcharse los parientes de Sebastián, habla de lo distinguidos que han sido sus vecinos y parientes como amigos del entorno y de los contornos de Tatania, consideró de noble esa actitud y de honorable, pero hizo reír a los muchachos cuando contaba la travesura de los gemelos Octavino y Octaviano.
Era martes 13, día de San Antonio, fiesta en los entornos de Tatania, en los parajes Aromania, Guanabanía, fiesta de cantos, polos y tonadas de hachas. Chuines y rumbas. Corcove de pripri. Tamboras y güiros de calabazas y de bangaños. Tocadas de cohetes con rabizas de cabuyas, corrida de caballos y de burros desnudos de cobijas, sin gurupas. Subidas de palos engrasados. Luego algunos tragos y aullidos de perros hambrientos y rebuznos de asnos y ronquidos de cerdos, bramidos de vacas. San Antonio, baile de enramada, música de viento. Música de trío, típica, pies descalzos cintura sin correa, cáñamos sosteniendo el pantalón de kakis o de fuerte azul o tal vez de yagua mojada en mamey o Marto diego.
El camino real estaba decorado con penca de palma real en arco gótico, arcos góticos hechos con el alma de una tradición. A cada lado del camino había un horcón sostenido por un cáñamo o hilo de cabuya decorado con papeles a colores, los de la Patria toda, dijimos ya en arcos de pencas palmeras y azahares, rosas silvestres y petunia traídas de Las Líneas o de Tamboril.
Un hombre terminaba de pintar la escuela y mujeres por fuera y por dentro de la iglesia, lavaban las paredes. Don Félix caminaba al comp‡s de la música de viento, terminaba su viaje en los anones del río cerca de la vieja gallera.
Al lado de la vivienda de la señora Flora García, madre de Víctor y de Carlixto, en el secadero había tres hileras de personas recibiendo platos de arroz blanco y habichuela y carne de res y un pedazo de plátano o de yuca, al término de comer iniciaba la fiesta para baile, los aparatos de vientos encendían los corazones de los concurrentes a seguida de los anfitriones: Doña Higinia y don Félix, bailaba la pareja invitada, ese año de 1938 le correspondió a Juana Francisca y Sebastián, quienes no permanecieron por mayor tiempo por J. F. estar en duelo y se marcharon a Tatania de las manos con sus sentimientos y con la satisfacción de no haber herido a su padre don Benito Olivo.
Para el señor don Félix esos arcos significaban la hermandad de la familia. Juana y Sebastián cuando llegaron a Tatania fueron a sentarse al alero de la casa del abuelo Fermín, donde dormán varones hermanos de ella. Permanecieron unos minutos escuchando la música de la fiesta que habían dejado a su espalda. Comenzaba la música típica, los llantos de un acordeón entraban a los bohíos de los parajes como los de ni–os pidiendo un vaso de leche. Chang que anudaba los cordones a los zapatos, dijo: Es el señor Celso Moceen, Cruz Moceen. Vive en el paraje, los Guzmán. Esos requiebros rítmicos lo hicieron retrotraer las imágenes de los jugadores de azar, el de domino ve’a a Lalia con su juego de Bironay y a Guayabon con la lona y la cacona para los juegos de dados. Recordaba el baile de la cinta lo hizo sonreír al compás de don Félix y de Doña Higinia mientras bailaban el merengue San Antonio.
Los músicos típicos se adueñaron del escenario festivo del salón de baile, el señor Moceen, diestro en el manejo de sus dedos juveniles, dejaba atónitos a los espectadores, cuando hacía la ejecución digital del merengue San Francisco. El gran salón almacén estaba lleno de bailarines en parejas que en el calor del gusto y placer musical, intercambiaban a veces premeditado, en algunos lugares y ocasiones este comportamiento provocó trifulcas y hasta muerte.
-¿Para dónde andabas -preguntó— Juana Francisca.
-¿Cómo que para donde andabas, -respondió sorprendido Sebastián. No me he movido de tu lado...
