imagen para el capitulo 14, de tragedia en el palmar

CAPITULO 14.-

Ella se creía maestra, sabía que de eso, no llevaba casi nada, en la cartera. Ju, Ju, Ju, lo sabia de sobra. Para maestro… para maestra, mucho más, se requería demasiado condiciones amarradas a las virtudes. En su entorno lo que había eran rosarios de vicios que laureaban sus negocios personales. Era docente de ochenta y cinco niñas en sobre-edad, por sus juicios la creían la mejor preparada de la escuela de Villa Evangelista, hacía creer que la mochila que fatigaba su espalda estaba repleta de medios y recursos audiovisuales. Pero de dónde, la más preparada, ¿Quién espoleó esas ideas? Ella cosechaba risas de veneno contra la niñez, pero en este Paisajulo, reafirman las cosas negativas aplauden los valores invertidos. El Estado premia los desastres. Los supervisores escolares no tienen conocimientos elementales de lo que se requiere para la buena producción magisterial. Los gremios docentes del país, además de ser instrumentos que usan los recursos, para el fastidio y búsqueda de placer benefician a un estado corrupto, infiel y desleal. Han perdido la conciencia o ¿quizá nunca la tuvieron? Sin embargo hay casos serios de miembros sacrificados por la búsqueda de elementos curativos para los males sociales.
-Son buenos porque se efectúan en la corcova de la participación e interacción, sin embargo aquí en nuestro Paisaje, no ocurre así. Sucede, en medio de tercas fiestas, que dejan en calambre al Estado.
En otras circunstancias, pero en la misma Villa y el mismo día, una voz a sus hijos, decía tengan cuidado con cargarles los bultos a esos protestantes refunfuñadores, que son impostoras potrancas de la mentira. Se los advierto, esos pendejos son gomas que se estiran pero se hinchan, muchas veces son moscas del gobierno en turno y del que juega en el círculo de espera. Se los estoy manifestando porque lo se, lo puedo demostrar abran los ojos, recuerden que el Diablo duerme caminando, ya se lo he dicho. Muchos sólo son fundas, donde han echado los… son caminos fangosos, pútridos, muy pantanosos espurios repletos de escupitajos ya lo saben. La señora Melba hablaba con sus tres hijos, mientras freía plátanos maduros para el almuerzo de jueves santos. Los muchachos no entendieron cuando doña Melba dijo- Bolsa de Zarathustra. Esperaron a su padre que les explico diciéndole. – “Zaratustra fue el primer fundador de una religión en la historia. Él fue el primero en predicar el Monoteísmo. Él fue el primero en proclamar un mensaje para TODOS los mortales - un mensaje universal. Él fue el primero en predicar igualdad de todos sin tener en cuenta la raza, género, clase o nacionalidad. ¡En un momento cuando la humanidad apenas estaba fuera de la Edad de la Piedra, cuando la fuerza determinaba lo correcto, Zaratustra proclamó que un líder debe de elegirse a causa de su rectitud siendo por eso el primero en la historia, sembrando las semillas de la democracia”
“Zaratustra es una figura simbólica de la nueva filosofía que Federico Nietzsche, quien pretendía desarrollar, y denomina a sí mismo el “poeta de Zaratustra”. La totalidad del libro expone los discursos que Zaratustra pronuncia entre los hombres y mujeres para anunciar su nueva doctrina. Cada una de las partes relata sucesivos “descensos” que Zaratustra realiza desde su retiro en la montaña.
Zoroastro (Griego: Ζωροάστρης, Zōroastrēs) o Zarathustra (Avéstico: Zaraθuštra), (castellanizado Zaratustra) (Propietario de los camellos dorados) es el nombre de un personaje histórico iraní, profeta y fundador del Zoroastrismo del que se sabe poco o nada de forma directa, y las pocas referencias a él están rodeadas de misterio y leyenda. Si bien algunas fuentes afirman que fue un filósofo persa, otras argumentan que es más bien un título dado a una serie de maestros (hasta cuatro), más que el nombre de uno concreto de ellos, y que el hombre al que solemos referirnos como Zoroastro habría sido el del último de la serie.

El maestro Del Orbe y la señora Altagracia, en Esperalvillo, estuvieron en el Deán, mientras tanto Apolinar convocó al profesor Quicio, para que le acompañara nueva vez a visitar a los padres de Altagracia, pero Félix se niega, no aceptó, por temor a comprometer su persona con los propósitos extraños de este maestro trulinoso. Cuando Del orbe entró a las propiedades de los padres de Altagracia, se creyó que lo recibieron como a un príncipe, como a un padre de la patria. Entregó la funda con regalos y artículos culinarios. Era domingo de resurrección, en la casa nadie lo había visto fumar ni jugar loterías. Aquel domingo fumó y compró piezas de quinielas.
