
“La enfermedad y la muerte en puro polvo,
Convierten todo el fuego en que un día ardimos,
De aquellos ojos tiernos y fervientes,
De aquella boca en que se ahogó mi ser”
Otros versos de Baudelaire, primera estrofa de “El retrato”. Pasó las páginas y halló algunas anotaciones que se interesó porque eran sobre uno de los Guerrilleros más complejo del arcoíris nacional de esos días de inicio del siglo XX.
-Sí, dijo en la tranquilidad- de una suave mañana de abril, miró las palmeras y contempló las palomas pintas que sacudían sus alas sedosas encimas de la tersura de las pencas en concierto primaveral, el perfume embriagó su espíritu y se creyó romántica. Sonrió cuando vio entrar a Miguel Cero, con brazo enyesado. Se habia roto en una caída en el baño mientras enjabonaba la espalda piso el jabón palmolive que se le habia escapado de las manos porque recordaba el baile que habia gozado entre los brazos de Eloisa.
-¡Qué bueno verte de nuevo amigo!- manifestó Andreina. ¿Qué te sucedió, que lleva ese brazo envuelto en gasas?
Después que la contempló con minuciosidad el dijo que se habia caído en el baño por estar pensando en una vieja que el, quería con devoción. Ella le sonrió simplemente y, fueron a sentarse para hablar de Cirilo de los Santos, uno, si no el principal, era el precursor, del movimiento los Carpinteros. Ella dijo que su abuela era amiga de Gerardo de los Santos, padre de éste, y que recordaba cosas desagradables escuchadas en la niñez.
Nació en Martin García en 1866 pero murió en Cotuí en1906, en un fatal accidente, en una finca de su propiedad. Fue como Andrés Navarro subalterno aun con el rango, ambos de generales, de Guelito Pichardo, guerrillero y político, seguidor del presidente Heureaux. Cuando murió Lilis entró al rancho de los Horacistas que ardía de entusiasmo y alegría por los acontecimientos de esa semana. Luego estuvo en contra de Woss y Gil, y a favor de Morales, es decir que para el líder de los Carpinteros, era uso brincar como un tránsfuga por encima de los tocones de los intereses o como canes hueveros ladrando por un hueso relamido. Enfrenó a Demetrio Rodríguez, en San Pedro de Macorís, ahí es cuando organiza el grupo guerrillero los Carpinteros, en 1905, fue gobernado de la Vega, la brisa de las componendas lo arroja como delegado en Pacificador, en La Vega y en Samaná. En ese cargo- dijo por último Andreina- se convirtió en un alegre y satírico asesino, fusilando a cientos de los opositores del presidente sin contar con la autorización de Morales. Quien lo canceló de inmediato dejándoles sin funciones, pero como era una mosca estaba en las aristas, probando el dulzor de la almiba del pastel.
Andreina estaba acostada en la Hamaca de nylon cuando escuchó que entraba el doctor Sosa Sandoval. El aire que llegaba a la casa de los difuntos era muy débil pero estaba tan frío que el visitante tenia un sobre todo de poliéster. Se saludaron efusivamente ella agradeció el capullo de dalias y rosas rojas que saboreo de inmediato como si hubiese sido un pedazo de dulce o chocolate puertoplatense que le agradaba bastante. La sonrisa de ambos encontraba espacio para satisfacer los corazones que en apariencia se atraían. Es andreina la que dice-Doctor le envié a buscar porque me sentía mal, estando acostada me ahogaba, especialmente cuando me acuesto luego de cenar. La lengua la siento muy pesada y muy manchosa. Al cepillarme despido grandes flemas que parecen mucosidades de las que votan los caballos que padecen de muermo. Muchas veces sentí adormecimiento muy fatigoso producido por las drogas.
-El muermo, lo dijo usted- manifestó el Médico, es una enfermedad contagiosa de las recuas y caballerías se caracteriza por ulceración y flujo de la mucosa nasal e infarto de los ganglios linfáticos. -En horas de la mañana al subir el dia, y almuerzo con almidones mi situación es crítica y empeora.
