


Huellas de un prefacio
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Testimonio de un constitucionalista no es una obra de literatura, ni de poesía por el arte lingüístico o artístico como no lo pretendió el autor sin embargo en las narraciones expresa los hechos con delicadas oraciones cargadas de sencillez y de dulzores reales sacadas de los entresijos sociales enmarcadas entre los remanentes de la tiranía trujillista, hasta la salida de los héroes del glorioso abril. El autor refresca los momentos de dolor y de negrura por el andar de las tropas extranjeras, a las que llama Abueliyanquis con diálogos y escenas donde los protagonistas dan a conocer el estado sicológico de las tropas con discursos alentadores muchas veces con tonos familiares muy paternal con sentimientos patrióticos ardorosos “los que deseen morir con honor que me sigan” habría dicho el Coronel Caamaño encaminándose al puente Duarte.
En su contenido es, una denuncia de la situación en que viven los pueblos sobre las arenas de una playa contaminada con el virus de la oligarquía dominadora y colonialista. Es la fotocopia de un pueblo en rebeldía, porque esa Oligarquía individualista, en la tarde de septiembre, hace el entierro de su hijo menor asesinado por el golpe de Estado fatídico y bestial, patrocinado por ella. El señor Calvo Román ofrece estos relatos en una prosa copiosa frugal y humilde. – ¡¿el patriotismo será ciencia o será conciencia?!
Presenta situaciones de la realidad histórica como las alegría del pueblo cuando según su parecer el profesor Bosch gana en el encuentro televisado con el cura oligarca Lautico García, las celebraciones de las elecciones y luego el gran triunfo del candidato Bosch. Refiere con dolor los atropellos cometidos por los militares golpistas en las puertas del palacio… en los días de rebeldía nacional, en la carne de estudiantes, muchos menores: pubescentes, adolescentes y adultos. Habla del horror que había en las calles, en los caminos; del terror trujillista que resucitaba en los hogares germinaba del corazón de los cuarteles lacayos de los “Abueliyanquis” pintas escenas donde campesinos, estudiantes y trabajadores y trabajadoras combaten en los comandos contra los interventores de la muerte. Así mismo da a conocer… cómo los potros salvajes “Abuelisanisidrenses”, como llama a los hijos de los infiernos de San Isidro; azotan la parte norte de la ciudad en el operativo que llamaron “Operación Limpieza”.Lo repito: el autor lleva al lector a tres o más escenarios, a saber: el pueblo rebelde luchaba contra los golpistas, contra la malvada oligarquía, enquistada en los núcleos conservadores de las fuerzas armada en todos los sectores lacayos, contra los Sancristobalinos. El Cdte. Calvo, lucha contra esta verdadera realidad, veía caer a sus hermanos en medio de los escenarios de batalla bañado en la chorrera de sangre pueblo… juvenil no importaba la edad de la fuente… era sangre, era energía vida. Muchas ocasiones curó a individuos del bando lacayo… a ese que en ocasiones empleó toda la energía suya para matar a los caamañistas porque lo enseñaron a odiar y a matar por odio y rencor. A ese que mató a su compañero de comando o de batallón como se me antoja llamarle.
Profesor Víctor Arias.
Enero 2008.
Prefacio.
Para algunas personas se hace muy fácil la presentación en público y de mucho placer, para el jardinero quizá le sea de mayor facilidad presentar la cosecha de rosas, jazmines, dalias o lilas de lo que llama su vergel. Para un padre que tiene una hija o hijo que según su parecer sufre desdoblamiento conductual. No le es placentero. Los que hemos vividos en el cauce de la corriente del pensamiento humanístico, sin ser experto nadadores, se nos corta la respiración, cuando no sabemos presentar la obra que como una flor, una persona… cuando el creador de la criatura nos lo solicita. Nos sentimos cohibidos como un freno en el camino de la narración o del asunto ante la multitud o una generación Para presentar a “Testimonio de un constitucionalista” he leído los muñecos y manuscritos del Cdte. Mario en dos ocasiones, puedo decir que he llenado mi existencia con las experiencias que narra en “Testimonio de un constitucionalista” y lo hace con un lenguaje simple y sencillo lleno de emociones y de coloridos gentiles y profundos. Muchas veces entrando en los jardines de la poesía de una realidad pictórica… lo emplea como un narrador de hechos históricos sociales.
A partir del golpe de Estado del 25 de septiembre, analiza las causas y expone las consecuencias, la muerte del general Miguel Rodríguez Reyes en Palma Sola ocho días después de las elecciones generales del 20 de diciembre… ahí mismo trata el fusilamiento de Manuel Aurelio Tavarez Justo, líder del movimiento 14 de junio en la cordillera central de la república dominicana. Claro que el señor Calvo Román, no es un narrador de oficio pero nos muestra los hechos desnudos con el corazón y los demás órganos exentos de basuras y carcoma o muestras de corruptas maniobras. Son indicadores de ser un individuo honesto y sano. Capas de inhibirse a favorecer, a uno de los suyos diciendo o haciendo cuerdas para su propio violín que toque sus conciertos, con dedos de hienas para un público insano, para un pueblo bueno insobornable, incorruptible. Para una juventud, amante de las luces del saber disipando las sombras, protegiendo la soberanía.
