
Para montar un trapiche o un ingenio se necesitaba de un capital en dinero, pues había que comprar tierras, máquinas, esclavos, ganado, etc. Por esto, en esa industria participaron principalmente tres sectores: la Corona , que daba préstamos a los que querían instalar trapiches o ingenios; la burocracia colonial , que invirtió los capitales que acumuló con la extracción del oro; y la Casa Weber , compañía alemana ligada al tráfico de esclavos que se unió a la burocracia y aportaban al negocio esclavos y dinero.
El comercio del azúcar se realizaba fundamentalmente con la metrópoli (España), y a través de esta con Alemania e Italia. Durante el auge de esta industria, en el siglo XVI, los trapiches e ingenios se convirtieron en los principales centros productivos y de población. La Isla se convirtió en el centro comercial del Caribe. Este incremento comercial hizo que los colonos solicitaran a la Corona española el intercambio comercial con otras naciones, pera la metrópoli se negó a que lo hicieran. Esto hizo que hubiera un monopolio comercial. Esto trajo como consecuencia que se hiciera un comercio ilegal, el contrabando.
. La decadencia de la industria azucarera sucede en el siglo XVIII, algunas de las razones para que esto sucediera fueron, además del contrabando: el hecho de que los esclavos africanos, que eran la mano de obra principal, se sublevaban y atacaban e incendiaban trapiches e ingenios; España descuidó el mercado azucarero por las riquezas de oro y plata que recibía de las nuevas colonias ya que sus luchas contra Francia, Inglaterra y los pueblos turcos, árabes y flamenco, le requerían de mucho dinero; esas mismas riquezas atrajeron a muchos colonos que emigraron hacia esas tierras”
Aunque hemos hablado demasiado de ese asunto explíquenos el gobierno de los Padres Jerónimos. Está bien dijo Heriberto que se creía un intelectual.
“En 1515 se ausentó Don Diego Colón hacia España en reclamo de los derechos de los que lo habían despojado la Real Audiencia, pero durante su estadía allí murió Fernando el Católico y ocupó el trono el Cardenal Cisneros, quien nombró como gobernadores de la Isla a los Padres Jerónimos el 17 de septiembre de 1516.
Los Padres Jerónimos, Luis Figueroa, Bernardino Manzanero e Idelfonso de Santo Domingo, y el padre Las Casas, llegaron a la Isla el 20 de diciembre de 1516. El cardenal Cisneros les había encargado introducir las reformas necesarias en el modelo de las Encomiendas para impedir la muerte acelerada de los indígenas.
Para resolver este problema, las soluciones posibles eran: dejar a los indígenas libres de las encomiendas a cambio del pago de un tributo anual a la Corona; formar pueblos de 500 habitantes bajo la dirección de un representante del gobierno, un sacerdote y un cacique, trabajando la tierra y extrayendo oro y repartiendo las ganancias entre indígenas, funcionarios y encomenderos; o dejar las Encomiendas como estaban si era por el beneficio de la colonización.
Los Jerónimos encontraron dificultades para implementar esas medidas así que tomaron el camino más fácil y dejaron las cosas como estaban. Esto hizo que el padre Las Casas se les enfrentara y los acusara de estar a favor de los encomenderos.
Los Jerónimos iniciaron la construcción de 25 aldeas en las que ubicaron a los pocos indígenas que quedaban, pero los españoles no querían trabajar por lo que importaron esclavos africanos para que trabajaran. Esta medida fue apoyada por Las Casas, quien creía que los africanos eran esclavos en sus tierras y no que eran libres y apresados. Durante su gobierno, los Jerónimos incentivaron el cultivo de productos agrícolas para la exportación, pues el oro se estaba agotando. Fomentaron sobre todo el cultivo de la caña de azúcar, y ordenaron la construcción de trapiches e ingenios para producir azúcar.
Estas medidas sentaron las bases de un nuevo modelo económico: la industria azucarera. Al mismo tiempo, los indígenas protestaron al ver sus esperanzas de libertad frustradas, pues aún seguían siendo maltratados y explotados por los colonizadores. En el año de 1519 un grupo de indígenas con Enriquillo a la cabeza se sublevaron en la Sierra de Bahoruco.
Enriquillo, del cacicazgo de Xaragua, fue educado y cristianizado por los padres franciscanos. Cuando se hicieron los repartimientos pasó, junto con su esposa Mencía (nieta de Anacaona) a ser posesión del encomendero Francisco de Valenzuela. Algunos de los motivos que los llevaron a rebelarse fueron: la toma de conciencia de los indígenas de la explotación a la que eran sometidos, la frustración por el incumplimiento de los Jerónimos de que serían liberados del régimen de las Encomiendas, la continua explotación que sufrían a pesar de las leyes que los protegían.