Hablaron de otras cosas, incluso de los viajes ilegales, de la muerte en la calles, de los opositores del doctor. Hablaron de la desaparición de Segarra y de Guido Gil. El doctor Sosa Sandoval expuso con dolor, la muerte de Rubén Darío Sandoval, hijo de su tio Nanan, en el club Héctor J. Diaz. La señora Andreina Eloisa contó al medico la cantidad de veces que ha quedado viuda, y dijo que esperaba no tener que enviudar de nueva vez. Que estaba enamorada pero que sin saber aun de quien, sólo si sabia como era el hombre que buscaba. -quizá ha estado entre mis narices pero no lo conozco. Puedo asegurarle doctor que lo siento cuando en la mañana me higienizo, lo mismo me ocurre, cuando voy de compra y cuando me acuesto, en la cama donde han dormido mis ex maridos. Muchas veces pienso en el primero que fue, el hombre de mis sueños y, otros que me escuchan afirmar que es su perfume, de mi se burlarían, empero la gente común ignora que los perfúmenes, están ligados a los recuerdos, en las generalidades a situaciones de agrados y de complacencias. Del segundo me llegan sus buenas canciones, y por igual las recuerdo, combinadas a colores, no importa donde estén esas pigmentaciones, no, cuando tienen que entrar a mis recuerdos entran, como el concierto matinal de los gallos que alborean los hogares, antes de llegar el sol, con su traje de amarillas luces y colores. Si quisiera cansarle, doctor, continuara diciéndole que las imágenes del tercer marido me visitan, en las madrugadas de los viernes sean frías o calurosas. Era su costumbre llegar a las tres sin mancar. No fallaba ese bendito. Eso si…, nunca vino ebrio… mas, oliendo a alcohol, parecería que se bañaba con ron o ginebra para que le peleara. Nunca le peleé. Me reía porque sabía que esa actitud suya era para provocarme celos. El señor Ramón Otilio, no estaba sorprendido, la escuchaba con la atención que a ella le agradaba, en el era algo natural ponía su psiquis en lo que le interesaba. El caso de Andreina, quizá no tenia nada de especial, pero era una finca llenas de semillas que cosechar. Habia que ir colocando cada grano apartado porque a pesar de salir del mismo tronco cada embrión era distinto uno de los otros. Por eso la atencionaba sin importarle que repitiera, que no era el caso de Eloisa. - Fíjese que cuando el sexto marido mío murió, fui al cementerio, sabe usted, que en nuestra cultura… no es que se le prohíba a la doliente acompañar a sus difuntos, sin embargo fui como un vecino particular. Ya encima del sepulcro doctor, empecé a cantar la canción “La soledad”, todas las vecinas me acompañaron la repetíamos hasta que trece de las que cantaban ante mi vista, vestían de negro, terminaron rendidas y llorando… seguí cantando, amigo mío, pero la tristeza me arropó y quedé tendida en las verdes gramas del entorno del barón del cementerio. El doctor Sandoval y la señora Eloisa, salieron al patio de las cruces, el olor a jazmines de burros y de las clavellinas irrumpieron en el modo de respirar. Entraba a los 22 estornudos cuando la señora Eloisa completó el 25 suyos dejaron el jardín de los difuntos y entraron al de las rosas rojas y blancas, permaneciendo por espacio de 16 minutos degustando el embriague floral sin causar ningún tipo de obstrucción sanguíneo, la alergia de los jazmines retrospectivos al doctor a la niñez, a la parcela de caña que su madre Hilariana tenia, en “La llanura de los Pérez en la periferia de “Blanca Lomota” y “Ballena Grande, donde el jazmín de burro era una montería entre palmera y cañaverales, recordaba el canto de las tórtolas pardas y el vuelo de los negros chinchilines , las flores de cundiamores y de campanitas navideñas encima de los mallares, recordaba la recogida de huevos del pájaro bobo y de guineas en las matas de hierbas Páez y en los palmares y cocotales. El ruido de la chorrera del río Pérez, era una débil sinfonía que arrullaba con tersor como acordeones y violines en boca y dedos de querubines terrenales.