La madre de Altagracia estaba enamorada de su marido cuando éste cayó postrado en la cama pero jamás ha sido tocada por manos codiciosas de individuo alguno, muchos menos empleaba sus bellas miradas para observar el rostro que no fuera el de su marido retirado en un rincón de los aposentos familiares. Cuando Germania oyó la voz de Apolinar, el enamorado de su hija Altagracia, dejó que su esqueleto padeciera un tsunami de emoción y de pasiones. No se lavó la cara, dejó que los estornudos llegaran, sin ambages ni estupideces, a docena y media… y hasta docenas de hipo, experimentó…El maestro se dio cuenta y como sanguijuela malvada, se acuclilló cerca de las ancas de la señora Germania Espinosa. Dijo -lo hago por piedad y por buen gusto. ¿Qué le parece a usted? El mismo no supo a quien le hablaba.
En la prisión Rufino Bonilla, pasaba balances a sus propiedades, había contado más allá que lo podía retener en sus grafías mentales. Sus almacenes espirituales ya no tenían cupos y podía explotar por una apoplejía. Pero fue la ambición del poder que lo había asaltado. Eran los comisionados de la maldad y de de la avaricia, existentes en todo el recinto carcelario y en las prisiones grandes del país, asaltaron los custodios de Rufino Bonilla, dueño de las bancas en las cinco cárceles de mayor presencia humana y de mayor prestancia económica. El señor Pacheco cuenta al tribunal constituido del penal, de manera singular desafiando la autoridad mediocre y corrompida. No fue de esa forma como sucedió. ¡No señor! Cuando nos metimos al medio de la Máximo Gómez, la goma delantera del lado izquierda, se nos salió, y fue allí donde perdí mis dedos índices, los dientes delanteros, el ojo derecho se me torció, además de perder el control, perdí hasta mi vergüenza. Después hecho y rehabilitado, se marchó el automóvil, y para la entrada de Juan Tomás nos tirotearon con ametralladoras, mataron a dos de los cinco custodios, nos dejaron desnudos y huérfanos de dinero, se llevaron todo. Quedando sin armas.
Y de la manera que desea escucharlo señor, no puedo contarlo, con mis palabras no perjudicaré a nadie, y mucho menos a personas inocentes. No señor, yo no me prestó para incriminar a humanos, yo no puedo. ¡Que otro sea el que lo haga, yo puedo mentir! El señor Pacheco movió los ojos como el viejo camaleón, que nunca cambió capotes del espinazo. Miraba con gestos heroicos al público que lo deseaba aplaudir, sin embargo temía a los esbirros del coronel Carmelito. A Pacheco lo querían y los respetaban. De manera que no tuvo tiempo para más cosas y retiró de su cabeza, el sombrero de jipijapa para que el pueblo viera la cabeza, de coco de primera, de coco alargado que ahora por ese puedo escuchar. El abuelo suyo, que era Cimarrón, había dicho que los que tenían parientes con cabeza, como un coco seco pelado, era por ser dueño de una persona inteligente.
Donatilio aún dormía los calores de la semana santa, estaba desperezándose cuando oyó que uno de su compadre lo buscaba, estiró la mano zurda a donde ponía las gafas, y de allí cogió una libreta y escribió todas las cosas tienen su espacio económico, físico y moral ontológico. Guardó el poema las serranillas y el libro Fuente Ovejuna. Sacó la morada libro de Santa Teresa de Jesús, marcando en la página 14, y se aproximó para ver cuál de sus amigos lo buscaba. Esperó que entrara su compadre, sentado sin hacer nada. Comprendió que debía cambiar la lámpara de bajo consumo y que limpiara de brumas la habitación. Luego que pasaron unos minutos conversando de pelotas y de juego de lotería. Le dijo fíjese compadre que las cosas poseen en si misma su marco ontológico, matemático y económico muchas tienen su historia y una geografía esas cosas se mueven con el ritmo social, pero de una circunstancia. Muchas veces abiertas, muchas cerradas, las aperturas benefician o perjudican dependiendo de las maniobras de algún personaje.
-La verdad mi compadre que usted es regresivo con un pensamiento abigarrado, tormentoso e insultitivo. Para los que no somos académicos, ni cucarachas de biblioteca. Las letanías de los últimos rosarios suyos, son broncos en mi entendimiento. Casi siempre desembocan en ofensivos charcos de mofa, de burlas. Y que apestan y subyugan a los que por falta de esa luz de los iluminados, no podemos interpretarlos.
-Oiga y cómo es posible que eso sea lo único que pueda decir, y desprender de mis juicios. Si para usted son amarillos para algunos quizá los más sean Blancos y Morados, colores de mayor pureza del universo cromático.