Durante 13 años estuvieron los indígenas en pie de lucha, Enriquillo dio muestras de poseer grandes dotes de mando y liderazgo, ya que su grupo llegó a reunir a casi todos los indígenas que quedaban en la Isla. El método de guerrillas lo mantuvo por muchos años, nunca regresaban por donde pasaban, cubrían sus viviendas con vegetación, sembraban los conucos y daban batalla en las zonas más abruptas” me hubiese gustado primo que me explicara la conducta de los llamados piratas y los bucaneros, pero a cambio léanos algo de la paz de Minega. Está bien escuchen:-“
“ Guillermo de Orange quería seguir guerreando con Luis XIV. Pero los holandeses, libres de todo peligro, querían la paz. Hicieron que se reuniera un Congreso en Nimega, al cual todos los Estados en guerra enviaron un embajador. Por primera vez se discutió, no en latín, sino en francés, y desde entonces el francés ha sido la lengua empleada por los diplomáticos de todos los países europeos. Luis XIV concedió a los holandeses todo lo que podían. Renunció al derecho de 50 sueldos sobre los barcos. Los holandeses, satisfechos, firmaron la paz, en contra de los deseos de Guillermo de Orange, sin pedir nada para sus aliados. Luis XIV pudo entonces enviar su ejército de los Países Bajos contra los ejércitos alemanes. Los otros Estados se vieron obligados a aceptar las condiciones de Luis XIV. El rey de España pagó los gastos de la guerra. Cedió a Francia el Franco Condado y varias plazas de Bélgica. El emperador no obtuvo nada, ni para él ni para los príncipes alemanes. El Elector de Brandeburgo había vencido a los suecos aliados de Francia, les había quitado un trozo de la Pomerania que quería conservar. Luis XIV envió un ejército que le obligó a devolver todas sus conquistas, excepto un pedazo de territorio en la orilla derecha del Oder (1679). Luis XIV, que había resultado vencedor en guerra contra toda una coalición, parecía ser el primer soberano de Europa. El municipio de París le dio entonces el sobrenombre de «Luis el Grande» Pareció tan poderoso que los príncipes alemanes abandonaron la alianza del emperador y se dejaron ganar por los regalos de Luis XIV. El mismo Elector de Brandeburgo hizo un tratado secreto de alianza con Francia, y varias princesas alemanas se casaron con parientes del rey de Francia”.
6
La fiesta llegaba a su final me encaminaba para irme a la charquita del muerto, hacía mucho calor, pero no había señales de que llovería. Escuchábamos canciones populares, como esta- Tan buen piquero, que era mi padre, y yo de pendejo, no pico a nadie. Mariquitin la de aquel lao, cuaja los dulces acaramelao. Oye mi nena, venga me a ver, que aquí me llevan, a to... meter. Oye mi nena, no sea tan loca, si tú no me quieres, me quiere la otra.
Me detuve al oír la chiva blanca, luego el merengue: “mataron una salea”. Y me pregunté y cuando fue que inventaron la música, no tuve respuestas. Pero desde dentro de mí una voz me dijo desde que hay cadenas y látigos, desde que el yugo estuvo en el cuello de animales o de hombres. Desde que aparecieron los blancos y su catarro, desde que trajeron los perros y su gonorrea, desde que existe el dolor desde antes que naciera en el pecho de Diego Guzmán el árbol de la rebeldía, desde aquellos días que quitaron el yugo al buey blanco para enyugar al hombre negro, desde esos días existe la chiva blanca, la pinta o la morena, o la berrenda de don José. Pero el gallo pelón del hombre negro, lo mataron e hicieron el sancocho, y le negaron el olor del guiso. Dándole luego un locrio de harina de maíz con las tripas del burro de otro negro que ahorcaron por negarse a continuar halando la carreta y trasladar a la amante del capataz, a la mata de tamarindo, en el cerrito, para amarse, en la mullida grama verde, sobre la sombra a escondida del patrón, que se la desea. ¡Maldita sea! ¿A quien estoy maldiciendo? No lo se ya no tengo calor, me doy cuenta que sudo mucho más que cuando cortábamos la ahacahuita, con las hachas el pasado domingo. Pero me di cuenta que mi sudor hedía, y me entré a la chorrera, y busqué hojas de guayabo, y como ahora hedía a mondongo de cerdo blanco busqué un poco de hoja de anamú, y de salvia y entré en total sosiego. Me puse a cantar, -“la chiva blanca de don José” Nelson lloraba detrás de usted y como estamos mamá por los ramos, ya del tronco nos alejamos. Ya del tronco nos alejamos Baila Delfín menea los pies, Nelson lloraba detrás de usted…
“Guede Hosu de la cua, ¿qué fue candelo?… ¡mujujujú! ¿Qué fue candelo? ¡Von shua la societé! ¿Qué fue candelo? ¡Anaisa! mue a me”
–“Tengo un gallo giro en la trava está y ya la pelea la tengo casá llamando las gallinas que dejó regá Andresito tráeme el gallo giro pónmele los zapatones. Este el gallo giro muy bien encantao gano una pelea estando tumbao, volvió el gallo giro a su gallinero, a ver sus gallinas a ver su travero”.
Salí de la poza regocijado con los aires folclóricos, me dirigí a la casa. Doña Angelita de la Cruz, mi mujer, me esperaba, su padre Esteban de la Cruz, había muerto, arrastrado por las aguas del río Bajabonico en la confluencia con el riíto obispo.