El autor de estas narraciones inventa o crea los vocablos abueli dándole la connotación: de viejo, de atraso, de viejuco, destruido y obsoleto etc. Hace Individuales. Contra las huestes invasoras mostrando las fuerzas imperialistas…combinaciones como abueliyanquis abuelimperialista, abueligorila, los hace sin ambage y sin rumbas y abuelinorte abuelisanisidrenses abuelisancristobalenses para referirse a los contra bochistas, caamañistas tamboreos ni comparsas. Hace esfuerzos empero, eleva la participación del pueblo en las calles en el alba abrileña de batallar, en la del puente… contra las batallas pero de los abuelinorteños.
Finalmente me atrevo asegurar que desde las salas del hospital Padre Billini, y las celdas del penal de la penitenciaría de La victoria. El señor Calvo recoge los quejidos y dolores. Los ayees de los reos que tuvo que curar en su improvisada experiencia al ocupar su primer empleo siendo muy joven pero muy responsable.
Profesor Víctor Arias.
Enero 2008.
****G****.
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Algunas personas esconden el lugar donde la naturaleza depositó el huevo real y efectivo de su muy hermosa existencia. Estoy seguro que muchas personas los hacen no porque fuera en la cercanía de la sierra, en las proximidades de canteras de arenas y plantaciones de cañas. No porque fuera cerca de una cueva, en una vieja y complicada montaña, donde vivieran los hermanos de Enriqillo y de Caonabo o las rocas que protegieron a los negros Juan Vaquero y el negro Sebastian Lemba o por fortuna en los alrededores de un fresco potable manantial. Que dio aliento a varias vidas de muchas personas y de seres menores.
Algunas no supieron que nacieron en una colina respirando la pureza de los jardines de los cielos mágicos, pero ignoran si el lugar existe, no aprendieron a quererlo, no supieron de la salida de la luna enamorada, bailando en los túneles…con la a roma espiritual y subliminal selecta que al ignorar s u lugar alejándolo de lo divinozo y de lo seductor que es igual que sentir el…palpitar del corazón de la patria chica.
Es posible que mi punto de vista sea muy débil y muy particular, esas son mis ideas, y no las puedo negar, como no puede mi madre doña Octvia, negar haber dado a luz, a todos sus hijos, escuchando el breve rumor de las chorreras del canturrioso Cabía en el Bajabonico de los Cayucos. Sí, ahí nacímos los hijos de la señora de mi padre, el señor Enrique Calvo Manrique a quien llamaban Chichí, hijo Abelardo Calvo, emigrante español quien casa con María Manrique. Cuentan que sus raíces surgen de una profundidad castellana, del linaje de Lain Calvo poseedor de títulos de juez y de conde, en la península, en tiempo de conquista.
Lo del linaje se dice haber cruzado América. En Cuba probó su nobleza en las órdenes de Santiago de Calatrava y de Carlos tercero. Varios caballeros les concedieron títulos de nobleza. Los de Castaluñas de Burgos de Castaluñas, poseían un escudo de cuatro cuadrantes: el primero y el cuarto muestra una campiña con fondo de cielo azul, tres forjas de oro; el segundo y el tercero en el campo plateado con un león rampante al natural.
Había nacido en la estancia Guarín en Cabía de los Cayucos, campiña de esporádicas viviendas en las riberas de los ríos Cabía y Bajabonico, salidos de las entrañas de las cordilleras puerto- plateñas, creciendo entre las patas de las vacas, ordeñándolas y en el lomo de los caballos muy temidos, pero muy apreciado por nosotros. Me agradaba respirar el perfume de los azahares y de los naranjales. Esa agradabilidad se hacía mayor, con la limpieza y ordenamiento de la propiedad y el esmero en la recogida de la cosecha. Este cortijo estaba ubicado en una verde correa bordada por el río y de hermosos predios sembrados de viandas y de plátanos. También en enorme cantidad estaban los potreros y crías y cuidado de forrajes. Le decían la mesopotamia de Guarín cuando el Río Cabía era absorbido por el río Bajabonico ambos se dormían en sus lechos de arenas blancas como si hubiesen padecido bastante -sed, quedándose yertos en la blancura de las piedras.