-Es cierto, -dijo ella- con el cuerpo no, pero anduviste aunque fuera un instante fuera de Tatania. El la vi— que reía con la suavidad de un capullo de flor de Liz. ¡Bendito sea Benito!, dijo en son de bromas, tienes razón, recordaba los jugadores y los bailadores de cintas. También estuve recordando al cura, cuando levantaba el cáliz, y a la mujer que dejó la huella de sus manos pintadas en el lienzo mantel del altar y la gente creyó que era un milagro.
-Sí, sí, lo había olvidado.
-Sebastián ¿Por qué llama zumbadora a esas canciones de palos?
-La Tumba es el nombre original, llegó a ser el baile nacional, hasta la mitad del siglo XIX, su nombre se ha corrompido, proviene del Bantu, según Ortiz, es una danza muy apreciada durante el siglo XVIII presenta sincretismo y muy interesantes cambios cortesanos. El merengue lo fue arrinconando.
La brisa de la tarde hablada en lengua de sosiego blanco, el cielo era deshumano, tenia un alma cálida y más que de cristal era transparente, de risas argentinas...-¿Cómo esta papa, preguntó Juana Francisco, cómo esta don Ramón, señal Sebastián; quien se quedó parado al lado de la ventana que daba al aposento de la joven Ana Alicia.
-¿Cómo le fue en la fiesta?, dijo apagando el cachimbo, dando unos golpecitos en la palma de la mano zurda.
-Nos fue muy bien -respondieron, enumeraron uno por uno, los hechos tal como acontecieron. Los gallos encargados de armonizar la tarde, habían terminado de cumplir con su encomienda, así se abría el hueco por donde entraría el crepúsculo. El deslizamiento de las garzas blancas y reales era un manto volador sobre las nubes de los sueños del habitante de los parajes del entorno del Bajabonico; se asentaban en las ramas de los gentiles anones como en los hangares de un aeropuerto de gramales verdes. Parecían aviones de combates en los corrales al irse a ensayar a las viejas recuas que desde Los Uveros y de Las Llanadas traían los cafés y el cacao en granos.
Juana, Ramón y Sebastián intercambiaban, de la música, de la invitación que fue objeto para bailar la segunda pieza. Hablaban de un sueño donde dos hermanos se casaban. Tuvieron un varón muy bonito, pero con dos cabecitas una más hermosa y vieja que la otra. La boca joven bostezaba con fiereza.
Juana Francisca sintió moralmente una rotura dentro de sí, náusea que descomponía su estado psíquico, continuó en la sala, nadie reía... del sueño, -murmuró casi en silencio- la cabecita hermosa era dulce y parecía una flor de inocencia, con rasgos infantiles de nobleza, pero la otra actuaba como un reptil. El padre del muchacho bicéfalo era mecánico por la ropa que usaba muy grasosa, luego se robaron el muchachito de las dos cabezas.
La sala terminaba de llenarse, habían llegado los demás, Ana Alicia, Negra y demás varones y hembras ocuparon puestos para continuar escuchando ¿Cómo te fue hermana? dijo Maricusa... Y Fello preguntó a Chang algo que su padre le obligó a retractarse. Sebastián dijo estuvimos en la escuela, en la iglesia, en el secadero, repartían la comida, en el baile, nos tocó la segunda, pero por estar en duelo simplemente fuimos al salón y nos excusamos.
Cuando Sebastián se marchaba a su hogar, don Benito manifestó oiga Sebastián, dígale a su madre que permita a sus hijas y a usted venir mañana a la hora santa que haremos a favor de Martina, los esperamos.
Después de la matanza del 37 los dominicanos honestos no creyeron jamás en los discursos del presidente y mucho menos en sus promesas, doña Eulalia después que su marido la abandonara se sentía paranoica y no confiaba casi en nadie. Mandó a Sebastián a sacar su cédula, la necesitaría en el matrimonio.
El licenciado Stenio Vencet, presidente de Haití’ recibió de Rafael L Trujillo, presidente dominicano, la suma de RD$750,000.00, pagaderos en dos partidas, la primera de RD$250,000.00 d—lares, y los restantes en cinco años, pero el astuto mandatario dominicano lo persuadió para que recibiera solo RD$75,000.00 dólares al contados en el año 1938.