Cuentan que el señor de la Cruz había matado una marrana en la mañana del 23 de diciembre y marchó a llevar a su amante, 10 libras de carne y las aguas del río obispo lo arrastraron quitándole la vida. A Esteban de la Cruz lo apodaban Caraca, porque en circunstancia de asombro y de apuros casi siempre decía hay caraca, dándole un contenido de lamento a la ocasión. La esposa lamentaba la ida de su marido de esa forma de dolor en un día de regocijo. Es las expresiones de lamentos miraba con muchas penas a mi mujer que lo lloraba desesperada, otros los cuñado hallaban que Esteban se buscó esa muerte, por a el le advirtieron que crecerían los arroyos. Que no era seguro que los ríos crecieran pero que las cañadas y los arroyos y manantiales crecerían. Nadie pudo cree que la muerte de Esteban Caraca, ocurriera de la manera que ocurrió, sin embargo cuentan que don Esteban estaba borracho. Era cierto que no había llovido en el entorno pero el río Bajabonico y el Obispo eran dos lechos de corriente muy rápida y muy ñoña, y para esos años del 1910 cuando estaban ocurriendo tantas desgracias en la naturaleza, con cualquier nublazón estos ríos crecían.
Doña Gelo, como apodábamos a mi mujer, era hija de Esteban que era mulato, mestizo, que habían llegado en los días de la independencia, a la cercanía del charco de La India, donde había un ingenio que la gente llamó Hojas Anchas. Los padres de Don Esteban eran esclavos de una familia portuguesa-española muy violenta y de innoble sentimientos. Y no permitían que León de la Cruz y Celina Cabrera, practicaran acciones cristianas. Quisieron matarle la fe. Contaba Esteban que el había crecido al compás de cinco hermanos en la cercanía del río Ozama, en un lugar llamado los Farallones, entre Mandinga y Villa Faro. Que no recordaba las razones que llevaron a sus señores padres a trasladarse al norte del río Bajabonico. Pero recuerda vagamente historias o relatos que oía conversaciones de mayores. Decían a esos hay que matarlo y descuartizarlos como a lechones para dárselo a comer a los perros. Pero Esteban no supo a quién se referían. Creo que mis padres tuvieron miedo, porque éramos muchos y entre nosotros había, 2 niños de menos de 6 años, pero conocía que el poder de los blancos era el poder del demonio. Que llegaba hasta lo infinito, que su correa era abrasadora y como sierpe se movía por debajo de la tierra. Que atravesaba montañas, llanuras y lomas y selvas. Que andaba por debajo y por encimas de las aguas. Que era además un vino que los lacayos bebían para luego de la embriaguez asaltar al cuello de las víctimas, como lobos o canes a los corderos. Para sí coronarse de glorias. Una noche papá nos contó que un grupo de negros esclavos y de indígenas inventaron que el loma del pico de una montaña, había una gran cueva cargada de oro macizo, buscando alejarlos de las viviendas donde estaban las hijas que la deseaban como perros feroces, pero era una trampa doble que teníamos en la cueva lográbamos defender la familia y en la cueva los eliminábamos con un grupo de mulatos o mestizos. Pero ocurrieron cosas peores que nuestros padres nunca han querido que sepamos por cuidarnos.
Llegamos a territorio camino al atlántico casi nadie menciona al negro Isabel de Torres, algunos no lo saben, pero los abuelos de León de la Cruz, el bisabuelo, era pariente de Isabel de Torres. En término figurativo y filosófico mi hijo León es ahijado de Isabel de la Torres, je, je, je, había dicho mamá Matea. Eso sólo lo comprendo yo. Es un espejismo como el que tuvieron los convocados por los demonios de la ambición por el oro y por la plata, que según historiadores en 1545 esa ilusión se hizo concreta, cuando en Potosí apareció en el río Paraná que por antonomasia debieron haber llamado de la Plata. Los montes mejicanos, y las sierras andinas era una faja de plata y de oro revelado por Hernán Cortés a los españoles en 1519. Es allí donde se conoce el famoso tesoro Azteca, de Moctezuma. Tres lustros de años después, ocurre el robo que, Francisco Pizarro, hizo a nuestra América, específicamente al Inca Atahualpa, para luego premiarlo con la muerte, por ahorcamiento. Es llamado robo de Pancho Pizarro, al príncipe Atahualpa se compara con dos habitaciones de oro y tres de plata.
Dos días después enterramos a mi suegro. Gelo cuenta que era la mayor de todos los hijos del señor Esteban Cruz, y que su madre Matea de la Cruz, estaba embarazada para su viudez. Celia, Cristina, Ana, León y yo éramos las mayores. Mamá Matea dio a luz de mellizas, me había puesto al conocimiento que moría de parto y mi más ni menos sucedió. Ella, anunció la hora y los minutos, ocurrió como me lo había señalado. Entre Gelo y yo había mucho que nos enlazaba, pero estábamos educados para maltratar a la mujer, éramos victimas de aquella época de esclavitud, no asimilamos los sufrimientos, el sistema nos humillaba y luego de haber recibido la carta de libertad, muchos nos convertimos en esclavistas de nuestros hijos y de nuestras mujeres. Claro no fuimos todos eso creo, no soportamos que ellas nuestras compañeras tuvieran capacidad, y a Gelo le sobraba tenía visión y contenido que yo ni siquiera me le arrimaba. Como un ser perverso evité el desarrolló de esas facultades síquicas que mi mujer poseía heredera de nuestros antepasados. Era vidente, un día me comunicó con las más hermosas palabras que haya escuchado—yo estoy viendo lo que ocurre en el muelle, de la provincia, me dijo. La miré molesto. Desee pegarle, a veces pienso que le pegué, siento la sensación de haberle humillado con mis manos. Y no me atreví a preguntarle, lo que veía. Luego de otros días, me lo volvió a decir, que seguía viendo escenas en ciudades como puerto plata y en Santiago, la llevé donde uno de esos que como ella podía ver con los ojos cerrados. Oiga- don Juan- me dijo el curioso- el poder de esa mujer, es para volverse millonarios en 15 días. Me reí y nos fuimos. Tuve miedo que descubriera cosas que en mi vida podía romper el amor que por ella sentía. Porque yo quería mi mujer a mi manera, eso sí. Su espiritualidad era muy delicado y todo el mundo sabía que yo era guerrerista, mi abuelos así lo quisieron y pienso que lo lograron. Había que serlo para combatirse con el imperio de la época. Porque siempre existe esa sierpe. En verdad, ella me aceptaba pero nunca quise lo suyo como un bien. Ya al final cuando vi perder cinco de nuestros hijos… acabaditos de nacer, le fui demostrando el amor que, en mi parecer, pienso ahora en nuestra juventud maté.