-- Pues si- dijo Eloisa- allí ve las cruces, la más cercana es la de: Ruperto Paula, con quien viví por algunos años, como un paquete de leña, como cayeran los trozos de madera seca, se dejó caer de aquella mata de jagua, (señalaba hacia el lugar del árbol, con una larga vara de anón pelado, que siempre lleva al caminar en los matojos) mientras tumbaba frutas, ambos éramos aficionados a la suavidad del trago de la fruta hervida. Al concluir mostraba retorceduras en los labios desdeñando las sensaciones retrospectivas. Se movieron hacia la alambrada donde finalizaba el jardín con los extensos potreros de pastos, parcelas conuqueras y corrales, para crianzas pecuarias y avícolas específicamente. El doctor fue donde estaba una culebritas pero como no habia a esa hora en el lugar rayos solares advirtió que era simplemente una muda.
--Las apariencias siguen engañando a los seres racionales- aclaró Eloisa. Llegaron a la sombra de un alto tamarindo tan exuberante, que la cobija parecía mandada a fabricar, a los ojos de la naturaleza.
--Es verdad, al tamarindo seco se le “caen las hojas” y las aguas y la leche derramada no hay quien las recoja. Agregó el galeno. Ella sonrió pero no le miró, lo envolvió en el hombro izquierdo con su brazo derecho. Continuaron caminando, mientras Ramón Otilio experimentaba hondas sensaciones con el contacto de la piel perfumada de Eloisa. Esas sensaciones eran limpias y transparentes, era sublimar el placer sentido. Las que ella sentía, las extraía de su pellejo como arenas que separaba de las playas de los ríos, del lodo y de la fangosidad que muchas mujeres de su generación y en iguales circunstancia llevaron desde la cuna que los amos entregaron con la carta de abolición. Llegó a pensar que era un continente de profundas podredumbres y manantiales, de amargas aguas que envenenarían su cuerpo y el alma de los que la tocaren. Sabia que era bueno renunciar o quizá no, a las inclinaciones masculinas. Ya no podía vivir sola, moría en las aposenturas de la soledad de sus siete entierros. Con la muerte de aquellos maridos suyos algo de ella con ellos llegó a irse. Recordó al genio del teatro, al fénix de los ingenios, al monstro de los ingenios. Se dijo en silencio --“vida que no florece es vida que no merece llevar el santo nombre de vida.” Le dijo al doctor que su vida habia sido seca, un Ariel, un océano sin peces. Cuando sonrió calló, no dijo nada, recordaba a Darío, el poeta, al escuchar la joven voz de un cuervo que de entre las altas y verdes pencas de las verdes palmeras llamaba a su pareja la que envuelta en celo rozó tiernamente la cola en las mejillas del macho. Nueva vez en silencio murmuró para que el doctor no la escuchara- “Juventud divino tesoro de los pueblos, te vas para no volver, cuando quise llorar no pude pero ahora lloro sin querer… Eloisa adaptó a su situación los versos de Rubén Darío. Guardó en una bolsa el libro donde leía la sonatina para cambiarlo por “Las flores de Mal” de Baudelaire, abrió en la pagina 99 para leer en alta voz-“Un ángel fiero cae del cielo como un águila” De repente de una rama cayó una mazorca. El doctor Sandoval quedó anonadado recordó que auyama no paria aguacates.
-Empuña los cabellos del hombre descreído “y grita diciendo ¡la ley acatarás!