-Figúrese, la muerte para usted, es un desprendimiento, una simple caída de energías, empero yo la creo un final, una meta.
-Para mi es un camino hacia el perfeccionamiento, moviéndose hacia las condiciones de principio y fin. O lo que es igual que alfa y omega. Como nubarrones y lluvias caídas. Je, je. Sin embargo los deseaba ver para solicitar su compañía hacia la vivienda del profesor Félix María Quicio y su mujer doña Melbina García, que es como me gusta llamarla. Supe que Quicio tenía en su propiedad datos quizá aclaratorios de quien sea, mi hermano menor.
-¡Por las cosa que vine, a su morada compadrito, son superiores a esas, y deseaba compartirlas con usted, porque en mi opinión son de su intereses.
-¡Prosiga usted, mi su merced!
-No son cosas del cielo, ni del infierno, pero pongo mi cabeza en el suelo, si lo que le diré… no es de interés para los dos. Debo informarle que los custodios muertos ayer… de los tres custodias, uno dijo antes de irse, que era hermano de un tal Donatilio Bonilla, hijo de… El señor Donatilio, se levantó del mecedor de ébano negro, donde estaba acomodado, cuando escuchó que su compadre Pedro Arceno Escaño, primo hermano, de Félix Jerónimo Escaño, estudiante de tercer año de medicina, que muere en el Limón, de la cordillera septentrional, en la guerrilla del 1963, echaba su nombre al fuego, como un leño de un crepúsculo casi roto. Pues sí, continuó el señor Arceno Escaño, era hijo de Román García, y de la señora Antigua García.
-¿Cómo fue que dijo, que se llaman los padres, de ese infeliz? Pedo Arceno Escaño lo repitió, varias veces para que Donatilio lo escuchara, sin estorbo.
-Estaba en mi la seguridad que se iba interesar porque el señor Lorancito Parra, era uno de los que dieron muerte a Martín Bonilla, en la fiesta de bautizo, de muñeca, en el Palmar Grande, en casa de Torán.
-Ya estoy seguro, que no puede ir conmigo. ¿De dónde trajeron esos inventos?
-¡Inventos no! Es la verdad de cara al sol.
-Me gustara saber compadre de donde sacaron todas esas triquiñuelas que vienen a romper de cuajo mi tranquilidad. Dígame como era ese Rufino Bonilla, en que circunstancia lo conoció.
-No, yo no lo conocí, en ningún momento lo llegué a ver. Simplemente oí hablar bastante de ese individuo, que dicen que cumple 35 años de prisión por haber matado a una mujer, la misma noche de la tragedia del Palmar donde Torán. Además han dicho que los dineros que se maneja en varias prisiones son de los que trajeron los guerrilleros del 14 de junio que habiéndoselo dado a guardar, mató a los testigos. Los contactos económicos, con el señor Nápoles Álvarez, pariente de Pirincho Hurtado Álvarez, andan detrás de la vida de Rufino Bonilla. Algunas personas están diciendo que es usted, el padre de Rufino Bonilla, porque tiene el perfil biológico suyo, mas, además en intimidades, las descripciones que ha dado, coinciden hasta con sus gestos y movimientos. Yo quiero proponerle que se cuide de hacer viajes largos. Además deseo manifestarle mi apoyo incondicional. Quiero decirle compadre, que el custodio que muriendo lo señaló, como su hermano, era un protegido de Rufino, y dijo antes de morir, según Pacheco, que el señor Rufino Bonilla, siempre lo mantuvo amenazado a pesar de ser su sobrino El aseguraba que era su tío del alma. Tampoco supimos por qué hacía tales afirmaciones, que se movían hacia la perfección. Permítame compadre preguntarle por qué amenazaba a su tío con matarlo si en verdad era hijo suyo, y conocía que era su hermano menor.
-Compadre si quisiera ser, como en verdad luego de la muerte de mi mujer, para muchos, lo soy… y decir que lo estoy, lo dijera, pero soy un individuo que disfruto de la fuerza, que en sí misma, lleva la verdad y pienso que es parte de mi alimentación. No estoy entendiendo nada de lo que pretende involucrar mi nombre con esas cosas que pintan escenas de dolor y de amargores. Por qué diría que era hijo de Román García, Mi padre así en certeza a sí se llamaba pero mi madre era la señora María Antigua Disla. En esos mismos momentos, Casilda entró llevando dos verdes bandejas repletas de frutas blancas que en la mañana Donatilio ingería, una contenía guineos verdes y queso frito para el señor Arceno Escaño, quien en otras ocasiones regalara yautía y ñame blanco a la señora Casilda. La conversación varió, por las bandejas del desayuno, más que por la presencia, de doña Casilda. En horas de la tarde Donatilio invitó a su compadre que se quedara hasta la noche y que si no podía que volviera en la mañana del otro día.

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