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La brisa de la mañana movía los aleros de la enramada, que usaba como vivienda, estaba sentado en la gruesa raíz de la mata de mango redondo. Escuché que se acercaba un trote de alguien. No supe quien era por que no me dejó ver el frente. Quizá le parecí un muñeco o un espantapájaros. Me acerqué a los aposentos y hallé varias fundas de papel color amarillo, con pedazos de velas de cera de abejas. No encontré nada ni a nadie. Entre al lugar donde armaba mis estrategias económicas… tenía que verme, con Isaías Arias, en Jicomé de Esperanza. Permanecí por dos horas calculando, al tiempo que preparaba un Buren, para la quema de cazabe de guayigas y yautía blanca, el día que saldría para las líneas del noroeste.
De regreso entraría al ingenio de Pietro de la Cruz Rosa, padre del señor Olegariano de la Cruz donde se cuenta que ronda un blanco que amenaza con encontrarse con papá Gregorio o con Francisco mi hermano, cuentan que ese mulato, casi blanco, anda con cancerberos, que posta en las puertas donde entra y aguardan su salida. Que andan con las cartas de manumisión para personalmente entregárselas… se ha oído que cuando los hallan los arrestarían y luego de maltratarlos azotándoles… irían a celebrar junto y después ahorcarlo en cualquier sombrita del camino. -Eso… ya a otros les ha ocurrido. Ese casi blanco, dio muerte a una sobrina de Isabel de Torres, luego de enterarse que estaba embarazada suya. Y Toribio Zarzuela, hermano de la joven Lucila, cuando le reclamó cumplimiento por haberla deshonrado lo mandó a tirarse a su pié bocabajo y con tres de los cancerberos, les ataron los brazos a una tabla en la espalda para luego estamparlo marcándolo como a un becerro con una plancha de hierro que decía cimarra. En el camino recordé a mi papá, que contaba de Lemba vivió en azua, pero que huyó hacia San Juan de la Maguana cuando en un pleito contra tres blancos fue mordido en su pierna izquierda, por un perro cuando le obligaban a masturbar una perra en celos y como no aceptó complacer en acto zofilítico, a los blanco que sabían que el animal estaba contagiado de sífilis. Sebastián Lemba era el padrino de Nicolasina mi hermana mayor.
Ya me iba pero comenzaron hablar del código negro y me quedé, de la ordenanza número 1535, 1542 y 1545 anunciaban los castigos para los cimarrones, a los esclavos que huían para conspirar en cuadrillas de cimarrones, cuando fuera capturado sería pasados por las armas y a aquellos que dieran albergue y alimentos incluso agua o asilo, curación, serían considerado como animales y como iguales, peores que bueyes, o ganados. Eran considerados como cosas, viejas inservibles, valían menos que un sueco me refiero peor que las suelas de un zapato inútil. Pero nunca pude saber en que consistía la ley de Bayona. Pero mi abuelo me dijo—oye muchacho mejor que no lo sepa porque es peor que parir al diablo. Mejor llévale el Lince a Fela, que la llevan a bautizar para la iglesia San Felipe a la ciudad de San Felipe. Cuando me retiré de la presencia de mi abuelo Juanico, que se estaba quedando ciego, habla con el señor Heriberto García, del Negro Sebastian Lemba del que no se cansaba de decir que era un hombre de carácter indomable y que había estado, en varias ocasiones, en la boca de la muerte, pero algo venía desde las nubes y se lo arrebataba. Se me ha puesto que abuelo Nico, cree que Lemba era un ser superior, eso pienso, a Heriberto lo llamó y le dijo- Oye Gibo- cuando lo sacaron de un cuarto donde permaneció cuarenta y tres días, a oscura, echó un grito que descobijó dos de las tres enramadas de la comandancia donde lo llevaron. Su fuerza era de otros cielos, los que les conocimos podemos decir que, era una individuo conectado con otros mundos. Se escapaba de cualquier lugar donde lo ubicaban. Su principales lugares palenques estuvieron en San Juan de la Maguana y estuvo en Azua y en Bahoruco… lo digo tantas veces como pueda para que las generaciones de los siglos lo sepan. Porque vendrán vientos que se apoderarán de estos hechos para borrarlos de la faz de la historia. Es cierto que ya han venido. A tumbar la verdad y como escoden un tesoro van… ya vinieron para esconder la realidad de esos hechos y de otros. Negarán que Lemba peléala por su pueblo durante toda su vida, en la primera mitad del siglo