--Yo quisiera señora Andreina poder complacerla por la vida entera, sin embargo nos debamos separar como la vida une, la vida desune no importa la actitud materialista o idealista que adoptemos. Soy de los que creen en un universo de blancuras y virtudes níveas sin tomar acciones tan radicales que rompan las leyes naturales adquiriendo los frutos mecanicistas del mundo sin negar la “libertad de la voluntad” cartesiana. Al escuchar al médico doña Andreina no se inmuta. Le interesaba escuchar las reflexiones filosóficas de su acompañante. Estaba afligida pero lo ocultaba mirando el cotejo de una paloma a su parejo en una de las ramas de la mata de Jagua de donde se cayera Ruperto Paula. Miraba las caricias que con la cola hacia al compañero en el piquito. La señora Andreina enseña al doctor Ramón Otilio, parte de la propiedad y de sus viviendas, en la casa de los difuntos. Desde que llegaron a la primera hondonada de aquella larga estancia habitada de espesos vegetales el médico experimento serias molestias estomacales luego que ingiriera agua de un manantial de agua lechosa. Pasaron unos minutos secándose algunas sudoraciones que comenzaban a poblar la piel del señor Sandoval, que se mantenía en el caballo como un roble erecto a pesar de estar sintiendo cólicos fuertes. Sin muchas preocupaciones comenzó a enumerar los diferentes tipos de dolores. Entre muchos citó el llamado pasajero, bilioso, hepático y el cerrado de quien dijo se manifestaba constipando al paciente. Hizo creer que llevaba deseo de orinar entonces la señora se detuvo y en una hermosa sombra de árbol de mangos tostados, lo esperó mientras por su imaginación desfilaban las canciones populares, que interpretaría en el futuro Camilo Sexto. Pero cuando el doctor Sandoval se acomoda al lado suyo, en el tronco rugoso de árbol del mangos comenzó a oír la canción “Sevilla”, partitura de “Suite Española” del músico Catalán Isaac Albéniz, ella le participa que lo nota diferente, entones el, le confiesa que ya han pasado unos leves dolores estomacales, que andan consigo desde sus abuelos. Ella halló que habia incoherencia en las expresiones del doctor del que volvió a preguntarse. ¿Buscará la muerte…? Le tengo suma confianza, es un individuo de los buenos que quedan en el universo. Debo evitar que perezca entre mis bienes mortales. Prefiero que ame mi espiritualidad porque lo entiendo, lo comprendo. Que no ame mis bienes porque los difuntos no permitirán que me toque ni un instante en la carne, el primero me conquistó para él solito. -Vámonos-dijo sonriendo ella,-quiero que conozca la casa. El doctor Ramón Otilio, refortalecido ya, dejó el tronco de mangos, la voz habia vuelto a tomar su vitalidad y la vibración gutural del doctor y Andreina lo habia notado, pero habia logrado parte de sus objetivos. Ya el conocía que en la estancia se movían fluidos como luciernagas en noche oscura. Sabía que doña Eloisa variaba de psicología como cambiaba de nombre en su entorno. Entre las dos criaturas, es decir, el y ella, habia comprensión y se atraían como piezas imantadas. Dejaban la puerta de la hacienda donde estaba la mata de Jagua, sintió los escalofríos del primer dia y sacudió su cuerpo como un zaramagullo al pasar por debajo, de donde se cayó Ruperto Paula.
Mientras ella dejaba la caballeriza el doctor vio que los animales se dejaban llevar a un pequeño cubículo de donde salían lustrados después de ser bañado con jabones perfumados. No pudo ver ni sombras del personal de apoyo que la asistía, tampoco en el entorno de la vivienda se oían gritos ni de aves, ni de otras criaturas vivas. Entró a la vivienda, donde le esperaba bañada como sus bestias, la señora Andreina, habia dejado su mente en la caballeriza de donde habían salidos los caballos bañados relucientes como si hubiesen salido de una lavandería de secado en espumas.
Andreina lo esperaba en la antesala en el “Lugar para espantar los espíritus”, en la mansión tenia lugar para escucharlos, para disfrutarlos, para oblacionarlos y finalmente lugar para amarlos. En hora de la tarde el Dr. Sandoval debía marcharse para asistir a una operación quirúrgica, no pudo hacerlo porque una fuerza inexplicable evitó que se levantara del asiento. Cuando pensó comer, frente a sus narices habia un manjar, de peticiones mentales, que a los difuntos las ideas les llegaban, no deseaba comer carne y de inmediato apareció en su servicio otro de verdes ensaladas, ricas en vitaminas y muy balanceadas cargadas en nutrientes y los carbohidratos.