Doña Lalo se dirigió en silencio, sin que nadie supiera para dónde se dirigía; llegó a la casa de don Benito, al llegar se encomendó a todos los santos del purgatorio de que don Olivo se hallara en casa.
El señor Olivo estaba debajo de la mata de limoncillo, al ver la silueta de la madre de Sebastián, salió a su encuentro. ¿Cómo esta señora Trejo -dijo de buen agrado venga siéntase por favor!
-Estoy muy bien, señor Benito -muchas gracias! Siempre ha sido muy cortés conmigo y se lo agradezco. Pero como sabe, mi esposo se ha marchado en busca de otros caminos, he venido, para que escojamos el d’a para el matrimonio de nuestros hijos.
-Reciba usted con mucho agrado el honor que nos hace con su presencia y más aún por el contenido de la señalada visita. Nuestro corazón no tiene más lugar para guardar otro sentir que no sea el de alegría que acaba usted de depararnos.
No hablaron más del asunto y después de saludarse la señora Trejo se fue en silencio muy agradecida y satisfecha de haber realizado lo que su hijo esperaba.
Sin alborotos, aparatajes ni circunloquios baratos doña Lalo y el señor Olivo se reunieron por separados y les informaron a sus hijos e hijas lo del matrimonio de Juana y de Sebastián. En cada hogar la alegría fluía por los ventiladores de la cocina que humeaba con poca discreción y lo develaba la cena de esa noche, que de los dos hogares el olor a fritura inundaba a Tatania en la esquina sur y en la norte.
La señora Trejo había hablado con los hijos e hijas de los propósitos del presidente con los que no tenían esposas y les faltaban las diez tareas cultivadas. A las mujeres la obligaban contraer con cualquier pelagallos que sirviera para cubrir las apariencias.
Ni su difunta madre, ni yo -dijo Benito - desearíamos que hagan lo que no deseen hacer, sin dañar a nadie ni a nada, pero tampoco a usted mismo.
Ni su padre, que esta enfermo, ni yo, queremos que incurran en hacer lo que no deban, ni deseo... decía doña Lalo... parecería que los dos se habrían puestos de acuerdo para decir con tanta precisión lo mismo, los hijos en ambos grupos familiares se estaban preguntando, qué estará por pasar que nos sentencian así, era la primera vez.
Doña Lalo se levantó de la mesa y besó a cada hijo, pero a Sebastián, abrazó como si fueran a bailar un tango o una danza azteca.
El señor Olivo lloró en silencio mientras se bañaba, en la víspera del matrimonio de su hija. Le hubiese gustado compartir con Ramona esa alegría, la de ver a su hija vestida de blanco en el altar de la iglesia de la comunidad donde había crecido, pero la realidad era otra. Ramona estaba, al lado de cada coroto, de cada cosa, y estaba incluso en su corazón y en el de sus descendientes.
Doña Eulalia también lloró la ausencia de su esposo y esperaba todavía la llegada con sus hijos. Los había mandado a invitar como a cualquier particular. Todos sus hijos eran adultos menos José, Isabel a quien su padre se había llevado hacia paradero, y eso la llenaba de tristeza y de lamentos.
El matrimonio colmado de sencillez tuvo la magia de la alegría y del sosiego que sale de los corazones nobles, como los frutos inocentes de los fértiles surcos de las huertas de Tatania y de Guanabanía. Los regalos más hermosos lo entrego la tarde vestida de un tibio amarillo como los besos de los recién casados, era una tarde perfumada de azahares y de rosales, las pasiones se congelaban con las frescas aguas del arroyo Marto Diego y las jóvenes emociones se purificaban con las brisas invertidas del Mamey y La Quebrada. Los tibios rayos del sol como antorcha olímpica señalaban el camino del nuevo hogar.
El azul del cielo se confundía con los ojos claros de Sebastián, que desprendían luces de gozos al observar los negros cabellos, de su amada en un alto moño primaveral.
Las mariposas rumiaban emulando el blanco argenterino de la novia y dos viejas palomas veteranas de múltiples enlaces nupciales, hacían la marcha matrimonial, al compás de toques de campanas, comparando la

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