XVI, negarán que su presencia mayor de más de 16 años, fuera en Higuey, es el más famoso “líder rebelde de esclavos africanos” pero primo dese cuenta que llegó a dirigir los caminos de la resistencia con más de 1560 hombres, “Hostigó en los caminos a los españoles matándoles y despojándolo de lo que llevaban, pero fue capturado y se le dio muerte” los pueblos de la isla vivirán con tristeza porque no saben donde están los restos del guerrillero indomable, se cree que murió en San Juan de la Maguana, algunos Historiadores creen que fue en Santo Domingo, llevado para torturarlo en las puertas de las murallas en los entornos al fuerte de San Gil y la puerta del Conde
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De regreso a la casa de mis padres, luego de entregar al Lince a Francisco, en casa de Papá abuelo Juanico, encontré que don Felipe Arias y a la señora Josefa Hernández, padres de Isaías quien les acompañaba, conversaban con los míos. Saludé y ellos a mí. No hallaba en cual de las sillas sentarme, no porque estuviera nervioso, sino porque era algo de improviso. Preguntaron algunas cosas a papá Gregorio que no le puse caso, creo que fue por mi madre Dominga que preguntaron. Tampoco supe la respuesta que le dio el viejo. Después estuvimos en el río, nos bañamos y luego de que comimos me di cuenta que Isaías estaba en sus sanos juicios, también me pareció que nacía una hermosa amistad entre los Arias Hernández y los Silverio Medina. Los primeros de la línea noroeste y los segundos de costa del Atlántico.
Isaías no estaba poseído por aquella energía endemoniada, que cogió cuando conoció el hombre de la cara de caballo y el encendedor con la cara de gato diabólico. Fue luego de media hora de conversación acerca del tema, cuando recordé que sacrificamos la perra de nombre cucharola, le sacamos las bilis y en su lugar colocamos el encendedor que le había regalado el señor que tenía cara de caballo, eso es parte de lo que hice para arrancarle ese maldito maleficio. Esperé trece días que la hiel de la perra estuviera bien molida después de la disecación. La mezclé con el azúcar y se la hice beber en un te de campanilla permaneciendo 2 días durmiendo con las noches. – Pero ahora sucede don Juan- me dijo- que cuando veo un perro me saltan los testículos, y me da deseo de orinar.
-¿Cómo?
-Así como lo oye.
-Esa cucharola, comía en mis manos, y me lamía los pies. Nos reímos porque lo tomé como un chiste malicioso. Así fue como comenzó. Cuando yo orinaba cerca suyo ella subía un pie en mi pantalón como hacen los machos. Papá Felipe decía que ese animal era cuadrado.
Mientras yo recordaba aquellas cosas de la casa, donde Isaías criaba las aves, mi papá hablaba con el señor Felipe y doña Josefa, mujer de piel blanca con los cabellos negros cola de la prieta… de los descendientes de los funcionarios franceses y españoles dueños de las enorme plantaciones de jengibre y de caña para el molino de azúcar… yo soy creo, que bisnieta- dijo la señora- mamá de Isaías, de uno de esos burgueses esclavista, los llamaban grandes blancos. Noté que presentaba, cara de desden, y disgusto.
Nosotros somos mulatos, descendientes de los llamados pequeños blancos,- expresó don Felipe, nunca tuvieron fundos donde sembrar, eran trabajadores algo así como esclavos consentidos, ¡Huh, uh! los hallaban gentes de conflictos, los consideraban individuos, personas despreciables e indeseables… algunos llegaron a poseer fortunas por eso lo envidiaban, entonces. Mi padre hablaba poco cuando no tenía mucho tiempo en trato con la gente. Nuestros viejos fueron asesinados en las fábricas de aceite de higueretas, lo picotearon y hechos chicharrones en una paila de alquitrán. No estuvimos ligados a la familia francesa… somos el 100 % gente de sangre negra, llevamos en ella el baile y el coraje de los mandingas fuimos esclavos hasta que nos alzamos llegamos a ser 20 por 1, nuestras etnias eran diferentes y eso se notaba en el leguaje y las costumbres religiosas, de comer y de vestir. Por eso algunos nace el creóle, caso de los haitianos, mezcolanza… que ayudó a evitar muchas cosas como enfermedades cosechadas para eliminar a los envejecientes, provocaban las muertes tempranas para evitar el crecimiento de las poblaciones negras, además- dijo el viejo- continuaba el tráfico de compra y venta de dignidad.