La mesa del comedor de la casa de los difuntos era amplia cabían doce personas sin quitar ni poner cubiertos. En el extremo sur gobernaba la anfitriona, a su derecha y a su izquierda y el flanco siguiente y subsiguiente, las sillas estaban vacías en el norte algo incomodo se mantenía el doctor Sandoval, quien además recibía la miradas de dos ranitas verdes una y, la otra San Antonio; cuando recibían las miradas cariñosas del médico, crosonaban con satisfacción y alegría la san Antonio ocupó uno de los asientos vacíos, cayó como un atleta olímpico. Andreina miró al doctor, quien le sonrió amigablemente. Una de las ventanas del comedor se abrió, en lo que la ranita verde subió al lado de la señora, la puerta que va hacia el comedor se movió y produjo un alborozo en las dos ranitas que ambas como dueñas de inteligencias virtuales corrieron hacia la cocina. La señora aparentó no percatarse de lo ocurrido y continuó sirviéndose el dulce de granadillo, mostrando un rostro sin preocupación. Minutos después volvieron a sentarse las dos ranitas satisfechas de su realizada jornada en el misterioso camino de la cocina. Para cualquiera que pudiera haber observado el comportamiento de las dos…, hubiese creído que eran dos pequeñas niñas bajo el influjo de las manos de un cinéfilo mago encantador. El señor Sandoval no comprendía el silencio de la viuda. Pero ese silencio sirvió para que al cerebro le llegaran recuerdos de “Energía de Mujer” y la recitó para que las ranitas compartieran con el su suerte. Entonces dijo-“Será la viuda reina, esposa mía, y daráme Castilla su corona o España volverá a llorar el día que el Conde Don Juan traidor pregone.” Pero el médico ni le daba, ni le quitaba, mérito, ni crédito ya que lo que a El le importaba era ver comer a las ranitas que con avidez lo hacían. Cerraron los ojos los dos anuros. La que más se movía, tenía el dorso pardo, verdoso, manchado hasta el blanco abdomen. El doctor creyó que mostraban temor que reflejaban un comportamiento de iras y de arrebatos estimuladas por el temor y la falta de protección solidaria con algo de sazón fraternario parecido a la generosidad familiar. En unas palabras daban muestra de actitudes racionales y de emotividades. Tanto le pareció que creyó que una reía y la otra lloraba en la misma circunstancia. Cuando fue el doctor que cerró los suyos, ya que le pareció haber recibido una ráfaga de insomnio cuando los abrió se habían desvanecido. Meses después que vino a atender a la señora Andreina, que sufría de altos dolores estomacales y migrañas. El doctor dictaminó que era jaqueca o cefalea. Vasculacion en la masa encefálica, la señora que habia calculado todos sus pensamientos, consiguió que el médico se quedara en la casa esa noche y pudiera conocer un poco más de los misterios envolventes de las habitaciones de los viudos. Cuando iba a colocar las dos almohadas en solo lugar para que su espalda descansara sintió que una fuerza superior se lo impedía. Permaneció algunos minutos en forcejeo sin lograrlo hasta que busco las causa sin hallarla se resigno y la dejo donde habia estado por mas trece años. En la mañana encontró que la sandalia que le habían puesto en la falda de la cama servían de almohadones a las dos ranitas que placidamente descansaban de un largo viaje de donde parecían habían llegado. Además escucho en el cuarto adyacente los gruños y quejidos aumentaban con la brisa que llegaba desde los altos robles y frondosos amaceyes que gemelaban sus acciones con las palmas carutas de los aleros de las despensas y almacenes de guardar los aparejos de la boyada. Parecían ronquidos de una o de varias personas asmáticas.
En la habitación de Andreina Eloisa, esta pensaba en Miguel Cero, musitó - Mesecito tener a quien decirle que rompa el muro de mi soledad que como de piedra se endurece cada dia mas, podrá el abrir la puerta de mi cementerio de melancolía… salvaje comparada con la fuerza del imperialismo. Paso los días metida entre ropajes de una selva refrescándome entre la sombra de una monomanía de floreos y acciones aflictivas respirando ozonos morales regocijándome libando el negro alcohol de la resignada viudez...
Eloisa se define opositora en todos los gobiernos pro imperialistas de líneas sadicosociacristianista así lo hizo saber en una conferencia que impartió en la terraza de la mansión de los esposos. Entre los presentes estuvo un agente del gobierno pos guerra del 65, quien llevó un mensaje al señor de la conferencia que el presidente enviaba a la esposa del bisnieto de Gregorio Luperon.