En mis días infantiles me gustaba subir cubetas de 25 botellas al lomo de los caballos pesaban demasiados para la fuerzas de mi brazos. Al cortijo entraban los rumores del río al compás agradable de otros ritmos del universo entre susurros de acordeones expresados entre paredes acústicas acongojadas a la frecuencia de una brisa pútrida, húmeda y pocilguera, evacuada desde los vientres de los montes, del paraje fundación, donde vivían algunos compadres de mis padres. Mientras yo me quedaba en ese ambiente, mis hermanas Hilda, Marina y Grimilda, iban a la misa, que era el mayor agrado, de mi madre Octavia.
Escuchaba la melodía del río, y desde mi lugar escogido para atisbar la naturaleza, veía las garzas garrapateras, y las comparadas con los aviones, que los 19 de junio cruzaban los aires, de la estancia Guarín, con más de 2500 tareas de tierras fértiles, dirigiéndose hacia Luperón para conmemorar aquella fallida invasión.
En 1950 me llevó mi padre a honrar, a alabar la persona del tirano. Las honras se iniciaban con la misa, para favorecer la del jefe. Cumplía yo, 15 años. En sermón escuché la frase “La lengua es el castigo del cuerpo” por tercera vez entraba a mi mente y hacía espacio en mi sicología, luego comprendí que la intención de aquel día, era levantar la frase como un estandarte, en la oferta religiosa, para ridiculizar la gesta y a los protagonistas. Ese día era festivo en la región, se comía y se bebía, se corría, se bailaba todo tipo de ritmo folclórico.
Ese día fue mi primera borrachera con cerveza, así recuerdo que fue ahí donde oí el merengue “Recogiendo Limosna”; con éste título anunciaban en términos mediáticos rasgos de poder y de intolerancia política.
En mi conciencia crece el anhelo por conocer el significado de la frase, pero en nosotros, la timidez, es un valladar para los comportamientos públicos y particulares. La poca confianza de aquellos días, impidió que pudiera satisfacer mi curiosidad.
Por desavenencias con mi padre Enrique Calvo, abandoné mi lugar y a mi familia. Dos años después de amargas experiencias ingreso a las filas militar.
En el primer día, en la iglesia, apareció como un ancestral fantasma, la bendita frase dicha de otra manera, sin embargo con el mismo valor literario y la leí varias veces: ¡Cuidado con la lengua, porque lo que esta riega, no lo recoge el cuerpo! Esto me pareció como si desde el pico Duarte desplumáramos una paloma y luego intentáramos recoger las mínimas pelusas, figúrese usted el resto.
En mis horas libres, visitaba al ayudante del cura, de quien me hice amigo y como él estaba en los estudios secundarios, me quedaba en las tareas de limpiezas y ordenamiento de la casa cural. Para mi consolación la acepté como una bicoca, en lenguaje cuarteliano era una jicotea. Arreglaba las habitaciones del sacerdotes iba más liviano que en los cuarteles; y la consideración que se adquiría era superior, es en éste trabajo que llega la solución a mis inquietudes.
Mis padres no eran ricos pero la gente del entorno así lo trataban lo diferenciaban en el accionar cotidiano y circunstancial. Lo miraban como a un terrateniente; para darle el saludo le decían: ¡Buenos días su merced, Chichí! y hasta levantaban el sombrero y los que no llevaban doblaban el tronco hacia delante. Eso me molestaba. Le temían como a un caudillo. Les decían:- ¡Don Chichí Calvo! Cuando saludaban a mamá me sentía bien, les decían ¡Señora Tavita…! no se que ocurría, pero algo hondo sucedía dentro de mi vida interior. Percibía que los hacían, con limpieza de corazón, sin torcedura, ni malas mañas. Había dicho: que con ayuda del cura encontré salida a mis preocupaciones espirituales, y además con los libros de carácter religioso. Cayó en mis manos un pequeño libro titulado Catecismo católico dominicano, donde estaba la respuesta que satisfizo mi inquietud… ¿cuál es el órgano o la parte peor del cuerpo? La respuesta que el catecismo me entregó, fue la lengua. A seguida señalaba- porque con esa maldecimos a nuestros semejantes, mentimos, Calumniamos, odiamos, cosechamos, vendemos sembramos maledicencias, destruimos famas ajenas, lo mismo que honras…, predicamos sombras y podredumbres, injusticias y desamor, desasosiego, contra parientes e interesados. Para esos días creí que era el castigo del cuerpo, hoy por hoy estoy convencido de que esa es una exposición propia de interesados, burgueses imperialistas defensores del sistema esclavista excluyente. No es la lengua, es cuestión de clases e intereses en cuestión de formación. No es la lengua es nuestra formación ética y moral. No es cuestión dogmática, es cuestión de conciencia limpia, crítica, es siembra de simiente de honor, es cosecha de lo bueno, de lo bello, de lo excelente; es cuestión de átomo y de energía molecularia, de lo útil, de lo honrado y de lo sagrado. No es cuestión de simple forma… es más que contenido como tal. Es respetar la dignidad de la humanidad.
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