Permanecieron conversando toda la tarde ese día, mientras Isaías y yo nos fuimos para la fiesta, de San Francisco, en la casa del señor Juan Peña, a 3 kilómetros de distancia, al este de la casa de la nuestra. Por unos segundos pensaba que la molestia que vi en los ojos colorados del abuelo era por la presencia de Heriberto, al abuelo no le agradaba tener trifurca con vecino y muchos menos con parientes. Es muy probable que a esta hora esté haciendo nuditos en el bigote pero calculando para decirle - Oye Heriberto estoy molesto con tu hermano Tomás, porque el comportamiento de ese muchacho en las últimas semanas, no se ajustan al de la raza nuestra. Somos respetuosos de los derechos individuales de cada persona, está lejos de nuestra etnia violentar las voluntades ajenas… y Tomasito anda, detrás de Severiana, mi nieta, como un perrito alocado. Cuentan que la ha acostado entre las eneas de la Caoba y la bajada de los Cenas. No era que al viejo no se le interrumpía su conversación, sino que Gibo, como les decíamos los que respetábamos a Heriberto, sabía que el tema que estaba desgranándole papá Juanico era muy caliente, y podía salir quemado mucha gente. Sin embargo más que deseo era necesario buscar la manera de cambiar esa conversación. Pero qué hacía si no esperar…? Yo lo noto nervioso, le debió decir papá, eso me parece. Permanecía segundo, con los ojos filos en la cara como el que miraba la grieta de la cerradura del alma del que lo escuchaba. A poco si estaba sentado o encendía el cachimbo o lo apagaba… dependía de la circunstancia. En la de estar parado se movía como un soldado desesperado, de un lado para otro. Pues en siendo que la muchacha vaya para el río allí aparece el manquito Tomás. Esa muchacha es hija de Juancito, tú lo sabes, lo han visto en los alrededores del tamarindo de Sixta Núñez. Dile Gibo, que evite encontrarse con Francisco, con Llivo o con el propio Gregorio, han dicho, delante de mí, que donde lo encuentre la balsa ahí mismo le pegaran candela. Y tú conoces los hijos míos. No somos hermanos, pero si ramas del mismo tronco y Cándida tu mamá sabe que esa muchacha tiene quien la quiera y la defienda… que si es verdad que está enamorado de ella, que vaya por la puerta de en frente que las otras son para los ladrones. ¡Pero Bueno, Gibo, tu no tienes hambre? Porque yo si tengo y bastante. Ven, acércate a la mesa, para que comamos de esta supia de rabo de buey, hecha con manos mandingas. ¡Dime Gilberto, qué es lo que le ocurre a Julián, tu otro hermano? Cuentan que ahora es una mula, Ju, Ju, je. Rió a garganta profunda, se ha convertido en nagual. Heriberto estaba atrabancado, con uno de los huesitos intermedio del tronco del rabo del toro que mataron donde Felicitas, mi tía, el día del bautismo en Puerto Plata. Por eso no respondía, a las pregunta de mi abuelo, por demás el caldo de la supia, era muy espeso y si lo usaba como suavizante, le podía producir un añusgo, por eso salió a orinar que era la manera suya de quitarse el hipo de supia. Es una montura, dicen que es su lomo recibe a los siete evangelios pero que los rechazas por demonios…. en cualquiera de las circunstancia me gustaría saber si es cierto, que como una esterilla, se encalacó el negro Mackendal.
-Si señor primo, esa noche…, la casa dejó oír hasta las tripas de su bisabuela, las vigas como tobillos temblando… parecía que había entrado el terremoto, y comenzó a resoplar como un cerdo dejaba caer espumas que más que todo, parecía lavaza. Eso sí primo hermano, que cuando dijo- Mi abuelo, como mi Padre, y yo, es un cimarrón” la casa se sacudió como esos animales que se dieron un baño de tibio polvo, en las arenas. Hábleme usted, de Mackendal. ¡Qué te puedo decir que no sepas muchacho, pero para que no lo olvide Mackendal es africano, vendido como esclavo… después de perder un brazo en un ingenio se convirtió cimarrón haitiano. Creo que aquello ocurre, en medio de revoluciones y luchas PRE napoleónicas en Europa. Por los 1751 y 1758, no estoy precisándote. Pero para que lo cuente más para adelante a partir de la pérdida de su brazo hasta el hombro, se alzó y se convirtió en una máquina mortal, en contra de los jerarcas que oprimían en todo los pueblos donde había mandingas o de otras etnias africanas. Quemaba todas las plantaciones que a su paso hallase, arengaba a los suyos a sublevarse, y a utilizar el veneno como un arma para dar muerte a los blancos. Luego de ser capturado, torturado y ejecutado, sus tácticas y su coraje como su influjo fueron “un jacho” de luz en los hechos del devenir.
Dígame primo Juanico, qué hay de cierto en eso de los galipotes… ¡Jeh! no muchacho, de ti dicen que eres un galipote, pero ¿quién lo dice? ¡Ah, los dicen tus enemigos más débiles! Muchos han dicho que es un fenómeno que convierte a las personas en cosas y a las cosas en personas. Ya te dije eso es un pequeño disparaste. Adquieren poderes extraños como salirse de una prisión sin que los custodios los vean, tomando formas de lo que a ese pendejo le parezca. De mi abuelo Manuel decían que se convertía en sombra que no la penetraban los objetos cortantes, ni las balas, ni nada. Esas son leyendas de caminos y de velaciones. Es mucho lo que se ha contado de los Zánganos… asustan a los bobos, caminan con largas zancadas. Pero hay que saber que el hombre habla muchas tonterías para gobernar al hombre. Por ejemplo individuos que tienen poca instrucción escolar han progresado económicamente, y otros muy instruidos son unos arrancados y el pueblo les llama pelagatos… a qué se debe eso, pregunto yo. De ti hablan cosas que tú ni las sabe, ni siquiera las ha soñado, dicen que amarra el agua, Ju, Ju, ji, jiji. Que la puede distribuir como si fuera la naturaleza. Qué rompes los nublazones, qué la espanta cuando las habichuelas están floreciendo, o cuando el café y el tabaco comienzan su menstruación. ¿Tú habías oído cosa como esas eh? De papá Manuel decían, que andaba bajo las lluvias y ni el sombrero se le mojaba. De la cabañuela decían que colocaba 21 granos de sal y 12 de habichuelas blancas, el color no importaba, en la solera de la casa… de esa manera el viejo gerenciala apuesta que casi nunca perdía.