--Espero, señalaba el mensaje presidencial-- que emplee su hermoso momento para que estudie la posibilidad de aceptarme la gobernación de la provincia San Felipe. La señora Ogando Trinidad ofendida más que halagada hizo uso de expresiones galimáticas que solo Cero, al escucharlas, reía de satisfacción. Viendo con que facilidad su amiga, del delegado oficial, se burlaba en su cara. Fue por eso que comenzó a hablar de Ciro el Grande y de Ludovico el Moro, del primero -señaló que habia sido rey de Persia, hijo de Cambises 1 descendiente de Aquimenes de la dinastía de Aquiménida, en el 558 se convirtió en el Gobernante de Ansán. Del segundo manifestó:- este gobernó en los 1507 quizá en el 1508 fue Duque de Millán, fue de ese gran individuo que por primera vez enviudéz. Esta bien lo que me importa es que sepan que mejor acepto a Ludovico el Moro la gobernación de Nápoles. Este mi viejo marido fomentó el desarrollo del arte y de las ciencias. Siendo Mecenas de Leonardo de Vince. Sin embargo yo la tataranieta de “La coronela” Juana Trinidad, la Saltitopa, odio a Ludovico el Moro, por haber sido mal gobernador napolitano. Allí mismo habló de los que se han creído dueño de la fuente de la iluminidad, se auto definen iluminados en el seno de una sociedad malvada, sucia y corrompida, arrogante donde las autoridades emplean el poder para avasallar y mortificar a los servidores públicos. Esa es la sociedad de Santana, de Buenaventura Báez, la de los que apoyan las vagabundearías y a los vagabundos del patio y extraños. ¿Y cómo puedo aceptar esa oferta, a cambio de qué…? ¿Acaso piensan que haré lo que mi tiaabuela con el presidente Heureaux? Las autoridades algunas escogidas en elecciones libres emplean el dinero de la sociedad, del pueblo, dinero de los pobres trabajadoras y trabajadores para engordar el estomago de la querindango socavando el derecho de los hijos ir al colegio al cine a divertirse. Socavando el derecho colectivo y social de la comunidad. Utilizando a la policía para maltratar a los barrios, asaltando el derecho ajeno. Emplean a individuo de la más baja capacidad en la escala escolar, ético y moral, empleando esa franja sin escrúpulo, viciosa condicionada para matar, para beber la sangre de inocentes, acondicionada para robar sin ningún miramiento, sin ningún escrúpulo religioso, mucho menos filosófico. En vez de limpiar la sociedad la empuercan, la que deberían cuidar de los malandrines y malhechores, pero ellos son los malandrines y los malhechores. Y, usted sabe- Miguel- expresó Eloisa- ellos son los dueños de las escobas y dueños de las llaves, se pasan el dia y la noche barriendo por donde al jefe tal o cual le favorece, porque para eso el pueblo le entregó el poder de ser vigilante. Aunque no seré discípula de Maquiavelo, no apoyamos a los aduladores, no soportamos a los aclamadores, no creemos en la tomadura de pelos. Cuando el visitante Dos oyó las últimas palabras de Andreina, se levantó del asiento y abandonó el lugar, de la Solana de las cruces. Eloisa escuchó a Miguel Cero Peña Taveras cuando hablaba de individuos como Mandela y de Indira Gandhi, después de un largo hablar de la familia Nerhu y de Rayiv Gandhi; dijo de César Borgia, era el fiel ejemplo de la intriga, la maledicencia, la crueldad, la codicia, la trampearía y marrullería que Maquiavelo pintó en su libro el Príncipe. La señora Andreina se sosegó con las ideas que Cero explicó de Borgia y de la Santa Alianza. --Fue un pacto firmado- aclaraba- entre los gobernantes europeos, así defendían los preceptos cristianos. Este pacto fue firmado dijo- Cero-- tres meses después del congreso de Viena. Al conclave no fueron invitados Mohamed II y Pío VII. Cero recordó que en la noche tenia que hablarle a doña Eloisa de Juana y Zenón Ogando. También debía hallar algo de la vida de Juana Trinidad para servírselo en el postre del domingo. Luego de recibir con beneplácito el conversatorio de la familia Ogando y de los señalados en el párrafo anterior la señora Ogando Trinidad, dijo con tono autoritario-- de Gumersindo de los Santos quiero saber menos que de los asesinos que habitan hoy en el Estado mayor de nuestras fuerzas armadas. No me diga nada de ese tipo, mi abuela decía que era peor que la babosa con doble moral, tenia doble vida. Habia dia… señalaba mi abuela- que se enamoraba de la falda de una escoba, y si hallaba mal puesta a la madre de su madre como una tromba se la llevaba indefectiblemente. Era un sucio desgraciado. Otros días se la pasaba llorando o rezándole a los entresijos de su tatarabuela. Era un engendro de rosa y peloemico o lo que se conoce por junquillo. Ese SINDO- como le conocían los vecinos suyos- con su honor era seguidor de las tropas lilisistas, estuvieran donde estuvieran. Se convertía en una sierpe cuadrada que aterrorizaba la región donde se hallara. Pero en 1909 se levantó contra Mon Cáceres siendo derrotado, se acogió a las garantías oficialistas, fue de San Francisco de Macorís para el Seibo, donde se hizo policía, ahí vivía honrosamente, pero cuando conducía a prisión a un delincuente, fue asesinado por éste que le dio un balazo.