En medio de la fiesta Isaías, dijo que le interesaba conocer sobre los negros de Haití, le dije que teníamos que ir donde abuelo o donde papá porque me hacían falta datos para podérselo con autoridad. Llegamos pero ya abuelo se iba a descansar. Era casi media noche, Isaías se iba con sus padres en la tarde del otro día, también nos acostamos, no pude dormir porque a mi mente acudían los nombres de líderes antillanos, sentía pesadilla viendo el cadáver de Sebastián Lemba. El abuelo aseguraba que el líder negro había nacido en el 1513 o 14, y que su muerte forzada ocurrió en el 1547 o en 1549. Isaías estuvo enamorado de la historia de Mackendal y de Buckmán, le conté que era originario de Jamaica, que era un discípulo de Mackendal, por la lucha suya en post de la liberación de los haitianos. Me quedé sorprendido porque me habló de los Miulat y de los Grifos.
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Días después recibimos a doña Josefa que andaba con la señorita Victorinalda, que padecía de ronquera y dolores en la garganta, no se le oían las palabras, hablaba por gestos y señas. No era alta, de cabellos largos abundantes, como la noche sin luna y pocas estrellas. De su piel salía el perfume del islan islan, planta muy perfumada, propia de los lugares frescos. Le apodaban Nanán, tenía pintada en sus mejillas la timidez de la mujer mestiza, de ojos negros con miradas azucaradas, era doncella aún, pero se sabía en el entorno familiar que los varones de aquellos lugares linieros la cotejaba hasta el cansancio, un señor de apellido Villiberto Ortega entregaba su alma a las ánimas, si le conseguían un beso de la boa de la mestiza de los Arias, de la Lometa. Para el señor Ortega no había camino largo, ni oscuro con tal que pudiera siquiera ver las miradas tímidas de la hija de Felipe Arias, a quien llamaba el Alcalde. No había Galipotes ni vacases, tampoco nimitas, ni bembienes, el asunto era siguiera ver los encantadores ojos de la señorita Victorinalda Arias. Para los enamorados no existían peligros ni creados y fantaseados.
Francisco vivía con su padre y sus cuatro hermanas. Simona se había casado con Toribio de la Cruz, y ya tenían tres hijos, pero Toribio hallaba que esas criaturas eran muy extrañas, especialmente el llamado Regino. Decía- ese muchacho tiene por boca una zanja y por ojos dos bombillas… los cabellos son míos, de eso seguro estoy, las manos, son como los tíos mandingas, se parece a La Paz, su primo.
Francisco era el mayor de los hijos de mi padre, pero era muy quisquilloso, eso decían de la familia Silverio, olía la comida, y de inmediato si algo no le agradaba escupía hasta dentro de las vasijas. Sin embargo Fico era un individuo muy metódico fíjese doña Josefa, que es dueño de una parcela, no muy grande, y la tiene dividida en tres: siembra cogombros, carambola, rica en vitamina C, pitajayas, mangos agrios, ha sembrado limas, banano y rulo, tu lo escucha mientras camina “las frutas de color amarillo, que tiene decenas de pintas y su pulpa es de color amarillo, entonces cómetelo que es rico en Vitamina A y C
El es mi hermano mayor, señora Josefa, tiene un pequeño hijo vive en la zona urbana con su madre, le llama Pedriberto. Está soltero, una señora de Hervidor se ha cruzado en su camino pero a mi hermano no le agrada… dice él, porque tiene una hija con 5 hijos y según su prejuicios, no sería con ella con quien se estaría casándose sino con más de una docena de persona y eso era insólito. Además se llamaba Francisca y a él no le agradaban las tocayas. La hija de la señora se llamaba Filogenia, los hijos eran de cinco padres. Estaba construyendo una vivienda para en uno de las habitaciones, celebrar el 29 de junio el día de San Pedro, que era el santo de su hijo.
Diez años más tarde el 29 de junio entraron a la vida y la vivienda de mi hermano Francisco la señora Pancha con su hija Filogenia y los hijos y padrinos de éstos. Se creyó ser la burla de los esporádicos habitantes de Guanábano. A partir de la fecha comenzó a ser llamada, Pancha Llivo y ellos los muchachos, José Pancha.
Isaías y sus padres en la vivienda de mi padre Gregorio, conocieron a Esteban Cruz y a Matea de la cruz, su amaga esposa. Padres de Angelita mi mujer. Residentes, ellos, en Los Llanos de Pérez, sección del municipio. Esa misma tarde llegaron para la fiesta de San Pedrito, los señores Juan de Jesús Vargas, pero por separado, también, Juan de Jesús Torres y su esposa Libertad González, padres de Augusto, con heridas en el hombro derecho, en la pierna del mismo flanco y en la cabeza golpeadura de macanas, cachiporras y culatas gringas; recibida en la batalla de la Barranquita donde se negara a señalar los cómplices del general Calixto Daniel.