En la pequeña ciudad de Cantos de los ángeles, esa tarde solo se hablaba de lo que le ocurrió hacia 24 años a las 10 muchachas un dia como hoy y todos se preparaban para asistir a la velación que Andreina hacia para celebrar en penas el recuerdo de las almas de las muchachas que fueron sus amigas. Mientras en el bar de don Ganchito Collado, la gente esperaba la hora para ver la película, en el corral de la “Casa de los difuntos” tres individuos desconocidos por Cero, llevan en su espalda las carnes para el sancocho que harán entre 12 PM y 2 de la tarde. En otro corral los mismos hombres desnudos de la cintura hacia el cuello… llevaban la carne de res para otras pailas que harán servicios que la señora lleva a las cruces del montículo de cerro de los maridos. Cuentan personas, que fueron empleados de la Hacienda, que luego que ella en persona lleva los servicios, en lujosas fuentes de porcelanas muy finas, se escucha una música de salón parecida a la marcha nupcial, al Danubio azul, al desaparecer de la vista, el rebu empieza, es una carta para jugar con resoplos, irasidad, con el furor del viento montañero. Lo extraño decían los que contaban que nunca la loza aparecía ni sucia de tierra y mucho menos rota. “La gente de Cantos de los Ángeles” asistía al encuentro con las diez almas muertas. Se quedaban las curiosas para participar en el círculo del misterio. Rito que hacia Andreina pasada la media noche, encabezado por una y un médium traído de de otras latitudes algunas veces llegaban has 13 integrantes… escuchábamos lectura como esta:-
De nuestro análisis se desprende que la noción de mana es del mismo tipo que la noción de sagrado. En algunos casos ambas nociones se confunden; la idea de manita de los algonquinos, la idea de horrenda de los iroqueses y la idea de mana en Melanesia son tan mágicas como religiosas. En Melanesia, hemos visto además que existe una relación entre la noción de mana y de tabú, pues ya hemos analizado cómo algunas cosas con mana eran tabú, y que sólo eran tabú las cosas que tenían mana. Entre los algonquinos ocurre lo mismo: si todos los dioses son manitas, no todas las manitas son dioses. En consecuencia, no sólo la noción de mana es más general que la de sagrado, sino que ésta queda comprendida en aquélla. Seguramente sería exacto afirmar que lo sagrado es una especie cuyo género es el mana. Al analizar los ritos mágicos, más que encontrar la noción de sagrado que buscábamos, habríamos encontrado su origen.
Volvemos ahora al dilema que se nos planteaba en un principio: o la magia es un fenómeno social, en cuyo caso lo sagrado lo es también, o la magia no es un fenómeno social y por lo tanto tampoco lo sagrado lo es. Sin entrar aquí en consideraciones sobre lo sagrado, dejaremos sentadas una serie de consideraciones que nos llevan a demostrar a la vez el carácter social de la magia y de la noción de mana. La cualidad de mana o de sagrado está ligada a cosas que tienen una posición perfectamente definida en la sociedad, hasta el punto de que, con frecuencia, se consideran fuera del dominio de uso común. Estas cosas ocupan en la magia un lugar predominante, pues son sus fuerzas vivas.