Victorinalda años después daba a luz del niño Agustín Arias. Habían escogido la fecha para el matrimonio. Pero Agustín de Jesús Vargas le requirió un avance en las relaciones amorosas, a la negativa de la jovencita, se valió de un lo que se conoce entre los dominicanos como Guanguá. Cuentan que Victorinalda fue convocada por su novio a quien todos querían asistir a la vela de Santa Ana en Jicomé de los Vargas, y ella aceptó. El novio tenía el paquete, que le había preparado el brujo Leoncio, entre los bolsillos y en su corazón, con sustancias muy perfumadas dejándola desvanecida. Ese día era martes y Victorinalda inocente tomó el paquete con la mano derecha. El hecho fue así y la muchacha no se casó con el pero dio a luz a su primera criatura a quien amó con locura hasta el último día de vida.
La fiesta terminó el 31 en la madrugada pero Juan de Jesús Torres, viendo que yo le había curado a su hijo, por solo 3 pesos pidió a los músicos, que eran los Tres Botones, la extensión de la parranda hasta la 4 de la tarde… bajo un sol radiante de brisa plácida y fresca llena de las aromas del lugar. Así se iniciaron las relaciones entre las cuatro familias. Los Cruz Medina, con los Torres Arias.
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La señora Victorinalda Arias, se había sanado de la ronquera. Era madre de Agustín, de Reginaldo y de Majerilda, estaba embarazada de nueve meses. Era mujer de Augusto Torres aquel que curamos de los golpes del invasor yanquis. Augusto Torres González era padre de José Agustinio, de Buenaventura, de Francisco. Pero no me importa hablar por ahora ni de Victorinalda, como tampoco de Los Torres González
Mi preocupación por ahora, es la presencia en casa de abuelo, de mi hermana Nicolasa, que regresaba del Naranjo Chino donde vivía, mi padre Gregorio no le respondía las bendiciones desde que se casó con Ignacio Bonilla, porque era un jugador de dados y de barajas. No estaba seguro de la reacción del viejo cuando la viera en la casa, así que dejé de pensar en la familia de Isaías, y la fui acompañar. Cuando hablábamos de la pequeña Gregoria, su hija, llegaba nuestro padre, y, al verla vino donde estábamos temerosos le entregó con placer y humildad, toda la fuerza embobinada de su amor paternal. Me regresé a mi hacienda y encontré a Fico que llegaba del cortijo de su tía Simona, venía disgustado porque no soportaba aún la manera que Toribio trata a la tía mayor. Me dijo, vea usted Juan, ese hombre ve de arriba abajo a tía, como si le tuviera miedo o demasiado deseo de comérsela. Me reí pero no lo manifesté en demasía por lo delicado que es Fico, se enoja demasiado fácil, es muy ortodoxo, para él las tradiciones mandingas están por encima del padre nuestro y de María y José. Pero entonces no aguanté por mi alocada imaginación y me pareció oírlo decir ya está riéndose como los locos. Ese individuo la miraba como si le contara las pecas, o las espinas de la cara, y continuaba buscándole marca de niguas. Y cuando le iba a decir que los hijos de taitas mandingas no éramos piojosos, y muchos menos niguatozos ahí salió inesperadamente huyendo el lince que algo lo había espantado. Y aquí me ve. Ahí en casa del viejo esta nuestra hermana, anda para que la felicite porque papá la perdonó. El se alegró y sin decirme cosas algunas se dirigió a donde estaban, como si en fiestas fuera. Yo sabía que Llivo no creía en va a llover, creía lo que medía con la soga de sus razonamientos. No estaba a gusto con las tantas gentes que hay en la casa que había hecho para su hijo Pedrito. Lo decía sin tapujos ni traques traques, no seré padrino de nadie porque no creo en la fe de los que bautizan en nombre de un amor que nunca han sentido. Fueron esos los que mataron y mandaron a matar a los niños, los mismos que esclavizaron nuestra etnia, los mismos que pagaban para que trajeran a nuestros padres y madres amarrados como bultos y maletas, dieron fuego a nuestras casas. Y como el es así lo hallan huraño cimarrón y resabioso salvaje peligroso. Ya no rea esclavo, desde cuando mataron a los abuelos de los abuelos nuestros, desde esos días dejé de creer, en palabras de altares de Blancos.
Como la preocupación por Nicolasa, se había esfumado, me fui a dormir un poco. Y creo que permanecí en la hamaca, de 5 a 6 horas, descansando. Estaba rejuvenecido porque había soñado y cuando soñaba viendo espigas y mazorca, mi espíritu recuperaba las energías que se habían quedado detrás del mango del arado y de la mocha, de la garrocha o de la coa y del pico y de la pala. Mi preocupación, son mis hijos que morían, en los días del nacimiento. Pero había sido llamado para ir a Hojas Anchas por los entornos de La Aguaita donde había un individuo con heridas en el cuello y en la espalda…no se sabía quien se la había hecho, pero según las informaciones era uno de los hombres de Luis Tejera, de los matadores de Mon Cáceres. Nunca lo creí porque hacía cinco años del magnicidio. Estábamos en 1917, podría ser uno de la resistencia, de los llamados para su honra Gavilleros.
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