Los seres y las cosas mágicas por excelencia son las almas de los muertos y cuanto está en relación con la muerte, siendo testimonio de ello el carácter eminentemente mágico de la práctica universal de la evocación de los muertos, así como la virtud atribuida en todas partes a la mano del muerto cuyo contacto vuelve invisible como la misma muerte, y junto a éstos, muchos otros casos. Estos mismos muertos son también objeto de ritos funerarios y a veces de cultos ancestrales que demuestran cuán distinta es su condición de la de los vivos. Se nos dirá que, en algunas sociedades, la magia no tiene que ver con todos los muertos, sino, sobre todo, con aquellos que han muerto de muerte violenta y en especial con los criminales, lo cual es una prueba más de lo que queremos demostrar, ya que éstos son objeto de creencias y de ritos que les transforma en seres totalmente diferentes no sólo de los demás mortales, sino también de los demás muertos. En general, todos los muertos,-- agregaba Andreina - esperan que sus amistades, que sus familiares se manifiesten con ellos. Luego de la media noche comenzaron a escucharse los quejidos, y se oían llantos entre una cañada como si estuviera en medio de una quebrada, también sonidos de alas de pequeñas aves, que se cambiaban por sonidos de croares de ranas y gramires de pájaros. Dentro de la habitación del primero de los difuntos maridos se escuchaban aullaos, que en la imaginación de los que estaban allí eran de un hombre gato. Eso mismo ocurría en el aposento del quinto de los difuntos maridos, en vez de aúllos, eran quejas y bramidos que salían con furor y rebeldía. Decían que era el más celoso y que se hacia presente por medio de una pequeña rana San Antonio, que sólo hacia liga con el doctor Sandoval. Los gritos continuaban y con mayor partículas energéticas angustiantes, desastrosas y en desasosiego. En los 7 altares una suave y pequeña brisa apagó la vela de cera, encima del cielo raso se escuchaban que se movían objetos con actitudes humanas, con comportamiento afectivo y volitivo. Mientras Andreina Eloisa y las médium entran a la frecuencia de las ondas invisibles del mas allá Cero y el doctor Sandoval hablan del 2/3 (años finales del siglo XIX) en la republica dominicana.
- ¡Señores, señores! Como son las cosas. Hablándome de Braulio Alvarez, una cosa que mis padres vivieron en el Algodonal, donde el general se levantó en arma contra el presidente Meriño.
--Si, pero lo que quiero decirle doctor Sandoval es, que fueron fusilados todos los revolteados de algodonal. Amparados en el decreto de san Fernando…en la persona de Lilis.
Unos meses mas tarde por la región Este entran tres grupos de españoles, dominicanos y puertorriqueños al frente llegaron Cesáreo Guillermo y Juan Isidro Ortea. Hato Mayor, y el Seibo de inmediato brindaron su apoyo a la refriega amada. El sol ardía como si hubiese sido un sol de verano en la cercanía de las costas de Montecristi. Quemaba la espalda a los leales de la guerrilla y la de la soldadesca regular, dirigida por el general Ulises Heureaux. El general Guillermo hizo frente a los leales gobiernistas pero en las primeras acciones todo iba marchando bien hasta que en la batalla del Cabao, hirieron a Heureaux, y desde el suelo continuo dirigiendo la trifulca, hasta derrotar a los invasores. En la brega cae prisionero Juan Isidro Ortea, luego es fusilado, junto a otros acompañantes, en los que se hallaba Luis Pecunia cuñado suyo. El general Guillermo huye y escapa con facilidad. 62 españoles son sometidos a prision. Pero el presidente de la República elevó enérgica protesta al gobierno español al que le reclamaba, respeto a la soberanía nacional y lo acusaba “de subvertir el orden legalmente asumido y constituido, de romper la paz, y la seguridad del pueblo dominicano”
En la madrugada de ese, 28 de abril muy lluvioso, los gritos de los maridos de Andreina se oían en los contornos de la “casa de los difuntos” era una noche que se confundía con la consciencia de los jefes del fondo monetario internacional, y creaba en los oyente una actitud paranoica, muy parecida a los que ponían pancartas en ciudad intramuro en los días postreros de la tirania y previos al golpe de Estado del 25 de Septiembre en el año 1963.En esa madrugada de goteras y de hielo y de fuego atraviesa los corazones en paradojas infelices se muestran asustadizos al escuchar el toque de guitarras en la terraza donde ratas que parecen conejos bailan, recitan versos de Marti y de Alfonsina Storni
que cambian al versoinograma de Neruda que escribió para los siete difuntos difamados por las botas de un invasor impertinente. Que como roedores regurgitan los alcoholes de la guerra donde perdió la vida Natera y Goicochea. Donde las lagrimas de Juana de Ibarboreaux se juntaban con las de Salomé
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